Historia, Temas

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

Standard
Actualidad

Adiós a Ellis Marsalis, leyenda del Jazz de Nueva Orleans

El Jazz de Nueva Orleans ha sentido esta semana el fallecimiento de Ellis Marsalis. A los 85 años de edad y aquejado de una grave neumonía, Marsalis se ha convertido en una más de las miles de víctimas que está dejando a su paso el infame COVID-19. La noticia la ha comunicado esta semana su hijo Brandford, que junto con su hermano, el archiconocido Wynton, son punta de lanza de lo que se conoce como el «nuevo tradicionalismo» o lo que es lo mismos, un decir adiós a las vanguardias y una mirada a los orígenes de un estilo musical que se remonta a finales del s.XIX.

De Marsalis padre, se destaca su papel como revitalizador durante más de medio siglo del Jazz de Nueva Orleans, portador del gran legado de su ciudad natal a lo largo de todo el mundo. No es casualidad en este sentido, que la alcaldesa de la ciudad, La Toya Cantrell, haya publicado en Twitter que «Ellis Marsalis fue una leyenda. Fue el prototipo de lo que entendemos cuando hablamos de jazz de Nueva Orleans».

Nacido en 1934 en la ciudad del Missisipi por excelencia, Ellis era hijo de un empleado de uno lo de los hoteles en los que se alojaban los músicos negros que visitaban la ciudad y que no podían acudir a otros establecimientos debido a las leyes raciales del estado. (ese famoso Green Book que se hizo con Oscar a la mejor película en 2018). En el instituto aprendió a tocar el saxo, si bien también se defendía de forma notable tras el piano.

Buena parte de la carrera del patriarca de la saga Marsalis estuvo estrechamente ligada a su ciudad natal y eso hizo que su nombre y su dimensión artística no trascendiesen hasta que sus dos hijos mayores comenzaron a ser conocidos. Curiosamente y a diferencia de lo que harían Brandford y Wynton después, el mayor de los Marsalis sí que introdujo en su ciudad natal los nuevos aires que se respiraban en el mundo del jazz, sumándose durante unos años a un movimiento bebop que desde luego no era visto con buenos ojos en la «cuna del Mississipi».

A finales de los cincuenta formó un grupo en el que también militaban nombres como Harold Batiste o Ed Blackwell (que pronto se iría a tocar con Ornette Coleman), en 1962 participó en un disco de Nat Adderley grabado en directo en Nueva Orleans y poco después publicó su primer disco como líder en un efímero sello local. Sin dejar nunca su ciudad natal, Marsalis pasó varios años tocando tanto en clubes (incluida una residencia en el Playboy Club) hasta en programas de televisión y, esporádicamente, en grupos de otros, como en el del trompetista Al Hirt.

Ellis era en este sentido un modernista en la ciudad más tradicionalista. A lo largo de su carrera grabó más de 20 discos y como educador influyó de forma decisiva en la vida de gigantes del jazz como los trompetistas Nicholas Payton y Terence Blanchard o los saxos Donald Harrison y Victor Goines.

Pero más incluso como músico, de Marsalis se aprecia su trabajo como docente. A principios de los años 70 se unió a New Orleans Centre for the Creative Arts (NOCCA) en el que fue profesor durante muchos años y en 1983 comenzó su trabajo en el National Endowment of Arts, en el que dirigía el departamento de estudios de jazz de la Universidad de Nueva Orleans. A partir de 1990 se convirtió en vicepresidente de la Asociación Internacional de Educadores de Jazz. Con Marsalis nos deja básicamente, una leyenda.

 

 

 

Standard
Artistas, Discos

Miles Davis: sus 10 mejores discos

El pasado mes de enero os hablaba de «Birth of the Cool»  uno de los mejores documentales del año pasado en Sundance y en el que Stanley Nelson recorre a vida de Miles Davis. El documental acaba ser de estrenado en Netflix y si vuestra agenda de ocio en la curentena os deja un hueco libre, os recomiendos que os reservéis dos horitas y no le dejés escapar. Merece mucho la pena.

Lo cual me lleva como no podía ser de otra manera, a hablaros del «bueno» de Miles. Porque como en el documental se hablan de las circunstancias que rodearon la grabación de algunos de los mejores álbumes de su carrera, «no he tenido más remedio» que preguntarme… «¿cuáles son sus mejores álbumes para ti?». Partiendo de esta premisa, paso a recomendaros esos diez que sí o sí tenéis que escuchar.

1. Kind of Blue (1959)

¿Alguien lo dudaba a estas alturas? El que sigue siendo el disco de jazz más vendido en toda la historia, ha entrado en la categoría de leyenda. ¿Qué puedo decir que no haya o se haya dicho ya de un álbum al que no le sobra una nota? Kind of Blue es ese «disco que te recomienda todo el mundo» cuando empiezas a escuchar jazz, es ese «disco del que hablas cuando quieres hacer que ver que sabes de lo que hablas» y ese ese «disco que nunca pasa de moda, tremendamente actua». Por supuesto, es todas esas cosas y también es mucho más.

2. Sketches of Spain (1960)

Puede que si miramos en retrospectiva el conjunto de su obra, «Sketches of Spain» no sea su segundo mejor álbum…aunque probablemente nadie discutiría su inclusión entre los diez primeros. Pero que un gigante del jazz como Miles Davis le dedique un disco a la música española tiene que significar algo ¿no?

Cuenta en su autobiografía (y también en el documental) que fue su mujer de aquel entonces, Frances Davis, la que en la etapa de Barcelona de la gira europea del trompetista, le convenció de que la acompañase a un espectáculo de flamenco. Cuenta también que tras la actuación, se quedó tan fascinado con lo que acababa de escuchar, que compró todos los discos de flamenco que pudo encontrar en la tienda del teatro. Este es el germen de un discazo que lleva en su «playlist» títulos como «Concierto de Aranjuez», «Saeta» y «Soleá». ¿Se puede pedir más?

3. Porgy and Bess (1959)

El tercer gran disco que Miles Davis graba a finales de los años 50 es «Porgy and Bess», su personal reinterpretación de la ópera de George Gershwin con arreglos del por aquel entonces su inseparable Gil Evans. ¿No tenéis tiempo o no os apetece en estos momentos escuchar el disco entero? Saltad directamente a «Summertime», la pieza más icónica.

Ahora buscad el mismo álbum grabado un año antes por Louis Armstrong y Ella Fitzgerald. Escuchad su «Summetime»: mucho más clásico y fiel al espíritu de la obra. ¿Cuál os gusta más? ¿Qué sensaciones os transmite la versión de Armstrong y cuáles las de Davis? Si opináis como yo, creo que es imposible elegir una de las dos.

4. Your’re under arrest (1985)

La capacidad de reinventarse una y otra vez de Davis se demuestra en este «You’re under arrest». Grabado seis años antes de de su muerte, fue el último de los grandes discos de su carrera y la última de las sesiones que grabó para Columbia.

Entre las curiosidades del ámbum destacan su reinterpretación del «Time after time» de Cindy Lauper y el «Human Nature» de Michael Jackson. Todo el disco tiene un sonido marcadamente «ochentero» pero que no se me entienda mal, en el buen sentido del término. Y es que escuchándolo casi nos entran ganas de cardarnos el pelo (los que puedan hacerlo) y ponernos una chupa de cuero con hombreras.

5. Bitches Brew (1970)

¿Qué es lo que ocurre cuando reúnes a un grupo de artistas geniales (Chick Corea, Dave Holland, Joe Zawinul y Wayne Shorter entre otros) y les dices que no hay partitura, que hagan exactamente lo que les venga en gana y que se atrevan a experimentar? ¿Qué es lo que ocurre cuando el momento en el que se lo dices es a principios de los años 70, la psicodelia es el no va a más y tu estás considerando pasarte definitivamente a los instrumentos eléctricos?

Exacto. Lo que ocurre es «Bitches Brew» un viaje sonoro que que te atrapa desde «Pharaoh’s Dance» y ya no te suelta hasta dos horas más tarde. El álbum fue un éxito inmediato y con el paso del tiempo, se ha convertido en el segundo más vendido de su carrera. Mención aparte merece el diseño de la portada del disco a cargo de John Berg y Mati Klarwein.

6. In a Silent Way (1969)

De alguna forma, el «Bitches Brew» del que os hablaba antes, es consecuencia natural de este «In a Silent Way» que graba un año antes. Mucho más intimista, menos expansivo, las nuevas texturas eléctricas que incorpora a la banda (especialmente con el guitarrista John McLaughlin y el teclista Joe Zawinul suponen ya una ruptura casi definitiva con su pasado acústico.

Como hiciera Dylan en su momento con la guitarra, pese a quien pese, Davis a partir de ahora se pasará a la trompeta eléctrica y ya no habrá vuelta atrás.

7. Birth of the Cool (1957)

Unos años antes de la publicación en 1957 de «Birth of the Cool», Miles Davis había comenzado a trabajar con ese sonido que nacía como respuesta al frenético bop de Dizzy Gillespie y Charlie Parker.

Davis que había tocado con ambos en distintas formaciones, había acabado literalmente hasta los huevos de Parker, que pese a ser un genio, era altamente inestable y tendía a olvidarse de pagar a su banda. ¿Hubiésemos tenido un «Birth of the Cool»? sin esa relación amor/odio entre Davis y Parker? Puede que de todos los modos hubiese llegado a ser inevitable…pero es algo que nunca sabremos. Lo que sí sabemos es que de forma involuntaria, este disco marcha para Davis el pistoletazo de salida hacia un sonido nuevo.

8. L’ascenseur pour l’echafaud (1958)

Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud) es una película francesa de 1957, dirigida por Louis Malle. Protagonizada por Jeanne Moreau, Maurice Ronet y Georges Poujouly. En esta una pareja de amantes  planea el crimen perfecto para liquidar al esposo de ella, que también es jefe de la empresa donde trabaja el amante.

Además de ser una estupenda película, cuenta con el mérito de que su banda sonora fuese compuesta íntegramente por Miles Davis. Para ello Davis se encerró en una sala de cine en el que se le proyectó la película sin sonido. Mientras suceden las escenas y sin un plan previo, Davis interpreta la que será una de las bandas sonoras más vendidas de todos los tiempos.

9. Milestones(1958)

Tras «Kind of Blue» este es el álbum que se considera cumbre del jazz modal. En Milestones encontramos una de las mejores colaboraciones de Miles Davis con John Coltrane, a la que se suman nombres como el de Julian «Cannonball» Adderley.

Su tema principal, «Milestones», suena en la cortinilla de apertura de «Jazz entre amigos», el mítico programa de jazz de Televisión Española presentado por el mítico Juan Claudio Cifuentes.

10. A tribute to Jack Johnson (1971)

A partir de un encargo de una película sobre la leyenda del boxeo Jack Johnson, Miles lanzó una nueva banda (contratando al bajista de Stevie Wonder Michael Henderson entre otros) y construyó un nuevo sonido emocionantemente duro a partir de largos jam-sessions en el estudio y una edición de sonido radical para la época..

 

 

 

 

Standard
Temas

Jazz en tiempos del COVID-19 (II)

Os contaba en el primer capítulo de este especial, que el jazz tiene esa capacidad de levantar el ánimo de las personas. Y creo que los temas que os propuse entonces, son un buen ejemplo. Así que si queréis bailar o simplemente pasar un buen rato escuchando música alegre, os recomiendo que le echéis un vistazo al artículo. Pero por supuesto el jazz es mucho más que eso. Tal vez en esta curarentena os apetecza pasar un rato tranquilo, leyendo, descansando o incluso trabajando. De eso os quiero hablar en esta segunda parte de «Jazz en tiempos del COVID-19» y como en la ocasión anterior, os proponga la escucha de cinco temas. Comenzamos.

My Funny Valentine (Chet Baker)

No abundan en el mundo del jazz los intérpretes de trompeta que además, se animen a cantar. De todos por supuesto, Louis Armstrong es el más conocido. Pero si bajamos del olimpo de los dioses y no nos importa mancharnos de barro, tarde o temprano daremos con él, con Chet Baker. Como la de muchos músicos de jazz, la carrera de Baker está marcada por las mujeres y las drogas, a lo que en su caso hay que sumarle detenciones y algunos intervalos en prisión.

Y claro eso marca. No se le puede pedir a quien se pasa media vida entrando y saliendo de la cárcel y enganchado a la heroína para poder tocar con cierta «dignidad» que además sea alegre y ría las bromas. Casi todo en Baker es trágico. Basta cerrar los ojos, ponernos los cascos y escucharle cantar «My Funny Valentine». ¿No la canta como Frank Sinatra, verdad? No, lo suyo es intentar hacernos llorar, que sintamos auténtica lástima de esa «Valentine», no especialmente guapa, no especialmente lista, pero que necesitamos tener a nuestro lado para no hundirnos un poquito más.

Blue in Green (Bill Evans Trio)

Es el pianista con más clase de la historia del jazz. Y no me entendáis mal. No digo que Bill Evans sea el mejor pianista de la historia (escuchad a Thelonious Monk o Bud Powell). Simplemente digo que Evans es el que tiene más clase, el más elegante. Miradle en cualquier foto: siempre vestido de forma impecable, siempre a la moda, como si acabase de salir de una sesión de fotos para la revista Esquire.

¿Captáis el concepto? Bien, ahora abrid Spotify o cualquiera de las aplicaciones que utilicéis para escuchar música en esta cuarentena. Disco a buscar: «Portrait in Jazz». Mi recomendación, escuchadlo de un tirón. Intentad que no sea en un día lluvioso, porque entonces acabaréis en «la mierda». Fijaros que el disco tiene hasta tres versiones de «Blue in Green» (primero Take 3, después Take 1 y finalmente, Take 2).

El tema como muchos sabréis ya, aparece por primera vez en ese «Kind of Blue» del que hemos hablado tantas veces y en el que el propio Evans figuraba como pianista. Pero es en este disco, «Portrait in Jazz», en el que Evans lo desarrolla en toda su complejidad, lo estira y lo reinventa.

Poinciana (Ahmad Jamal Trio)

En ocasiones, hay temas que definen a quien los interpreta. Es el caso de Ahmad Jamal y su Poinciana. Aunque Ahmad Jamal no fue el primero en interpretar el tema y otros como Glenn Miller, Bing Crosby, Charlie Parker, Chet Baker o Dave Brubeck tienen sus propias versiones del tema compuesto originalmente por Nat Dimon y Buddy Bernier, desde luego la interpretación que hace Jamal es la más conocida y la que le ha dado más fama.

Tanto es así que este tema, que podría haber sido un standard más, consiguió que el álbum que la incluía «Ahmad Jamal at the Pershing: but not for me» (1958), consiguiera permanecer más de dos años en la lista billboard de grandes éxitos

¿Pero cuál es su secreto? ¿Qué tiene de especial un tema que desde la primera vez que lo escuchas, lo comienzas a tarear una y otra vez…y ya no desaparece nunca? Si preguntamos a los expertos, nos dirán que el truco es el «vamp»: superponer el fraseo reposado del pianista a un ritmo insistente y atractivo, notas que se repiten de forma progresiva desarrollando lentamente el conjunto de la composición.

Don’t Stop the music (Jaimie Cullum)

Como hice en la primera parte de este especial, los dos últimos temas de la lista están reservados para la música actual. El primero, «Don’t Stop the Music», es una de esas joyitas que el crooner Jaimie Cullum nos regaló en «The Pursuit», el que para mí es su mejor disco hasta la fecha. Y sí, es una canción ligeramente más alegre de las que os he hablado hasta ahora, pero se trata de superar esta crisis del coronavirus con vida ¿no? así que un poco de aire antes de entrar en el gran final.

Si para el mes de julio hemos conseguido batir esta terrible enfermedad y si para entonces se siguen haciendo conciertos, podréis ver a Cullum en el Wizink Center de Madrid. Si tenéis la oportunidad de verle en directo, no os lo perdáis: es de lo mejorcito que ha dado el jazz vocal actual.

Morning Sun (Melody Gardot)

Tuve la oportunidad de ver a Melody Gardot en directo en 2017 y 2018. Pocas artistas tienen esa fuerza sobre el escenario, cantan tan endemoniadamente bien y cuentan con ese talento tan descomunal. ¿Lo mejor de todo? En España casi todos estamos de acuerdo. En ambos conciertos el recinto estaba hasta la bandera. Lo único que puedo echarle en cara es que lleve desde 2015 sin sacar un disco nuevo.

Lo curioso de Hardot es que ni siquiera quería ser artista. A los 19 años fue atropellada por un automóvil y la música, componer y cantar se convirtió en parte integral de su terapia. No quería ser profesional y si no hubiese sido descubierta casi por casualidad cantando en las calles de Nueva York, nos habríamos perdido un pequeño prodigio musical.

Standard
Es personal, Temas

Jazz en tiempos del COVID-19

Contaba en «La puerta de entrada al jazz», que empezar a disfrutar del jazz puede convertirse en un pequeño gran desafío si no sabemos qué escuchar o qué artistas, qué grabaciones. Así que he pensado que como todos vamos a pasar unos cuántos días «encerrados» en casa, podría ser una buena idea recomendaros unos cuantos temas que podéis escuchar en algún momento de la cuarentena. Os prometo una cosa: voy a conseguir levantaros el ánimo.

Sing, sing, sing (Benny Goodman)

Comenzamos con fuerza. Seguramente todos habéis escuchado este temazo compuesto por Louis Prima en 1936 y popularizado por Benny Goodman. Y lo conocéis porque lo habéis escuchando en unas cuantas películas: «Rebeldes del swing», «Historias de Nueva York», «Florence Foster Jenkins», «La torre del terror»… Pero también en capítulos de series como «Los Soprano», «Las chicas de Gilmore» o «Los Simpsons» e incluso, en videojuegos como «Mafia II» o «LA Noire».

Pocos temas como «Sing,sing, sing» reflejan mejor el ambiente de lo que debía ser un sofisticado club de Nueva York o Los Ángeles en los años 30-40. Pocos se han asociado tanto el mundo de la mafia, al ambiente de la Ley Seca o al de todos esos tugurios que nos imaginamos en cualquier novela negra. Subid el volumen de vuestro equipo al máximo y poned este tema. ¿No os entran ganas de dejarlo todo y poneros a bailar?

Take Five (Dave Brubeck)

¿Recordáis el anuncio del Seat Ateca del año pasado? Sí, estoy hablando precisamente de este anuncio. Escuchad la música de fondo. ¿No parece tremendamente actual? Lo que escucháis es «Take Five» uno de los temas más conocidos de Dave Brubeck y que se incluye en «Time Out», uno de los mejores discos de…1959. ¿Impresiona verdad?

Porque mientras que ese mismo año Elvis Presley estaba consiguiendo que miles de personas de todo el mundo agitasen sus caderas con «Heart Break Hotel», Dave Brubeck se marcaba uno de los temas más elegantes de la historia. Uno de esos temas que escuchar mientras estás en tu terraza favorita (cambia terraza por balcón de casa) mientras te tomas un gin tonic y piensas… ¿por qué nos empeñamos en hacerlo todo tan complicado? Poneros una buenos cascos y escuchad la batería de fondo. Es Joe Morello, uno de los mejores baterías de la historia. ¿Podéis hacer algo igual?

Caravan (Duke Ellington)

Estoy seguro que para muchos, «Whiplash«, la estupenda película de Damien Chazelle. Que una película que pusiera el jazz como tema principal fuese capaz de ganar tres Oscar en 2014 fue toda una contribución a la «causa».  Lo primero, si no lo habéis hecho ya, dejad de leer el blog y poneros a ver la película (disponible en streaming en Sky y en modalidad de alquiler en las principales plataformas).

¿Lo habéis hecho? Bien, pasemos a su banda sonora. Además de la propio «Whiplash», compuesta ad hoc para esta película, el tema que no podéis dejar pasar es «Caravan». El título del tema que da nombre a este modesto blog pertenece a lo que en términos jazzísticos se conoce como standards. Standards son aquellos temas que tras su «lanzamiento» se han hecho tan populares que nunca han dejado de ser interpretados y versionados a lo largo de los años, e incluso las décadas.

Escuchad el Caravan de John Wasson que se incluye en la banda sonora de Whiplash. ¿Verdad que no suena como un tema compuesto en 1936? Escuchad ahora la composición original, la compuesta Duke Ellington y Juan Tizol…¿notáis todas las diferencias? Aquí sí que escuchamos cómo suena un piano en los años 40. Pasad ahora a la versión de Wes Mongomery (1962)… puros años 60. Esa libertad sin límites es lo que hace que el jazz sea tan especial.

Precious (Esperanza Spalding)

Lo reconozco. Para los tres primeros temas de los que os he hablado me he ido algo lejos: a los años 40, 50…¡incluso a los años 30! Así por si os lo estabais preguntando, sí, el jazz moderno y actual existe. Seguro que os suenan nombres como los de Jamie Cullum, Norah Jones o Diana Krall ¿no es cierto? Y aunque desde luego no hacen solo jazz, desde luego hacen jazz.

Pero vamos a una intérprete menos mainstream…en España: Esperanza Spalding. En 2011,  Esperanza Spalding conseguía lo impensable: su segundo álbum de estudio, «Chamber Music Society»  la convertía en la ceremonia de los premios Grammy en la mejor artista emergente de ese año, arrebatándole a Justin Bieber un premio que se daba prácticamente como seguro. Desde entonces Spalding ha sabido demostrar que lo suyo no ha sido fruto de la causalidad y álbum tras álbum esta cantante y bajista se ha consolidado como una de las grandes referencias del jazz actual.

Black Radio (Robert Glasper Experiment)

¿Dónde se encuentran los límites del jazz? En las dos últimas décadas el jazz se ha fusionado con el rock, el flamenco, la bossa nova, la música electrónica e incluso con el rap. Se ha mezclado tanto que algunos artistas de jazz moderno no acaban de sentirse cómodos con una etiqueta que consideran que limitan su creatividad.

Uno de los mejores exponentes lo tenemos en «Black Radio». A cargo del «Robert Glasoer Experiment», reúne a algunos de los mejores artistas del jazz actual en uno de esos discos «únicos». No, no lo escuches ahora. Espera a irte a la cama. Coge ese libro de la mesilla de noche, empieza a leer y dale al play. ¿A que es diferente a todo lo que has escuchado hasta ahora? ¿A que no tiene nada que ver con esas imágenes que surgían en tu cabeza cuando pensabas en el término «jazz»?

Pues eso y no otra cosa es lo que estás escuchando en estos momentos. ¡Disfrutad!

Standard
Libros

Novela gráfica, comics y jazz: cinco títulos que no te puedes perder

Me encanta «leer» jazz. Los libros que repasan una época, las biografías de los mejores músicos, los que recopilan todas esas grabaciones que no puedes dejar de escuchar y por supuesto, todos esos comics y novelas gráficas que se sumergen en esta forma de vida. Y es que aunque es cierto que el jazz no puede competir con los comics de Marvel o DC, sí que es cierto que ha conseguido encontrar un pequeño hueco en las estanterías que ocupan las grandes historias. Hoy quiero recomendaros nada menos que cinco títulos que podéis encontrar en casi todas las librerías y que desde luego, no podéis dejar pasar.

Billie Holiday (José Muñoz y Carlos Sampaio)

La vida de la mítica Billie Holiday vuelve a deslumbrarnos en las páginas del que ya se ha convertido en un clásico para los amantes del jazz. No es una biografía «ilustrada» cualquiera.

A cargo de José Muñoz, uno de los grandes nombres del comic argentino y del experto en jazz, Carlos Sampaio, el libro cuenta cómo cuando se cumplen treinta años de la muerte de la cantante, un periodista decide escribir un artículo homenaje desde su desconocimiento más absoluto del mundo del jazz, de modo que se irá acercando a la figura de Holiday poco a poco, apasionándose a medida que la conoce más.

Héroes del Blues, Jazz y Country (Robert Crumb)

Robert Crumb es uno de los autores de cómic underground y pulp más conocidos del mundo y su estilo histriónico y tremendamente personal ha sido reconocido y premiado a nivel internacional en numerosas ocasiones. Pero además, Robert Crumb  es un gran apasionado de esas músicas «típicamente americanas» como son el blues, el jazz y el country.

En este libro el autor americano presenta la recopilación de las tarjetas coleccionables que dibujó Crumb a mediados de los años ochenta, decenas de caricaturas de los que han sido los cantantes y músicos que han marcado una época, en definitiva, una auténtica joya.

Coltrane (Paolo Parisi)

Paolo Parisi repasa en Coltrane la historia de uno de los más grandes y más enigmáticos músicos de la historia del jazz.

En el libro se intercalan escenas de la vida personal de Coltrane (su carrera militar, sus adicciones, su activismo político y sus aventuras amorosas, etc.) con las que han sido algunas de sus mejores grabaciones. Como telón de fondo, el retrato de una época marcada con algunos de los acontecimientos como la guerra de Vietnam o el activismo de los grupos de defensa de los derechos civiles.

Fats Waller (Igort y Sampaio)

Una nueva biografía repasa en este caso la vida de Fats Waller, uno de esos pianistas cuyo nombre deberíamos grabarnos a fuego. La historia de Igort y Sampaio cuenta en este caso cómo en los años más oscuros del siglo XX, un hombre ayudará a miles de otros a superar sus dificultades diarias. Pianista brillante y compositor de éxito, sus canciones, siempre llenas de humor y optimismo, se han convertido en estándares del jazz.

Piscina Molitor: la vida swing de Boris Vian ( Christian Cailleaux y Hervé Bourhis)

Trompetista, dramatrugo y padrino de la hija de Duke Ellington, Boris Vian sufrió durante toda su vida de una severa dolencia cardiaca y consideraba que bucear era bueno para su corazón. Sin embargo, el 23 de junio de 1959 Boris Vian muere de un ataque al corazón mientras asiste de incógnito al pase de la adaptación a la pantalla de su novela «Escupiré sobre vuestra tumba». Por la mañana había estado nadando en la Piscina Molitor como solía hacer cada día.

Hervé Bourhis y Christian Cailleaux narran los últimos momentos de este creador polifacético, sumergiéndose en las profundidades de su vida más allá de sus pasiones, sus amores y sus alegrías. Una vida por la que desfilan personajes secundarios como Jacques Prevert, Yehudi Menuhin, Raymond Queneau, Jean-Paul Sartre, Juliette Greco o Simone de Beauvoir.

Standard
Historia

Así se hacía una revista de jazz…en 1939

Una de las cosas maravillosas que tiene Internet es que te permite encontrar «lo imposible», ya sea un foro para terraplanistas convencidos, una tienda on-line especializada en linternas o en este caso que nos ocupa, uno de los ejemplares completos que la revista Down Beat publicó en 1939. Maravillas similares pueden encontrarse en ese gran tesoro on-line que responde al nombre de Internet  Archive, una gran plataforma que reúne los «pasos perdidos» de la Red y que os recomiendo que no dejéis de visitar.

Como veis el ejemplar que nos ocupa, lleva en portada uno de los grandes temas de la época: las tensiones raciales que también se daban en el mundo del jazz y a las que ciudades como Nueva York tampoco eran ni mucho menos inmunes.

El artículo principal, «Can Goodman erase color line?» hace referencia en este sentido la decisión de Benny Goodman de contratar a dos nuevos «músicos negros» para su Big Band, toda vez que según afirma la publicación, el mundo del jazz ya se vio sorprendido cuando tras la salida de Fletcher Henderson de la banda, Goodman decidiese sustituirlo de forma regular por Clarence Profit, pianista también «de color».

Merece la pena recordar en este punto que aunque es cierto que desde el primer momento los músicos negros de jazz , pese al racismo imperante, eran «tolerados» por su talento, también lo es que fenómenos como el «Dixieland» y las primeras Big Bands «mainstream» (por llamarlas de alguna forma) estaban compuestas principalmente por músicos blancos. Que la incorporación de dos músicos negros a la banda de Goodman fuese noticia de portada para DownBeat refleja claramente como era la mentalidad de la época…y no solo en los estados sureños.

La revista incluye como no podía ser de otra manera noticias de próximos conciertos, reseñas de discos, o columnas de opinión (en este número en concreto hay una interesante escrita por un Duke Ellington que reflexiona sobre las dificultades con las que se encuentran los autores de temas originales a finales de los años 30).

También piezas realmente divertidas, como «Bank, robbers, thieves and rapists play in this band» (ladrones de bancos, ladrones, y violadores tocan en esta banda) en la que se habla de la que probablemente fuese si no la primera banda, sin lugar a dudas uno de los primeros conjunto musicales de jazz formados en una cárcel americana. Al parecer el líder de la banda, Jules Rachman, cumplía en ese momento 15 años de prisión por el asesinato de sus dos primos.

¿Había chistes? Por supuesto. Y en la viñeta que vemos arriba merece la pena fijarse en un par de detalles. El bajo parece estar interpretando «Out of this world» un muy popular tema de la época, puesto de moda por cantantes como Ella Fitzgerald. Sin embargo no parece que la interpretación sea demasiado buena ya que el comentario que le sigue es «and out of the chord» (fuera de tono). El otro detalle que me gusta es el de los dos gatos que se ven en la zona inferior izquierda y a los que bautiza como «local cats» (gatos locales) como alusión a esos músicos jóvenes y ambiciosos que habitualmente recibían el apelativo de «Cats».

Y por supuesto Down Beat no habría llegado hasta nuestros días sin anuncios que asegurasen su rentabilidad financiera. El que os mostramos arriba hace referencia a la marca de baterías «Ludwig Drums»,  de la que se afirma que es la preferida por Sidney Catlett, batería de la banda de Louis Armstrong. Ver para creer.

Standard
Temas

Hot House (Tadd Dameron): ¿el tema que fundó el Bebop?

Cuenta el crítico francés André Hoider que «la historia del jazz recordará como una fecha fundamental ese día de mayo de 1945 en que cinco músicos negros grabaron ‘Hot House’ y ‘Salt Peanuts‘». Aunque la afirmación de Hoider pueda resultar en pleno s.XXI algo exagerada, lo ciertos que es que desde su grabación se convirtieron en dos de los temas fundacionales del Bop y aunque no fue su autor, Dizzy Gillespie contribuyó a que muchas décadas después se sigan interpretando.

Compuesta por Tadd Dameron, el artificio de «Hot House» pasó por superponer una nueva melodía, delicada y sinuosa, sobre los acordes de «What is this thing called love», el famoso tema de Cole Porter. Desde casi el primer momento, «Hot House» se convirtió en un fijo en el repertorio que Dizzy Gillespie y Charlie Parker interpretaban juntos hasta mediados de los años cincuenta.

De hecho, la grabación más famosa y mencionada del tema es de Parker y Gillespie en el concierto en vivo de mayo de 1953 titulado Jazz en el Massey Hall, después de haberlo grabado previamente para Savoy Records en 1945 y en el Carnegie Hall en 1947.

Pero como decimos, no fueron los únicos y los nuevos boppers no tardaron en incorporarla a sus respectivas «playlists». El primero, el propio Coltrane que la grabó en un estudio de Hawai en 1946, pero ya antes de finalizar esa década en los intrumentos de músicos como Max Roach o James Moody que acabaron por «exportarla» a los escenarios de Europa.

El tema es especialmente querido por el crítico Ted Gioia de la que dice en «El canon del jazz»: «Admiro en particular el giro inesperado que se produce en el noveno compás, cuando Dameron, en lugar de la repetición del primer tema que prevé el oyente, inserta una melodía nueva y vibrante. Toda la partitura está bañada en cromatismo, y los acordes hacia extensiones mñas agudas no se limitan a meras notas de paso».

Versiones recomendadas

  • Dizzy Gillespie, Charlie Parker (1945)
  • Miles Davis (en directo desde el Birdland de Nueva York en 1950)
  • Charlie Parker, Dizzy Gillespie y otros (Massey Hall Toronto, 1953)
  • Eric Dolphy (1961)
  • Charles McPherson (1964)
  • Paul Motian (1992)
  • Antthony Braxton (1993)
  • Arturo Sandoval (1997)

 

Standard
Historia

Arreglistas: los «fontaneros» del jazz

Si hay un término que casi todos asociamos al jazz es improvisación. La libertad que tiene el músico para hacer suya música conocida y convertirla en algo diferente. Si aceptamos esta premisa, parece que la figura del arreglo y sobre todo el más profesionalizado arreglista, no tiene mucho que decir en esta historia. Al fin y al cabo cada músico es libre de hacer lo que quiera encima del escenario…¿o no es así?

Pues bien, por increíble que pueda parecer, el arreglo juega un papel fundamental en el jazz y un buen arreglista es muy cotizado. Pero comencemos por lo básico. ¿Qué entendemos por arreglo musical? Si nos vamos a una definición clásica, el arreglo es cualquier obra musical que se deriva de una obra original. Así en una sinfonía, sobre una obra en la que la «voz cantante» puede por ejemplo llevarla el piano, encontramos arreglos específicos para cada uno del resto de los instrumentos (violín, flauta, vilonchelo, etc.). Mientras que el autor de un tema escribe una composición, el arreglista literalmente escribe lo que cada uno de los músicos van a tocar.

Lo cual nos lleva directamente al jazz. Y es que si como en el jazz ya hemos dicho que se improvisa, con el arreglo se determina sobre qué se va a improvisar. Y es que teniendo en cuenta que un grueso de las composiciones del jazz se ha basado históricamente en un conjunto de standards, el arreglo, la variación de la obra para el gusto de una nueva corriente o estilo personal de un artista determinado, ha jugado un papel fundamental.

A diferencia de la música clásica, en el jazz muchas de sus grandes estrellas han sido a la vez, grandes arreglistas. Y lo son desde la época del jazz de Nueva Orleans. Louis Armstrong por ejemplo, conocido por su gran capacidad para improvisar, siempre tocaba con arreglos. Fletcher Henderson considerado el primer gran arreglista del jazz consideraba además que su orquesta tenía que tener una gran capacidad de improvisar y entre los arreglistas de primera encontramos nombres como los de Duke Ellington, Jelly Roll Morton, Charlie Parket o Miles Davis. Dicho de otra forma, el arreglo cuando hablamos de jazz, es la puerta de entrada para improvisar.

Tanta importancia tiene el arreglo en este género musical que resulta bastante habitual que un único disco contenga dos o más versiones del tema principal, cuando no también de otros temas «secundarios» y es que las conocidas como «alternate takes» han llegado a convertirse en reliquias para los más aficionados. Tal y como contábamos hace unos días, de un tema como «After You’ve gone», Benny Goodman llegó a grabar hasta cuarenta versiones diferentes.

A diferencia de la música clásica o incluso de otros estilos musicales, el arreglo en el jazz no siempre está anotado. Cuando los músicos se conocen por ejemplo y tienen cierta complicidad muchas veces el arreglo se discute antes de empezar a tocar o a grabar. O en ocasiones días/semanas antes de la grabación el autor del disco es el que comunica al resto del grupo de qué forma quiere que suenen determinados temas. Esto por supuesto puede llevarse tan lejos como el músico quiera.

Para la grabación de «Kind of Blue» por ejemplo, Bill Evans solía contar que únicamente Miles Davis tenía claro lo que iban a hacer. Explica el fabuloso pianista que Davis les pidió a sus músicos que casi no ensayaran, pese a que lo único que tenían eran unos bocetos de las líneas de escalas y melodías. Una vez en el estudio Davis les dio breves instrucciones de cada pieza y después se pusieron a grabar.

Podría discutirse eso sí qué papel jugaba el arreglo en el free jazz y otras formas de jazz de vanguardia, si es que acaso jugaba alguno. Teniendo en cuenta el carácter marcadamente «improvisacional» de este estilo, seguramente no demasiado. Con todo, figuras como le Ornette Coleman por supuesto los seguían teniendo en cuenta, incluso cuando el crítico respetable afirmara que eso que estaba tocando desde luego no era jazz o si quiera, algo musical.

Standard
Es personal

Clubs que cierran

Estoy seguro que la noticia no ha sentado nada bien a los aficionados del jazz. La información, que daba el Diario de Sevilla el pasado 11 de febrero decía lo siguiente: «Cierra el bar Naima, templo del jazz en Sevilla». 

Así que sí, un club más cierra sus puertas. En el caso del Naima, el próximo 27 de junio, fecha en la que su propietario, Jorge Moreno, pondrá fin a los más de 25 años de historia de uno de los clubs de referencia en España. No lo hace por falta de interés de los aficionados o porque no consiguiese atraer al mejor talento nacional e internacional. Lo hace por «simple» especulación urbanística. A partir de ese día el propietario del local le ha comunicado a Moreno que duplican el precio del alquiler y es que una jam session poco puede hacer contra la gentrificación de una zona.

Lo peor no es que cierre sus puertas, sino que probablemente en Sevilla no tomará su relevo un nuevo local de jazz. Y es que como afirma la canción, son malos tiempos para la lírica. En septiembre del año pasado Bogui Jazz en Madrid también cerraba tras más de quince años…y no era una sala cualquiera: DownBeat la incluyó mientras pudo como uno de los mejores sitios del mundo en los que escuchar jazz en directo. Unos años antes (2015), tras el fin de su alquiler de renta antigua, solo una petición en Change.org consiguió parar el cierre del Café Central de la capital madrileña, lo que hubiese supuesto un golpe del que quiero creer que la vida cultural de la ciudad no se hubiese recuperado. Clubs que cierran.

El cierre más triste para mí fue el del Café Populart. Probablemente no me habría aficionado al jazz si no hubiera tenido este club literalmente en frente de casa. Y es que todo lo que tenía que hacer si quería escuchar la mejor música era cruzar la calle, empujar la puerta en la que se anunciaban los próximos conciertos y sentarme en uno de sus sillones de cuero para tomarme una caña, a veces solo, las más, acompañado.

Por lo menos tuve la «suerte» de no tener que sufrir el cierre en directo. Cuando me enteré  yo ya me había cambiado de casa. Fue al pasar por casualidad por la calle Huertas un día cualquiera, con ganas de escuchar música y tomarme esa cerveza, cuando me di cuenta de que ya no estaba. Otra vez, gentrificación de mierda. Me quedó el consuelo ese día, como otros tantos, de bajarme andando hasta el Jazz Bar de la calle Moratín…que aunque no da conciertos, te puedes sentar a escuchar… por mucho que ahora se haya sumado a la moda afterwork.

Clubs que cierran. Y los que quedan o los pocos que abren, no pueden dedicarse exclusivamente al jazz. A los madrileños nos queda el Café Berlín, la Sala Clamores, o la Galileo pero no son clubs en stricto sensu. Son salas de conciertos que frecuentemente incluyen en su programación a solistas y grupos de jazz… y por supuesto que se agradece… but you know…no es lo mismo.

Una sensación de ese estilo la tuve en mi última visita a Valencia. Porque tras haber ido unas cuantas veces «de paso» hace un par de meses tuve la oportunidad de dedicarle un par de días a la ciudad. Y así me arrastré esperanzado hasta el Jimmy Glass…para descubrir que un jueves a las 20.00 de la tarde, estaba cerrado. ¿El motivo? Sólo abre cuando hay concierto y durante el tiempo que dura el concierto. Y entiendo que tiene que ser así: si no, no hay rentabilidad. Pero es una pena tremenda que así sea. Clubs que cierran.

Por favor Junco, no cierres nunca.

Standard