Historia

Las ciudades del Jazz (II): La Habana, París, Kansas City

Hace unos días hablábamos de Nueva Orleans, Nueva York y Montreal como esas ciudades que sí o sí, tiene que visitar cualquier aficionado al jazz. No son por supuesto las únicas. El jazz se ha convertido en un idioma global que ha trascendido todas las barreras. Como vamos a ver hoy, el mejor jazz también se escucha en La Habana, en París y por supuesto en Kansas. ¡No os lo perdáis!

La Habana

Pocos pueblos son tan musicales como el cubano. Basta asomarse a «Buena Vista Social Club», el estupendo documental de Wim Venders, para comprenderlo. El son, la bachata y por supuesto, por la influencia africana de los esclavos que desde el «descubrimiento» y hasta el siglo XIX  «llegaron» a Cuba, también el jazz. Desarrollado a partir de los años 40, englobado en eso tan amplio que responde al nombre de «latin jazz», el jazz cubano surge como una mezcla del Bebop de la época y el son montuno, formando lo que acabó por bautizarse como Cu bop. Alguno de los nombres más conocidos, los de Mario Bauzá, Machito, Chano Pozo o Tito Puente, capaces de influenciar en nombres tan conocidos como los del mismo Charlie Parker o Dizzy Gillespie.

La Habana por supuesto no es Nueva York y no hay clubs de jazz en cada esquina. El cubano es en este sentido mucho más libre, capaz de improvisar una jam session cuando le viene en gana, tocar en plena calle y dejarse llevar. Esto no quiere decir que no haya sitio a los que ir. El mejor jazz cubano puede escucharse en el Jazz Café, histórico club situado en el último piso del centro comercial Galerías Paseo, muy cerca del Malecón y frente al hotel Meliá Cohiba.

Clubs importantes en La Habana son también «El gato tuerto»  y «La zorra y el cuervo», en los que cada noche se puede escuchar tanto jazz clásico como conciertos de nuevos artistas. Sin embargo como decimos lo mejor en La Habana es dejarse llevar e invitar, salir a pasear y acabar en una fiesta «improvisada» en la que si tenemos suerte veremos a algún miembro en activo del Buenavista.

París

Cuando a principios de los años 30 el jazz «cruza» el charco, aterriza en primer lugar en Francia. Y si bien al principio son los artistas americanos los que muestran una nueva forma de hacer música, pronto guitarristas como Django Reinhardt se suman al nuevo discurso musical, en un periodo de entreguerras en el que parece que todo lo artísticamente interesante pasa en París.

Se crea desde entonces en la capital francesa una de las escenas jazzísticas más importantes, compuesta en primer lugar por todo esos músicos americanos que empiezan a pasar largas temporadas en Francia, pero también por supuesto por cada vez más artistas locales. París es a mediados del siglo XX sinónimo de vanguardia y las giras europeas que empiezan o acaban en París resultan mucho más rentables que quedarse «en casa».

Todo esto ha provocado que hoy en día siga habiendo un gran número de clubs en la capital gala. ¿Los más interesantes? El Duc des Lombards (que llegó a ser cuartel general de (Enrique Texier, Aldo Romano y también de Martial Solal), Sunside, Sunset, Baisé Salé o el Caveau de la Huchette, verdadero mito donde resuena jazz tradicional, swing y middle-jazz. Si te quedas con ganas de más puedes acercarte al New Morning, especialmente en verano, cuando no puedes perderte su festival All Stars. Y para el jazz más actual, Studio de l’Ermitage.

Kansas City

En los años 20 y 30 del siglo pasado, Kansas City se había ganado una justa reputación de estar «abierta de par en par» al alcohol, la juerga, la diversión y en definitiva a prácticamente cualquier otra cosa, legal o no.

En su apogeo en los años 30, había más de 100 clubes nocturnos, salones de baile y casa de fiesta; una sola calle tenía cerca de 50 clubes de jazz. Count Basie y Charlie Parker llamaban a la ciudad su hogar, e innumerables músicos celebraban a diario jam sessions nocturnas, impulsados por la naturaleza desenfadada de la ciudad.

Es cierto que los cambios políticos provocaron que la escena de Kansas City ya no fuera la misma a partir de los años 40, cuando comenzó a convertirse en una ciudad mucho más conservadora. Sin embargo en las últimas dos décadas la capital sureña ha vuelto a tomar impulso y ha renacido lo que se denomina el «distrito del jazz» con el «Museo del Jazz Americano» en el centro.

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