Historia, Temas

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

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Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (I): Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman

No es la primera vez que cuento que no siempre es fácil entrar en el mundo del jazz. En «La puerta de entrada del jazz» explicaba cómo tras la explosión de este estilo musical entre los años 40 y 70, cuando todavía podía considerarse como «mainstream», ha vivido una plácida decadencia que le ha llevado a encerrarse en sí mismo. Y sí, es cierto que el cambio de siglo ha traído buenas noticias para los aficionados, en forma de talento emergente y cada vez más festivales y conciertos. Pero también lo es que en la era de Instagram y Operación Triunfo, el jazz lo tiene francamente difícil para volver a ser la «estrella de la radio». 

Esto que no es necesariamente negativo, provoca sin embargo que aquellos que empiezan a interesarse por este estilo musical, tengan algo difícil ese «empezar a escuchar». Pues bien, es precisamente de esos primeros pasos de lo que quiero hablaros en este artículo y de los que seguirán a lo largo de los próximos días. Lo haré de la forma más sencilla que se me ocurre en estos momentos: proponiendo la escucha de tres discos de cada uno de los nueve intérpretes que forman parte de lo que denomino el «santoral» del jazz clásico. Es decir: Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker, Coleman Hawkings, John Coltrane, Ornette Coleman, Thelonious Monk, Dizzy Gillespie y Charles Mingus.

Para este primer artículo y sin desmerecer al resto, he escogido a mis tres favoritos: Davis, Coltrane y Coleman. ¡Buena escucha!

Miles Davis

Kind of Blue (1959)

Hay un motivo que explica por qué «Kind of Blue» es el disco más vendido de la historia del jazz: es simplemente maravilloso. Maravilloso como solo son las obras de arte que no impresionan en un primer momento, sino que se dejan descubrir poco a poco y que hay que dejar reposar para descubrir nuevos matices.

Precursor del nuevo jazz modal, «Kind of Blue» representa una simplificación drástica sobre el bop que tanto se llevaba en el momento de su lanzamiento. A partir de ese «So what» inicial, el disco transita solo en sus formas modales, en un dejarse llevar del que nunca te cansas.

Tal impacto causó en su momento, que la revista Rolling Stone lo sitúo hace unos años como el duodécimo mejor disco de todos los tiempos. Por méritos propios, ha conseguido labrarse una sólida fama de ser ese «único disco de jazz» que muchos aficionados a otros géneros musicales tienen en su casa. 

Sketches of Spain (1960)

Sketches of Spain representa el homenaje que hace Miles Davis a la música española. Por este álbum se pasea su particular versión del «Concierto de Aranjuez» (Joaquín Rodrigo), además de saetas y soleás. Es por supuesto un álbum de jazz, pero a la vez es un álbum flamenco, un disco que fusiona géneros y que lleva al que lo escucha a un tiempo que hoy en día se antoja romántico y lejano.

Una joya que dura poco menos de una hora y en la que para su grabación, alejándose por primera vez de esos conjuntos pequeños que han marcado el grueso de su carrera, Davis trabaja con una banda de 25 miembros, entre los que destacan nombres como los de Gil Evans, Elvin Jones, Jimmy Cobb o Paul Chambers.

Bitches Brew (1970)

Si hay alguien que a lo largo de su carrera haya demostrado ser capaz de cambiar de registro y empezar de nuevo, es Miles Davis. Tanto que si después de escuchar «Kind of Blue» se procede con este «Bitches Brew» grabado diez años más tarde, cuesta mucho pensar que ambos discos hayan sido grabados por el mismo artista.

«Bitches Brew» es el primer disco de jazz en el que se emplean instrumentos electrónicos y se inscribe en lo que en aquel momento se bautizó como «Jazz Rock», corriente que aunaba ambos estilos musicales y que se suma a la ola de álbumes conceptuales de la época, como los apadrinados por Yes o Genesis. De toda la discografía de Davis este es probablemente, el disco más rupturista. Pese a ello, fue el primer su primer disco de oro y vendió más de un millón de copias.

John Coltrane

Giant Steps (1960)

Primer disco de John Coltrane para Atlantic Records y que mantiene sólidos vínculos con la tradición hard bop en la que se encuadra en los primeros años.  Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en el argot se denominan sheets of sound y que se basan en progresiones de tres notas, que se desplazan sobre una nota tónica.

Pese a ser un disco temprano, esta grabación  puede justificarse casi por completo por la presencia de «Naima», la gran balada del apogeo de la primera fase de Coltrane, y según el crítico musical Ted Gioia, tal vez la composición más completa de su discografía.

My Favorite Things (1961)

Séptimo álbum de estudio de Coltrane y probablemente, uno de los mejores de la historia del jazz. Acostumbrados a su dominio sin igual del saxo tenor, en este «My Favorite Things» Coltrane  se marca un tanto con la primera grabación que realiza con saxo soprano, menos potente, más sutil y delicado.

A diferencia de sus dos primeros álbumes para Atlantic, este no contiene composiciones originales, sino versiones jazz de cuatro canciones pop. El álbum fue el primero que claramente marca el cambio de Coltrane del bebop al jazz modal, gracias sobre todo a los años pasados en el cuarteto de Davis, en el que entre otras cosas, contribuyó a la grabación de ese «Kind of Blue» del que hablábamos antes.

A Love Supreme (1964)

Como muchos otros, me considero fan incondicional de prácticamente todo el trabajo publicado por John Coltrane. Sin embargo, si tuviera que escoger solo uno de sus discos, probablemente me decantaría por este «A Love Supreme».

El disco es una suite en cuatro partes que corresponden a dos temas y aunque en principio fue concebido como un «cántico espiritual» en el que Coltrane hace un ejercicio de «búsqueda de la pureza» y  «conexión con el creador» (de ahí ese amor supremo que reza), en realidad es mucho más que eso, llegando a ser considerado como uno de los mejores discos de la historia del jazz y uno de los grandes referentes de la música en los años 60.

Ornette Coleman

The Shape of Jazz to come (1959)

Álbum de solo 38 minutos de duración, pero que con sus disonancias y estridencias inaugura el movimiento del Free Jazz. Junto a Coleman, en este álbum participan el trompetista Don Cherry, el bajista Charlie Haden y el batería Billy Higgins. Se grabó con un cuarteto sin piano, y produjo un gran impacto, al contener estructuras armónicas muy poco reconocibles y utilizar la improvisación simultánea.

Si escuchar el disco entero bien puede ser «too much» para los no iniciados, sin lugar a dudas merece la pena detenerse una y otra vez en «Lonely woman», tema que abre la grabación y que atrapa desde el primer compás de escucha.

Change of the Century (1960)

Un año más tarde, Coleman reúne a la misma banda y graba «Change of the Century» el disco que le va a consolidar como líder del jazz de vanguardia. Este disco y el «Free Jazz» que veremos a continuación posibilitan la llegada de artistas que realmente quieren cambiar los canones establecidos.

Especialmente interesante es para aquellos a los que les haya gustado Coleman, la obra de Eric Dolphy y Charles Mingus, que sin llegar a la cacofonía del Free Jazz puro, marcan las líneas por las que discurrirá el jazz en los años 70.

Free Jazz (1960)

En Free Jazz, Coleman lleva el nuevo estilo hasta sús últimas consecuencias. Proyecto iconoclasta en el que el ruido, la cacofonía y la disonancia total se visten de estilo musical.

Prueba de lo anterior es que la música se presenta como una continua improvisación libre que incluye solo unas breves secciones predeterminadas. De hecho, el disco fue grabado en una única «toma» sin sobregrabación ni edición.

 

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Discos

Giant Steps: el debut de John Coltrane en Atlantic Records

Intérpretes: John Coltrane, Tommy Flanagan, Wynton Kelly, Cedar Walton, Paul Chambers, Jimmy Cobb, Lex Humprhies, Art Taylor. Grabación: marzo, mayo, diciembre 1959. Publicación: enero de 1960.

Solo diez años. Es lo que los que nos dejó John Coltrane como gran figura del jazz. Por supuesto, hubo un Coltrane antes de John Coltrane, pero siempre detrás de, acompañando a; nada que ver a ese artista de talento descomunal que acabaría muriendo de cáncer en 1967. No el John Coltrane que graba en 1959 «Giant Steps», su primer disco para Atlantic Records.

Antes de grabar para Atlantic, Coltrane tenía algunos discos de cierto mérito. «Blue Train», el único disco de grabó para Blue Note, algunos discos para el sello Prestige y colaboraciones eso sí, con los más grandes, como Miles Davis. Pero repetimos, no fue hasta que Coltrane ficha por Atlantic, cuando comenzamos a descubrir a ese artistazo cuya música aún suena en cualquier club de jazz.

De hecho, prueba de que la carrera en solitario de Coltrane estaba solo empezando a despegar, llama la atención que algunas de las sesiones de grabación para «Giant Steps», prácticamente se solapaban con las sesiones de estudio que en ese momento realizaba para el «Kind of Blue» de Miles Davis, del que ya os hemos hablado.

Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en el argot se denominan sheets of sound y que se basan en progresiones de tres notas, que se desplazan sobre una nota tónica. Tan característica es esta técnica que algunos la bautizaron en su momento como «Coltrane Changes, y de hecho, se sigue empleando en muchas composiciones en las que se emplean distintos «centros gravitacionales».

Para algunos críticos, como Brian Morton («The Penguin Jazz Guide), este «Giant Steps» pese a su mérito, es un disco de transición, en el que Coltrane aún está buscando ese sonido propio que se revelaría con ese inconmensurable «A Love Supreme».

Siendo esto así, y siendo verdad que no es un disco de madurez, tiene muchos de esos elementos que lo convierten en un indispensable y de hecho, la influyente Rolling Stone, incluyó en 2003 en la posición 102 de su clasificación «Los 500 mejores discos de todos los tiempos».

Como curiosidad, señalar que años más tarde de su publiación, se editó una versión «Deluxe». En esta edición se ofrecen versiones alternativas a las grabaciones que se incluyeron en el disco de 1959. Estas versiones alternativas habían estado disponibles con anterioridad, pero no en su conjunto y ayudan a construir una imagen sobre lo que estaba ocurriendo en una sesión de grabación extraordinaria.

El influjo de Naima

Pese a ser como hemos explicado, un disco temprano, la grabación de 1959 puede justificarse casi por completo por la presencia de «Naima», la gran balada del apogeo de la primera fase de Coltrane (la que justo acabaría en 1960), y según el crítico musical Ted Gioia, tal vez la composición más completa de su discografía.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su adudiencia con su destreza, «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica.

Titulada así como homenaje a la primera esposa del saxofonista, «Naima» insistimos, parece un tema sencillo y sin embargo, encierra una complejidad poco aparente. Sobre una melodía austera (que se configura como una llamada a la meditación o la reflexión), Coltrane construye una frondosa superestructura armónica cuaja de mecanismos ingeniosos para crear y aliviar tensión.

Tanto le gustaba este tema a Coltrane, que incluso mucho después de dejar «Giant Steps» seguía manteniéndola en su repertorio, llegando a grabar todo tipo de versiones,e incluso, interpretándolas a veces en el escenario acompañado con Alice Coltrane, su nueva esposa.

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Cine

Jazz en los tiempos de Netflix

No sólo ofrece grandes series como «Stranger Things» o «House of Cards». Netflix se ha convertido en un auténtico regalo audiovisual para cualquier persona que tenga una afición, inquietud por las cosas.

No importa si lo que le gusta es cocinar, el interiorismo, explorar los crímenes más macabros o si se entusiasma con la exploración espacial. En Netflix hay sitio para (casi) todos. Lo hay por supuesto para los amantes de la música y también, cómo no, para quiénes nos gusta escuchar jazz. En Caravan hemos seleccionado nada menos que cuatro grandes documentales que podéis encontrar en la plataforma. ¡No os los perdáis!

Chasing Trane

Cahsing Trane repasa desde sus primeros pasos hasta su muerte en 1967, la vida de John Coltrane, una de las figuras fundamentales de la historia del jazz. Por la cámara de John Scheinfeld desfilan personajes como Denzel Washington o Bill Clinton; artistas como Sonny Rollins, Wynton Marsalis o Carlos Santana; amigos y familiares de un músico genial, a la altura de totems como Charlie Parker o Miles Davis.

El documental analiza además el impacto que ha tenido la música de Coltrane en el mundo del jazz, repasando los hechos históricos y las circunstancias personales que le han ido dado forma.

I Called Him Morgan

«I Called Him Morgan» es un interesante documental que retrata la vida del trompetista Lee Morgan, conocido por su trabajo junto a figuras como las de Dizzy Gillespie o Art Blakey, y que acabaría siendo asesinado por su propia esposa en 1972, mientras ambos pasaban la noche en un club de Harlem.

La película se divide pues en dos partes fundamentales: la primera, en la que se explica cómo Morgan se convirtió, ayudado precisamente por su pareja, en una figura interesante dentro del mundo de jazz. La segunda, se centra en los hechos que derivaron en su asesinato posterior, incluyendo una entrevista con la propia Helen desde prisón.

Quincy

Aunque la carrera de Quincy Jones va más allá del jazz e incluye otros estilos musicales como el Rythm&Blues, el rock o la música fusión, desde luego el jazz juega un papel claramente protagonista.

En «Quincy», Neflix abre una ventana a los secretos de una de las figuras más destacadas y controvertidas de la música del siglo XX, su papel como productor de grandes estrellas y algunas de la historias menos conocidas por el gran público.

What Happened, Miss Simone

Nina Simone fue una de las figuras más icónicas de la «música negra» de los años 60 y 70. Conocida por su activismo social, por su participación en el movimiento pro derechos civiles y por su carácter provocador dentro y fuera del escenario, la gran dama del soul ha sido también una gran compositora de música jazz.

En «What Happened, Miss Simone» asistimos a la biografía de una figura legandaria, en la que se repasan conciertos históricos y discursos políticos, además de una faceta mucho más íntima y personal.

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Destacados

Kind of Blue, el disco que lo cambió todo

Algo tiene que cambiar para que nada cambie. Y en los años 50 el jazz, para no perder comba frente a un cada vez más popular rock, necesitaba un super ventas. Un disco capaz de encantar tanto a los aficionados del género, como atraer a un público completamente nuevo. En 1959 ese disco llevaría como título «Kind of Blue» y estaría firmado por un tal Miles Davis.

Sesenta años después de su lanzamiento, sigue siendo el disco más vendido de la historia del jazz. La revista Rolling Stone lo sitúo hace unos años como el duodécimo mejor disco de todos los tiempos y tiene fama de ser ese «único disco de jazz» que muchos aficionados a otros géneros musicales tienen en su casa.

En mi caso, «Kind of Blue» es más que todo eso. Es el disco que escucho al menos una vez a la semana, el que a veces tarareo sin darme cuenta y uno de los dos que he enmarcado (el otro es el «Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band» de los Beatles) y cuelga en el pasillo de mi casa. Por supuesto, el el disco que estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo este artículo.

Una banda irrepetible

A lo largo de su carrera, Miles Davis ha estado y ha encabezado muchos conjuntos. Pero pocos, por no decir ninguna, ha reunido el descomunal talento que se reunió durante los dos días que llevó la grabación de este álbum: Miles Davis a la trompeta, John Coltrane al saxo, Paul Chambers en el contrabajo, Bill Evans en el piano, Jimmy Cobb en la batería y Julian «Cannonball» Adderley, en el saxofón alto.

Le costó lo suyo. Como le costó en ese momento dejar atrás a Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras te desenganchaba de la heroína. Como le costó pasar del Cool Jazz que el propio Miles abanderó años antes para apostar por algo completamente nuevo.

Provenientes en su mayoría del hard bop, Miles Davis llevó al conjunto a abandonar la secuencia lineal de acordes que hasta entonces imperaba en los discos de jazz, para presentar una de las primeras apuestas por las formas modales que ofrecen al músico de jazz mucha más libertad a la hora de explorar distintas escalas a partir de una única nota.

Tanto es así que el disco en realidad es el resultado de dos sesiones de improvisación, grabadas el 2 de marzo y posteriormente el 22 de abril de 1959  en el recién inaugurado 30th Street Studio de la Columbia Records, una iglesia rusa de Manhattan reacondicionada.

Como explicó años más tarde Bill Evans en una entrevista, únicamente Davis tenía claro lo que iban a hacer. Cuenta el fabuloso pianista que Davis les pidió a sus músicos que casi no ensayaran, pese a que lo único que tenían eran unos bocetos de las líneas de escalas y melodías. Una vez en el estudio Davis les dio breves instrucciones de cada pieza y después se pusieron a grabar.

So What

Si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que todo el protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos de la historia.

Tal y como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz»el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representaba algo insólito, nunca visto en el jazz de la época. O como posteriormente diría Herbie Hanckock: «no comienza con una fanfarria, sino con un susurro. Toda llena de notas simples pero sin resultar simple en absoluto».

Una simplificación drástica sobre el bop que tanto se llevaba en ese momento. A partir de ese «So what» inicial, el disco transita solo en sus formas modales, en un dejarse llevar del que nunca te cansas.

Lo cual es curioso, porque no considero que pese a su tremendo éxito «Kind of Blue» sea un disco fácil de escuchar para alguien que se aproxima por primera vez al jazz. El swing de los años 40, las grandes Big Bands bailables proponen desde luego música mucho más «fácil» de esuchar y en muchos casos, igualmente disfrutables. Pero quién sabe, probablemente sea yo el que esté equivocado. A fin de cuentas…So what.

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