Cine

Born to be Blue: la tragedia de Chet Baker, en Netflix

Hace unos meses os contaba en «Jazz en los tiempos de Netflix» cómo en la plataforma de streaming más popular, estaban disponibles algunos documentales relacionados con el mundo del jazz, como «Chasing Trane», «I called him Morgan» o «Quincy». A este catálogo la multinacional sumó hace unas semanas «Born to be Blue», un biopic cargado de imaginación que aborda la figura de Chet Baker.

Interpretado por Ethan Hawcke, la cinta nos presenta un Chet Baker recién salido de la cárcel italiana en la que estuvo preso durante casi un año por posesión y consumo de drogas, al que se le ofrece la posibilidad de grabar la película de su vida. La cinta,  que en realidad se estrenaría de una forma muy distinta y llevaría como título «All the fine young cannibals», contaba en un primer guión cómo la joven y rutilante estrella del jazz había básicamente destrozado su vida por su adicción a la heroína, lo que le condujo entre otras cosas a repetidos fracasos matrimoniales. En vez de eso, el film acabaría siendo estrenado de forma melodramática como «comedia romántica» y el papel de Baker resultaba apenas reconocible.

A partir de aquí y volviendo a «Born to be Blue», la película dirigida por Robert Budreau especula con la caída en desgracia de Baker, que le llevó en la vida real a su desaparición de la escena musical tras perder en una pelea varios dientes y su posterior regreso tras conseguir permanecer «limpio» durante un tiempo…para volver a recaer en el consumo más adelante, triunfar en Europa y acabar sus días el 13 de mayo de 1988, al caerse por la ventana de un hotel en Amsterdam tras consumir heroína.

No os voy a engañar, «Born to be Blue» no es el mejor biopic de la historia y en realidad, la película únicamente se salva porque como casi siempre cuenta con un Ethan Hawcke capaz de salvar los muebles. Si es cierto que le sobra algo de ese espíritu atormentado que el actor arrastra durante todo el metraje y le falta algo de «sangre en las venas» por mucho que quiera marcar el carácter de Baker como el de un personaje lánguido, casi sin capacidad de decisión, que se ve arrastrado por unas circunstancias inevitables.

Por otro lado y salvo esa historia de superación personal que en todo caso siempre es parcial, la cinta peca de no profundizar lo suficiente en otros temas. Casi de pasada hace referencia a ese padre alcohólico que llegaría a ser guitarrista profesional y marcaría su infancia y solo de una forma «onírica» se insinúa esa rivalidad que mantenía con grandes como Davis y que le llevaron de alguna forma a tener que «exiliarse» en Europa donde conseguía ser realmente popular.

Con todo, merece la pena reservarse una hora y media para «Born to be Blue» porque aunque ya hemos acordado que no es la mejor película sobre el mundo del jazz, supera la media…sin llegar a «Let’s get lost», el documental sobre la vida del artista en la que el propio Chet Baker intervendría como estrella principal y que conseguiría una nominación para los Oscar de 1988.

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