Kind of Blue, el disco que lo cambió todo

Algo tiene que cambiar para que nada cambie. Y en los años 50 el jazz, para no perder comba frente a un cada vez más popular rock, necesitaba un super ventas. Un disco capaz de encantar tanto a los aficionados del género, como atraer a un público completamente nuevo. En 1959 ese disco llevaría como título «Kind of Blue» y estaría firmado por un tal Miles Davis.

Sesenta años después de su lanzamiento, sigue siendo el disco más vendido de la historia del jazz. La revista Rolling Stone lo sitúo hace unos años como el duodécimo mejor disco de todos los tiempos y tiene fama de ser ese «único disco de jazz» que muchos aficionados a otros géneros musicales tienen en su casa.

En mi caso, «Kind of Blue» es más que todo eso. Es el disco que escucho al menos una vez a la semana, el que a veces tarareo sin darme cuenta y uno de los dos que he enmarcado (el otro es el «Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band» de los Beatles) y cuelga en el pasillo de mi casa. Por supuesto, el el disco que estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo este artículo.

Una banda irrepetible

A lo largo de su carrera, Miles Davis ha estado y ha encabezado muchos conjuntos. Pero pocos, por no decir ninguna, ha reunido el descomunal talento que se reunió durante los dos días que llevó la grabación de este álbum: Miles Davis a la trompeta, John Coltrane al saxo, Paul Chambers en el contrabajo, Bill Evans en el piano, Jimmy Cobb en la batería y Julian «Cannonball» Adderley, en el saxofón alto.

Le costó lo suyo. Como le costó en ese momento dejar atrás a Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras te desenganchaba de la heroína. Como le costó pasar del Cool Jazz que el propio Miles abanderó años antes para apostar por algo completamente nuevo.

Provenientes en su mayoría del hard bop, Miles Davis llevó al conjunto a abandonar la secuencia lineal de acordes que hasta entonces imperaba en los discos de jazz, para presentar una de las primeras apuestas por las formas modales que ofrecen al músico de jazz mucha más libertad a la hora de explorar distintas escalas a partir de una única nota.

Tanto es así que el disco en realidad es el resultado de dos sesiones de improvisación, grabadas el 2 de marzo y posteriormente el 22 de abril de 1959  en el recién inaugurado 30th Street Studio de la Columbia Records, una iglesia rusa de Manhattan reacondicionada.

Como explicó años más tarde Bill Evans en una entrevista, únicamente Davis tenía claro lo que iban a hacer. Cuenta el fabuloso pianista que Davis les pidió a sus músicos que casi no ensayaran, pese a que lo único que tenían eran unos bocetos de las líneas de escalas y melodías. Una vez en el estudio Davis les dio breves instrucciones de cada pieza y después se pusieron a grabar.

So What

Si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que todo el protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos de la historia.

Tal y como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz»el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representaba algo insólito, nunca visto en el jazz de la época. O como posteriormente diría Herbie Hanckock: «no comienza con una fanfarria, sino con un susurro. Toda llena de notas simples pero sin resultar simple en absoluto».

Una simplificación drástica sobre el bop que tanto se llevaba en ese momento. A partir de ese «So what» inicial, el disco transita solo en sus formas modales, en un dejarse llevar del que nunca te cansas.

Lo cual es curioso, porque no considero que pese a su tremendo éxito «Kind of Blue» sea un disco fácil de escuchar para alguien que se aproxima por primera vez al jazz. El swing de los años 40, las grandes Big Bands bailables proponen desde luego música mucho más «fácil» de esuchar y en muchos casos, igualmente disfrutables. Pero quién sabe, probablemente sea yo el que esté equivocado. A fin de cuentas…So what.

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