Who Trio
Discos

Descubre la sofisticación del WHO Trio y su «Strell»

Llevan más de 20 años llevando el avant-garde jazz a conquistar nuevas fronteras. El conjunto suizo-americano Who Trio, formado por el pianista Michel Wintsch, el percusionista Gerry Hemingway y el bajo Bänz Oester, componen uno de los conjuntos de jazz más sofisticados del panorama actual. Y sofisticados de verdad, no como uno de esos clichés que se utilizan antes del punto y seguido del primer párrafo.

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Discos

Cinco discos de jazz que deberías escuchar en tu «nueva normalidad»

Escuchar mucha más música, escucharla a casi todas horas. Esto es probablemente de lo que más estoy disfrutando de estos meses de «teletrabajo forzado». Levantarme de la cama y tras un ratito de desayuno y noticias, abrir Spotify y dejar que la música me ayude a trabajar durante las siguientes ocho horas. Y no, no solo escucho jazz, pero desde luego el jazz es el ingrediente principal.

¿Os acordáis de esos temas que os recomendaba para intentar levantaros algo el ánimo durante lo peor de la pandemia? («Jazz en tiempos del Covid-19» Pues esto es algo parecido, pero pensando más bien en esta «nueva normalidad» que nos toca «experimentar». Lo que os recomiendo aquí son sin embargo cinco álbumes completos, editados todos entre finales de 2019 y mediados de este año. Cinco discazos que no paro de escuchar desde hace semanas, y aunque por supuesto os podría recomendar algunos más, tiempo al tiempo. Comenzamos.

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Es personal, Artistas, Discos

Pick Me Up Off The Floor: el jazz líquido de Norah Jones

En cierta ocasión una persona me dijo que todo lo que sabía del jazz es que era «música de ascensor». Lo curioso es que no era la primera vez que alguien que no había escuchado jazz en su vida, me decía algo así (¡Cuánto daño ha hecho la música de ascensor!). Armándome de paciencia, intenté explicarle que el jazz no tiene nada que ver con ese hilo musical que se escucha en la sala de espera del dentista.

Decidí ir con casi todo. «¿Conoces a Norah Jones?»le espeté. «Claro» me dijo sin demasiada convicción. «Escucha esto» continué, enviándole por WhatsApp el videoclip de «Don´t Know Why». «Esto está muy bien, pero esto no es jazz, esto es otra cosa» me dijo a continuación la autoridad musical. Como corríamos entrar en un juego en el que en realidad no tenía nada que ganar, decidí dar mi brazo a torcer y musité, «tienes toda la razón, ¿qué sabré yo?»

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Brad Mehldau
Artistas, Discos

Suite: April 2020, el disco de Brad Mehldau para las víctimas del COVID-19

Brad Mehldau es una de las grandes referencias del panorama actual. En un estilo como el jazz, en el que los discos más vendidos comenzaron a colocarse en las estanterías hace más de cincuenta años, la simple existencia de Mehldau es algo que nos debe reconfortar, como que con sus últimos discos haya conseguido «hacer sombra» a algunas «vacas sagradas» como Chick Corea, Herbie Hancock, Keith Jarret y otros que aunque ya superan los 70 (e incluso los 80) siguen grabando por placer y supervivencia.

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Artistas, Discos

Miles Davis: sus 10 mejores discos

El pasado mes de enero os hablaba de «Birth of the Cool»  uno de los mejores documentales del año pasado en Sundance y en el que Stanley Nelson recorre a vida de Miles Davis. El documental acaba ser de estrenado en Netflix y si vuestra agenda de ocio en la curentena os deja un hueco libre, os recomiendos que os reservéis dos horitas y no le dejés escapar. Merece mucho la pena.

Lo cual me lleva como no podía ser de otra manera, a hablaros del «bueno» de Miles. Porque como en el documental se hablan de las circunstancias que rodearon la grabación de algunos de los mejores álbumes de su carrera, «no he tenido más remedio» que preguntarme… «¿cuáles son sus mejores álbumes para ti?». Partiendo de esta premisa, paso a recomendaros esos diez que sí o sí tenéis que escuchar.

1. Kind of Blue (1959)

¿Alguien lo dudaba a estas alturas? El que sigue siendo el disco de jazz más vendido en toda la historia, ha entrado en la categoría de leyenda. ¿Qué puedo decir que no haya o se haya dicho ya de un álbum al que no le sobra una nota? Kind of Blue es ese «disco que te recomienda todo el mundo» cuando empiezas a escuchar jazz, es ese «disco del que hablas cuando quieres hacer que ver que sabes de lo que hablas» y ese ese «disco que nunca pasa de moda, tremendamente actua». Por supuesto, es todas esas cosas y también es mucho más.

2. Sketches of Spain (1960)

Puede que si miramos en retrospectiva el conjunto de su obra, «Sketches of Spain» no sea su segundo mejor álbum…aunque probablemente nadie discutiría su inclusión entre los diez primeros. Pero que un gigante del jazz como Miles Davis le dedique un disco a la música española tiene que significar algo ¿no?

Cuenta en su autobiografía (y también en el documental) que fue su mujer de aquel entonces, Frances Davis, la que en la etapa de Barcelona de la gira europea del trompetista, le convenció de que la acompañase a un espectáculo de flamenco. Cuenta también que tras la actuación, se quedó tan fascinado con lo que acababa de escuchar, que compró todos los discos de flamenco que pudo encontrar en la tienda del teatro. Este es el germen de un discazo que lleva en su «playlist» títulos como «Concierto de Aranjuez», «Saeta» y «Soleá». ¿Se puede pedir más?

3. Porgy and Bess (1959)

El tercer gran disco que Miles Davis graba a finales de los años 50 es «Porgy and Bess», su personal reinterpretación de la ópera de George Gershwin con arreglos del por aquel entonces su inseparable Gil Evans. ¿No tenéis tiempo o no os apetece en estos momentos escuchar el disco entero? Saltad directamente a «Summertime», la pieza más icónica.

Ahora buscad el mismo álbum grabado un año antes por Louis Armstrong y Ella Fitzgerald. Escuchad su «Summetime»: mucho más clásico y fiel al espíritu de la obra. ¿Cuál os gusta más? ¿Qué sensaciones os transmite la versión de Armstrong y cuáles las de Davis? Si opináis como yo, creo que es imposible elegir una de las dos.

4. Your’re under arrest (1985)

La capacidad de reinventarse una y otra vez de Davis se demuestra en este «You’re under arrest». Grabado seis años antes de de su muerte, fue el último de los grandes discos de su carrera y la última de las sesiones que grabó para Columbia.

Entre las curiosidades del ámbum destacan su reinterpretación del «Time after time» de Cindy Lauper y el «Human Nature» de Michael Jackson. Todo el disco tiene un sonido marcadamente «ochentero» pero que no se me entienda mal, en el buen sentido del término. Y es que escuchándolo casi nos entran ganas de cardarnos el pelo (los que puedan hacerlo) y ponernos una chupa de cuero con hombreras.

5. Bitches Brew (1970)

¿Qué es lo que ocurre cuando reúnes a un grupo de artistas geniales (Chick Corea, Dave Holland, Joe Zawinul y Wayne Shorter entre otros) y les dices que no hay partitura, que hagan exactamente lo que les venga en gana y que se atrevan a experimentar? ¿Qué es lo que ocurre cuando el momento en el que se lo dices es a principios de los años 70, la psicodelia es el no va a más y tu estás considerando pasarte definitivamente a los instrumentos eléctricos?

Exacto. Lo que ocurre es «Bitches Brew» un viaje sonoro que que te atrapa desde «Pharaoh’s Dance» y ya no te suelta hasta dos horas más tarde. El álbum fue un éxito inmediato y con el paso del tiempo, se ha convertido en el segundo más vendido de su carrera. Mención aparte merece el diseño de la portada del disco a cargo de John Berg y Mati Klarwein.

6. In a Silent Way (1969)

De alguna forma, el «Bitches Brew» del que os hablaba antes, es consecuencia natural de este «In a Silent Way» que graba un año antes. Mucho más intimista, menos expansivo, las nuevas texturas eléctricas que incorpora a la banda (especialmente con el guitarrista John McLaughlin y el teclista Joe Zawinul suponen ya una ruptura casi definitiva con su pasado acústico.

Como hiciera Dylan en su momento con la guitarra, pese a quien pese, Davis a partir de ahora se pasará a la trompeta eléctrica y ya no habrá vuelta atrás.

7. Birth of the Cool (1957)

Unos años antes de la publicación en 1957 de «Birth of the Cool», Miles Davis había comenzado a trabajar con ese sonido que nacía como respuesta al frenético bop de Dizzy Gillespie y Charlie Parker.

Davis que había tocado con ambos en distintas formaciones, había acabado literalmente hasta los huevos de Parker, que pese a ser un genio, era altamente inestable y tendía a olvidarse de pagar a su banda. ¿Hubiésemos tenido un «Birth of the Cool»? sin esa relación amor/odio entre Davis y Parker? Puede que de todos los modos hubiese llegado a ser inevitable…pero es algo que nunca sabremos. Lo que sí sabemos es que de forma involuntaria, este disco marcha para Davis el pistoletazo de salida hacia un sonido nuevo.

8. L’ascenseur pour l’echafaud (1958)

Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud) es una película francesa de 1957, dirigida por Louis Malle. Protagonizada por Jeanne Moreau, Maurice Ronet y Georges Poujouly. En esta una pareja de amantes  planea el crimen perfecto para liquidar al esposo de ella, que también es jefe de la empresa donde trabaja el amante.

Además de ser una estupenda película, cuenta con el mérito de que su banda sonora fuese compuesta íntegramente por Miles Davis. Para ello Davis se encerró en una sala de cine en el que se le proyectó la película sin sonido. Mientras suceden las escenas y sin un plan previo, Davis interpreta la que será una de las bandas sonoras más vendidas de todos los tiempos.

9. Milestones(1958)

Tras «Kind of Blue» este es el álbum que se considera cumbre del jazz modal. En Milestones encontramos una de las mejores colaboraciones de Miles Davis con John Coltrane, a la que se suman nombres como el de Julian «Cannonball» Adderley.

Su tema principal, «Milestones», suena en la cortinilla de apertura de «Jazz entre amigos», el mítico programa de jazz de Televisión Española presentado por el mítico Juan Claudio Cifuentes.

10. A tribute to Jack Johnson (1971)

A partir de un encargo de una película sobre la leyenda del boxeo Jack Johnson, Miles lanzó una nueva banda (contratando al bajista de Stevie Wonder Michael Henderson entre otros) y construyó un nuevo sonido emocionantemente duro a partir de largos jam-sessions en el estudio y una edición de sonido radical para la época..

 

 

 

 

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Discos

The Köln Concert: más que un disco fetiche

Todo estilo musical tiene sus discos «fetiche». Álbumes que parecen rodeados de una suerte de misterio, de un halo mágico que además engloba circunstancias que pueden incluir una grabación azarosa, un músico que no tenía que estar ahí pero que aparece en el último momento… o incluso un disco que parece destinado al fracaso pero que se convierte en un inesperado éxito. Uno de esos del que después se hacen posters o se compran en vinilo para colgarse en las paredes. «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» (The Beatles) es en este sentido uno de los mejores ejemplos.

¿Y qué hay del jazz? Tenemos por supuesto «Kind of Blue» (Miles Davis) que sigue siendo el disco más vendido, al que podríamos añadir «A Love Supreme» (John Coltrane). Pero si nos remitimos a las circunstancias de su grabación y al éxito posterior, pocos pueden superar el discazo que  Keith Jarret se marca con «The Köln Concert». De las circunstancias de la grabación de la obra maestra de Jarret merece rescatar lo que tanto el músico como Manfred Eicher (fundador del sello ECM) dirían en sendas entrevistas.

Habla en primer lugar Keith Jarret:  «Viajábamos por carretera y Mandred puso la grabación que había hecho del disco en el radiocasete. Al principio no le presté atención: ni el piano era el que nos habían prometido, sino uno mucho peor, ni sentía que hubiera tocado nada que mereciera la pena recordarse. Sin embargo Manfred insistió y empecé a escuchar aquello, y había algo…»

Coincide el propio Manfred Eicher: «Curiosamente, la grabación se hizo en unas condiciones muy difíciles. Primero, el Steinway que habíamos encargado nunca llegó debido a una huelga y Keith se vio obligado a tocar con un instrumento más pequeño. Quería suspender el concierto. ‘Vamos a intentarlo’ le dije. ‘Hacemos la prueba de sonido y tú decides’. Fue todo un día de tensiones hasta que se decidió. Al final ‘invirtió’ su forma de tocar. Normalmente, tiene la costumbre de aproximarse mucho al instrumento para explorar todos sus matices, pero el hecho de encontrarse con este piano de menos calidad le llevó a la música de una forma mucho más libre y menos pendiente del sonido».

Y continua de la siguiente forma: «Por aquel entonces viajábamos de un lado a otro en mi R4, yo conduciendo y él sentado a mi lado y nos pusimos a escuchar la cinta. El sonido del piano no nos gustaba. Entonces le propuse: ‘Keith voy a ir al estudio y voy a ver lo que puedo hacer. Y eso fue lo que hice. Trabajé durante tres días con mi ingeniero Martin Wieland hasta que llegamos a ese sonido tan particular: el disco se convirtió en un fenómeno mundial».

Y tanto que lo fue. El álbum se encuentra entre los discos de jazz más vendidos de la historia, pero si nos limitamos a aquellos en los que únicamente se presenta un solista, es el más vendido en absoluto. Grabado en 1975, el disco refleja las improvisaciones que Jarret realiza ese año en un concierto celebrado en el «Cologne Opera House» de Colonia (Alemania).

El concierto está dividido en tres partes, cada una con una duración de 26, 34 y 7 minutos, respectivamente. Una de las cosas a destacar es la habilidad de Jarret para producir un aparentemente ilimitado material de improvisación sobre una base de uno o dos acordes por prolongados períodos de tiempo, volviendo al tema principal una y otra vez de forma completamente diferente.

Por ejemplo, en la «Parte I», Keith pasa casi 12 minutos suspendiéndose entre los acordes Am7 (La menor séptima) y GM (Sol mayor), en algunas ocasiones con una tranquila lentitud, en otras con una sensación de rock blusero. Además, durante los últimos 6 minutos de la «Parte I», improvisa únicamente sobre la base de AM (La mayor). Como estos hay otros tantos ejemplos en este mismo concierto, que dan cuenta de esta especial habilidad.

El concierto que casi no fue

Lo cierto es que el concierto es que falto muy poco para que el concierto nunca llegase a celebrarse. Aquel día Jarrett llegó al teatro de la ópera a última hora de la tarde y cansado tras un largo y agotador viaje desde Zurich, ciudad en la que había actuado unos días antes.

Como contaría posteriormente, no había dormido bien en varias noches y tenía tanto dolor de espalda que para tocar necesitaba un aparato ortopédico. Por si esto fuera poco y tras comprobar como hemos apuntado antes, la calidad de un piano que no era el deseado, un nuevo error de la organización dejó prácticamente al músico sin cenar, que solo pudo tomar unos bocados antes de tener que salir para el concierto. Si finalmente frente todas las circunstancias adversas Jarret decidió dar el concierto se debe a que el equipo de grabación ya estaba instalado y el auditorio, con más de 1.400 personas, estaba a reventar. Fue todo un éxito.

Entre las curiosidades que rodean esta obra recogemos la que se produjo el 5 de septiembre de 2010, cuando  la cadena de televisión BBC emitió un video en el que la organización terrorista ETA declaraba un alto el fuego con música del Köln Concert en su cabecera.

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Discos

Portadas del Jazz: el diseño que marcó una época

«Jazz Covers» (Joaquim Paulo) es uno de esos libros que pasaban desapercibidos en las estanterías del VIPS, cuando el VIPS era algo muy diferente de lo que es ahora y podían encontrarse algunos de los mejores libros editados por Taschen a un gran precio. Para muchos, un «Book Table» más, para mí por supuesto, la mejor forma para asomarme a todas esas portadas de discos de jazz que han marcado época.

Y si marcaron época es porque los entre los años 40 y los 70, diseñar la portada de un disco de jazz no era cualquier cosa. Hablar de jazz era en esas décadas hablar de lo cool, la vanguardia, el lugar en el que había que estar. Así que además de a los mejores músicos, este estilo musical atrajo a algunos de los mejores diseñadores gráficos y fotógrafos del momento, con nombres como los de  Paul Bacon, Reid Miles o Don Martin, que ficharon por casas como Blue Note, Prestige, o Impulse.

Así las portadas de los vinilos se convirtieron en un espacio para experimental, para la fotografía más atrevida o para el diseño más conceptual sin perder de vista claro está, la música. Como os podéis imaginar la llegada del CD no solo supuso el lento e inexorable declive del vinilo, sino también del diseño de sus portadas.

Afortunadamente parece que vivimos un revival del disco de 33 RPM y aunque probablemente esto no vaya a significar que vuelvan esos antiguos y maravillosos diseños, sí que nos permite acceder a muchos «clásicos» descatalogados.  Así las cosas, ¿cuáles son las mejores portadas de jazz de todos los tiempos? El libro de Joquim Paulo recoge más de 1.000 diseños de los que os dejo una pequeña muestra.

Bird and Diz

Bird and Diz – Charlie Parker y Dizzy Gillespie

Undercurrent – Bill Evans y Jim Hall

The Clown – Charles Mingus

Somethin’ Else – Cannonball Adderley

Roy and Diz – Roy Eldridge and Dizzy Gillespie

Oscar Pettiford – Oscar Pettiford

The Blues And The Abstract Truth – Oliver Nelson

Blue Haze – Miles Davis

Hot Five – Louis Armstrong

Blue Train – John Coltrane

In ‘n Out – Joe Henderson

It’s Time! – Jackie McLean

The Complete Commodore Recordings – Billy Holiday

Head Hunters – Herbie Hancock

Black Radio – Robert Glasper

Patterns in Jazz – Gil Melle

Free Jazz: A Collective Improvisation – Ornette Coleman Double Quartet

Hub-Tones – Freddie Hubbard

Out To Lunch! – Eric Dolphy

Anatomy of a Murder – Duke Ellington

Time Out – The Dave Brubeck Quartet

Chet Baker In Milan – Chet Baker

Jazz At The Philharmonic 1949 – Charlie Parker

Bitches Brew – Miles Davis

Moanin’ – Art Blakey and the Jazz Messengers

Monk’s Music – Thelonious Monk

Count Basie – Count Basie

 

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Cine, Artistas, Discos

«Birth of the Cool»: el documental

Tres fueron las sesiones (dos a principios de 1949 y una en marzo de 1950) que llevaron a Miles Davis y su banda ( Kai Winding, Gerry Mulligan, Lee Konitz, y Max Roach) firmar uno de los discos que han marcado un antes y un después en la historia del jazz. Con «Birth of the Cool», el jazz comienza a tomar una nueva dirección. Sin abandonar de todo el bop, e introduciendo algunos arreglos propios de las Big Bands, el nuevo estilo se aleja en cambio  de sus sonidos más intrincados, para apostar por un estado de ánimo más relajado. Nace el Cool y Miles empieza a construir su leyenda.

Así arranca también «Miles Davis: Birth of the Cool» , documental biográfico presentado este año en el festival de cine de Sundance. Dirigido por Stanley Nelson, el documental promete una visión algo diferente a la imagen de la que muchos tenemos de Davis. En sus propias palabras…

«La historia de Miles Davis se ha contado a menudo como la historia de un genio drogadicto. Rara vez se ve el retrato de un hombre que trabajó duro para perfeccionar su arte, un hombre que estudió profundamente todas las formas de música, desde el barroco hasta la música clásica de la India. Un hombre elegante que podía interpretar baladas con ternura y que, sin embargo, guardaba la rabia en su corazón por el racismo al que se enfrentó a lo largo de su vida».

Para contar la historia, la cámara de Nelson presenta imágenes nunca antes vistas, incluyendo tomas de estudio en sus sesiones de grabación, conciertos y nuevas entrevistas. Entre las estrellas invitadas que se asoman a este documental, destacan nombres de Quincy Jones, Carlos Santana, Clive Davis, Wayne Shorter o Ron Carter. Personas que conocieron a Davis en vida y que hablan de la faceta más personal del artista.

El documental visitó el año pasado Barcelona y Madrid en el marco del «Festival Internacional de Cine Documental» y aunque desde luego nos gustaría verla de nuevo, de momento no está previsto que regrese a nuestras salas. Lo más probable sin embargo es que a lo largo del primer trimestre de este año veamos su debut en alguna plataforma de pago, con Movistar con todas las papeletas para hacerse con los derechos en primer lugar.

Sin embargo si no podéis esperar hasta entonces, no seré yo el que os diga que Internet es una gran fuente de información en la que no resulta complicado encontrar todo tipo de contenidos.

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Artistas, Discos

Cómo comenzar a escuchar jazz (y III): Coleman Hawkings y Thelonious Monk

Tras repasar algunos de los discos y grabaciones más representativas de Louis Armstrong, Billie Holiday, Duke Ellington, Charlie Parker, Miles Davis, John Coltrane y Ornette Coleman, llega el momento de poner el broche final a este serial «Cómo comenzar a escuchar jazz» con ese gran genio del saxo tenor que responde al nombre de Coleman Hawkings y el enorme pianista Thelonious Monk.

Como muchos sabéis, hemos seleccionado tres grabaciones/discos de cada uno de estos artistas… como una forma de introduciros en ese estilo único y maravilloso que es el jazz. A partir de aquí no hay límites, os corresponde a vosotros explorar…y mientras lo hacéis, ¡no os olvidéis de visitarnos de vez en cuando!

Coleman Hawkings

Body and Soul (1939)

Body and Soul es una de las grabaciones más estudiadas, repasadas y vuelta a estudiar por enteras generaciones de saxofonistas de jazz. De hecho, como destaca «The Penguin Jazz Guide», lo que escuchamos en las grabaciones que se asocian o que orbitan en torno a el tema «Body and Soul» (recordemos que en ese momento no se producen álbumes),  se encuentra junto algunas piezas de Louis Armstrong, Charlie Parker y Art Tatum, entre las mejores interpretaciones de la historia de este estilo musical.

Pero si nos remitimos a esta única grabación, descubrimos un tema imprescindible en el que cada nota tiene significado, con un tempo ideal, swing rapsódico irresistible y un desarrollo dramático que se sostiene hasta la nota final. Con estos ingredientes no es desde luego de extrañar que Body and Soul siga conquistando a nuevos aficionados.

Picasso (1948)

Si no nos cansamos de Body and Soul, mucho menos podemos hacerlo de Picasso, grabación de 1948 en la que Hawkings demostró que el saxofón podía funcionar solo, sin necesidad de ningún tipo de acompañamiento.

Originalmente el tema formaba parte de un disco titulado Picasso: 1929-1949 en el que participan varios autores. El tema Picasso, en homenaje al pintor malagueño, muy aficionado al jazz, es un solo de tres minutos y trece segundos basado de nuevo en el estándar Body and Soul,6 sin acompañamiento ni apoyo de ningún instrumento más, tan solo saxo con toda la fuerza y expresividad magistral que obtenía de su saxo tenor.

Coleman Hawkings with the Red Garland Trio (1959)

De las numerosas colaboraciones que haría Coleman Hawkings a lo largo de su carrera, esta es la única que incluye a Red Garland, estupendo pianista que se ganó buena parte de su fama en el quinteto de Miles Davis…para después poner en marcha su propio grupo tras ser expulsado del mismo por el genio del jazz.

El disco pertenece al conjunto de LPs producidos en la década de los 50 por el sello Prestige, que en una decisión que demostraría ser plenamente acertada se propuso realizar una serie de grabaciones en las que se mezclase talento intergeneracional o en este caso, el de un cincuentón que tenía el mérito de haber introducido el saxo tenor en el mundo del jazz con el de un pianista que quería renacer de sus cenizas.

Thelonious Monk

Thelonious himself (1957)

Thelonious Monk es sin lugar a dudas uno de los grandísimos pianistas de la historia del jazz, como se encargaría de demostrar desde mediados de los años cincuenta con álbumes como «Thelonious alone in San Francisco» o este Thelonious himself  grabado para el sello Riverside en 1957.

Pese a la descarga de energía que supuso el Bebop de la época, lo único que vamos a escuchar en este álbum (salvo en el último tema) es Monk y su piano. Intimista, reflexivo, tremendamente cercano y personal, para muchos medios especializados este es el mejor álbum de Monk en solitario.

Con luz propia brilla en el álbum «Round midnight», un temazo de nada menos que 22 minutos en el que el genio del piano demuestra de todo lo que es capaz y que de  hecho, se ha convertido en uno de esos estándares del mundo del jazz que vas a poder encontrar en los álbumes de muchos otros artistas.

El propio Monk reinterpretaría este «Round midnight» en sus discos «Mulligan Meets Monk» y «Misterioso» entre otros.

Brilliant corners (1956)

Un año antes, Monk grababa junto a ese otro artistazo que responde al nombre de Sonny Rollins (podeís empezar con Saxophone colossus) Brilliant Corners, un disco cuya grabación casi provoca que los integrantes del grupo (el saxofonista Ernie Henry, el bajista Oscar Pettiford y el batería Max Roach además de los ya mencionados) casi lleguen a las manos.

El motivo, «Ba-lue Bolivar Ba-lues-Are» un tema que hace referencia al Bolivar Hotel en el que residía Pannonica de Koenigswarter (su nombre real era la baronesa Nica Rothschild) una de las grandes mecenas del jazz de la época. Problemático desde el principio y muy complejo en su ejecución por sus constantes cambios de ritmo, fue necesario grabarlo 25 veces de forma consecutiva hasta que Orrin Keepnews (productor del disco) dijo hasta aquí hemos llegado y antes de que la cosa pasara a mayores (con un Oscar Pettiford que llegó a hacer ‘playback’ en algunas de las tomas) decidió recomponer el tema a partir de distintas grabaciones.

En el año 2003, Brilliant Corners fue uno de los 50 álbumes que fueron elegidos por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para pasar a formar parte del registro nacional.

Blue Monk (1957)

Blue Monk no solo es un disco de consolidación, sino en el que cede buena parte del protagonismo de la grabación a Art Blakey, uno de los mejores baterías de la historia del jazz y con el que ya había colaborado en grabaciones anteriores.

Es un disco en el además se integran buena parte de los componentes de esa tremenda escuela de jazz que responde al nombre de Jazz Messengers. Aunque han pasado más de cincuenta años desde su grabación, el disco mantiene una misteriosa frescura y representa una piedra angular sobre cómo percibimos la música de Monk hoy en día.

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Artistas, Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (II): Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker

Si en nuestra primera entrega de «Cómo empezar a escuchar jazz»os hablaba de tres de mis artistas favoritos (Miles Davis, John Coltrane y Ornette Coleman) en este segundo capítulo vamos a hablar de tres de los grandes pioneros de este género musical: Louis Armstrong, Billie Holiday y Charlie Parker.

Como veremos a continuación, hay que esperar hasta los años 50 para descubrir los primeros discos de «estudio» al uso, por lo que en en su mayor parte, a lo largo de este artículo hablaremos re recopilatorios y grabaciones «sueltas» pensadas para la radio.

Louis Armstrong

The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings

Tras haber sido un intérprete destacado en los conjuntos de ese otro pionero que responde al nombre de Joe King Oliver, Armstrong desarrolla la primera parte de su carrera al frente de dos grupos míticos: «The Hot Five» y «The Hot Seven».

En esta época Armstrong se revela no solo como un virtuoso de la corneta, sino también como un cantante que no lo hace nada mal. Entre las grabaciones que han pasado a la historia en este periodo destacan «Potato Head Blues», «Muggles» o «West End Blues».

Como hemos indicado, no hay un único disco que recoja lo mejor de Armstrong en estos años y es fácil encontrar distintos recopilatorios que de forma parcial ofrezcan lo mejor de «The Hot Five» y «The Hot Seven». El conjunto de la obra ofrece sin embargo en estuches como «The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings» que habitualmente incluye 5 CDs.

Louis Armstrong Plays W. C Handy (1954)

Tras pasar las dos siguientes décadas enrolado en distintas Big Bands, como por ejemplo en las de Erskine Tate y Carroll Dickerson (se dice que Armstrong llegaba a tocar más de 300 noches al año) y una famosa tournée que le llevaría a triunfar en los principales escenarios de Europa, habría que esperar hasta finales de los años 40 para decidiese a volver a los estudios de grabación con su nueva formación: Louis Armstrong and His All Stars.

A este periodo pertenece el ya álbum «Louis Armstrong Plays W. C Handy«.  Probablemente este es el mejor disco que graba Satchmo en la década de los 50 y tras la explosión de unas Big Bands que ya estaban en franca decadencia, supone una vuelta a ese estilo Dixieland que le había hecho famoso al principio de su carrera.

Ella & Louis (1956)

La colaboración con esa gran dama del jazz que responde al nombre de Ella Fitzgerald  alcanzaría su mejor registro en la grabación de 1956, «Ella&Louis». Primer disco del dúo grabado para Verve Records y con el acompañamiento del cuarteto de Oscar Peterson, incluye once de las baladas más famosas de nuestros protagonistas, grabadas todas ellas en un tempo lento.

Billie Holiday

Si difícil es recomendar un álbum propio de Louis Armstrong, mucho más difícil lo tenemos en el caso de Billie Holiday en el que sí o sí, no tenemos más remedio que remitiros a todos esos recopilatorios que incluyen sus mejores grabaciones.

A diferencia de Armstrong, que siempre estuvo bien conectado y pudo desarrollar una carrera estable, la vida de Holliday fue por decirlo suavemente, azarosa. Imprescindible resulta en este sentido, su autobiografía «Lady sings the Blues».

Como recopilatorio os recomiendo «Billie Holiday by Popular Demand», que incluye más de cuatro horas de grabaciones con sus mayores éxitos. ¿Grabaciones concretas? «All of Me», «I Can’t Get Started» y «Mean to Me», de esa primera época en la que combinaba su adicción a las drogas con la adicción que sentía por Lester Young.

Por supuesto, no podéis dejar pasar ese «Strange Fruit» del que ya os hemos hablado en Caravan o baladas como «Lover Man».

Charlie Parker

Nada mejor que sus grabaciones en directo muchas de las cuales hizo junto a su inseparable amigo Dizzy Gillespie para disfrutar del gran Charlie Parker. En este sentido, una buena introducción a este genio la encontramos en la película  de Clint Eastwood «Bird», considerada por muchos como uno de los mejores biopics de la historia del cine. Dicho lo cual, veamos tres grabaciones que consideramos imprescindibles para descubrir a este genio.

Bird and Diz (1952)

La intensa colaboración entre Charlie Parker y Dizzy Gillespie se plasmaría en el álbum de 1952 «Bird and Diz». A estas dos figuras, les acompañarían como parte del quinteto Thelonious Monk, Curley Russell y Buddy Rich. El resultado, una jam sessión inmejorable donde cinco músicos geniales, recrean, improvisan, solean y tocan a las mil maravillas. Bebop genuino, y con un repertorio absolutamente nuevo sacado de la chistera de un Parker en estado puro. Imprescindible.

Jazz at Massey Hall (1953)

Para la crítica especializada, este es el mejor concierto de la historia del jazz. En el Massey Hall de Toronto, Parker reunía en una noche única a intérpretes de la talla de Gillespie, Charle Mingus, Bud Powell y Max Roach.

Curiosamente, el concierto tuvo lugar al mismo tiempo que el combatede boxeo que enfrentaba por el título de los pesos pesados a la superestrella Rocky Marciano contra Jersey Walcott, por lo que el que era un hito del jazz de la época no tuvo demasiada audiencia.

Afortunadamente Charles Mingus grabó el concierto que llegó a ver a un Charlie Parker tocando con un saxo de plástico. Entre los temas que interpretaron, clasicazos como «All things you are», «Salt Peanuts» o «A night in Tunisia».

Charlie Parker with Strings (1949)

Uno de los grandes deseos de Charlie Parker, como amante de la música clásica declarado, era el de poder trabajar con una gran sección de cuerda. Apasionado por músicos contemporáneos como Igor Stravinsky, se lanzó en este terreno a un proyecto que se conoció como Third Stream, un nuevo tipo de música, que incorporaba tanto elementos de jazz como clásicos, en lugar de simplemente incorporar una sección de cuerdas en la interpretación de los estándares del jazz.

El resultado de este deseo se plasmó en 1949, cuando el productor Norman Granz se las arregló para que Parker grabara un álbum de baladas con un grupo mixto de músicos de jazz y de orquesta de cámara. El trabajo, que se dilató durante varios años, se plasmó finalmente en el álbum «Charlie Parker with Strings».

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