Alphonse Picou
Historia, Artistas

Pioneros del Jazz: Alphonse Picou y el “solo” más imitado de la historia

“High Society» es uno de los estándares de jazz que más veces se han versionado. Compuesta en 1901 por Porter Steele, la hemos escuchado en las voces y los instrumentos de artistas como Louis Armstrong, Bing Crosby, Frank Sinatra, King Oliver, Norma Jean…y, en realidad, ya era un tema popular antes incluso de que el jazz como tal “tuviera forma”.

“High Society” no hubiese sin embargo llegado a ninguna parte, sin ese gran pionero del jazz que responde al nombre de Alphonse Picou. Las variaciones para clarinete que hace en este tema se consideran uno de los primeros “solos” de la historia de este estilo musical; tanto es así que musicólogos como Joachim E. Berendt afirman que el “solo” que hace Picou en esta composición es el más imitado de la historia: “Virtualmente, todos los músicos que interpretan ‘High Society’ toman prestado el ‘solo’ de Picou” afirma en “Jazz Life”.

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Historia

Live from The Village Vanguard!

Hace unos meses repasábamos la historia del legendario Cotton Club, ese «estupendo antro» en la que una noche escuchabas a Duke Ellington y la siguiente, encargabas un asesinato. Tan popular o más que ese club de leyenda es el mucho más posh «The Village Vanguard», inaugurado en 1934 por el promotor musical Max Gordon en el Greenwich Village de Nueva York.

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Historia

La estructura del jazz: cómo entender un tema y no morir en el intento

No eres tú, en realidad soy yo. ¿O eres tú? ¡Son ellos! Si hasta ahora no has entendido nada, no te desesperes, es lo normal. Es la misma reacción que muchos tenemos cuando nos aproximamos por primera vez al mundo del jazz. Escuchamos un tema y otro tema. Escuchamos otro tema más…y es entonces cuando nos dicen que el jazz tiene una estructura propia. Que si escuchas con detenimiento, es fácil comprender cómo funciona. Pero claro, por más que escuchas, tú sigues sin entender nada. Te gusta lo que escuchas sí, pero de ahí a «una estructura propia» te parece estirarse demasiado.

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Artistas, Historia

Dizzy Gillespie y la necrológica de Louis Armstrong

«Nunca antes en la historia de la música negra hubo un individuo que dominara tan completamente el arte como el maestro, Daniel Louis Armstrong». Así comienza la necrológica publicada por Dizzy Gillespie el 7 de julio de 1971 en el New York Times. Un día antes, el genio de Nueva Orleans, había fallecido a los 71 años de edad, a causa de un infarto de miocardio.

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Historia

Esto no es jazz, ¡Paren el concierto!

En Sigüenza todavía se acuerdan del que fue uno de los episodios más descacharrantes del jazz en España. De sobra conocido por muchos, por algún motivo hoy me he despertado con ganas de contarlo en Caravan.

Como suele decirse en estos casos, pongámonos en situación. Estamos en el año 2009, y la ciudad de la Alcarria como tantas otras en aquella época, presume de su pequeño festival de jazz. Al principio todo va razonablemente bien. La organización ha conseguido formar un cartel «apañado» y los aficionados a ratos sí y a ratos no tanto, disfrutan de los conciertos programados.

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Historia, Libros

Haruki Murakami y el Jazz de su vida

No es ningún secreto que además de ser un gran escritor, Haruki Murakami es un auténtico melómano. Todas sus novelas están llenas de referencias musicales y aunque cita discos y canciones de prácticamente todos los estilos, dos son los que más destacan: la música clásica y el jazz. En el caso del jazz, su pasión viene de lejos, de mucho antes de que publicase su primera novela.

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Temas, Historia

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

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Historia

Así se hacía una revista de jazz…en 1939

Una de las cosas maravillosas que tiene Internet es que te permite encontrar «lo imposible», ya sea un foro para terraplanistas convencidos, una tienda on-line especializada en linternas o en este caso que nos ocupa, uno de los ejemplares completos que la revista Down Beat publicó en 1939. Maravillas similares pueden encontrarse en ese gran tesoro on-line que responde al nombre de Internet  Archive, una gran plataforma que reúne los «pasos perdidos» de la Red y que os recomiendo que no dejéis de visitar.

Como veis el ejemplar que nos ocupa, lleva en portada uno de los grandes temas de la época: las tensiones raciales que también se daban en el mundo del jazz y a las que ciudades como Nueva York tampoco eran ni mucho menos inmunes.

El artículo principal, «Can Goodman erase color line?» hace referencia en este sentido la decisión de Benny Goodman de contratar a dos nuevos «músicos negros» para su Big Band, toda vez que según afirma la publicación, el mundo del jazz ya se vio sorprendido cuando tras la salida de Fletcher Henderson de la banda, Goodman decidiese sustituirlo de forma regular por Clarence Profit, pianista también «de color».

Merece la pena recordar en este punto que aunque es cierto que desde el primer momento los músicos negros de jazz , pese al racismo imperante, eran «tolerados» por su talento, también lo es que fenómenos como el «Dixieland» y las primeras Big Bands «mainstream» (por llamarlas de alguna forma) estaban compuestas principalmente por músicos blancos. Que la incorporación de dos músicos negros a la banda de Goodman fuese noticia de portada para DownBeat refleja claramente como era la mentalidad de la época…y no solo en los estados sureños.

La revista incluye como no podía ser de otra manera noticias de próximos conciertos, reseñas de discos, o columnas de opinión (en este número en concreto hay una interesante escrita por un Duke Ellington que reflexiona sobre las dificultades con las que se encuentran los autores de temas originales a finales de los años 30).

También piezas realmente divertidas, como «Bank, robbers, thieves and rapists play in this band» (ladrones de bancos, ladrones, y violadores tocan en esta banda) en la que se habla de la que probablemente fuese si no la primera banda, sin lugar a dudas uno de los primeros conjunto musicales de jazz formados en una cárcel americana. Al parecer el líder de la banda, Jules Rachman, cumplía en ese momento 15 años de prisión por el asesinato de sus dos primos.

¿Había chistes? Por supuesto. Y en la viñeta que vemos arriba merece la pena fijarse en un par de detalles. El bajo parece estar interpretando «Out of this world» un muy popular tema de la época, puesto de moda por cantantes como Ella Fitzgerald. Sin embargo no parece que la interpretación sea demasiado buena ya que el comentario que le sigue es «and out of the chord» (fuera de tono). El otro detalle que me gusta es el de los dos gatos que se ven en la zona inferior izquierda y a los que bautiza como «local cats» (gatos locales) como alusión a esos músicos jóvenes y ambiciosos que habitualmente recibían el apelativo de «Cats».

Y por supuesto Down Beat no habría llegado hasta nuestros días sin anuncios que asegurasen su rentabilidad financiera. El que os mostramos arriba hace referencia a la marca de baterías «Ludwig Drums»,  de la que se afirma que es la preferida por Sidney Catlett, batería de la banda de Louis Armstrong. Ver para creer.

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