Artistas, Es personal

Contra Wynton Marsalis

Voy a decirlo ya. No me gusta Wynton Marsalis. Y sí, reconozco que es uno de los grandes jazzmen que quedan. O que para muchos, la de Marsalis es la mayor figura que el jazz ha producido en los últimos 25 años. También le reconozco el mérito que tiene haber conseguido poner en marcha ese estupendo programa que responde al nombre de «Jazz at the Linconl Center». Pero no puedo evitarlo, me repatea. No soporto que su talento descomunal y lo que es una técnica que cualquier otro trompetista querría, se haya puesto al servicio de la banalidad, de la nada.

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Actualidad

Fernando Trueba y el jazz en cuarentena

No sólo es uno de los directores más conocidos del cine español: Fernando Trueba es además un gran apasionado del jazz y de casi todo lo que le rodea. Quien en estos días de confinamiento se pasa por la sección cultural del «El País», puede comprobarlo de primera mano. Casi a diario publica en sus páginas, la «Playlist de Fernando Trueba»,  desde donde recomienda algunas de las mejores grabaciones del jazz clásico y contemporáneo.

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Cine

«The Eddy»: lo nuevo de Damien Chazelle se estrena en Netflix

Para muchos, hablar de Damien Chazelle es hacerlo sobre todo de dos grandísimas películas: la jazzística «Whiplash«, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión y de «La la land», probablemente la mejor película musical de los últimos 20 años. Ahora y en la que es su primera colaboración con Netflix, vuelve de nuevo su mirada sobre el mundo del jazz con «The Eddy».

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Historia, Libros

Haruki Murakami y el Jazz de su vida

No es ningún secreto que además de ser un gran escritor, Haruki Murakami es un auténtico melómano. Todas sus novelas están llenas de referencias musicales y aunque cita discos y canciones de prácticamente todos los estilos, dos son los que más destacan: la música clásica y el jazz. En el caso del jazz, su pasión viene de lejos, de mucho antes de que publicase su primera novela.

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Actualidad

Los festivales de jazz no se libran del COVID-19: Montreux cancela por primera vez en su historia

Si el COVID-19 ha podido con eventos tecnológicos como el Mobile World Congress de Barcelona, con campeonatos deportivos de toda índole y con la celebración de miles de conciertos y eventos públicos de todo tipo, era cuestión de tiempo que sus tentáculos no llegasen también a los festivales de jazz.

Ha sido el caso de Montreaux. Sus organizadores acaban de anunciar que se cancela la edición de 2020, pese a que durante algunas semanas ha habido motivos para la esperanza: el festival podría haberse retrasado hasta este otoño y se celebra en Suiza, uno de los países europeos menos castigados por este virus infernal. Sin embargo los acontecimientos mandan y el que es el festival de jazz más importante de los que se celebran sobre suelo europeo dice adiós con eso sí, la promesa de volver en 2021.

En un comunicado de prensa, sus organizadores daban la triste noticia explicando que «es la primera vez que el Festival ha tenido que ser cancelado en sus 53 años de historia. Hasta el final, todos los que formamos parte del equipo del Festival esperábamos compartir estos momentos mágicos con todos aquellos que, como nosotros, no pueden imaginar un verano sin el Festival de Jazz de Montreux. Nuestros pensamientos están con los miembros del personal, los artistas y sus equipos de apoyo, los técnicos e ingenieros y con todos nuestros socios que hacen posible el evento, desde los hoteles y negocios locales hasta todos los que viven en Montreux y, por supuesto, nuestros fieles asistentes al festival».

Si no se hubiese cancelado la edición de este año, se hubiese celebrado en la conocida localidad suiza entre el 3 y el 18 de julio y contaba entre sus estrellas confirmadas con nombres como los de Lionel Richie, Brittany Howard, Lenny Kravitz, o Black Pumas. Si todo sigue según lo previsto y si el año que viene la actividad cultural del viejo continente vuelve a la normalidad, Montreux volverá a abrir sus puertas del 2 al 17 de julio.

Sin embargo no todo son malas noticias. Debido precisamente al impacto del COVID-19 en el mundo cultural, los organizadores de Montreaux pusieron en marcha hace unas semanas una plataforma desde la que es posible disfrutar en streaming de cincuenta de los mejores conciertos que han celebrado en la historia del festival. Si estáis interesados, no tenéis tiempo que perder: sólo tenéis que registraros aquí para poder disfrutarlos.

El festival al que solo el Coronavirus ha podido parar

Celebrado por primera vez en 1967 y de forma ininterrumpida hasta nuestros días, originalmente se celebraba en casino de la localidad y su mera existencia se debe al crítico de jazz Clausde Nobbs que convenció a dos de los directivos más conocidos de Atlantic Records en esa época Ahmet y Nesuhi Ertegün para financiar un festival reconocido desde su primera edición.

Aunque con el paso de los años el festival se ha abierto a otros estilos musicales, el jazz sigue ocupando el grueso de la programación. Por las tablas suizas han pisado artistas de la talla de Charles Lloyd, Miles Davis, Keith Jarrett, Jack DeJohnette, Bill Evans, Soft Machine, Weather Report, The Fourth Way, Nina Simone, Jan Garbarek, o Ella Fitzgerald, aunque la lista es realmente interminable.

En 1971 el Casino en el que se celebraba el festival se incendió durante el concierto de Frank Zappa, un hecho que se reflejaría en el tema de los Deep Purple, «Smoke on the water». A partir de ese momento el festival cambiaría varias veces de localización dentro de la ciudad, hasta su instalación definitiva en el Convention Centre.

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Artistas

Goodbye, Lee Konitz: el saxo más alto deja de tocar

Hace dos semanas os contábamos cómo el infame COVID-19 nos había dejado sin la música de Ellis Marsalis. Hoy, vuelve a hacer de las suyas y nos deja huérfanos de Lee Konitz. A diferencia de la mayoría de los músicos de rock (Mick Jagger aparte), las carreras de las grandes estrellas del jazz se prolongan en el tiempo, como si quisieran vivir mil años para poder expresar toda esa música que llevan dentro.

Y pocos reflejan ese torrente de ideas que no se se agota como Lee Konitz. Con más de 70 años a sus espaldas sobre los escenario y más de 150 discos en una extensísima producción musical, resulta realmente complicado etiquetar o clasificar el genio de uno de los saxos altos más importantes de la historia.

Nacido en Chicago en 1927, consiguió convertirse en uno de los grandes del BeBop sin rendir «pleitesía» a Charlie Parker. Pero como el Bop no podía contenerle, pronto se adentró en otros géneros, trabajando por ejemplo en la grabación de «Birth of the Cool» junto a Miles Davis. Que un saxo blanco tuviera a mediados de los años 50 tanto protagonismo en una banda de jazz formada por negros despertaba no pocos recelos. De hecho, el propio Davis cuenta en su auto-biografia que fue muy criticado por muchos músicos negros por contar con un blanco en su banda, por muy «progresista» que fuese Nueva York en esa época.

Pero siendo muy importante, la colaboración con Davis apenas es una «nota a pie de página» en la biografía de Konitz. Pese que a trabajó y colaboró con los más grandes, no tardó en construir un sonido y un discurso propio, creando escuela y convirtiéndose como consecuencia en uno de los saxofonistas altos más influyentes de la historia.

De su enorme discografía merece detenerse en su álbum de 1961 «Motion: un tour de force», en el que toca en directo con el contrabajo Sonny Dallas y el batería Elvis Jones. En esa década destacan de la misma forma sus trabajos con otros grandes como Gerry Mulligan o Warne Marsh. Pero a Konitz lo que le gustaba realmente eran los nonetos, grupos que exigen un gran trabajo de composición y arreglos, y que para funcionar, sus integrantes tienen que estar enormemente compenetrados. Como suele decirse, en un trío o en un quinteto haces los que quieres, pero en un noneto hay que empezar a respetar ciertas reglas.

Así discos como «The Lee Konitz Nonet» (1977) o «Yes, yes Nonet» (1979) no son solo toda una declaración de amor a este tipo de formación, sino que se encuentren entre lo mejor de su carrera. De hecho, como cuentan en el obituario que le dedica «El Mundo», hace tan solo tres años (esto es a los 89 años de edad) se metió en el estudio para grabar en noneto «Old New Songs» , como si no le importase haber pasado las últimas siete décadas de su vida tocando.

El bueno de Konitz exploró (especialmente a partir de los años 70) todo tipo de fórmulas y como hizo Davis en su momento, del cool pasó a la fusión, a la electrónica y aún más allá, a la libertad total de formas, tocando pero a la vez reinventando como no ha hecho casi nadie hasta la fecha, todo tipo de standards.

En 2009 recibió la máxima distinción de la Asociación Americana de Periodistas de Jazz, la que reconoce toda una vida entregada a este género musical. Nos deja uno de los más grandes, de los pocos que nos quedan, de esa época dorada.

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