Lisboa
Actualidad, Es personal

Las ciudades del Jazz (III): Lisboa

Si no viviera en Madrid, probablemente lo haría en Lisboa. Sueño con la ciudad del “rio Tejo”, de sus escondites imposibles de Alfama, de ese sol resplandeciente en Castelo, sus cafés del Barrio Alto y del Chiado y por supuesto del Bacalhau y de los pasteis de belem. Una ciudad hecha a medida de paseo, de una amabilidad extraordinaria para el que la visita y con librerías en las que puedes perderte toda una tarde.

Y aunque es la ciudad del fado y de la saudade, residencia de cantantes como Ana Moura que recomiendo que escuchéis una y otra vez, la capital portuguesa también tiene un corazón que palpita a ritmo de jazz. Saber encontrar los mejores locales por supuesto, es otra cosa. Así que seguidme, que nos vamos de ruta.

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Oficinas de Filmin
Cine

Jazz en los tiempos de Filmin: 7 documentales que no te puedes perder

Ha pasado más de un año desde que publiqué “Jazz en los tiempos de Netflix”y en el que os recomendaba documentales como “Chasing Trane” o “I Called Him Morgan” que si aún no habéis tenido la oportunidad de ver, es el momento de que dejéis de leer y os pongáis ya a ello. Desde entonces por supuesto han pasado muchas cosas y por ejemplo la plataforma ha incorporado ese “Birth of the Cool” que es una auténtica maravilla.

También que a mi suscripción de Netflix he sumado la de Filmin, plataforma que no para de sorprenderme para bien y que en mi opinión, supera en calidad a buena parte de su competencia.

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Historia

Live from The Village Vanguard!

Hace unos meses repasábamos la historia del legendario Cotton Club, ese «estupendo antro» en la que una noche escuchabas a Duke Ellington y la siguiente, encargabas un asesinato. Tan popular o más que ese club de leyenda es el mucho más posh «The Village Vanguard», inaugurado en 1934 por el promotor musical Max Gordon en el Greenwich Village de Nueva York.

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Historia

La estructura del jazz: cómo entender un tema y no morir en el intento

No eres tú, en realidad soy yo. ¿O eres tú? ¡Son ellos! Si hasta ahora no has entendido nada, no te desesperes, es lo normal. Es la misma reacción que muchos tenemos cuando nos aproximamos por primera vez al mundo del jazz. Escuchamos un tema y otro tema. Escuchamos otro tema más…y es entonces cuando nos dicen que el jazz tiene una estructura propia. Que si escuchas con detenimiento, es fácil comprender cómo funciona. Pero claro, por más que escuchas, tú sigues sin entender nada. Te gusta lo que escuchas sí, pero de ahí a «una estructura propia» te parece estirarse demasiado.

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Brad Mehldau
Artistas, Discos

Suite: April 2020, el disco de Brad Mehldau para las víctimas del COVID-19

Brad Mehldau es una de las grandes referencias del panorama actual. En un estilo como el jazz, en el que los discos más vendidos comenzaron a colocarse en las estanterías hace más de cincuenta años, la simple existencia de Mehldau es algo que nos debe reconfortar, como que con sus últimos discos haya conseguido «hacer sombra» a algunas «vacas sagradas» como Chick Corea, Herbie Hancock, Keith Jarret y otros que aunque ya superan los 70 (e incluso los 80) siguen grabando por placer y supervivencia.

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Actualidad

Los festivales de jazz no se libran del COVID-19: Montreux cancela por primera vez en su historia

Si el COVID-19 ha podido con eventos tecnológicos como el Mobile World Congress de Barcelona, con campeonatos deportivos de toda índole y con la celebración de miles de conciertos y eventos públicos de todo tipo, era cuestión de tiempo que sus tentáculos no llegasen también a los festivales de jazz.

Ha sido el caso de Montreaux. Sus organizadores acaban de anunciar que se cancela la edición de 2020, pese a que durante algunas semanas ha habido motivos para la esperanza: el festival podría haberse retrasado hasta este otoño y se celebra en Suiza, uno de los países europeos menos castigados por este virus infernal. Sin embargo los acontecimientos mandan y el que es el festival de jazz más importante de los que se celebran sobre suelo europeo dice adiós con eso sí, la promesa de volver en 2021.

En un comunicado de prensa, sus organizadores daban la triste noticia explicando que «es la primera vez que el Festival ha tenido que ser cancelado en sus 53 años de historia. Hasta el final, todos los que formamos parte del equipo del Festival esperábamos compartir estos momentos mágicos con todos aquellos que, como nosotros, no pueden imaginar un verano sin el Festival de Jazz de Montreux. Nuestros pensamientos están con los miembros del personal, los artistas y sus equipos de apoyo, los técnicos e ingenieros y con todos nuestros socios que hacen posible el evento, desde los hoteles y negocios locales hasta todos los que viven en Montreux y, por supuesto, nuestros fieles asistentes al festival».

Si no se hubiese cancelado la edición de este año, se hubiese celebrado en la conocida localidad suiza entre el 3 y el 18 de julio y contaba entre sus estrellas confirmadas con nombres como los de Lionel Richie, Brittany Howard, Lenny Kravitz, o Black Pumas. Si todo sigue según lo previsto y si el año que viene la actividad cultural del viejo continente vuelve a la normalidad, Montreux volverá a abrir sus puertas del 2 al 17 de julio.

Sin embargo no todo son malas noticias. Debido precisamente al impacto del COVID-19 en el mundo cultural, los organizadores de Montreaux pusieron en marcha hace unas semanas una plataforma desde la que es posible disfrutar en streaming de cincuenta de los mejores conciertos que han celebrado en la historia del festival. Si estáis interesados, no tenéis tiempo que perder: sólo tenéis que registraros aquí para poder disfrutarlos.

El festival al que solo el Coronavirus ha podido parar

Celebrado por primera vez en 1967 y de forma ininterrumpida hasta nuestros días, originalmente se celebraba en casino de la localidad y su mera existencia se debe al crítico de jazz Clausde Nobbs que convenció a dos de los directivos más conocidos de Atlantic Records en esa época Ahmet y Nesuhi Ertegün para financiar un festival reconocido desde su primera edición.

Aunque con el paso de los años el festival se ha abierto a otros estilos musicales, el jazz sigue ocupando el grueso de la programación. Por las tablas suizas han pisado artistas de la talla de Charles Lloyd, Miles Davis, Keith Jarrett, Jack DeJohnette, Bill Evans, Soft Machine, Weather Report, The Fourth Way, Nina Simone, Jan Garbarek, o Ella Fitzgerald, aunque la lista es realmente interminable.

En 1971 el Casino en el que se celebraba el festival se incendió durante el concierto de Frank Zappa, un hecho que se reflejaría en el tema de los Deep Purple, «Smoke on the water». A partir de ese momento el festival cambiaría varias veces de localización dentro de la ciudad, hasta su instalación definitiva en el Convention Centre.

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Historia

Así se hacía una revista de jazz…en 1939

Una de las cosas maravillosas que tiene Internet es que te permite encontrar «lo imposible», ya sea un foro para terraplanistas convencidos, una tienda on-line especializada en linternas o en este caso que nos ocupa, uno de los ejemplares completos que la revista Down Beat publicó en 1939. Maravillas similares pueden encontrarse en ese gran tesoro on-line que responde al nombre de Internet  Archive, una gran plataforma que reúne los «pasos perdidos» de la Red y que os recomiendo que no dejéis de visitar.

Como veis el ejemplar que nos ocupa, lleva en portada uno de los grandes temas de la época: las tensiones raciales que también se daban en el mundo del jazz y a las que ciudades como Nueva York tampoco eran ni mucho menos inmunes.

El artículo principal, «Can Goodman erase color line?» hace referencia en este sentido la decisión de Benny Goodman de contratar a dos nuevos «músicos negros» para su Big Band, toda vez que según afirma la publicación, el mundo del jazz ya se vio sorprendido cuando tras la salida de Fletcher Henderson de la banda, Goodman decidiese sustituirlo de forma regular por Clarence Profit, pianista también «de color».

Merece la pena recordar en este punto que aunque es cierto que desde el primer momento los músicos negros de jazz , pese al racismo imperante, eran «tolerados» por su talento, también lo es que fenómenos como el «Dixieland» y las primeras Big Bands «mainstream» (por llamarlas de alguna forma) estaban compuestas principalmente por músicos blancos. Que la incorporación de dos músicos negros a la banda de Goodman fuese noticia de portada para DownBeat refleja claramente como era la mentalidad de la época…y no solo en los estados sureños.

La revista incluye como no podía ser de otra manera noticias de próximos conciertos, reseñas de discos, o columnas de opinión (en este número en concreto hay una interesante escrita por un Duke Ellington que reflexiona sobre las dificultades con las que se encuentran los autores de temas originales a finales de los años 30).

También piezas realmente divertidas, como «Bank, robbers, thieves and rapists play in this band» (ladrones de bancos, ladrones, y violadores tocan en esta banda) en la que se habla de la que probablemente fuese si no la primera banda, sin lugar a dudas uno de los primeros conjunto musicales de jazz formados en una cárcel americana. Al parecer el líder de la banda, Jules Rachman, cumplía en ese momento 15 años de prisión por el asesinato de sus dos primos.

¿Había chistes? Por supuesto. Y en la viñeta que vemos arriba merece la pena fijarse en un par de detalles. El bajo parece estar interpretando «Out of this world» un muy popular tema de la época, puesto de moda por cantantes como Ella Fitzgerald. Sin embargo no parece que la interpretación sea demasiado buena ya que el comentario que le sigue es «and out of the chord» (fuera de tono). El otro detalle que me gusta es el de los dos gatos que se ven en la zona inferior izquierda y a los que bautiza como «local cats» (gatos locales) como alusión a esos músicos jóvenes y ambiciosos que habitualmente recibían el apelativo de «Cats».

Y por supuesto Down Beat no habría llegado hasta nuestros días sin anuncios que asegurasen su rentabilidad financiera. El que os mostramos arriba hace referencia a la marca de baterías «Ludwig Drums»,  de la que se afirma que es la preferida por Sidney Catlett, batería de la banda de Louis Armstrong. Ver para creer.

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Historia

Arreglistas: los «fontaneros» del jazz

Si hay un término que casi todos asociamos al jazz es improvisación. La libertad que tiene el músico para hacer suya música conocida y convertirla en algo diferente. Si aceptamos esta premisa, parece que la figura del arreglo y sobre todo el más profesionalizado arreglista, no tiene mucho que decir en esta historia. Al fin y al cabo cada músico es libre de hacer lo que quiera encima del escenario…¿o no es así?

Pues bien, por increíble que pueda parecer, el arreglo juega un papel fundamental en el jazz y un buen arreglista es muy cotizado. Pero comencemos por lo básico. ¿Qué entendemos por arreglo musical? Si nos vamos a una definición clásica, el arreglo es cualquier obra musical que se deriva de una obra original. Así en una sinfonía, sobre una obra en la que la «voz cantante» puede por ejemplo llevarla el piano, encontramos arreglos específicos para cada uno del resto de los instrumentos (violín, flauta, vilonchelo, etc.). Mientras que el autor de un tema escribe una composición, el arreglista literalmente escribe lo que cada uno de los músicos van a tocar.

Lo cual nos lleva directamente al jazz. Y es que si como en el jazz ya hemos dicho que se improvisa, con el arreglo se determina sobre qué se va a improvisar. Y es que teniendo en cuenta que un grueso de las composiciones del jazz se ha basado históricamente en un conjunto de standards, el arreglo, la variación de la obra para el gusto de una nueva corriente o estilo personal de un artista determinado, ha jugado un papel fundamental.

A diferencia de la música clásica, en el jazz muchas de sus grandes estrellas han sido a la vez, grandes arreglistas. Y lo son desde la época del jazz de Nueva Orleans. Louis Armstrong por ejemplo, conocido por su gran capacidad para improvisar, siempre tocaba con arreglos. Fletcher Henderson considerado el primer gran arreglista del jazz consideraba además que su orquesta tenía que tener una gran capacidad de improvisar y entre los arreglistas de primera encontramos nombres como los de Duke Ellington, Jelly Roll Morton, Charlie Parket o Miles Davis. Dicho de otra forma, el arreglo cuando hablamos de jazz, es la puerta de entrada para improvisar.

Tanta importancia tiene el arreglo en este género musical que resulta bastante habitual que un único disco contenga dos o más versiones del tema principal, cuando no también de otros temas «secundarios» y es que las conocidas como «alternate takes» han llegado a convertirse en reliquias para los más aficionados. Tal y como contábamos hace unos días, de un tema como «After You’ve gone», Benny Goodman llegó a grabar hasta cuarenta versiones diferentes.

A diferencia de la música clásica o incluso de otros estilos musicales, el arreglo en el jazz no siempre está anotado. Cuando los músicos se conocen por ejemplo y tienen cierta complicidad muchas veces el arreglo se discute antes de empezar a tocar o a grabar. O en ocasiones días/semanas antes de la grabación el autor del disco es el que comunica al resto del grupo de qué forma quiere que suenen determinados temas. Esto por supuesto puede llevarse tan lejos como el músico quiera.

Para la grabación de «Kind of Blue» por ejemplo, Bill Evans solía contar que únicamente Miles Davis tenía claro lo que iban a hacer. Explica el fabuloso pianista que Davis les pidió a sus músicos que casi no ensayaran, pese a que lo único que tenían eran unos bocetos de las líneas de escalas y melodías. Una vez en el estudio Davis les dio breves instrucciones de cada pieza y después se pusieron a grabar.

Podría discutirse eso sí qué papel jugaba el arreglo en el free jazz y otras formas de jazz de vanguardia, si es que acaso jugaba alguno. Teniendo en cuenta el carácter marcadamente «improvisacional» de este estilo, seguramente no demasiado. Con todo, figuras como le Ornette Coleman por supuesto los seguían teniendo en cuenta, incluso cuando el crítico respetable afirmara que eso que estaba tocando desde luego no era jazz o si quiera, algo musical.

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Actualidad

Los mejores tocadiscos para escuchar jazz y no invertir hasta el último céntimo

Envidia sana. Es lo mínimo que puedes sentir al leer «El equipo de sonido de Juan Carlos López», compañero de profesión y una de las personas que más sabe de sonido. Cuenta Juanky en su artículo para Xataka, que lo importante de un equipo de sonido es que te permita «cerrar los ojos y sentir que estás en un concierto». Él desde luego ha puesto todo su empeño en ello. El conjunto de su equipo para audiófilos cuesta varias decenas de miles de euros por lo que desde luego, no está al alcance de todos los bolsillos. Pero oye, como afirma el dicho, cada uno se gasta el dinero en lo que quiere y puede.

Un equipo de esas características no es por supuesto para escuchar «cualquier cosa» y Juanky explica que adora  la música «especialmente la clásica, el jazz y el rock de los años 60, 70 y 80, y me gusta disfrutarla con la máxima calidad posible».

Pero lo que llama la atención aparte de este estupendo equipo, cuyas características os recomiendo consultar en el artículo original es la parte en la que explica cómo además de tener un reproductor de CD que «aporta la misma calidad del vinilo», dispone de un tocadiscos para cada estilo musical: un Clearaudio Champion Level 2 SE (4.750 euros) con brazo SME 309 (3.500 euros) y cápsula fonocaptora Benz Micro LP-S (3.950 euros) y otro modelo Technics SL-1200 (3499 euros). ¿Cuál es el sentido de disponer dos tocadiscos cuando solo puede usar uno en su equipo? Lo explica de esta forma:

«El de Clearaudio es de tracción por correa y el Technics funciona por tracción directa, sin necesidad de correa. La forma en la que se transfiere la energía al plato es distinta y eso influye en el sonido. Hay géneros que suenan mejor en uno y otros, en otro. Por ejemplo, el jazz me gusta escucharla en el tocadiscos de tracción por correa y el rock con el de tracción directa.»

¿Impresionados, verdad? Aunque desde luego escuchar jazz como lo hace Juanky es si no la mejor, una de las mejores formas de hacerlo, un buen tocadiscos no tiene por qué ser ni mucho menos tan caro. Nos lo recuerdan los chicos de The Verge en su especial «The 7 best turntables», una recopilación en la que recogen siete de los platos más interesantes para los que quieran introducirse en el mundo del vinilo. Veamos cuáles son, cuánto cuestan y sus ventajas.

Audio-Technica AT-LP120X USB Direct Drive

Este modelo está inspirado en el que seguramente sea el tocadiscos más icónico de todos los tiempos: el ya descontinuado Technics 1200. Su característica más destacada es una tracción directa magnética que normalmente solo se encuentra en tocadiscos profesionales o en unidades mucho más caras.

Su fabricante, Audio-Technica, tiene una gran reputación en la industria. Incorpora además tiene un preamplificador, así que la única otra cosa que necesitas para usarlo es un buen conjunto de altavoces. Puedes encontrarlo a partir de 250 euros.

Audio-Technica AT-LP60X Fully Automatic Belt-Drive Stereo

Si tu presupuesto no da para tanto, la misma marca te propone este modelo de tracción por correo. Que no te engañe su precio. Los 99 euros por lo que lo puedes encontrar en muchas tiendas te dan a cambio un tocadiscos que funciona realmente bien y es que este modelo de Audio Technica es probablemente lo mejor que podemos encontrar en la gama de entrada.

Como su hermano mayor, incorpora preamplificador y si queremos gastarnos algo más también podremos añadirle una unidad USB. Eso sí, por este precio no esperes poder cambiar de aguja.

Sony PS-LX300USB Fukky Automatic USB Stereo

Otra opción para los que se inician en el mundo de los vinilos viene de la mano de Sony. Excepto por el hecho de que dispone de USB, es un modelo realmente sencillo, pensado para ofrecer características básicas pero que funcionen de primera. Puedes encontrarlo desde 128 euros.

Music Hall MMF-1.3 Stereo

Los fans del diseño minimalista tienen en el Music Hall MMF un tocadiscos ganador. Hablamos de una marca que ha conseguido hacerse todo un nombre en el mundo de los aficionados al audio de alta calidad y que por poco más de 300 euros posiciona un buen modelo en su gama de entrada.

Además de ser un tocadiscos de tracción mecánica y como hemos visto antes tal vez más apropiado para el jazz, tiene soporte para discos de 78s, mientras que la mayoría de los que vamos a encontrar en las gamas de entrada solo pueden reproducir 33s y 45s.

Pro-Ject Audio Systems Essential III

Pro-Ject es una marca que centra su actividad de negocio en el diseño y producción de tocadiscos, lo cual ya es indicativo de su calidad. En este caso hablamos de un modelo pensado para aquellos que quieren ir un poco más allá de las gamas de entrada como muestra un precio que se sitúa sobre los 300 euros y un plato al que se le han quitado esos elementos que solo encontramos en tocadiscos más básicos como el preamplificador o la salida USB.

El ahorro en características se compensa con materiales de mucha más calidad y esta vez sí, la posibilidad de cambiar tanto el cartucho como la aguja con la que pinchar nuestros vinilos.

Technics SL-1200MK7 Direct Drive

Con este modelo de Technics la cosa se pone mucho más seria. Pensado para DJs y audiófilos, viene a llenar el hueco dejado en la «comunidad» por ese Technics 1200 del que hablábamos antes y que se convirtió en toda una referencia en los años 70.

El modelo actual presenta algunos cambios con respecto al 1200, pero no tantos como para estar hablando de un plato completamente diferente. Con un rango de precios que arranca en los 1.000 euros, hablamos de un tocadiscos que se sitúa directamente en la gama media-alta del mercado y que por durabilidad y rendimiento merece más que la pena invertir.

 

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