Glenn Miller
Cine

La (¿auténtica?) vida de Glenn Miller

Podemos decir que la vida de Glenn Miller fue tan corta como apasionante. Pocos músicos han conseguido con una trayectoria profesional tan corta influenciar tanto en la historia de la música. Su famoso sonido Miller consigue trascender las fronteras de jazz y es parte nuclear de la cultura popular occidental del siglo XX. Si a esto le sumamos que sirvió de forma voluntaria en la Segunda Guerra Mundial y que una muerte trágica puso fin a una carrera prometedora, tenemos los ingredientes perfectos para una película hagiográfica típica de la Guerra Fría.

En 1954 el director Anthony Mann estrena la película The Glenn Miller Story. En España, que podrían haber traducido perfectamente esta cinta como La historia o vida de Glenn Miller, optaron por el título Música y lágrimas. Desconozco los motivos detrás de la licencia poética del traductor pero sin lugar a dudas esta vez estaban justificados. Un melodrama bien construido y con un par de joyas cinematográficas.

Si fuera un documental habría que descartar la película por sus múltiples fallos históricos y exceso de azúcar. Pero su vocación es diferente. Lo que es criticable en el periodismo en el arte es apreciado. Ya decía Carmen Martín Gaite que lo que importa de una historia no es si ha acontecido de verdad o no, sino simplemente si está bien contada.

Hecha esta advertencia, no podemos hacer otra cosa que recomendar a todos los seguidores del jazz ver esta película. La película está bien contada y tiene muchos planos maravillosos. El actor encargado de recorrer la supuesta vida de Glenn Miller no es otro que James Stewart, al que acompaña June Allyson interpretando a la mujer del artista.

La película arranca cuando el músico todavía no es conocido y tiene que recurrir de forma regular a una casa de empeños para dejar (y posteriormente rescatar) de forma regular su trombón y así conseguir dinero con el que mantenerse. Poco a poco vemos la evolución del músico que va ganando popularidad hasta que alcanza la fama gracias a sus composiciones interpretadas por su propia orquesta. De forma paralela vamos viendo la evolución también del músico en el ámbito doméstico.

Uno de los momentos mágicos de la película es la lucha de Miller por encontrar su propia voz, el famoso sonido Miller. Hace tiempo que no veo la película pero creo recordar que James Stewart se encuentra haciendo una arreglo para Moonlight Serenade, posiblemente su mejor composición, que comparte entre sus músicos para que empiecen a tocar. Cuando empieza a tocar la orquesta de repente la cara de Stewart se ilumina. Sabe que por fin ha encontrado su voz.

Hay un fragmento de esta película sobre la vida de Glenn Miller que es una verdadera joya para todos los amantes del jazz: James Stewart lleva a June Allyson a que asista a su primera Jam session. Sobre el escenario vemos tocar a Louis Armstrong con sus All Stars. Al ver a Miller entre el público, le anima a que suba a tocar con ellos, junto con el baterista Gene Krupa, también presente en la audiencia. En esos momentos vemos una maravillosa improvisación grupal antológica:

Si hay un episodio de la vida de Glenn Miller que ha generado cierta polémica ha sido su muerte. Miller se alistó en el ejército para dar ánimo a los soldados americanos en el frente. En un viaje del músico de Londres a París su avión desapareció sin llegar a su destino. La teoría de la conspiración dice que realmente Miller murió en la cama de una prostituta en París pero que la propaganda decidió cambiar la historia real para proteger la imagen del «héroe americano». Otros llegan a asegurar que su avión fue bombardeado por error por los británicos.

A día de hoy parece que realmente lo que pasó es que el avión voló demasiado bajo lo cual propició el terrible accidente. La secuencia de como June Allyson recibe la noticia es antológica. Solo por este momento merece la pena ver la película.

Standard
Louis Armstrong
Discos

Louis Armstrong y sus All Stars en el Symphony Hall

Empecé mi colección de discos de jazz justo antes de empezar la Universidad. Juan Claudio Cifuentes, Cifu para los amigos, coordinó el típico coleccionable que empiezas en septiembre y abandonas en octubre con los discos más memorables de la historia del jazz. El primer disco de jazz que compré en toda mi vida fue el primer fascículo de la colección: el legendario concierto de Louis Armstrong y sus All Stars en el Symphony Hall.

El tiempo de las Big Bands había pasado. Por un lado la economía había impuesto formaciones más económicas. Por otro lado el público poco a poco se alejaba del swing para disfrutar de forma diferente de este estilo musical. Salvo contadas excepciones todos los reyes del momento optaron por agrupaciones más domésticas. Y Satchmo no fue una excepción.

Louis Armstrong y sus All Stars fueron una de las bandas más populares después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho fue tal el éxito que ya nunca más probaría con otro tipo de agrupaciones. El quinteto original estaba formado por Armstrong a la trompeta, Jack Teagarden al trombón, Barney Bigard al clarinete, Big Sid Catlett a la batería, Arvell Shaw al contrabajo y Earl Hines al piano. El toque femenino lo daba la maravillosa Velma Middleton, que aguantaba estoicamente las bromas de Armstrong sobre el escenario. Con los años la agrupación fue sufriendo cambios pero casi todos estarían presentes en el maravilloso concierto en el Symphony Hall de 1947, salvo Hines que fue sustituido por Dick Cary.

Puede que tenga idealizado este disco por las pasiones de la juventud. Pero pocas grabaciones pueden caer en tus manos tan redondas como esta, desde el primer hasta el último tema. Uno tiene la sensación de que aquella noche las estrellas se alinearon en Boston para que todo saliese a pedir de boca. Standards clásicos del repertorio del jazz como Muskrat Ramble o C-Jam Blues se combinan con temas pensados para mayor gloria de los diferentes componentes del grupo. Stars fell on Alabama con el maravilloso acento sureño de Teagarden o los vertiginosos Tea for two y High Society de Bigard son posiblemente los mejores ejemplos.

Pero si hay un tema que destaca sobre todo ellos ese es (What did I do to be so) Black and Blue. Muchas veces se ha acusado, muy injustamente a Armstrong de ser el tio Tom de los blancos y no haber luchado como otros compañeros por los derechos de los afroamericanos en América. Nada más lejos de la realidad. Pero su lucha fue a través del trabajo y de su arte. El sentimiento que pone primero en el fraseo instrumental y luego cantando el tema pone simplemente los bellos de punta:

Cold empty bed…springs hurt my head
Feels like old Ned…wished I was dead
What did I do…to be so black and blue

Even the mouse…ran from my house
They laugh at you…and all that you do
What did I do…to be so black and blue

I’m white…inside…but, that don’t help my case
That’s life…can’t hide…what is in my face

How would it end…ain’t got a friend
My only sin…is in my skin
What did I do…to be so black and blue

A veces basta con incluir un tema en un repertorio para que sea una declaración de intenciones.

Pocas sesiones dieron Armstrong y sus All Stars tan brillantes como este concierto del año 1947. El labio de Satchmo cada vez iba empeorando más debido a los excesos de la juventud, afectando a sus interpretaciones. Poco a poco fue dejando la trompeta para centrarse en su carrera como vocalista. Pero aquí todavía aparece liderando las melodías e improvisaciones, mientras el trombón marca los bajos y el clarinete va adornando con sus florituras los altos. Todo ello con la clásica sección rítmica de piano-contrabajo-batería. Una fórmula que aquí funciona como un reloj suizo.

Joyas como este disco tendrán siempre a Armstrong y sus All Stars dentro del panteón de los dioses de la Historia del Jazz con mayúsculas.

Standard