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20 libros que tienes que leer para disfrutar «más» del jazz (y 2)

Estamos seguros que aún estáis enfrascados en la lectura de esos diez libros que os recomendamos en la primera parte de nuestro especial. Pero no hay tiempo para relajarse, porque antes de que termine el verano os queremos recomendar otros diez. Empezamos con la biografía de Jelly Roll Morton y terminamos con esos artistas que están reinventando el jazz en el siglo XXI. ¡Empezamos!

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20 libros que tienes que leer para disfrutar (más) del jazz

¿Recordáis lo que os contaba en Ikagai? Sí, eso que no solo me encanta escuchar, sino también leer jazz. Que cuanto más libros leo, más libros quiero leer. Y libros sobre jazz, aunque a España solo han llegado unos poquitos seleccionados, se han escrito a docenas.

En este artículo y en el próximo me propongo compartir con vosotros 20 de los que o bien he leído y más me han gustado, o bien aún no he leído pero desde luego tengo en mi lista de pendientes.  ¡Comenzamos con los diez primeros!

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Temas, Historia

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

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Artistas, Discos

Miles Davis: sus 10 mejores discos

El pasado mes de enero os hablaba de «Birth of the Cool»  uno de los mejores documentales del año pasado en Sundance y en el que Stanley Nelson recorre a vida de Miles Davis. El documental acaba ser de estrenado en Netflix y si vuestra agenda de ocio en la curentena os deja un hueco libre, os recomiendos que os reservéis dos horitas y no le dejés escapar. Merece mucho la pena.

Lo cual me lleva como no podía ser de otra manera, a hablaros del «bueno» de Miles. Porque como en el documental se hablan de las circunstancias que rodearon la grabación de algunos de los mejores álbumes de su carrera, «no he tenido más remedio» que preguntarme… «¿cuáles son sus mejores álbumes para ti?». Partiendo de esta premisa, paso a recomendaros esos diez que sí o sí tenéis que escuchar.

1. Kind of Blue (1959)

¿Alguien lo dudaba a estas alturas? El que sigue siendo el disco de jazz más vendido en toda la historia, ha entrado en la categoría de leyenda. ¿Qué puedo decir que no haya o se haya dicho ya de un álbum al que no le sobra una nota? Kind of Blue es ese «disco que te recomienda todo el mundo» cuando empiezas a escuchar jazz, es ese «disco del que hablas cuando quieres hacer que ver que sabes de lo que hablas» y ese ese «disco que nunca pasa de moda, tremendamente actua». Por supuesto, es todas esas cosas y también es mucho más.

2. Sketches of Spain (1960)

Puede que si miramos en retrospectiva el conjunto de su obra, «Sketches of Spain» no sea su segundo mejor álbum…aunque probablemente nadie discutiría su inclusión entre los diez primeros. Pero que un gigante del jazz como Miles Davis le dedique un disco a la música española tiene que significar algo ¿no?

Cuenta en su autobiografía (y también en el documental) que fue su mujer de aquel entonces, Frances Davis, la que en la etapa de Barcelona de la gira europea del trompetista, le convenció de que la acompañase a un espectáculo de flamenco. Cuenta también que tras la actuación, se quedó tan fascinado con lo que acababa de escuchar, que compró todos los discos de flamenco que pudo encontrar en la tienda del teatro. Este es el germen de un discazo que lleva en su «playlist» títulos como «Concierto de Aranjuez», «Saeta» y «Soleá». ¿Se puede pedir más?

3. Porgy and Bess (1959)

El tercer gran disco que Miles Davis graba a finales de los años 50 es «Porgy and Bess», su personal reinterpretación de la ópera de George Gershwin con arreglos del por aquel entonces su inseparable Gil Evans. ¿No tenéis tiempo o no os apetece en estos momentos escuchar el disco entero? Saltad directamente a «Summertime», la pieza más icónica.

Ahora buscad el mismo álbum grabado un año antes por Louis Armstrong y Ella Fitzgerald. Escuchad su «Summetime»: mucho más clásico y fiel al espíritu de la obra. ¿Cuál os gusta más? ¿Qué sensaciones os transmite la versión de Armstrong y cuáles las de Davis? Si opináis como yo, creo que es imposible elegir una de las dos.

4. Your’re under arrest (1985)

La capacidad de reinventarse una y otra vez de Davis se demuestra en este «You’re under arrest». Grabado seis años antes de de su muerte, fue el último de los grandes discos de su carrera y la última de las sesiones que grabó para Columbia.

Entre las curiosidades del ámbum destacan su reinterpretación del «Time after time» de Cindy Lauper y el «Human Nature» de Michael Jackson. Todo el disco tiene un sonido marcadamente «ochentero» pero que no se me entienda mal, en el buen sentido del término. Y es que escuchándolo casi nos entran ganas de cardarnos el pelo (los que puedan hacerlo) y ponernos una chupa de cuero con hombreras.

5. Bitches Brew (1970)

¿Qué es lo que ocurre cuando reúnes a un grupo de artistas geniales (Chick Corea, Dave Holland, Joe Zawinul y Wayne Shorter entre otros) y les dices que no hay partitura, que hagan exactamente lo que les venga en gana y que se atrevan a experimentar? ¿Qué es lo que ocurre cuando el momento en el que se lo dices es a principios de los años 70, la psicodelia es el no va a más y tu estás considerando pasarte definitivamente a los instrumentos eléctricos?

Exacto. Lo que ocurre es «Bitches Brew» un viaje sonoro que que te atrapa desde «Pharaoh’s Dance» y ya no te suelta hasta dos horas más tarde. El álbum fue un éxito inmediato y con el paso del tiempo, se ha convertido en el segundo más vendido de su carrera. Mención aparte merece el diseño de la portada del disco a cargo de John Berg y Mati Klarwein.

6. In a Silent Way (1969)

De alguna forma, el «Bitches Brew» del que os hablaba antes, es consecuencia natural de este «In a Silent Way» que graba un año antes. Mucho más intimista, menos expansivo, las nuevas texturas eléctricas que incorpora a la banda (especialmente con el guitarrista John McLaughlin y el teclista Joe Zawinul suponen ya una ruptura casi definitiva con su pasado acústico.

Como hiciera Dylan en su momento con la guitarra, pese a quien pese, Davis a partir de ahora se pasará a la trompeta eléctrica y ya no habrá vuelta atrás.

7. Birth of the Cool (1957)

Unos años antes de la publicación en 1957 de «Birth of the Cool», Miles Davis había comenzado a trabajar con ese sonido que nacía como respuesta al frenético bop de Dizzy Gillespie y Charlie Parker.

Davis que había tocado con ambos en distintas formaciones, había acabado literalmente hasta los huevos de Parker, que pese a ser un genio, era altamente inestable y tendía a olvidarse de pagar a su banda. ¿Hubiésemos tenido un «Birth of the Cool»? sin esa relación amor/odio entre Davis y Parker? Puede que de todos los modos hubiese llegado a ser inevitable…pero es algo que nunca sabremos. Lo que sí sabemos es que de forma involuntaria, este disco marcha para Davis el pistoletazo de salida hacia un sonido nuevo.

8. L’ascenseur pour l’echafaud (1958)

Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud) es una película francesa de 1957, dirigida por Louis Malle. Protagonizada por Jeanne Moreau, Maurice Ronet y Georges Poujouly. En esta una pareja de amantes  planea el crimen perfecto para liquidar al esposo de ella, que también es jefe de la empresa donde trabaja el amante.

Además de ser una estupenda película, cuenta con el mérito de que su banda sonora fuese compuesta íntegramente por Miles Davis. Para ello Davis se encerró en una sala de cine en el que se le proyectó la película sin sonido. Mientras suceden las escenas y sin un plan previo, Davis interpreta la que será una de las bandas sonoras más vendidas de todos los tiempos.

9. Milestones(1958)

Tras «Kind of Blue» este es el álbum que se considera cumbre del jazz modal. En Milestones encontramos una de las mejores colaboraciones de Miles Davis con John Coltrane, a la que se suman nombres como el de Julian «Cannonball» Adderley.

Su tema principal, «Milestones», suena en la cortinilla de apertura de «Jazz entre amigos», el mítico programa de jazz de Televisión Española presentado por el mítico Juan Claudio Cifuentes.

10. A tribute to Jack Johnson (1971)

A partir de un encargo de una película sobre la leyenda del boxeo Jack Johnson, Miles lanzó una nueva banda (contratando al bajista de Stevie Wonder Michael Henderson entre otros) y construyó un nuevo sonido emocionantemente duro a partir de largos jam-sessions en el estudio y una edición de sonido radical para la época..

 

 

 

 

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Historia

Arreglistas: los «fontaneros» del jazz

Si hay un término que casi todos asociamos al jazz es improvisación. La libertad que tiene el músico para hacer suya música conocida y convertirla en algo diferente. Si aceptamos esta premisa, parece que la figura del arreglo y sobre todo el más profesionalizado arreglista, no tiene mucho que decir en esta historia. Al fin y al cabo cada músico es libre de hacer lo que quiera encima del escenario…¿o no es así?

Pues bien, por increíble que pueda parecer, el arreglo juega un papel fundamental en el jazz y un buen arreglista es muy cotizado. Pero comencemos por lo básico. ¿Qué entendemos por arreglo musical? Si nos vamos a una definición clásica, el arreglo es cualquier obra musical que se deriva de una obra original. Así en una sinfonía, sobre una obra en la que la «voz cantante» puede por ejemplo llevarla el piano, encontramos arreglos específicos para cada uno del resto de los instrumentos (violín, flauta, vilonchelo, etc.). Mientras que el autor de un tema escribe una composición, el arreglista literalmente escribe lo que cada uno de los músicos van a tocar.

Lo cual nos lleva directamente al jazz. Y es que si como en el jazz ya hemos dicho que se improvisa, con el arreglo se determina sobre qué se va a improvisar. Y es que teniendo en cuenta que un grueso de las composiciones del jazz se ha basado históricamente en un conjunto de standards, el arreglo, la variación de la obra para el gusto de una nueva corriente o estilo personal de un artista determinado, ha jugado un papel fundamental.

A diferencia de la música clásica, en el jazz muchas de sus grandes estrellas han sido a la vez, grandes arreglistas. Y lo son desde la época del jazz de Nueva Orleans. Louis Armstrong por ejemplo, conocido por su gran capacidad para improvisar, siempre tocaba con arreglos. Fletcher Henderson considerado el primer gran arreglista del jazz consideraba además que su orquesta tenía que tener una gran capacidad de improvisar y entre los arreglistas de primera encontramos nombres como los de Duke Ellington, Jelly Roll Morton, Charlie Parket o Miles Davis. Dicho de otra forma, el arreglo cuando hablamos de jazz, es la puerta de entrada para improvisar.

Tanta importancia tiene el arreglo en este género musical que resulta bastante habitual que un único disco contenga dos o más versiones del tema principal, cuando no también de otros temas «secundarios» y es que las conocidas como «alternate takes» han llegado a convertirse en reliquias para los más aficionados. Tal y como contábamos hace unos días, de un tema como «After You’ve gone», Benny Goodman llegó a grabar hasta cuarenta versiones diferentes.

A diferencia de la música clásica o incluso de otros estilos musicales, el arreglo en el jazz no siempre está anotado. Cuando los músicos se conocen por ejemplo y tienen cierta complicidad muchas veces el arreglo se discute antes de empezar a tocar o a grabar. O en ocasiones días/semanas antes de la grabación el autor del disco es el que comunica al resto del grupo de qué forma quiere que suenen determinados temas. Esto por supuesto puede llevarse tan lejos como el músico quiera.

Para la grabación de «Kind of Blue» por ejemplo, Bill Evans solía contar que únicamente Miles Davis tenía claro lo que iban a hacer. Explica el fabuloso pianista que Davis les pidió a sus músicos que casi no ensayaran, pese a que lo único que tenían eran unos bocetos de las líneas de escalas y melodías. Una vez en el estudio Davis les dio breves instrucciones de cada pieza y después se pusieron a grabar.

Podría discutirse eso sí qué papel jugaba el arreglo en el free jazz y otras formas de jazz de vanguardia, si es que acaso jugaba alguno. Teniendo en cuenta el carácter marcadamente «improvisacional» de este estilo, seguramente no demasiado. Con todo, figuras como le Ornette Coleman por supuesto los seguían teniendo en cuenta, incluso cuando el crítico respetable afirmara que eso que estaba tocando desde luego no era jazz o si quiera, algo musical.

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Temas

Playlist: las mejores trompetas del jazz…según Woody Shaw

Si alguien sabe lo que es tocar la trompeta, Miles David mediante, es sin lugar a dudas Woody Shaw. Shaw fue uno de los músicos de mayor talento y más innovadores de su generación, y a pesar de su temprana y trágica muerte (sufrió un atropello en el metro de Brooklyn), y aunque en los últimos años una enfermedad incurable en los ojos le dejase prácticamente sin visión, ha dejado un legado de enorme influencia en el jazz contemporáneo.

Por eso cuando uno se encuentra con el artículo «La historia de la trompeta del jazz…por Woody Shaw» escrito por el periodista Chema Martínez (Cuadernos de Jazz, 11-12-1993) en el que el genial música recomienda las que considera que son las mejores grabaciones que se han hecho nunca para este instrumento, merece la pena prestarle atención. Veamos qué recomienda Shaw para esta playlist tan particular.

1. Louis Armstrong: «Struttin’ With Some Barbecue» (Louis Armstrong and his Hot Five)

«Armstrong es una referencia en la trompeta, especialmente porque los músicos clásicos siempre han despreciado a los músicos de jazz, pero a él no le podían decir nada: su técnica era excelente y además tenía un tono hermoso. Todos los trompetistas que vinieron después imitaron su estilo».

2. Charlie Shavers: «Tenderly» (Billie Holiday, the first Verve Sessions)

«Hay uno (trompetista) que me gusta especialmente, sobre todo porque tenía un estilo propio e identificable a la primera nota, aunque no sé si mucha gente lo recuerda. Su nombre era Charlie Shavers () uno de los primeros trompetistas negros que tocó en la orquesta de la CBS».

3. Dizzy Gillespie: «A Night a Tunisia» (Dizzy Gillespie Septet)

«¡Qué voy a decir de Dizzy! Mi pieza favorita de todas las suyas es «A Night in Tunisia». Fue una de las primeras cosas suyas que oí, aquella grabación con Milt Jackson y Don Byas. Recuerdo que su solo me daba miedo, ¡Dizzy…vuela! Adoro el modo en que la toca».

4. Dizzy Gillespie: «Woody’n you» (The original Dizzy Gillespie Big Band»

«Estoy hablando de ‘un’ Dizzy cuando en realidad hay ‘dos’ Dizzys diferentes, el de los grupos pequeños y de la big band. Así que vamos a escucharlo de nuevo, ahora tocando en big band, en un estilo algo menos sutil pero muy espectacular».

5. Fats Navarro: «Our delight» (The fabolous Fats Navarro)

«Un amigo mío de California me contó que siempre que Fats llegaba a una ciudad, lo primero que hacía era recorrer las tiendas de música y compraba todo lo que pillaba de literatura musical para trompeta, y luego se pasaba la tarde practicando. Eso dice mucho de cómo vivía la música».

6. Miles Davis: «All the things you are» (The Miles Davis-Tadd Dameron Quartet in Paris)

«Pienso que una de las cosas que le gustaban a Parker (Charlie) de Miles (Davis) era su sonido que era, y continua siendo, algo único. Se suele decir que su técnica no estaba muy depurada por entonces: a los que dicen eso, les recomiendo que le escuchen en una grabación hecha en París en 1949 con Tadd Dameron. Suena igual que Fats Navarro. Pero el problema es que Miles se ha hecho tan importante que llega a abrumar».

7. Kenny Dorham: «Just one of those things» (Max Roach + 4 Feat Sonny Rollins)

«Un trompetista que vino de él (Miles Davis) es Kenny Dorham, un músico hasta cierto punto subestimado. Kenny intentó armonizar el estilo de Miles con el de Dizzy Gillespie-Fats Navarro. Fue mi amigo hasta su muerte y un músico al que aprecio sinceramente.»

8. Donald Byrd: «The end of a love affair» (Art Blakey’s Jazz Messengers)

«¡Me gusta mucho Donald Byrd! Ahora toca música comercial pero para mí sigue siendo de mis trompetistas preferidos. Sus solos tienen alma, tiene un gusto exquisito, no toca nada que esté fuera de sitio.

9. Lee Morgan: «A la mode» (¡¡¡Impulse!!! ¡¡¡Art Blakey!!!¡¡¡Jazz Messengers!!!)

«Lee es una de mis principales influencias, pienso que más que Freddie Hubbard y bueno…Lee tuvo una vida compleja antes de ser asesinado por su mujer. No obstante, le dio tiempo para tocar mucha y buena música»

10. Chet Baker: «My funny Valentine» (Gerry Mulligan Quartet)

«Chet tiene un sonido único, un estilo. Cuando oyes a Chet por la radio lo identificas sin problemas. Además su repertorio es más amplio de lo que se piensa…aunque pienso en Chet, pienso en My Funny Valentine sin dudas»

11. Maynard Ferguson: «Frame for the blues» (A message fron Newport)

«Otro trompetista discutido que sin embargo, es muy importante para mí. Maynard Ferguson instauró el concepto de la trompeta de big band. De él me encantan sus discos de los primeros 60.Aquella banda era monstruosa»

12. Clifford Brown: «Portrait of Jenny» (Clifford Brown with strings)

«Fue un gran trompetista, con una gran técnica y una enorme imaginación. Pero lo que distingue a Cliff del resto de trompetistas, era su tono, hermoso, profundo, cálido. Fue lo primero que me llamó la atención de él, no tanto su técnica. Podía tocar rápido como el que más, pero sabía que su fuerte era su tono».

13. Booker Little: «Man of words» (Out front)

«Booker era uno de mis trompetistas favoritos. Sus frases eran tan rápidas y precisas que me costaba trabajo creer lo que estaba escuchando. Hizo un álbum fantástico, «Out front» con Dolphy y Max Roach. ¡Adoro ese disco!

14. Freddie Hubbard: «Jodo» (Blue Spirits)

«De Freddie me gustan todos sus álbumes pero puestos a elegir, pienso que mi favorito es ‘Blue Spirits’ para Blue Note, sobre todo en «Jodo», donde toca a lo Coltrane. En realidad Coltrane no solo influyó en los saxofonistas, también en los trompetistas».

15. Woody Shaw: «Ginseng People» (Far Sure)

«De mis discos el que más me gusta es uno que grabé para Columbia, que se llama Far Sure! y aparezco en la portada muy serio, con gafas. La música que compuse para este álbum era casi visionaria, trataba de expresar mis propias raíces y las de mi música, desde África al momento actual, a mi hijo»

 

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Cine, Artistas, Discos

«Birth of the Cool»: el documental

Tres fueron las sesiones (dos a principios de 1949 y una en marzo de 1950) que llevaron a Miles Davis y su banda ( Kai Winding, Gerry Mulligan, Lee Konitz, y Max Roach) firmar uno de los discos que han marcado un antes y un después en la historia del jazz. Con «Birth of the Cool», el jazz comienza a tomar una nueva dirección. Sin abandonar de todo el bop, e introduciendo algunos arreglos propios de las Big Bands, el nuevo estilo se aleja en cambio  de sus sonidos más intrincados, para apostar por un estado de ánimo más relajado. Nace el Cool y Miles empieza a construir su leyenda.

Así arranca también «Miles Davis: Birth of the Cool» , documental biográfico presentado este año en el festival de cine de Sundance. Dirigido por Stanley Nelson, el documental promete una visión algo diferente a la imagen de la que muchos tenemos de Davis. En sus propias palabras…

«La historia de Miles Davis se ha contado a menudo como la historia de un genio drogadicto. Rara vez se ve el retrato de un hombre que trabajó duro para perfeccionar su arte, un hombre que estudió profundamente todas las formas de música, desde el barroco hasta la música clásica de la India. Un hombre elegante que podía interpretar baladas con ternura y que, sin embargo, guardaba la rabia en su corazón por el racismo al que se enfrentó a lo largo de su vida».

Para contar la historia, la cámara de Nelson presenta imágenes nunca antes vistas, incluyendo tomas de estudio en sus sesiones de grabación, conciertos y nuevas entrevistas. Entre las estrellas invitadas que se asoman a este documental, destacan nombres de Quincy Jones, Carlos Santana, Clive Davis, Wayne Shorter o Ron Carter. Personas que conocieron a Davis en vida y que hablan de la faceta más personal del artista.

El documental visitó el año pasado Barcelona y Madrid en el marco del «Festival Internacional de Cine Documental» y aunque desde luego nos gustaría verla de nuevo, de momento no está previsto que regrese a nuestras salas. Lo más probable sin embargo es que a lo largo del primer trimestre de este año veamos su debut en alguna plataforma de pago, con Movistar con todas las papeletas para hacerse con los derechos en primer lugar.

Sin embargo si no podéis esperar hasta entonces, no seré yo el que os diga que Internet es una gran fuente de información en la que no resulta complicado encontrar todo tipo de contenidos.

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Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (I): Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman

No es la primera vez que cuento que no siempre es fácil entrar en el mundo del jazz. En «La puerta de entrada del jazz» explicaba cómo tras la explosión de este estilo musical entre los años 40 y 70, cuando todavía podía considerarse como «mainstream», ha vivido una plácida decadencia que le ha llevado a encerrarse en sí mismo. Y sí, es cierto que el cambio de siglo ha traído buenas noticias para los aficionados, en forma de talento emergente y cada vez más festivales y conciertos. Pero también lo es que en la era de Instagram y Operación Triunfo, el jazz lo tiene francamente difícil para volver a ser la «estrella de la radio». 

Esto que no es necesariamente negativo, provoca sin embargo que aquellos que empiezan a interesarse por este estilo musical, tengan algo difícil ese «empezar a escuchar». Pues bien, es precisamente de esos primeros pasos de lo que quiero hablaros en este artículo y de los que seguirán a lo largo de los próximos días. Lo haré de la forma más sencilla que se me ocurre en estos momentos: proponiendo la escucha de tres discos de cada uno de los nueve intérpretes que forman parte de lo que denomino el «santoral» del jazz clásico. Es decir: Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker, Coleman Hawkings, John Coltrane, Ornette Coleman, Thelonious Monk, Dizzy Gillespie y Charles Mingus.

Para este primer artículo y sin desmerecer al resto, he escogido a mis tres favoritos: Davis, Coltrane y Coleman. ¡Buena escucha!

Miles Davis

Kind of Blue (1959)

Hay un motivo que explica por qué «Kind of Blue» es el disco más vendido de la historia del jazz: es simplemente maravilloso. Maravilloso como solo son las obras de arte que no impresionan en un primer momento, sino que se dejan descubrir poco a poco y que hay que dejar reposar para descubrir nuevos matices.

Precursor del nuevo jazz modal, «Kind of Blue» representa una simplificación drástica sobre el bop que tanto se llevaba en el momento de su lanzamiento. A partir de ese «So what» inicial, el disco transita solo en sus formas modales, en un dejarse llevar del que nunca te cansas.

Tal impacto causó en su momento, que la revista Rolling Stone lo sitúo hace unos años como el duodécimo mejor disco de todos los tiempos. Por méritos propios, ha conseguido labrarse una sólida fama de ser ese «único disco de jazz» que muchos aficionados a otros géneros musicales tienen en su casa. 

Sketches of Spain (1960)

Sketches of Spain representa el homenaje que hace Miles Davis a la música española. Por este álbum se pasea su particular versión del «Concierto de Aranjuez» (Joaquín Rodrigo), además de saetas y soleás. Es por supuesto un álbum de jazz, pero a la vez es un álbum flamenco, un disco que fusiona géneros y que lleva al que lo escucha a un tiempo que hoy en día se antoja romántico y lejano.

Una joya que dura poco menos de una hora y en la que para su grabación, alejándose por primera vez de esos conjuntos pequeños que han marcado el grueso de su carrera, Davis trabaja con una banda de 25 miembros, entre los que destacan nombres como los de Gil Evans, Elvin Jones, Jimmy Cobb o Paul Chambers.

Bitches Brew (1970)

Si hay alguien que a lo largo de su carrera haya demostrado ser capaz de cambiar de registro y empezar de nuevo, es Miles Davis. Tanto que si después de escuchar «Kind of Blue» se procede con este «Bitches Brew» grabado diez años más tarde, cuesta mucho pensar que ambos discos hayan sido grabados por el mismo artista.

«Bitches Brew» es el primer disco de jazz en el que se emplean instrumentos electrónicos y se inscribe en lo que en aquel momento se bautizó como «Jazz Rock», corriente que aunaba ambos estilos musicales y que se suma a la ola de álbumes conceptuales de la época, como los apadrinados por Yes o Genesis. De toda la discografía de Davis este es probablemente, el disco más rupturista. Pese a ello, fue el primer su primer disco de oro y vendió más de un millón de copias.

John Coltrane

Giant Steps (1960)

Primer disco de John Coltrane para Atlantic Records y que mantiene sólidos vínculos con la tradición hard bop en la que se encuadra en los primeros años.  Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en el argot se denominan sheets of sound y que se basan en progresiones de tres notas, que se desplazan sobre una nota tónica.

Pese a ser un disco temprano, esta grabación  puede justificarse casi por completo por la presencia de «Naima», la gran balada del apogeo de la primera fase de Coltrane, y según el crítico musical Ted Gioia, tal vez la composición más completa de su discografía.

My Favorite Things (1961)

Séptimo álbum de estudio de Coltrane y probablemente, uno de los mejores de la historia del jazz. Acostumbrados a su dominio sin igual del saxo tenor, en este «My Favorite Things» Coltrane  se marca un tanto con la primera grabación que realiza con saxo soprano, menos potente, más sutil y delicado.

A diferencia de sus dos primeros álbumes para Atlantic, este no contiene composiciones originales, sino versiones jazz de cuatro canciones pop. El álbum fue el primero que claramente marca el cambio de Coltrane del bebop al jazz modal, gracias sobre todo a los años pasados en el cuarteto de Davis, en el que entre otras cosas, contribuyó a la grabación de ese «Kind of Blue» del que hablábamos antes.

A Love Supreme (1964)

Como muchos otros, me considero fan incondicional de prácticamente todo el trabajo publicado por John Coltrane. Sin embargo, si tuviera que escoger solo uno de sus discos, probablemente me decantaría por este «A Love Supreme».

El disco es una suite en cuatro partes que corresponden a dos temas y aunque en principio fue concebido como un «cántico espiritual» en el que Coltrane hace un ejercicio de «búsqueda de la pureza» y  «conexión con el creador» (de ahí ese amor supremo que reza), en realidad es mucho más que eso, llegando a ser considerado como uno de los mejores discos de la historia del jazz y uno de los grandes referentes de la música en los años 60.

Ornette Coleman

The Shape of Jazz to come (1959)

Álbum de solo 38 minutos de duración, pero que con sus disonancias y estridencias inaugura el movimiento del Free Jazz. Junto a Coleman, en este álbum participan el trompetista Don Cherry, el bajista Charlie Haden y el batería Billy Higgins. Se grabó con un cuarteto sin piano, y produjo un gran impacto, al contener estructuras armónicas muy poco reconocibles y utilizar la improvisación simultánea.

Si escuchar el disco entero bien puede ser «too much» para los no iniciados, sin lugar a dudas merece la pena detenerse una y otra vez en «Lonely woman», tema que abre la grabación y que atrapa desde el primer compás de escucha.

Change of the Century (1960)

Un año más tarde, Coleman reúne a la misma banda y graba «Change of the Century» el disco que le va a consolidar como líder del jazz de vanguardia. Este disco y el «Free Jazz» que veremos a continuación posibilitan la llegada de artistas que realmente quieren cambiar los canones establecidos.

Especialmente interesante es para aquellos a los que les haya gustado Coleman, la obra de Eric Dolphy y Charles Mingus, que sin llegar a la cacofonía del Free Jazz puro, marcan las líneas por las que discurrirá el jazz en los años 70.

Free Jazz (1960)

En Free Jazz, Coleman lleva el nuevo estilo hasta sús últimas consecuencias. Proyecto iconoclasta en el que el ruido, la cacofonía y la disonancia total se visten de estilo musical.

Prueba de lo anterior es que la música se presenta como una continua improvisación libre que incluye solo unas breves secciones predeterminadas. De hecho, el disco fue grabado en una única «toma» sin sobregrabación ni edición.

 

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