Columbia
Historia

Columbia y “The walking eye”: historia de un símbolo eterno

El primer vinilo de jazz que tuve en mis manos fue el “Kind of blue” de Miles Davis. Un regalo que, por inesperado y deseado a la vez, hizo que se me saltaran las lágrimas. Todo un anticipo de lo que vendría cuando lo reproduje en mi primer tocadiscos para principiantes; un equipo frente al que he pasado cientos de horas viendo girar determinados discos y donde uno termina fijándose en detalles del formato que antes habían pasado inadvertidos.

Uno de ellos es la impresión en la galleta del propio vinilo (la etiqueta entre el agujero central y los surcos). En mi pequeña colección esta copia del “Kind of blue” no es la que más destaca por su antigüedad, pero sí me parece una reproducción bastante fiel de la tan cotizada versión estéreo CS8163 de Columbia (“el Santo Grial” para los amantes de los vinilos de jazz, como lo han bautizado algunos coleccionistas). Lo que más me llamó la atención aquel día fueron los seis símbolos idénticos y ovalados que decoraban la etiqueta central en forma de semicírculos.

Ahí quedó todo hasta que unos pocos años después, en una tiendecita de intercambio y venta de vinilos de segunda mano en Gante (Bélgica), adquirí una copia con una funda hecha polvo pero con sonido espectacular del “Red hot and cool” del cuarteto de David Brubeck, también de Columbia. Ya en la tienda, mientras la chica propietaria del local me permitía probarlo antes de decidirme a comprarlo, me encontré de nuevo frente a los seis óvalos que tanto me llamaron la atención en el “Kind of blue”. Pagué mi disco y me fui a casa, al sur de los Países Bajos por aquellos tiempos, decidido a investigar los detalles de ese símbolo… y resultó que hay toda una historia muy interesante alrededor del mismo, sólo para verdaderos nostálgicos del vinilo.

Columbia y Neil Fujita: el arte al servicio de las ventas

Aunque hay una teoría bastante plausible que apunta en una dirección distinta (unos párrafos más adelante la descubriremos), está implantado en la historia de Columbia que el logotipo que nos ocupa fue creado por Neil Fujita para la compañía en 1954. Estadounidense de padres japoneses, Fujita se incorporó como diseñador gráfico en ese mismo año para trabajar junto al también diseñador Alex Steinweiss, con el objetivo de desarrollar portadas para las grabaciones que resultaran atrayentes para el público.

Las estupendas impresiones que el sello Blue Note estaba sacando en esos años también fueron un aliciente para que Columbia no escatimara en este tipo de trabajos: el básico pero hipnótico dibujo del “Jutta Hipp with Zoot Sims”, el boceto en el 1537 de Lou Donaldson o el picassiano “Mellow the mood” son sólo algunos ejemplos de lo que la productora de la nota azulada ya innovaba por aquella época.

En este sentido Columbia tomó ventaja al poco de la incorporación de Neil Fujita a sus filas, y se puede afirmar que, junto a Steinweiss, puso las bases del “cover art” por introducir por primera vez trabajos de pintores, ilustradores y fotógrafos en las portadas de los álbumes. Tanto es así que muchas de las imágenes de las portadas de míticas grabaciones como el “Take Out” de David Brubeck o el “Mingus Ah Um” de Charles Mingus, se han anclado a nuestro cerebro de manera permanente, quizá por el impacto que supone su visualización por primera vez. Neil Fujita también fue el creador de portadas legendarias como la oscura a la par que deslumbrante que presenta el “Round about midnight” de Miles Davis.

Recordemos que de la CBS (“Columbia Broadcasting System”, la propietaria de la marca Columbia), nace el primer LP en 1948 ideado por el húngaro Peter Goldmark, y por tanto no podía quedarse atrás en ninguna carrera que estuviera relacionada con el mundo del “long play” de la época. Tampoco en la artística.

Por tanto es este logotipo modernista de Columbia ideado por Neil Fujita y conocido comúnmente como “walking eye”, el que comienza a introducirse en las publicaciones musicales. Hasta ese momento la simbología usada por la compañía era algo francamente difícil de identificar con la marca, al menos en los vinilos: en la parte inferior del mismo y sobre las iniciales «LP» rodeadas por un círculo se representaba de forma casi diminuta el símbolo de las «notas mágicas» (una semicorchea en un círculo) y otro círculo a su lado con un micrófono y las iniciales de la CBS.

Logotipo de Columbia en el periodo 1938–1954 frente al nuevo y flamante “walking eye”, que a día de hoy sigue usando la compañía aunque en diferentes versiones

Según el propio diseñador, con este nuevo logotipo ovalado pretendía representar la aguja sobre los surcos de un vinilo, pero tanto por su aspecto como por el desconocimiento generalizado sobre su verdadero significado, adquirió el nombre «walking eye» en la jerga musical de productores, editores e ingenieros de sonido: realmente parece un ojo con dos piernas dispuestas a  caminar.

Algunas teorías hacen referencia a que este diseño, en parte, está relacionado con el negocio principal de la CBS en la televisión a través de la representación directa del famoso “ojo” de la marca principal al que Neil Fujita simplemente añadió dos líneas en la parte inferior. Incluso existe alguna conjetura conspiranoica que añade más controversia (y cierta comicidad) a este tema, asociando el símbolo al ojo de la secta Illuminati.

También hay un descubrimiento reciente de un aficionado estadounidense que deja fuera de la ecuación a Fujita: el hallazgo de documentos contemporáneos al momento de la  incorporación del artista a la Columbia, en los que ya aparece el “walking eye” (o algo parecido), lo que desacreditaría su autoría. Por ejemplo, en este de febrero de 1954:

Si Fujita se incorpora a la compañía en 1954, parece poco probable que en febrero de ese mismo año la letra “O” de la palabra “Columbia” que aparece en la parte superior de esta edición de “The Billboard”, fuera ideada por él. Puede que se trate de una coincidencia del destino, o que él ya lo hubiera visto antes en alguna de estas publicaciones y se apropiara oficialmente de él cambiando algunos trazos. Nunca lo sabremos.

Sea como fuere, tal fue el gancho que tuvo este nuevo diseño que incluso a día de hoy, casi 70 años después de su creación, Sony Music Entertainment (el resultado de innumerables fusiones discográficas entre compañías que incluyó a Columbia Records en su momento), sigue editando álbumes con el nombre de Columbia y el conocido logo “walking eye”. Y así se encarga de recordarlo Sony en sus ediciones: COLUMBIA and the «Walking Eye» Design are registered trademarks of Sony Music Entertainment”.

Vinilos “six eyes”: los detalles que sí cuentan para un coleccionista

Desde que Columbia comenzara a usar este símbolo en todos sus LPs, el formato y disposición del mismo varió significativamente dependiendo de la época (siempre tomando como referencia las ediciones estadounidenses, ya que en Europa también hubo innumerables variaciones).

Así, hasta el año 1961 el sello imprime tres ojos a un lado de la etiqueta y otros tres al lado opuesto, formando dos semicírculos. Un total de seis ojos (los “six eyes” de los que hablaremos más adelante) que adornan ambas caras de sus vinilos y que son el denominador común del formato LP; todo ello con innumerables variaciones en el resto de la etiqueta: desde el uso de diferentes fuentes tipográficas y colores en primer y segundo plano, hasta su combinación con los textos “COLUMBIA”, “STEREO FIDELITY”, “LP” o “CBS”.

Es a partir de 1962 aproximadamente cuando Columbia introduce cambios bastante significativos en las etiquetas de sus vinilos: quizá el más visual sea la impresión de dos ojos en lugar de seis, uno a cada lado encerrados en sendos rectángulos que anteriormente no existían. Por otro cambia la tipografía de la marca, pasando de una fuente clásica “serif” a la “sans-serif” menos ornamentada; también modifica ligeramente el diseño original del ojo de Neil Fujta, introduciendo 3 anillos concéntricos en su interior.

Por estas fechas, en Europa, Columbia cambiaba su imagen corporativa debido a las malas relaciones con su distribuidora, Philips. Esto derivó en que la primera decidiera tener presencia propia en el viejo continente, y dado que el nombre “Columbia” no podían usarse en Europa al estar EMI operando la Columbia Graphophone Company, la nueva marca se conoció como “CBS records”. Por tanto en las ediciones no estadounidenses, el logotipo suele venir acompañado de las iniciales CBS.

Un dato aún más curioso si cabe que toda esta historia en torno al símbolo se refiere al uso del texto “360º SOUND” en las etiquetas de los vinilos. Un texto que se usó por Columbia tanto en las ediciones mono como en la estéreo, lo que llevó en su momento a preguntarse a muchos ingenieros de sonido de la competencia, no sin cierto sarcasmo, cómo era posible que el sello pudiera garantizar un sonido envolvente en una edición monoaural.

Finalmente, a partir de 1967 el diseño de la etiqueta cambia completamente al conocido como “Columbia-all-around”, relegando al símbolo del “walking eye” a un segundo y reducido plano entre el texto circular en la parte exterior, y dotando al nombre de la compañía de la importancia que algunos pensaban había perdido con los años, con un tamaño de fuente mayor y color más llamativo. Las ediciones de dos ojos quedan desde entonces exclusivamente para reediciones, en las estéreo dejan de encontrarse hacia 1970 y las mono en torno a 1972

Hasta el infinito

En torno a todo este etiquetado de los vinilos de Columbia y por muy extraño que pueda parecer, existe una comunidad de coleccionistas enorme, dedicados en cuerpo y alma a atesorar en sus estanterías los vinilos con el sonido más cercano al original, y que en muchos casos no tiene por qué ser el de la primera edición. Está extendido entre los expertos de este mundillo tan particular, que las copias “six eyes” suelen presentar menos distorsiones que las “two eyes”. También suelen tener un sonido más” transparente”, con mayor detalle en las frecuencias de los extremos.

El coleccionismo de este tipo de vinilos puede ir aún más allá si cabe, introduciendo una variable que daría para completar un nuevo artículo: el marcado en el deadwax (o “run-out area”, el espacio entre la etiqueta y los últimos surcos del vinilo). En los LPs de Columbia pueden leerse en esta zona unos códigos, inicialmente rallados a mano sobre el plástico, y que terminan en un número y una letra (por ejemplo, 1C, 2D, etc.), siendo el “1” normalmente el primer corte maestro de la galleta. Y digo normalmente porque se sabe que en ocasiones, debido a que la producción física de los vinilos se realizaba en varias fábricas, los códigos de corte no corresponden realmente a lo indicado en ellos, lo cual complica aún más la obtención de una grabación realmente original y, lo que es peor, potencia el mercado negro de falsificaciones que se aprovecha de los coleccionistas más inexpertos.

Como supondrán, un vinilo “six eyes” con un “1” en su deadwax puede transformarse en un verdadero incunable para un coleccionista aficionado a la música. Un “Santo Grial”, como indicaba anteriormente…

Para finalizar con este artículo les dejaré con la reflexión del famoso director de orquesta japonés Seiji Ozawa, que realiza en el libro “Música, sólo música” sobre los coleccionistas de discos: “No pretendo ofender a nadie, pero la verdad es que nunca me han gustado esos maniáticos coleccionistas de discos, gente con mucho dinero, con equipos de sonido estupendos, que no dejan de añadir discos y más discos a sus colecciones. […] Sin embargo, la mayor parte de la gente que posee esas colecciones suele estar muy ocupada y apenas tiene tiempo de escuchar toda esa música”.

Parte de razón no le falta, este mundo del coleccionismo de objetos tan particulares y únicos tiene mucho de “postureo” y poco de verdadero interés musical. No obstante, ¿de verdad se resistiría un aficionado al jazz a poseer en sus vitrinas una primera copia auténtica del “A love supreme” de Coltrane o del “Kind of Blue” de Miles Davis? Yo tengo clara la respuesta. ¿Y usted?

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