Libros

Novela gráfica, comics y jazz: cinco títulos que no te puedes perder

Me encanta «leer» jazz. Los libros que repasan una época, las biografías de los mejores músicos, los que recopilan todas esas grabaciones que no puedes dejar de escuchar y por supuesto, todos esos comics y novelas gráficas que se sumergen en esta forma de vida. Y es que aunque es cierto que el jazz no puede competir con los comics de Marvel o DC, sí que es cierto que ha conseguido encontrar un pequeño hueco en las estanterías que ocupan las grandes historias. Hoy quiero recomendaros nada menos que cinco títulos que podéis encontrar en casi todas las librerías y que desde luego, no podéis dejar pasar.

Billie Holiday (José Muñoz y Carlos Sampaio)

La vida de la mítica Billie Holiday vuelve a deslumbrarnos en las páginas del que ya se ha convertido en un clásico para los amantes del jazz. No es una biografía «ilustrada» cualquiera.

A cargo de José Muñoz, uno de los grandes nombres del comic argentino y del experto en jazz, Carlos Sampaio, el libro cuenta cómo cuando se cumplen treinta años de la muerte de la cantante, un periodista decide escribir un artículo homenaje desde su desconocimiento más absoluto del mundo del jazz, de modo que se irá acercando a la figura de Holiday poco a poco, apasionándose a medida que la conoce más.

Héroes del Blues, Jazz y Country (Robert Crumb)

Robert Crumb es uno de los autores de cómic underground y pulp más conocidos del mundo y su estilo histriónico y tremendamente personal ha sido reconocido y premiado a nivel internacional en numerosas ocasiones. Pero además, Robert Crumb  es un gran apasionado de esas músicas «típicamente americanas» como son el blues, el jazz y el country.

En este libro el autor americano presenta la recopilación de las tarjetas coleccionables que dibujó Crumb a mediados de los años ochenta, decenas de caricaturas de los que han sido los cantantes y músicos que han marcado una época, en definitiva, una auténtica joya.

Coltrane (Paolo Parisi)

Paolo Parisi repasa en Coltrane la historia de uno de los más grandes y más enigmáticos músicos de la historia del jazz.

En el libro se intercalan escenas de la vida personal de Coltrane (su carrera militar, sus adicciones, su activismo político y sus aventuras amorosas, etc.) con las que han sido algunas de sus mejores grabaciones. Como telón de fondo, el retrato de una época marcada con algunos de los acontecimientos como la guerra de Vietnam o el activismo de los grupos de defensa de los derechos civiles.

Fats Waller (Igort y Sampaio)

Una nueva biografía repasa en este caso la vida de Fats Waller, uno de esos pianistas cuyo nombre deberíamos grabarnos a fuego. La historia de Igort y Sampaio cuenta en este caso cómo en los años más oscuros del siglo XX, un hombre ayudará a miles de otros a superar sus dificultades diarias. Pianista brillante y compositor de éxito, sus canciones, siempre llenas de humor y optimismo, se han convertido en estándares del jazz.

Piscina Molitor: la vida swing de Boris Vian ( Christian Cailleaux y Hervé Bourhis)

Trompetista, dramatrugo y padrino de la hija de Duke Ellington, Boris Vian sufrió durante toda su vida de una severa dolencia cardiaca y consideraba que bucear era bueno para su corazón. Sin embargo, el 23 de junio de 1959 Boris Vian muere de un ataque al corazón mientras asiste de incógnito al pase de la adaptación a la pantalla de su novela «Escupiré sobre vuestra tumba». Por la mañana había estado nadando en la Piscina Molitor como solía hacer cada día.

Hervé Bourhis y Christian Cailleaux narran los últimos momentos de este creador polifacético, sumergiéndose en las profundidades de su vida más allá de sus pasiones, sus amores y sus alegrías. Una vida por la que desfilan personajes secundarios como Jacques Prevert, Yehudi Menuhin, Raymond Queneau, Jean-Paul Sartre, Juliette Greco o Simone de Beauvoir.

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Artistas, Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (II): Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker

Si en nuestra primera entrega de «Cómo empezar a escuchar jazz»os hablaba de tres de mis artistas favoritos (Miles Davis, John Coltrane y Ornette Coleman) en este segundo capítulo vamos a hablar de tres de los grandes pioneros de este género musical: Louis Armstrong, Billie Holiday y Charlie Parker.

Como veremos a continuación, hay que esperar hasta los años 50 para descubrir los primeros discos de «estudio» al uso, por lo que en en su mayor parte, a lo largo de este artículo hablaremos re recopilatorios y grabaciones «sueltas» pensadas para la radio.

Louis Armstrong

The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings

Tras haber sido un intérprete destacado en los conjuntos de ese otro pionero que responde al nombre de Joe King Oliver, Armstrong desarrolla la primera parte de su carrera al frente de dos grupos míticos: «The Hot Five» y «The Hot Seven».

En esta época Armstrong se revela no solo como un virtuoso de la corneta, sino también como un cantante que no lo hace nada mal. Entre las grabaciones que han pasado a la historia en este periodo destacan «Potato Head Blues», «Muggles» o «West End Blues».

Como hemos indicado, no hay un único disco que recoja lo mejor de Armstrong en estos años y es fácil encontrar distintos recopilatorios que de forma parcial ofrezcan lo mejor de «The Hot Five» y «The Hot Seven». El conjunto de la obra ofrece sin embargo en estuches como «The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings» que habitualmente incluye 5 CDs.

Louis Armstrong Plays W. C Handy (1954)

Tras pasar las dos siguientes décadas enrolado en distintas Big Bands, como por ejemplo en las de Erskine Tate y Carroll Dickerson (se dice que Armstrong llegaba a tocar más de 300 noches al año) y una famosa tournée que le llevaría a triunfar en los principales escenarios de Europa, habría que esperar hasta finales de los años 40 para decidiese a volver a los estudios de grabación con su nueva formación: Louis Armstrong and His All Stars.

A este periodo pertenece el ya álbum «Louis Armstrong Plays W. C Handy«.  Probablemente este es el mejor disco que graba Satchmo en la década de los 50 y tras la explosión de unas Big Bands que ya estaban en franca decadencia, supone una vuelta a ese estilo Dixieland que le había hecho famoso al principio de su carrera.

Ella & Louis (1956)

La colaboración con esa gran dama del jazz que responde al nombre de Ella Fitzgerald  alcanzaría su mejor registro en la grabación de 1956, «Ella&Louis». Primer disco del dúo grabado para Verve Records y con el acompañamiento del cuarteto de Oscar Peterson, incluye once de las baladas más famosas de nuestros protagonistas, grabadas todas ellas en un tempo lento.

Billie Holiday

Si difícil es recomendar un álbum propio de Louis Armstrong, mucho más difícil lo tenemos en el caso de Billie Holiday en el que sí o sí, no tenemos más remedio que remitiros a todos esos recopilatorios que incluyen sus mejores grabaciones.

A diferencia de Armstrong, que siempre estuvo bien conectado y pudo desarrollar una carrera estable, la vida de Holliday fue por decirlo suavemente, azarosa. Imprescindible resulta en este sentido, su autobiografía «Lady sings the Blues».

Como recopilatorio os recomiendo «Billie Holiday by Popular Demand», que incluye más de cuatro horas de grabaciones con sus mayores éxitos. ¿Grabaciones concretas? «All of Me», «I Can’t Get Started» y «Mean to Me», de esa primera época en la que combinaba su adicción a las drogas con la adicción que sentía por Lester Young.

Por supuesto, no podéis dejar pasar ese «Strange Fruit» del que ya os hemos hablado en Caravan o baladas como «Lover Man».

Charlie Parker

Nada mejor que sus grabaciones en directo muchas de las cuales hizo junto a su inseparable amigo Dizzy Gillespie para disfrutar del gran Charlie Parker. En este sentido, una buena introducción a este genio la encontramos en la película  de Clint Eastwood «Bird», considerada por muchos como uno de los mejores biopics de la historia del cine. Dicho lo cual, veamos tres grabaciones que consideramos imprescindibles para descubrir a este genio.

Bird and Diz (1952)

La intensa colaboración entre Charlie Parker y Dizzy Gillespie se plasmaría en el álbum de 1952 «Bird and Diz». A estas dos figuras, les acompañarían como parte del quinteto Thelonious Monk, Curley Russell y Buddy Rich. El resultado, una jam sessión inmejorable donde cinco músicos geniales, recrean, improvisan, solean y tocan a las mil maravillas. Bebop genuino, y con un repertorio absolutamente nuevo sacado de la chistera de un Parker en estado puro. Imprescindible.

Jazz at Massey Hall (1953)

Para la crítica especializada, este es el mejor concierto de la historia del jazz. En el Massey Hall de Toronto, Parker reunía en una noche única a intérpretes de la talla de Gillespie, Charle Mingus, Bud Powell y Max Roach.

Curiosamente, el concierto tuvo lugar al mismo tiempo que el combatede boxeo que enfrentaba por el título de los pesos pesados a la superestrella Rocky Marciano contra Jersey Walcott, por lo que el que era un hito del jazz de la época no tuvo demasiada audiencia.

Afortunadamente Charles Mingus grabó el concierto que llegó a ver a un Charlie Parker tocando con un saxo de plástico. Entre los temas que interpretaron, clasicazos como «All things you are», «Salt Peanuts» o «A night in Tunisia».

Charlie Parker with Strings (1949)

Uno de los grandes deseos de Charlie Parker, como amante de la música clásica declarado, era el de poder trabajar con una gran sección de cuerda. Apasionado por músicos contemporáneos como Igor Stravinsky, se lanzó en este terreno a un proyecto que se conoció como Third Stream, un nuevo tipo de música, que incorporaba tanto elementos de jazz como clásicos, en lugar de simplemente incorporar una sección de cuerdas en la interpretación de los estándares del jazz.

El resultado de este deseo se plasmó en 1949, cuando el productor Norman Granz se las arregló para que Parker grabara un álbum de baladas con un grupo mixto de músicos de jazz y de orquesta de cámara. El trabajo, que se dilató durante varios años, se plasmó finalmente en el álbum «Charlie Parker with Strings».

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Artistas

La fruta extraña de Billie Holliday

“Southern trees bear strange fruit. Blood on the leaves and blood at the root. Black bodies swinging in the southern breeze. Strange fruit hanging from the poplar trees”.

Hay canciones que son más que una canción. Hay canciones que son himnos, que encierran tanta fuerza que marcan a una generación. Pertenecen a esta categoría temas como “Imagine” de John Lennon, “Blowin’ in the Wind” de Bob Dylan o incluso “L’estaca” de Lluis LLach, colándosela al franquismo de aquella manera.

Todas ellas son herederas de “Strange fruit”. Compuesta en 1939 por Abel Meeropol pero entonada una y otra vez por la voz rota de la gran Billie Holliday,  la canción denuncia siglos de violencia contra el pueblo afroamericano. Habla de linchamientos, de muerte y complicidades. Del hermoso paisaje sureño y de la sangre que riega sus campos.

Y lo hace de forma cruda, sin metáforas: “De los árboles sureños cuelga una fruta extraña. Sangre en las hojas y sangre en la raíz. Cuerpos negros se columpian en la brisa sureña. Fruta extraña colgando de los álamos”.

El tema por supuesto, no tardó en cristalizar como uno de los primeros  lemas del movimiento por los derechos civiles. De hecho, la expresión Strange Fruit se estableció como un sinónimo de los linchamientos que hasta mediados del siglo XX se veían con frecuencia en muchos estados “confederados”. Sin juicio alguno. Colgados de un árbol.

Como cuenta Billie Holliday en su auto-biografía “Lady Sings the Blues” pese a que en 1939 era una estrella reconocida y no pocos blancos acudían a sus conciertos, experimentaba el racismo en sus propias carnes, casi a diario. Los locales en los que actuaba, le obligaban a utilizar la puerta de servicio y en algunos hoteles en los que se hospedaba, no tenía más remedio que utilizar el montacargas.

Su propio padre nos cuenta, murió en 1937 porque todos los hospitales a los que acudió tras una neumonía, se negaron a tratar a un afroamericano. No es casualidad por lo tanto que se enamorase de una canción como “Strange Fruit” que hasta su muerte en 1959, no abandonó las primeras posiciones de su repertorio.

Algunos dirán que parte de la leyenda de Holliday se debe a su carácter violento, a la cantidad de amantes que pasaron por su vida, o su adicción a casi todo tipo de drogas. No es un secreto. Ella mismo lo reconoce en sus memorias.

“Yo he tenido problemas con la dependencia, intermitentemente, durante quince años. He estado enganchada y me he desenganchado. Pero cuando estaba realmente colgada, nadie me fastidiaba. He gastado una pequeña fortuna en drogas. Me he desenganchado, pero sufrí recaídas, y me costó enormes esfuerzos desengancharme. Pero no estoy loca. Cuando empecé a trabajar en este libro, sabía que no podía decir toda la verdad a menos que estuviera curada en el momento de su aparición”.

Pero más allá de los aspavientos, del ruido que rodea a casi todos los que tienen una voz propia, Lady Day nunca dejará de ser la primera gran dama del jazz.  Después de ella ha habido otras…pero no ha habido otra.

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