Historia

La ECM de Manfred Eicher cumple 50 años cambiando la historia

Cuando hace unos días hablaba de ese discazo de Ketih Jarret que responde al nombre de «The Köln Concert», también lo hacía, como no puede ser de otra forma, de Manfred Eicher, cofundador del sello musical ECM y uno de esos nombres que escuchas una y otra vez en el mundo del jazz. Cuando se cumplen cincuenta años de la fundación de sello, creo que merece la pena repasar brevemente su historia.

Comencemos por el nombre mismo de la casa. ECM es el acrónimo de «Edition of Contemporary Music» y nace como sello discográfico a finales de los años 60. Desde su lanzamiento, la compañía ha lanzado más de 1.600 discos, especialmente de jazz y música clásica. Entre los artistas más destacados que trabajan para ECM destacan los pianistas Keith Jarret, Chick Corea o Vijay Iver; los guitarristas Pat Metheny, John Abercrombie oJakob Bro; bajos como Charlie
Haden, Dave Holland and Eberhard Weber; saxos de la talla de Charles Lloyd o Jan Garbarek, trompetas como las de Enrico Rava o conjuntos como el Art Ensemble of Chicago.

No todo es por supuesto mérito de Eicher. Probablemente ECM no existiría hoy en día sin Karl Egger. El otro cofundador del sello era el dueño a mediados de la década de 1960 de la tienda de discos «Elektro-Egger record store» y en realidad fue él quien le dio la oportunidad a Eicher de lanzar su propio sello discográfico, grabando juntos el 24 de noviembre de 1969, en el Tonstudio Bauer de Ludwigsburg (Alemania occidental) al pianista Mal Waldron, que firmaba su disco «At last».

Poco después de la grabación de ese primer disco, Eicher se convenció de que tenía que dedicarse a tiempo completo al sello, ya no había vuelta atrás. Pero como explica él mismo para DownBeat (noviembre/2019) no había un plan claro: «trataba simplemente de seguir mis intereses musicales, muy personales. Esto es lo que posteriormente fue percibido como la ‘identidad’ del sello, pero en realidad no había ningún gran plan. Lo único que quería era hacer buenas grabaciones y tenía algunas ideas en mente para ello… no había mucho más».

Si hablamos de identidad del sello, por supuesto tenemos que hablar de una forma particular de grabar. Sobre todo porque Eicher mima como pocos el proceso de grabación. Su estética sonora implica por decirlo de alguna forma, una búsqueda de la pureza, el uso de los silencios como una nota más y en muchas ocasiones una inclinación por la grabación de composiciones en directo o en una única toma sobre la producción excesiva o los trucos de montaje.

Por eso en esa misma entrevista que mencionábamos antes, Eicher explica que aunque cree que es necesario tener un plan antes de comenzar a grabar, «también creo que es necesario estar abierto a cualquier cosa que pueda pasar de forma inesperada en el estudio, a la improvisación, a las exigencias que acaba planteando cada proyecto».

Al mismo tiempo y frente la revolución de las descargas o al mismo streaming musical al que la propia ECM se sumó en 2017, Eicher sigue creyendo en el álbum como concepto, como la forma de contar una historia completa, independientemente del formato: «los jóvenes no entienden el poder que tiene el álbum, lo cual es de lamentar. Un álbum es como una película o una obra de teatro. Tiene cierta forma, se presenta de una manera particular, tiene un sentido de conjunto».

Lo que nos lleva de nuevo a Keith Jarret. Porque aunque es verdad que ECM ha producido a grandísimos artistas, probablemente estaríamos hablando de un sello muy distinto sin la contribución de Jarret. Desde que en 1972 el pianista grabase «Facing you», ya son más de 70 los álbumes en los que Eicher como productor y Jarret como músico, han colaborado. En una entrevista de 1995 (también para DownBeat), Jarret explicaba la naturaleza de esta colaboración de la siguiente forma. «la capacidad de encontrar a alguien que realmente escuchase lo que estaba haciendo y que me permitiese establecer mis propias reglas… era lo que necesitaba. No sé que hubiese pasado con mi carrera si no me hubiese encontrado con Manfred».

En definitiva, lo que distingue a EMC de otros sellos y que forma parte de la filosofía de la casa, podría definirse como «el arte de buen escuchar». y si tuviéramos que ponerle una etiqueta simplificadora podríamos afirmar sencillamente que ECM es jazz de vanguardia, aunque en realidad sea mucho más. Me gusta más en este sentido, el último párrafo que leo en la entrada que Eicher tiene en la Wikipedia: «La principal función de Eicher ha sido dar a conocer nuevos talentos y músicas diferentes, captar la música que le gusta a él, para luego presentarla a los que aún no han tenido la oportunidad de conocerla».

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Discos

The Köln Concert: más que un disco fetiche

Todo estilo musical tiene sus discos «fetiche». Álbumes que parecen rodeados de una suerte de misterio, de un halo mágico que además engloba circunstancias que pueden incluir una grabación azarosa, un músico que no tenía que estar ahí pero que aparece en el último momento… o incluso un disco que parece destinado al fracaso pero que se convierte en un inesperado éxito. Uno de esos del que después se hacen posters o se compran en vinilo para colgarse en las paredes. «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» (The Beatles) es en este sentido uno de los mejores ejemplos.

¿Y qué hay del jazz? Tenemos por supuesto «Kind of Blue» (Miles Davis) que sigue siendo el disco más vendido, al que podríamos añadir «A Love Supreme» (John Coltrane). Pero si nos remitimos a las circunstancias de su grabación y al éxito posterior, pocos pueden superar el discazo que  Keith Jarret se marca con «The Köln Concert». De las circunstancias de la grabación de la obra maestra de Jarret merece rescatar lo que tanto el músico como Manfred Eicher (fundador del sello ECM) dirían en sendas entrevistas.

Habla en primer lugar Keith Jarret:  «Viajábamos por carretera y Mandred puso la grabación que había hecho del disco en el radiocasete. Al principio no le presté atención: ni el piano era el que nos habían prometido, sino uno mucho peor, ni sentía que hubiera tocado nada que mereciera la pena recordarse. Sin embargo Manfred insistió y empecé a escuchar aquello, y había algo…»

Coincide el propio Manfred Eicher: «Curiosamente, la grabación se hizo en unas condiciones muy difíciles. Primero, el Steinway que habíamos encargado nunca llegó debido a una huelga y Keith se vio obligado a tocar con un instrumento más pequeño. Quería suspender el concierto. ‘Vamos a intentarlo’ le dije. ‘Hacemos la prueba de sonido y tú decides’. Fue todo un día de tensiones hasta que se decidió. Al final ‘invirtió’ su forma de tocar. Normalmente, tiene la costumbre de aproximarse mucho al instrumento para explorar todos sus matices, pero el hecho de encontrarse con este piano de menos calidad le llevó a la música de una forma mucho más libre y menos pendiente del sonido».

Y continua de la siguiente forma: «Por aquel entonces viajábamos de un lado a otro en mi R4, yo conduciendo y él sentado a mi lado y nos pusimos a escuchar la cinta. El sonido del piano no nos gustaba. Entonces le propuse: ‘Keith voy a ir al estudio y voy a ver lo que puedo hacer. Y eso fue lo que hice. Trabajé durante tres días con mi ingeniero Martin Wieland hasta que llegamos a ese sonido tan particular: el disco se convirtió en un fenómeno mundial».

Y tanto que lo fue. El álbum se encuentra entre los discos de jazz más vendidos de la historia, pero si nos limitamos a aquellos en los que únicamente se presenta un solista, es el más vendido en absoluto. Grabado en 1975, el disco refleja las improvisaciones que Jarret realiza ese año en un concierto celebrado en el «Cologne Opera House» de Colonia (Alemania).

El concierto está dividido en tres partes, cada una con una duración de 26, 34 y 7 minutos, respectivamente. Una de las cosas a destacar es la habilidad de Jarret para producir un aparentemente ilimitado material de improvisación sobre una base de uno o dos acordes por prolongados períodos de tiempo, volviendo al tema principal una y otra vez de forma completamente diferente.

Por ejemplo, en la «Parte I», Keith pasa casi 12 minutos suspendiéndose entre los acordes Am7 (La menor séptima) y GM (Sol mayor), en algunas ocasiones con una tranquila lentitud, en otras con una sensación de rock blusero. Además, durante los últimos 6 minutos de la «Parte I», improvisa únicamente sobre la base de AM (La mayor). Como estos hay otros tantos ejemplos en este mismo concierto, que dan cuenta de esta especial habilidad.

El concierto que casi no fue

Lo cierto es que el concierto es que falto muy poco para que el concierto nunca llegase a celebrarse. Aquel día Jarrett llegó al teatro de la ópera a última hora de la tarde y cansado tras un largo y agotador viaje desde Zurich, ciudad en la que había actuado unos días antes.

Como contaría posteriormente, no había dormido bien en varias noches y tenía tanto dolor de espalda que para tocar necesitaba un aparato ortopédico. Por si esto fuera poco y tras comprobar como hemos apuntado antes, la calidad de un piano que no era el deseado, un nuevo error de la organización dejó prácticamente al músico sin cenar, que solo pudo tomar unos bocados antes de tener que salir para el concierto. Si finalmente frente todas las circunstancias adversas Jarret decidió dar el concierto se debe a que el equipo de grabación ya estaba instalado y el auditorio, con más de 1.400 personas, estaba a reventar. Fue todo un éxito.

Entre las curiosidades que rodean esta obra recogemos la que se produjo el 5 de septiembre de 2010, cuando  la cadena de televisión BBC emitió un video en el que la organización terrorista ETA declaraba un alto el fuego con música del Köln Concert en su cabecera.

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Temas

Aint’t Misbehavin (Fats Waller y Harry Brooks)

Aunque Ain’t Misbehavin es un estándar compuesto por Fats Waller y Harry Brooks, fue Louis Armstrong el que la convirtió en un clásico universal en el estreno de «Keep Shufflin'» musical compuesto por el propio Fat Waller y que acabaría por consolidar a Armstrong y sus “Hot Five” / “Hot Seven” como uno de los artistas más importantes de su tiempo.

Tras las buenas críticas recibidas en el estreno del musical (en el que curiosamente ni siquiera aparecía en el escenario, sino que que tocaba en el foso destinado a los músicos), Armstrong se decidió llevar el tema al estudio un año más tarde, introduciendo por supuesto su propia impronta personal.

El éxito fue fulgurante pero curiosamente, aunque llegaron a grabarse más de 20 versiones diferentes del la misma canción, un año más tarde había caído en el olvido. No fue hasta mediados de los años 30 cuando el tema fue recuperado de nuevo, Duke Ellington mediante, en un curioso revival al que se sumaron las versiones de Jack Teagarden, Django Reinhardt, Paul Whiteman o Jelly Roll Morton, que llegó a interpretarla en la Biblioteca del Congreso.

Pero aunque el tema sobrevivió a la época de swing y de las Big Bands, la composición era demasiado clásica como para poder sonar “novedosa” una vez finalizada la segunda guerra mundial, por lo que pese a que Dizzy Gillespie llegó a grabar su propia versión en 1952, no volvió a convertirse en un éxito hasta 1978, cuando Hank Jones estrenó en Broadway un musical premiado con un Tony basado en la época dorada del jazz y que llevaba como título precisamente “Ain`t Misbehavin”

A día el tema no forma parte de la mayoría de los repertorios modernos del jazz, pero sin embargo, sigue siendo una composición de obligado estudio en las escuelas, especialmente para aquellos interesados en dominar el estilo stride de Harlem en el que Art Tatum era un maestro y su versión de este tema, una auténtica maravilla.

Versiones recomendadas

  • Louis Armstrong (julio 1929)
  • Fats Weller (1929)
  • Duke Ellington (1933)
  • Paul Whiteman (1935)
  • Django Reinhardt (1937)
  • Jelly Roll Morton (1938)
  • Art Tatum (1944)
  • Sarah Vaughan-Miles Davis (1950)
  • Johnny Harman (1955)
  • Hank Jones (1978)
  • Dick Wellstood (1986)

Letra

No one to talk with
All by myself
No one to walk with
But I’m happy on the shelf
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
I know for certain
The one I love
I’m through with flirtin’
It’s just you I’m thinkin’ of
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
Like Jack Horner
In the corner
Don’t go nowhere
What do I care?
Your kisses are worth waitin’ for
Believe me
I don’t stay out late
Don’t care to go
I’m home about eight
Just me and my radio
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
Like Jack Horner
In the corner
Don’t go nowhere
What do I care?
Your kisses are worth waitin’ for
Believe me
I don’t stay out late
Don’t care to go
I’m home about eight
Just me and my radio
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
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Discos

Portadas del Jazz: el diseño que marcó una época

«Jazz Covers» (Joaquim Paulo) es uno de esos libros que pasaban desapercibidos en las estanterías del VIPS, cuando el VIPS era algo muy diferente de lo que es ahora y podían encontrarse algunos de los mejores libros editados por Taschen a un gran precio. Para muchos, un «Book Table» más, para mí por supuesto, la mejor forma para asomarme a todas esas portadas de discos de jazz que han marcado época.

Y si marcaron época es porque los entre los años 40 y los 70, diseñar la portada de un disco de jazz no era cualquier cosa. Hablar de jazz era en esas décadas hablar de lo cool, la vanguardia, el lugar en el que había que estar. Así que además de a los mejores músicos, este estilo musical atrajo a algunos de los mejores diseñadores gráficos y fotógrafos del momento, con nombres como los de  Paul Bacon, Reid Miles o Don Martin, que ficharon por casas como Blue Note, Prestige, o Impulse.

Así las portadas de los vinilos se convirtieron en un espacio para experimental, para la fotografía más atrevida o para el diseño más conceptual sin perder de vista claro está, la música. Como os podéis imaginar la llegada del CD no solo supuso el lento e inexorable declive del vinilo, sino también del diseño de sus portadas.

Afortunadamente parece que vivimos un revival del disco de 33 RPM y aunque probablemente esto no vaya a significar que vuelvan esos antiguos y maravillosos diseños, sí que nos permite acceder a muchos «clásicos» descatalogados.  Así las cosas, ¿cuáles son las mejores portadas de jazz de todos los tiempos? El libro de Joquim Paulo recoge más de 1.000 diseños de los que os dejo una pequeña muestra.

Bird and Diz

Bird and Diz – Charlie Parker y Dizzy Gillespie

Undercurrent – Bill Evans y Jim Hall

The Clown – Charles Mingus

Somethin’ Else – Cannonball Adderley

Roy and Diz – Roy Eldridge and Dizzy Gillespie

Oscar Pettiford – Oscar Pettiford

The Blues And The Abstract Truth – Oliver Nelson

Blue Haze – Miles Davis

Hot Five – Louis Armstrong

Blue Train – John Coltrane

In ‘n Out – Joe Henderson

It’s Time! – Jackie McLean

The Complete Commodore Recordings – Billy Holiday

Head Hunters – Herbie Hancock

Black Radio – Robert Glasper

Patterns in Jazz – Gil Melle

Free Jazz: A Collective Improvisation – Ornette Coleman Double Quartet

Hub-Tones – Freddie Hubbard

Out To Lunch! – Eric Dolphy

Anatomy of a Murder – Duke Ellington

Time Out – The Dave Brubeck Quartet

Chet Baker In Milan – Chet Baker

Jazz At The Philharmonic 1949 – Charlie Parker

Bitches Brew – Miles Davis

Moanin’ – Art Blakey and the Jazz Messengers

Monk’s Music – Thelonious Monk

Count Basie – Count Basie

 

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Actualidad

Los mejores tocadiscos para escuchar jazz y no invertir hasta el último céntimo

Envidia sana. Es lo mínimo que puedes sentir al leer «El equipo de sonido de Juan Carlos López», compañero de profesión y una de las personas que más sabe de sonido. Cuenta Juanky en su artículo para Xataka, que lo importante de un equipo de sonido es que te permita «cerrar los ojos y sentir que estás en un concierto». Él desde luego ha puesto todo su empeño en ello. El conjunto de su equipo para audiófilos cuesta varias decenas de miles de euros por lo que desde luego, no está al alcance de todos los bolsillos. Pero oye, como afirma el dicho, cada uno se gasta el dinero en lo que quiere y puede.

Un equipo de esas características no es por supuesto para escuchar «cualquier cosa» y Juanky explica que adora  la música «especialmente la clásica, el jazz y el rock de los años 60, 70 y 80, y me gusta disfrutarla con la máxima calidad posible».

Pero lo que llama la atención aparte de este estupendo equipo, cuyas características os recomiendo consultar en el artículo original es la parte en la que explica cómo además de tener un reproductor de CD que «aporta la misma calidad del vinilo», dispone de un tocadiscos para cada estilo musical: un Clearaudio Champion Level 2 SE (4.750 euros) con brazo SME 309 (3.500 euros) y cápsula fonocaptora Benz Micro LP-S (3.950 euros) y otro modelo Technics SL-1200 (3499 euros). ¿Cuál es el sentido de disponer dos tocadiscos cuando solo puede usar uno en su equipo? Lo explica de esta forma:

«El de Clearaudio es de tracción por correa y el Technics funciona por tracción directa, sin necesidad de correa. La forma en la que se transfiere la energía al plato es distinta y eso influye en el sonido. Hay géneros que suenan mejor en uno y otros, en otro. Por ejemplo, el jazz me gusta escucharla en el tocadiscos de tracción por correa y el rock con el de tracción directa.»

¿Impresionados, verdad? Aunque desde luego escuchar jazz como lo hace Juanky es si no la mejor, una de las mejores formas de hacerlo, un buen tocadiscos no tiene por qué ser ni mucho menos tan caro. Nos lo recuerdan los chicos de The Verge en su especial «The 7 best turntables», una recopilación en la que recogen siete de los platos más interesantes para los que quieran introducirse en el mundo del vinilo. Veamos cuáles son, cuánto cuestan y sus ventajas.

Audio-Technica AT-LP120X USB Direct Drive

Este modelo está inspirado en el que seguramente sea el tocadiscos más icónico de todos los tiempos: el ya descontinuado Technics 1200. Su característica más destacada es una tracción directa magnética que normalmente solo se encuentra en tocadiscos profesionales o en unidades mucho más caras.

Su fabricante, Audio-Technica, tiene una gran reputación en la industria. Incorpora además tiene un preamplificador, así que la única otra cosa que necesitas para usarlo es un buen conjunto de altavoces. Puedes encontrarlo a partir de 250 euros.

Audio-Technica AT-LP60X Fully Automatic Belt-Drive Stereo

Si tu presupuesto no da para tanto, la misma marca te propone este modelo de tracción por correo. Que no te engañe su precio. Los 99 euros por lo que lo puedes encontrar en muchas tiendas te dan a cambio un tocadiscos que funciona realmente bien y es que este modelo de Audio Technica es probablemente lo mejor que podemos encontrar en la gama de entrada.

Como su hermano mayor, incorpora preamplificador y si queremos gastarnos algo más también podremos añadirle una unidad USB. Eso sí, por este precio no esperes poder cambiar de aguja.

Sony PS-LX300USB Fukky Automatic USB Stereo

Otra opción para los que se inician en el mundo de los vinilos viene de la mano de Sony. Excepto por el hecho de que dispone de USB, es un modelo realmente sencillo, pensado para ofrecer características básicas pero que funcionen de primera. Puedes encontrarlo desde 128 euros.

Music Hall MMF-1.3 Stereo

Los fans del diseño minimalista tienen en el Music Hall MMF un tocadiscos ganador. Hablamos de una marca que ha conseguido hacerse todo un nombre en el mundo de los aficionados al audio de alta calidad y que por poco más de 300 euros posiciona un buen modelo en su gama de entrada.

Además de ser un tocadiscos de tracción mecánica y como hemos visto antes tal vez más apropiado para el jazz, tiene soporte para discos de 78s, mientras que la mayoría de los que vamos a encontrar en las gamas de entrada solo pueden reproducir 33s y 45s.

Pro-Ject Audio Systems Essential III

Pro-Ject es una marca que centra su actividad de negocio en el diseño y producción de tocadiscos, lo cual ya es indicativo de su calidad. En este caso hablamos de un modelo pensado para aquellos que quieren ir un poco más allá de las gamas de entrada como muestra un precio que se sitúa sobre los 300 euros y un plato al que se le han quitado esos elementos que solo encontramos en tocadiscos más básicos como el preamplificador o la salida USB.

El ahorro en características se compensa con materiales de mucha más calidad y esta vez sí, la posibilidad de cambiar tanto el cartucho como la aguja con la que pinchar nuestros vinilos.

Technics SL-1200MK7 Direct Drive

Con este modelo de Technics la cosa se pone mucho más seria. Pensado para DJs y audiófilos, viene a llenar el hueco dejado en la «comunidad» por ese Technics 1200 del que hablábamos antes y que se convirtió en toda una referencia en los años 70.

El modelo actual presenta algunos cambios con respecto al 1200, pero no tantos como para estar hablando de un plato completamente diferente. Con un rango de precios que arranca en los 1.000 euros, hablamos de un tocadiscos que se sitúa directamente en la gama media-alta del mercado y que por durabilidad y rendimiento merece más que la pena invertir.

 

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Temas

Playlist: las mejores trompetas del jazz…según Woody Shaw

Si alguien sabe lo que es tocar la trompeta, Miles David mediante, es sin lugar a dudas Woody Shaw. Shaw fue uno de los músicos de mayor talento y más innovadores de su generación, y a pesar de su temprana y trágica muerte (sufrió un atropello en el metro de Brooklyn), y aunque en los últimos años una enfermedad incurable en los ojos le dejase prácticamente sin visión, ha dejado un legado de enorme influencia en el jazz contemporáneo.

Por eso cuando uno se encuentra con el artículo «La historia de la trompeta del jazz…por Woody Shaw» escrito por el periodista Chema Martínez (Cuadernos de Jazz, 11-12-1993) en el que el genial música recomienda las que considera que son las mejores grabaciones que se han hecho nunca para este instrumento, merece la pena prestarle atención. Veamos qué recomienda Shaw para esta playlist tan particular.

1. Louis Armstrong: «Struttin’ With Some Barbecue» (Louis Armstrong and his Hot Five)

«Armstrong es una referencia en la trompeta, especialmente porque los músicos clásicos siempre han despreciado a los músicos de jazz, pero a él no le podían decir nada: su técnica era excelente y además tenía un tono hermoso. Todos los trompetistas que vinieron después imitaron su estilo».

2. Charlie Shavers: «Tenderly» (Billie Holiday, the first Verve Sessions)

«Hay uno (trompetista) que me gusta especialmente, sobre todo porque tenía un estilo propio e identificable a la primera nota, aunque no sé si mucha gente lo recuerda. Su nombre era Charlie Shavers () uno de los primeros trompetistas negros que tocó en la orquesta de la CBS».

3. Dizzy Gillespie: «A Night a Tunisia» (Dizzy Gillespie Septet)

«¡Qué voy a decir de Dizzy! Mi pieza favorita de todas las suyas es «A Night in Tunisia». Fue una de las primeras cosas suyas que oí, aquella grabación con Milt Jackson y Don Byas. Recuerdo que su solo me daba miedo, ¡Dizzy…vuela! Adoro el modo en que la toca».

4. Dizzy Gillespie: «Woody’n you» (The original Dizzy Gillespie Big Band»

«Estoy hablando de ‘un’ Dizzy cuando en realidad hay ‘dos’ Dizzys diferentes, el de los grupos pequeños y de la big band. Así que vamos a escucharlo de nuevo, ahora tocando en big band, en un estilo algo menos sutil pero muy espectacular».

5. Fats Navarro: «Our delight» (The fabolous Fats Navarro)

«Un amigo mío de California me contó que siempre que Fats llegaba a una ciudad, lo primero que hacía era recorrer las tiendas de música y compraba todo lo que pillaba de literatura musical para trompeta, y luego se pasaba la tarde practicando. Eso dice mucho de cómo vivía la música».

6. Miles Davis: «All the things you are» (The Miles Davis-Tadd Dameron Quartet in Paris)

«Pienso que una de las cosas que le gustaban a Parker (Charlie) de Miles (Davis) era su sonido que era, y continua siendo, algo único. Se suele decir que su técnica no estaba muy depurada por entonces: a los que dicen eso, les recomiendo que le escuchen en una grabación hecha en París en 1949 con Tadd Dameron. Suena igual que Fats Navarro. Pero el problema es que Miles se ha hecho tan importante que llega a abrumar».

7. Kenny Dorham: «Just one of those things» (Max Roach + 4 Feat Sonny Rollins)

«Un trompetista que vino de él (Miles Davis) es Kenny Dorham, un músico hasta cierto punto subestimado. Kenny intentó armonizar el estilo de Miles con el de Dizzy Gillespie-Fats Navarro. Fue mi amigo hasta su muerte y un músico al que aprecio sinceramente.»

8. Donald Byrd: «The end of a love affair» (Art Blakey’s Jazz Messengers)

«¡Me gusta mucho Donald Byrd! Ahora toca música comercial pero para mí sigue siendo de mis trompetistas preferidos. Sus solos tienen alma, tiene un gusto exquisito, no toca nada que esté fuera de sitio.

9. Lee Morgan: «A la mode» (¡¡¡Impulse!!! ¡¡¡Art Blakey!!!¡¡¡Jazz Messengers!!!)

«Lee es una de mis principales influencias, pienso que más que Freddie Hubbard y bueno…Lee tuvo una vida compleja antes de ser asesinado por su mujer. No obstante, le dio tiempo para tocar mucha y buena música»

10. Chet Baker: «My funny Valentine» (Gerry Mulligan Quartet)

«Chet tiene un sonido único, un estilo. Cuando oyes a Chet por la radio lo identificas sin problemas. Además su repertorio es más amplio de lo que se piensa…aunque pienso en Chet, pienso en My Funny Valentine sin dudas»

11. Maynard Ferguson: «Frame for the blues» (A message fron Newport)

«Otro trompetista discutido que sin embargo, es muy importante para mí. Maynard Ferguson instauró el concepto de la trompeta de big band. De él me encantan sus discos de los primeros 60.Aquella banda era monstruosa»

12. Clifford Brown: «Portrait of Jenny» (Clifford Brown with strings)

«Fue un gran trompetista, con una gran técnica y una enorme imaginación. Pero lo que distingue a Cliff del resto de trompetistas, era su tono, hermoso, profundo, cálido. Fue lo primero que me llamó la atención de él, no tanto su técnica. Podía tocar rápido como el que más, pero sabía que su fuerte era su tono».

13. Booker Little: «Man of words» (Out front)

«Booker era uno de mis trompetistas favoritos. Sus frases eran tan rápidas y precisas que me costaba trabajo creer lo que estaba escuchando. Hizo un álbum fantástico, «Out front» con Dolphy y Max Roach. ¡Adoro ese disco!

14. Freddie Hubbard: «Jodo» (Blue Spirits)

«De Freddie me gustan todos sus álbumes pero puestos a elegir, pienso que mi favorito es ‘Blue Spirits’ para Blue Note, sobre todo en «Jodo», donde toca a lo Coltrane. En realidad Coltrane no solo influyó en los saxofonistas, también en los trompetistas».

15. Woody Shaw: «Ginseng People» (Far Sure)

«De mis discos el que más me gusta es uno que grabé para Columbia, que se llama Far Sure! y aparezco en la portada muy serio, con gafas. La música que compuse para este álbum era casi visionaria, trataba de expresar mis propias raíces y las de mi música, desde África al momento actual, a mi hijo»

 

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Cine

Born to be Blue: la tragedia de Chet Baker, en Netflix

Hace unos meses os contaba en «Jazz en los tiempos de Netflix» cómo en la plataforma de streaming más popular, estaban disponibles algunos documentales relacionados con el mundo del jazz, como «Chasing Trane», «I called him Morgan» o «Quincy». A este catálogo la multinacional sumó hace unas semanas «Born to be Blue», un biopic cargado de imaginación que aborda la figura de Chet Baker.

Interpretado por Ethan Hawcke, la cinta nos presenta un Chet Baker recién salido de la cárcel italiana en la que estuvo preso durante casi un año por posesión y consumo de drogas, al que se le ofrece la posibilidad de grabar la película de su vida. La cinta,  que en realidad se estrenaría de una forma muy distinta y llevaría como título «All the fine young cannibals», contaba en un primer guión cómo la joven y rutilante estrella del jazz había básicamente destrozado su vida por su adicción a la heroína, lo que le condujo entre otras cosas a repetidos fracasos matrimoniales. En vez de eso, el film acabaría siendo estrenado de forma melodramática como «comedia romántica» y el papel de Baker resultaba apenas reconocible.

A partir de aquí y volviendo a «Born to be Blue», la película dirigida por Robert Budreau especula con la caída en desgracia de Baker, que le llevó en la vida real a su desaparición de la escena musical tras perder en una pelea varios dientes y su posterior regreso tras conseguir permanecer «limpio» durante un tiempo…para volver a recaer en el consumo más adelante, triunfar en Europa y acabar sus días el 13 de mayo de 1988, al caerse por la ventana de un hotel en Amsterdam tras consumir heroína.

No os voy a engañar, «Born to be Blue» no es el mejor biopic de la historia y en realidad, la película únicamente se salva porque como casi siempre cuenta con un Ethan Hawcke capaz de salvar los muebles. Si es cierto que le sobra algo de ese espíritu atormentado que el actor arrastra durante todo el metraje y le falta algo de «sangre en las venas» por mucho que quiera marcar el carácter de Baker como el de un personaje lánguido, casi sin capacidad de decisión, que se ve arrastrado por unas circunstancias inevitables.

Por otro lado y salvo esa historia de superación personal que en todo caso siempre es parcial, la cinta peca de no profundizar lo suficiente en otros temas. Casi de pasada hace referencia a ese padre alcohólico que llegaría a ser guitarrista profesional y marcaría su infancia y solo de una forma «onírica» se insinúa esa rivalidad que mantenía con grandes como Davis y que le llevaron de alguna forma a tener que «exiliarse» en Europa donde conseguía ser realmente popular.

Con todo, merece la pena reservarse una hora y media para «Born to be Blue» porque aunque ya hemos acordado que no es la mejor película sobre el mundo del jazz, supera la media…sin llegar a «Let’s get lost», el documental sobre la vida del artista en la que el propio Chet Baker intervendría como estrella principal y que conseguiría una nominación para los Oscar de 1988.

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Historia

Las ciudades del Jazz (II): La Habana, París, Kansas City

Hace unos días hablábamos de Nueva Orleans, Nueva York y Montreal como esas ciudades que sí o sí, tiene que visitar cualquier aficionado al jazz. No son por supuesto las únicas. El jazz se ha convertido en un idioma global que ha trascendido todas las barreras. Como vamos a ver hoy, el mejor jazz también se escucha en La Habana, en París y por supuesto en Kansas. ¡No os lo perdáis!

La Habana

Pocos pueblos son tan musicales como el cubano. Basta asomarse a «Buena Vista Social Club», el estupendo documental de Wim Venders, para comprenderlo. El son, la bachata y por supuesto, por la influencia africana de los esclavos que desde el «descubrimiento» y hasta el siglo XIX  «llegaron» a Cuba, también el jazz. Desarrollado a partir de los años 40, englobado en eso tan amplio que responde al nombre de «latin jazz», el jazz cubano surge como una mezcla del Bebop de la época y el son montuno, formando lo que acabó por bautizarse como Cu bop. Alguno de los nombres más conocidos, los de Mario Bauzá, Machito, Chano Pozo o Tito Puente, capaces de influenciar en nombres tan conocidos como los del mismo Charlie Parker o Dizzy Gillespie.

La Habana por supuesto no es Nueva York y no hay clubs de jazz en cada esquina. El cubano es en este sentido mucho más libre, capaz de improvisar una jam session cuando le viene en gana, tocar en plena calle y dejarse llevar. Esto no quiere decir que no haya sitio a los que ir. El mejor jazz cubano puede escucharse en el Jazz Café, histórico club situado en el último piso del centro comercial Galerías Paseo, muy cerca del Malecón y frente al hotel Meliá Cohiba.

Clubs importantes en La Habana son también «El gato tuerto»  y «La zorra y el cuervo», en los que cada noche se puede escuchar tanto jazz clásico como conciertos de nuevos artistas. Sin embargo como decimos lo mejor en La Habana es dejarse llevar e invitar, salir a pasear y acabar en una fiesta «improvisada» en la que si tenemos suerte veremos a algún miembro en activo del Buenavista.

París

Cuando a principios de los años 30 el jazz «cruza» el charco, aterriza en primer lugar en Francia. Y si bien al principio son los artistas americanos los que muestran una nueva forma de hacer música, pronto guitarristas como Django Reinhardt se suman al nuevo discurso musical, en un periodo de entreguerras en el que parece que todo lo artísticamente interesante pasa en París.

Se crea desde entonces en la capital francesa una de las escenas jazzísticas más importantes, compuesta en primer lugar por todo esos músicos americanos que empiezan a pasar largas temporadas en Francia, pero también por supuesto por cada vez más artistas locales. París es a mediados del siglo XX sinónimo de vanguardia y las giras europeas que empiezan o acaban en París resultan mucho más rentables que quedarse «en casa».

Todo esto ha provocado que hoy en día siga habiendo un gran número de clubs en la capital gala. ¿Los más interesantes? El Duc des Lombards (que llegó a ser cuartel general de (Enrique Texier, Aldo Romano y también de Martial Solal), Sunside, Sunset, Baisé Salé o el Caveau de la Huchette, verdadero mito donde resuena jazz tradicional, swing y middle-jazz. Si te quedas con ganas de más puedes acercarte al New Morning, especialmente en verano, cuando no puedes perderte su festival All Stars. Y para el jazz más actual, Studio de l’Ermitage.

Kansas City

En los años 20 y 30 del siglo pasado, Kansas City se había ganado una justa reputación de estar «abierta de par en par» al alcohol, la juerga, la diversión y en definitiva a prácticamente cualquier otra cosa, legal o no.

En su apogeo en los años 30, había más de 100 clubes nocturnos, salones de baile y casa de fiesta; una sola calle tenía cerca de 50 clubes de jazz. Count Basie y Charlie Parker llamaban a la ciudad su hogar, e innumerables músicos celebraban a diario jam sessions nocturnas, impulsados por la naturaleza desenfadada de la ciudad.

Es cierto que los cambios políticos provocaron que la escena de Kansas City ya no fuera la misma a partir de los años 40, cuando comenzó a convertirse en una ciudad mucho más conservadora. Sin embargo en las últimas dos décadas la capital sureña ha vuelto a tomar impulso y ha renacido lo que se denomina el «distrito del jazz» con el «Museo del Jazz Americano» en el centro.

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Esperanza Spalding vuelve a triunfar en los Grammys

En 2011,  Esperanza Spalding conseguía lo impensable: su segundo álbum de estudio, «Chamber Music Society»  la convertía en la ceremonia de los premios Grammy en la mejor artista emergente de ese año, arrebatándole a Justin Bieber un premio que se daba prácticamente como seguro. Desde entonces Spalding ha sabido demostrar que lo suyo no ha sido fruto de la causalidad y álbum tras álbum esta cantante y bajista se ha consolidado como una de las grandes referencias del jazz actual.

Así lo ha vuelto a reconocer el jurado de la última edición de los premios al reconocer su último disco, «Twelve little spells» como el mejor en la categoría de «mejor álbum de jazz vocal». ¿Pero es un álbum de jazz? Aunque sin lugar a dudas lo es, este último es probablemente el menos «jazzístico» de su carrera.

Acompañada por el guitarrista Matthew Stevens y con Justin Tyson a la batería, Spalding presenta un álbum que se aleja del jazz crossover, la fusión y el R&B con el que ha conquistado a sus fans para presentar un trabajo mucho más conceptual, construido a partir de texturas vanguardistas, llenas de paisajes sonoros y poesía.

Cada una de las canciones del álbum apelan a un órgano diferente del cuerpo humano (boca, ojos, caderas, dedos…) y aunque hay que entenderlo como esos discos conceptuales que tanta pegada tuvieron en los años 70, a la vez, cada tema está pensada para constituirse como un microuniverso lleno de posibilidades… a menudo hipnóticas.

Y aquí voy a ser sincero. No me gustó el álbum la primera vez. Sobre todo porque no sonaba a ella, sino a uno de esos conjuntos menores que puedes escuchar en cualquier club y olvidas en cuanto sales por la puerta. Peo ¡ay la segunda escucha! Es ahí cuando empiezas a darte cuenta de que realmente merece la pena.

Los otros triunfadores de la noche

Por supuesto, Esperanza Spalding no fue la única en levantar una estatuilla al mejor jazz. En la categoría de mejor álbum de jazz intrumental, Brad Mehldau triunfó con su disco «Finding Gabriel»; Chick Corea y «the Spanish Heart Band» ganaron en la categoría de mejor álbum de latin jazz con el disco «Antidote»; el mejor solo improvisado fue para Randy Brecker y su «Sozinho», mientras que «The Omni-American Book Club» de la Brian Lynch Big Band se hizo con el máximo galardón en la categoría de mejor disco de jazz ensemble.

Para Chick Corea recoger un Grammy ya es una tradición. Con el de esta semana, el pianista americano ha ganado un total de 23 premios a lo largo de toda su carrera y ha sido nominado en 65 ocasiones. De hecho, según leemos en la página de la organización, es el intérprete dentro de la categoría de jazz que más premios ha acumulado.

En cuanto a Brad Meldhau, el pianista al que se considera sucesor natural de Keith Jarret y Bill Evans (aunque él odia esas comparaciones), con «Finding Gabriel» ofrece desde luego algo muy diferente: una aproximación expansiva, ecléctica y desde luego muy personal, que según sus propias palabras le ha ofrecido la lectura del antiguo testamento. Casi nada.

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Temas

After You’ve Gone (Turner Layton, Henry Creamer)

«After You’ve Gone» es uno de los standards más antiguos del mundo del jazz. Compuesta en 1918 por Turner Layton y letra de Henry Creamer, tanto la letra como el ritmo de las primeras interpretaciones entroncan directamente de ese blues lastimero marcado por el dolor y la pérdida. La letra que habla de llanto y ruina tiene sin embargo un mensaje si no de optimismo, sí de cierta esperanza: «cuando te hayas marchado, me iré de juerga, no me quedaré rumiando mis penas».

En los años 20 el tema fue popularizado por la cálida cadencia vocal de Bessie Smith y se hizo famosa en las versiones de Al Johnson, Sophie Tucker y Marion Harris e incluso Louis Armstrong incluyó a su repertorio la historia de esta mujer despechada. Hubo que esperar sin embargo a que Benny Goodman la convirtiese en un must de su Big Band para que el tema llegase a prácticamente cualquier lugar del planeta. Se cuenta en este sentido que incluyendo todas las grabaciones pirata, emisiones radiofónicas y filmaciones, Goodman acabaría grabando hasta 40 versiones diferentes, siendo la más famosa la que grabó en trío, con Teddy Wilson y Gene Krupa en 1935.

Pasada la segunda guerra mundial y con la llegada de los boopers, el standard experimentó un plácido y prolongado declive, con tímidas apariciones como parte de otras canciones en el tema «Come, gone» de Sonny Rollins o en el «Straight Life» de Art Pepper. Si hoy en día sigue siendo un tema relativamente popular se lo debemos entre otros a Woody Allen, que no solo la interpreta cuando tiene la ocasión de hacerlo, sino que forma parte de de la banda sonora de más de una de sus películas.

Una versión mucho más moderna y actualizada es la que en 1995 Nicholas Payton graba en 1995 para su proyecto «Gumbo Nouveau» en el que demuestra cómo se puede reconfigurar un clásico de 1918 y volver a ponerlo de plena actualidad en contraste por supuesto de la de un Marsalis que fiel a su orientación tradicionalista se limita a volver a interpretar la pieza de Layton tal y como fue concebida.

Versiones recomendadas

    • Marion Harris (1918)
    • Charleston Chasers (1927)
    • Bessie Smith (1927)
    • Louis Armstrong (1929)
    • Benny Goodman (1935)
    • Roy Elridge (1937)
    • Gene Krupa (1941)
    • Sonny Stitt (1959)
    • Nicholas Payton (1995)

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