Historia, Temas

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

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Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (I): Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman

No es la primera vez que cuento que no siempre es fácil entrar en el mundo del jazz. En «La puerta de entrada del jazz» explicaba cómo tras la explosión de este estilo musical entre los años 40 y 70, cuando todavía podía considerarse como «mainstream», ha vivido una plácida decadencia que le ha llevado a encerrarse en sí mismo. Y sí, es cierto que el cambio de siglo ha traído buenas noticias para los aficionados, en forma de talento emergente y cada vez más festivales y conciertos. Pero también lo es que en la era de Instagram y Operación Triunfo, el jazz lo tiene francamente difícil para volver a ser la «estrella de la radio». 

Esto que no es necesariamente negativo, provoca sin embargo que aquellos que empiezan a interesarse por este estilo musical, tengan algo difícil ese «empezar a escuchar». Pues bien, es precisamente de esos primeros pasos de lo que quiero hablaros en este artículo y de los que seguirán a lo largo de los próximos días. Lo haré de la forma más sencilla que se me ocurre en estos momentos: proponiendo la escucha de tres discos de cada uno de los nueve intérpretes que forman parte de lo que denomino el «santoral» del jazz clásico. Es decir: Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker, Coleman Hawkings, John Coltrane, Ornette Coleman, Thelonious Monk, Dizzy Gillespie y Charles Mingus.

Para este primer artículo y sin desmerecer al resto, he escogido a mis tres favoritos: Davis, Coltrane y Coleman. ¡Buena escucha!

Miles Davis

Kind of Blue (1959)

Hay un motivo que explica por qué «Kind of Blue» es el disco más vendido de la historia del jazz: es simplemente maravilloso. Maravilloso como solo son las obras de arte que no impresionan en un primer momento, sino que se dejan descubrir poco a poco y que hay que dejar reposar para descubrir nuevos matices.

Precursor del nuevo jazz modal, «Kind of Blue» representa una simplificación drástica sobre el bop que tanto se llevaba en el momento de su lanzamiento. A partir de ese «So what» inicial, el disco transita solo en sus formas modales, en un dejarse llevar del que nunca te cansas.

Tal impacto causó en su momento, que la revista Rolling Stone lo sitúo hace unos años como el duodécimo mejor disco de todos los tiempos. Por méritos propios, ha conseguido labrarse una sólida fama de ser ese «único disco de jazz» que muchos aficionados a otros géneros musicales tienen en su casa. 

Sketches of Spain (1960)

Sketches of Spain representa el homenaje que hace Miles Davis a la música española. Por este álbum se pasea su particular versión del «Concierto de Aranjuez» (Joaquín Rodrigo), además de saetas y soleás. Es por supuesto un álbum de jazz, pero a la vez es un álbum flamenco, un disco que fusiona géneros y que lleva al que lo escucha a un tiempo que hoy en día se antoja romántico y lejano.

Una joya que dura poco menos de una hora y en la que para su grabación, alejándose por primera vez de esos conjuntos pequeños que han marcado el grueso de su carrera, Davis trabaja con una banda de 25 miembros, entre los que destacan nombres como los de Gil Evans, Elvin Jones, Jimmy Cobb o Paul Chambers.

Bitches Brew (1970)

Si hay alguien que a lo largo de su carrera haya demostrado ser capaz de cambiar de registro y empezar de nuevo, es Miles Davis. Tanto que si después de escuchar «Kind of Blue» se procede con este «Bitches Brew» grabado diez años más tarde, cuesta mucho pensar que ambos discos hayan sido grabados por el mismo artista.

«Bitches Brew» es el primer disco de jazz en el que se emplean instrumentos electrónicos y se inscribe en lo que en aquel momento se bautizó como «Jazz Rock», corriente que aunaba ambos estilos musicales y que se suma a la ola de álbumes conceptuales de la época, como los apadrinados por Yes o Genesis. De toda la discografía de Davis este es probablemente, el disco más rupturista. Pese a ello, fue el primer su primer disco de oro y vendió más de un millón de copias.

John Coltrane

Giant Steps (1960)

Primer disco de John Coltrane para Atlantic Records y que mantiene sólidos vínculos con la tradición hard bop en la que se encuadra en los primeros años.  Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en el argot se denominan sheets of sound y que se basan en progresiones de tres notas, que se desplazan sobre una nota tónica.

Pese a ser un disco temprano, esta grabación  puede justificarse casi por completo por la presencia de «Naima», la gran balada del apogeo de la primera fase de Coltrane, y según el crítico musical Ted Gioia, tal vez la composición más completa de su discografía.

My Favorite Things (1961)

Séptimo álbum de estudio de Coltrane y probablemente, uno de los mejores de la historia del jazz. Acostumbrados a su dominio sin igual del saxo tenor, en este «My Favorite Things» Coltrane  se marca un tanto con la primera grabación que realiza con saxo soprano, menos potente, más sutil y delicado.

A diferencia de sus dos primeros álbumes para Atlantic, este no contiene composiciones originales, sino versiones jazz de cuatro canciones pop. El álbum fue el primero que claramente marca el cambio de Coltrane del bebop al jazz modal, gracias sobre todo a los años pasados en el cuarteto de Davis, en el que entre otras cosas, contribuyó a la grabación de ese «Kind of Blue» del que hablábamos antes.

A Love Supreme (1964)

Como muchos otros, me considero fan incondicional de prácticamente todo el trabajo publicado por John Coltrane. Sin embargo, si tuviera que escoger solo uno de sus discos, probablemente me decantaría por este «A Love Supreme».

El disco es una suite en cuatro partes que corresponden a dos temas y aunque en principio fue concebido como un «cántico espiritual» en el que Coltrane hace un ejercicio de «búsqueda de la pureza» y  «conexión con el creador» (de ahí ese amor supremo que reza), en realidad es mucho más que eso, llegando a ser considerado como uno de los mejores discos de la historia del jazz y uno de los grandes referentes de la música en los años 60.

Ornette Coleman

The Shape of Jazz to come (1959)

Álbum de solo 38 minutos de duración, pero que con sus disonancias y estridencias inaugura el movimiento del Free Jazz. Junto a Coleman, en este álbum participan el trompetista Don Cherry, el bajista Charlie Haden y el batería Billy Higgins. Se grabó con un cuarteto sin piano, y produjo un gran impacto, al contener estructuras armónicas muy poco reconocibles y utilizar la improvisación simultánea.

Si escuchar el disco entero bien puede ser «too much» para los no iniciados, sin lugar a dudas merece la pena detenerse una y otra vez en «Lonely woman», tema que abre la grabación y que atrapa desde el primer compás de escucha.

Change of the Century (1960)

Un año más tarde, Coleman reúne a la misma banda y graba «Change of the Century» el disco que le va a consolidar como líder del jazz de vanguardia. Este disco y el «Free Jazz» que veremos a continuación posibilitan la llegada de artistas que realmente quieren cambiar los canones establecidos.

Especialmente interesante es para aquellos a los que les haya gustado Coleman, la obra de Eric Dolphy y Charles Mingus, que sin llegar a la cacofonía del Free Jazz puro, marcan las líneas por las que discurrirá el jazz en los años 70.

Free Jazz (1960)

En Free Jazz, Coleman lleva el nuevo estilo hasta sús últimas consecuencias. Proyecto iconoclasta en el que el ruido, la cacofonía y la disonancia total se visten de estilo musical.

Prueba de lo anterior es que la música se presenta como una continua improvisación libre que incluye solo unas breves secciones predeterminadas. De hecho, el disco fue grabado en una única «toma» sin sobregrabación ni edición.

 

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