Malaya McGraven
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Makaya McCraven: ética y estética universal, sonido con identidad propia

Makaya McCraven es un artista y fenómeno de nuestros tiempos; millenial, parisino y americano, hijo de una pareja interracial e intercultural en el que la impronta cultural de ambos progenitores genera una identidad cultural nueva, consciente. Si hubiera nacido en un país de habla hispana se habría llamado «Makaya McCraven Zsigmondi», poniendo de relieve su doble origen americano y centroeuropeo, su mestizaje. Padre y madre se conocieron en París, ambos músicos emigrados. Paris seguía siendo en los años 80 una meca musical donde el intercambio cultural y las músicas del mundo eran bien apreciados, y por tanto, un lugar atractivo al que emigrar para Steve McCraven o Agnes Zsigmondi.

La infancia de Makaya tuvo esa particularidad de crecer rodeado de artistas de renombre del jazz y canciones de cuna del Este de Europa. Su historia es también paradigmática en tanto que refleja la importancia que tiene el ambiente hogareño como “caldo de cultivo” para gestar las dotes del artista, sin decir con ello que el esfuerzo formativo sea necesariamente más ligero que otros casos “menos privilegiados”.

Este artista no se ha casado con ninguna etiqueta y huye de forma consciente de ser encasillado como «músico de jazz», prefiriendo considerarse un músico en formación continua. Autodenominándose «beat scientist» (científico del compás, podríamos traducir) Makaya es un estudioso del universo rítmico y sonoro y un aficionado a la producción musical como medio de expresión, sin limitaciones ni fronteras estilísticas.

Su carrera musical ha tenido etapas diferentes. Desde muy joven acompañó a la batería el trabajo de folk de su madre, introduciendo en estas sesiones a otros amigos y colegas también activos en la música. Paralelamente exploró el terreno del hip hop en compañía de otros tres colegas del instituto con la banda «Cold Duck Complex».

En su etapa adulta, Mccraven también ha tenido su período de coqueteo con el «modern jazz» para finalmente aterrizar en un espacio propio de experimentación sin etiquetas capaces de definir completamente lo que ocurre en su trabajo, fruto de su experiencia vital y herencia cultural, así como de su visión y aspiraciones cosmopolitas.

Este nuevo sonido surge tocando junto a músicos de jazz de cuatro importantes capitales: Chicago, Los Ángeles, Nueva York y Londres. Algunos de los que figuran entre sus colaboradores también están en un proceso de ebullición creativa que está dando mucho que hablar, como es el caso de los de la nueva escena de Londres, artistas como Shabaka Hutchings, Nubya Garcia o Ashley Henry.

En este artículo intentaré describir el nuevo sonido de Makaya McCraven, que ha tenido un impulso creativo importante en los últimos tres años, culminando con álbumes en los que su papel trasciende al de músico y se complementa con el de productor, una doble faceta en la que la precisión del ingeniero se funde con la imaginación del artista.

We’re New Again, a Reimagining by Makaya McCraven

Con el trabajo «We’re New Again, a Reimagining by Makaya McCraven» la ingeniería de sonido es asombrosa. Cuando lo escuché por primera vez no era consciente del tiempo que Gil Scott-Heron llevaba muerto. Su nombre apenas me sonaba, y fue a raíz de escuchar este trabajo que empecé a investigarle mejor y escuchar algunos de sus temas más aclamados, como el de «The Revolution Will not Be Televised».

Me sorprendí al ver que esta no es una colaboración al uso entre dos artistas, sino un ejercicio magnífico de manipulación de las grabaciones. El trabajo de McCraven en este disco de 2020 reviste los temas de «We’re New Here» con una interpretación musicalmente más profunda y efectiva que el ejercicio austero que hizo originalmente el artista poco antes de su muerte. El resultado es sin duda atractivo al oído de los aficionado/as a las músicas afroamericanas, con unos arreglos y una complejidad rítmica desarrollados por Mccraven que subrayan muy bien la letra escrita e interpretada por Gil Scott Heron.

Universal Beings

En 2018 Makaya Mccraven publicó «Universal Beings», consolidando con este disco la trayectoria iniciada en trabajos anteriores en los ya que aparece el sello diferenciador de Mccraven, gravitando sobre un sonido nuevo, fresco, urbano, cool.

Un sonido basado en instrumentación orgánica, pero manipulado en la producción, con loops que hacen que el producto acabado, es decir, el disco o el flujo de música comprimida que suena en la plataforma de streaming, tenga identidad propia como objeto artístico. «Universal Beings» (2018) y  «Universal Beings E & F Sides» (2020) tienen pinceladas de jazz y de bases del hip-hop, pero también evocan de algún modo a otras músicas experimentales como la música dodecafónica, el minimalismo americano o las primeras experimentaciones en el terreno de la electrónica de figuras como Karlheinz Stockhausen.

«Universal Beings E & F Sides» se publica en 2020 a raíz de las sesiones organizadas para grabar el documental producido por el sello discográfico de Chicago «International Anthem», el mismo que firma la mayor parte de la discografía de Mccraven. El objetivo del trabajo audiovisual es describir el recorrido artístico de este artista y su forma de trabajar.

En ese trabajo audiovisual, disponible en YouTube, se documenta el resultado de las sesiones con los músicos con los que colabora en las cuatro ciudades anteriormente mencionadas. La idea central es volver a tocar con ellos y ver qué ocurre en el momento del encuentro, qué vibraciones surgen y registrarlas con el micrófono colocado en el centro del espacio en el que tocan.

Los encuentros empiezan sin una dirección fijada, sin determinación rítmica, un paralelismo interesante con la primera parte de una interpretación tradicional de la raga en la música clásica india, el «Alap». El caos sonoro fluye hasta que la inspiración llega a algún músico del conjunto y el equipo de instrumentistas comienza a seguir esa dirección y esa energía generada en el estudio.

Los instrumentos incluidos en estas jam sessions son variados, incluyendo instrumentos como el violín eléctrico o el arpa, además de otros más comunes en los «ensembles» de jazz. Esta forma de trabajar nos recuerda lo efímera que es la música improvisada en directo, y cómo la contextualización de esta materia efímera a través de la edición posterior del sonido grabado crea algo diferente, que no es exactamente aquello que sonó en el estudio, sino una “manipulación genética” del duende evocado durante la jam. Los comienzos caóticos no se registran en el álbum producido a raíz de estas sesiones y apenas se entrevén en el documental editado.

«Universal Beings E & F Sides» no contiene versiones de los temas del disco cuasi-homónimo de 2018, tiene nueva nomenclatura para nuevos paisajes sonoros.

En el momento de escribir este artículo apenas me siento en el comienzo de la exploración del trabajo de este artista. Sin segunda ola de SARS-COV-2 congelando la actividad cultural en Alemania, a día de hoy ya le habría visto en directo y podría contaros cómo se desenvuelve Mccraven en el escenario de un club de jazz. Pero habrá que esperar a la primavera que viene para poder tener la oportunidad de verlo.

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Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

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