Caravan
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Por qué somos Caravan

Hay unos cuantos motivos por los que somos Caravan. En primer lugar porque Caravan es uno de los temas más versionados de la historia del jazz. En segundo término, porque al ser probablemente la primera composición en la historia de este género musical que tiene un toque exótico y marcadamente latino, también es un poquito nuestra.

Popularizada y grabada casi hasta el infinito por Duke Ellington (se dice que llegó a grabar cien versiones diferentes), los orígenes del tema se encuentran en la colaboración de este con el trombonista puertorriqueño Juan Tizol, que se encargó de escribir el corpus principal de la obra.

Curiosamente, aunque probablemente sin la intervención de “the duke” este temazo nunca hubiese llegado hasta nuestros días, ni siquiera fue él quien grabó el tema por primera vez. El honor correspondería al pequeño grupo de jazz (alejado de las Big Bands que triunfaban en la época) Barney Bigard y sus Jazzopators, que eso sí, contaba con Duke Ellington al piano.

Mientras que en un primer momento Juan Tizol consideró a Caravan como una “obra tan menor” que le llevó a vender por unos escasos 25 dólares los derechos sobre su composición, Ellington mucho más avispado para el mundo de los negocios, la presentó con gran fanfarria en el Cotton Club de Nueva York en 1937, obteniendo tanto éxito que Caravan se convertiría desde entonces en un “must” en el repertorio de su banda. Posteriormente y en un generoso giro de los acontecimientos, Ellington aceptaría compartir parte de este éxito con Tizol, al que cedió parte de los royalties.

Son pocos los grandes músicos de jazz que se han resistido a grabar su propia versión de Caravan, en parte por el amplio margen de improvisación que ofrece la línea principal y en parte por ese componente exótico en el que realmente encontramos algo diferente. Así “caravanianos” convencidos han sido Thelonious Monk, Wes Montgomery o Dizzy Gillespie.

Con todo, además de la original del propio Ellington, queremos recomendaros dos grandes versiones: la de Art Blakey, por esa energía post-bol que sirve como contrapunto de la delicadeza que tiene la primera y la de Michael Camillo, porque no podemos despedirnos de Caravan sin un toque contemporáneo y latino.

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