El sonido de Rudy van Gelder: el ingeniero del jazz

«A love supreme» de John Coltrane, «Saxophone Colossus», de Sonny Rollins , «A night at Birdland» de Art Blakey o «Walkin'» de Miles Davis. Todos tienen algo en común: el toque mágico de Rudy van Gelder, probablemente el ingeniero de sonido más importante de la historia del jazz.

Han sido miles los músicos que han pasado primero por lo que se conoció con el pomposo nombre de «el legendario Estudio Hackensack” (no pasaba de ser una sala habilitada en la casa de sus padres) y más tade, una vez emancipado, por el pensadísimo estudio instalado en mitad de un bosque, a unos 20 minutos en coche desde Nueva York.

¿Y por qué? Porque como solía explicar el trompetista Freddie Hubbard, «hay algo que llamo el toque Van Gelder. Para mí, ese toque es la definición perfecta de cómo debe sonar un disco de jazz». Un toque que producía un sonido duro, no exactamente dinámico, pero sí intenso, cálido, adaptable al artista según sus características y que para muchos era jazz en estado puro, responsable de por lo menos, de cien obras maestras.

¿Pero cómo llega el que en los años 40 era poco más que un aspirante a optometrista a convertirse en una leyenda? Como cuenta Chema García en la necrológica que sobre nuestro protagonista escribe para El País , la responsable es una mesa de mezclas con la que Van Gelder se topa en una visita a la radio. Como contaría posteriormente en numerosas entrevistas, es ahí cuando «cae rendido», dice asi adiós a la optometría y descubre qué es lo que quiere hacer en realidad.

A partir de ese momento hace todo lo que está en su mano para perseguir su sueño. Invierte poco menos de tres dólares en una grabadora casera y convierte una sala de estar en un estudio en el que tras pasar amigos y músicos amateurs y gracias al boca a boca, convence a figuras como Lennie Tristano, Phil Urso Zoot Slims.

Pero como para triunfar también es necesario tener algo de suerte, en el caso de nuestro protagonista, esta se materializó cuando Alfred Lion (fundador de Blue Note) se cruza en su camino, fichándole para la causa y convirtiéndole poco después en uno de los máximos responsables de lo que posteriormente se conoció como «sonido Bluenote».

Y aunque sin duda fue el principal sello con el que colaboró, no fue ni mucho menos el único. Estudios que son referencia para este estilo musical, como Impulse!, Verve Records, Prestige, Savoy Records y CTI Record se encontraban entre sus clientes más destacados, tanto para las sesiones de estudio como para grabaciones de conciertos en directo.

¿El toque Van Gelder? Además de sus carísimos micrófonos Neumann U-47 fabricados en Alemania, el ser meticuloso hasta la exasperación…y deslumbrante en los resultados.

 

 

 

Deja un comentario