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El jazz en la India: raíces en el sur de Asia

Hace poco me preguntaron si en India había jazz, una pregunta en referencia a mi experiencia vital de 5 años viviendo en ese país. La pregunta la recibí con cierto recelo casi como si tuviera que defender a India de una posición colonialista o paternalista y explicarle a mi interlocutor que, aunque no hubiese un solo músico de jazz en India, a este país no le faltaba cultura musical de igual valor. Ahora bien, lo bueno que tiene el jazz, como lo entiende muchos de sus protagonistas, es su permeabilidad a otros sonidos y tradiciones siguiendo la lógica de su propia esencia de género musical mestizo. 

Al margen de los hitos conseguidos por los músicos occidentales más conocidos en el terreno de este intercambio cultural, la pregunta que se me antoja menos planteada es «¿quiénes son esos músicos indios de jazz que trabajan en fusionar los estilos autóctonos con el lenguaje hoy día tan universal, como es el lenguaje del jazz? ¿Y qué hacen?»

Uno de los primeros interrogantes en este terreno que surgieron en conversación Nathalie Ramírez, músico profesional familiarizada con ambas tradiciones, es cómo conseguir que las reglas de las ragas, las formas musicales subyacentes a las tradiciones clásicas hindustani y carnática  ̶  que emplean hasta 72 escalas   ̶   y sus características formales y tonales, encajen con el lenguaje basado en la armonía de la música occidental sin producir cacofonía, teniendo en cuenta que un raga es algo más que una escala y que sus reglas ornamentales y estructurales pueden dificultar la creación de un engranaje musical que sostenga sus principios y a la vez pueda regirse por los de la armonía propia del lenguaje del jazz. 

Los primeros músicos que experimentaron un terreno comparable fueron los músicos de la era dorada del cine de Bollywood entre las décadas los 40 y 60; parte de estos músicos eran músicos de las orquestas jazz de Bombay que habían sido los protagonistas de los escenarios de los lujosos hoteles y clubes de la boyante metrópoli, otros eran músicos de Gharanas, es decir de escuelas de la música clásica de la India, a menudo regida por ilustres familias que se han dedicado a la música durante varias generaciones. Lo especialmente fascinante de esta incipiente industria cinematográfica que daba de comer a escritores y músicos es que creó un estilo nuevo y único, el primero en desafiar las reglas de las ragas, y que dio paso a grandes clásicos populares que hoy, cualquier indio de a pie, te sabe cantar o silbar con gran entusiasmo. 

Ragga Jazz Style

En esta misma metrópoli y en ese círculo de artistas de la industria cinematográfica se produjo el primer trabajo que mezclaba el jazz con las ragas de la tradición clásica hindustani en el año 1968. El vinilo resultante, «Raga, Jazz style» es hoy objeto codiciado entre coleccionistas, pues se trata de un rara avis hermoso y fresco, que tiene tanto aires de Bollywood como de un sonido que evoca en cierta manera al de Duke Ellington, especialmente del de sus trabajos con títulos “orientales”. En este trabajo se resuelve la ecuación entre ornamentación “ragística” y la música occidental en estructuras alternativas creadas por un lado por un combo de guitarra eléctrica, saxofón, trompeta, piano y batería y por otro, un combo de sitar, bansuri y (probablemente) dholak y tabla como instrumentos de percusión. El fraseo jazzístico encuentra un difuso y modificado reflejo en el recorrido melódico del sitar. Estamos hablando del trabajo que firman, entre otros, los dos directores musicales de Bollywood que trabajaron en dúo: Shankar y Jaikishan. Al sitar estaba el maestro Rais Khan de la Kirana Gharana, una de las más ilustres escuelas musicales del subcontinente. El fraseo jazzístico de este trabajo es algo limitado para cualificar como “jazzístico”, sin hacer apenas uso de la síncopa o el contratiempo, pero el resultado no deja de tener un sonido atractivo para un oyente poco familiarizado con las ragas y es por tanto un buen trabajo introductorio dentro del repertorio del jazz instrumental. 

SJ RAGA JAZZ

El tema «Ab Kya Bataun» («¿Y ahora qué digo?») de la joven compositora y arreglista Sneha Khanwalkar escrito para la película Manto    una película independiente del año 2018 que relata la vida del escritor Saadat Hasan Manto en los años en los que el subcontinente se independiza del Imperio Británico    es un homenaje a este mestizaje propio de la cultura de Bombay. El tema arranca con la vocalista acompañada solamente de un armonio y continúa con el acompañamiento instrumental y algunos solos de trompeta a contrapunto que son claramente un guiño al sonido de jazz que en la época recreada por la película tenía efectivamente la ciudad portuaria (la instrumentación real no se corresponde del todo con la que se visualiza en la película). Pero Sneha no escribe jazz habitualmente. 

Desde el citado trabajo de 1968 y aparte del recorrido experimental realizado por leyendas del jazz como John Mc Laughin o Alice Coltrane, las colaboraciones del tablista Zakir Hussain con músicos de jazz, o las de Ry Cooder con Vishwa Mohan Bhatt, los músicos de origen indio se encuentran a menudo divididos entre músicos indios con formación occidental y músicos indios con formación en música clásica o folclórica de la India. Pocos se atreven a tender un puente que nutra esta experimentación tan poco explorada hasta ahora; algunos lo han hecho en el terreno de la música clásica, pero muy pocos todavía lo han hecho empleando el lenguaje del jazz. 

Uno de los pocos trabajos de este estilo híbrido está firmado por un artista del subcontinente, el guitarrista Aditya Balani, quien, tras haberse graduado en el Berklee College of Music de Boston, volvió a la región de la capital de India y fundó, junto con su hermano Tarun, la Global Music Institute. Su disco de jazz «Answers» arranca con un tema de guitarra titulado «Bandish». Su estilo de tocar la guitarra sin trastes evoca al sonido del sarod y está inspirado en la música del norte de la India. El disco finaliza con un tema más rico en instrumentación titulado «Quicksand», que, si bien arranca con un sonido que evoca al Medio Oeste, poco a poco va introduciendo elementos ornamentales propios de la música del sur de Asia. Este tema cuenta con guitarra, viola, trompeta, bajo, batería y piano y es el resultado de una colaboración internacional de músicos de cuatro países incluyendo tres músicos de India. Por otro lado, «Mirrors of Time», cuya ornamentación modal tiene ciertos aires flamencos. 

Otros experimentos musicales a caballo entre el jazz y la música folclórica del Sur de Asia se dan en los temas arreglados para el famoso programa televisivo Coke Studio de Paquistán (patrocinado por Coca Cola) que reúne a músicos locales y extranjeros y produce grandes éxitos con letras en rajastani, urdu o persa que gustan tanto dentro de Paquistán como al otro lado de la frontera. De hecho, India intentó crear su propia versión del Coke Studio sin conseguir el mismo nivel de éxito; Un ejemplo de un enfoque jazzístico es el tema «Laili Jaan» de las primas Zeb y Haniya, que arranca con un solo de rabab y luego continúan con un despliegue de instrumentos muy jazzísticos que evoca un sonido a caballo entre el Dixieland y la música balcánica ornamentados con instrumentación de cuerda autóctona. 

En una línea parecida y explorando nuevos terrenos es el trabajo de la pianista Charu Suri «The Book of Ragas». Nacida en el sur de India y residente de Nueva Jersey, Charu Suri cuenta con formación en música clásica occidental y posteriormente descubrió el jazz. La mayor parte de su carrera musical ha girado en torno a la música tonal occidental, pero la nostalgia por la cultura tradicional india marcada por su diáspora la ha llevado más lejos en la experimentación modal siguiendo los pasos iniciados décadas antes por Miles Davis y trabajando en un sonido peculiar y totalmente fresco. The Book of Ragas muestra el trabajo de un conjunto de jazz liderado por Suri al piano acompañando a la vocalista sufí Apoorva Mugdal, la cual canta melodías tradicionales de la música sufí o qawwali, pero en lugar de estar acompañada por los habituales instrumentos de esta tradición musical, lo está por un conjunto de instrumentos empleados habitualmente en otros registros musicales. El contraste entre los microtonos de la vocalista y la “pureza” tonal del piano o el cello producen un estilo muy original. La impronta del jazz en el sonido de Suri convive igualmente con la influencia de la música clásica occidental. El trabajo de Charu Suri tiene antecedentes en las colaboraciones internacionales que hizo el vocalista más legendario de música qawwali, Nusrat Fateh Ali Khan. Pero sigue siendo, por lo general, un terreno muy poco explorado. 

El trabajo de Charu Suri ha visto la luz el mismo año en que el trabajo más ambicioso del pianista Tigran Hamasyan haya abierto las puertas de la música folclórica del Cáucaso al repertorio del jazz. Tigran Hamasyan es otro fenómeno de la Diáspora “cualificada” de gente joven de países de Asia que emigra al Reino Unido o al Nuevo Mundo para estudiar y hacer carrera profesional, del cual la madre de la futura vicepresidenta de EEUU es también un buen ejemplo. Entre estas minorías destaca la diáspora india por número y por la relevancia profesional de algunos de sus integrantes. Forman parte de esta ilustre diáspora artistas como Zakir Hussain, residente en EEUU o Anoushka Shankar, en Londres.

Estas minorías dan color y diversidad al panorama cultural de los países donde se asientan. Su influencia en la gran Babilonia que es el mundo actual irá aportando más y más innovación en el sonido del jazz, al igual que en España lo están haciendo muchos músicos de flamenco que se aproximan al jazz y a otras músicas

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