Jammin' the Blues
Cine, Otros

Deconstruyendo “Jammin’ the Blues”, la primera película de la historia del jazz

Muchos sabéis que nos encanta descubrir cómo el jazz ha ido haciendo suyas otras expresiones culturales, como los libros, el arte o el cine. Son muchas, muchísimas las películas en las que el jazz o forma parte de la trama principal o actúa como invitado de lujo. Sin ir más lejos en “Soul”, la última maravilla de Pixar, el protagonista es un músico de jazz.

Y es cierto. En Caravan hemos dedicado de vez en cuando espacio a algunas de esas películas que nos han hecho disfrutar al ritmo de nuestro estilo musical favorito. Raquel Rodríguez, por ejemplo, recomendaba hace muy poco sus títulos “jazzísticos” favoritos en estas páginas.

¿De qué no hemos hablado sin embargo? (error nuestro que nos ponemos a subsanar ipso facto) De Jammin’ the Blues la primera película de la historia en la que el jazz cuenta con un papel protagonista. Filmada en 1944, la primera vez que el jazz saltó a la gran pantalla lo hizo por la puerta grande, ya que además de cosechar buenas críticas, fue nominada a un Oscar (en en categoría de mejor corto).

La película contaba con la producción (y el apoyo financiero) del histórico Norman Granz, fundador de Verve Records y la distribución de Warner. Con una duración de solo 10 minutos, Jammin’ the Blues no tenía en realidad muchas pretensiones más allá de capturar el espíritu de libertad creativa que se vivía en las Jams de la época.

Jammin' the Blues

Pero más allá de su premisa inicial, deslumbra por los músicos que se colocaron frente a la cámara para la ocasión: George “Red” Callender, Harry Edison, Sidney Cattlet y sobre todos ellos, Lester Young. Es precisamente Lester Young, tocado con su característico sombrero, el primero que se nos muestra en pantalla, mientras se prepara para atacar su saxo. Antes de empezar, una voz en off recita lo siguiente:

“Esto es una Jam Session. A menudo, sus invitados se encuentran, tocan y viven la música Hot. Podríamos decir que es una sinfonía de media noche”

Las siguientes escenas nos muestran a la banda de Lester Young tocando sobre el escenario, desde distintos planos. Ahora vemos a una mujer cruzándose frente a la cámara, ahora un piano y de repente, el escenario cambia: sobre un fondo neutro, Marie Bryant canta acompañada por Callender al contrabajo. Volvemos a la escena principal. Lester Young, que ha dejado de tocar, esta fumando un cigarro. Bryant deja de cantar y la banda entra de nuevo con un fraseo melódico, suave, casi hipnótico.

Cuando a los seis minutos, concluye el tema, la cámara enfoca la batería, en la que Sidney Cattlet comienza un solo enérgico con el que da pie al resto de la banda. Las imágenes de Young comienzan a multiplicarse y a superponerse unas sobre otras, como en un laberinto de espejos, y así ocurre con el resto de miembros de la formación. Una pareja baila sobre la música. Se suceden los primeros planos y tras un espectacular solo de Young, la película finaliza envuelta en un aire de misterio.

Dirigida por Gjon Mili(fotógrafo albanés que se había instalado en Estados Unidos en los años ’20 y conocido retratista de jazzmen), este pequeño documental pertenece en realidad a una serie de actuaciones de jazz que fueron capturadas en estudio por Robert Burks, conocido entre otras cosas por su trabajo en muchas de las grandes películas de Alfred Hitchcock (desde “Extraños en un tren” a “Marnie, la ladrona”).

Tal y como dijo en su momento el famoso crítico de cine, José Luis Guarner, esta cinta “es una miniatura, sí, pero una miniatura excepcional, que, en su estilo, no ha sido superada y que los más sofisticados videoclips de hoy envidiarían”. Si estás interesados en ver esta maravilla de la historia del jazz, podéis hacerlo en Youtube en este enlace.

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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2 thoughts on “Deconstruyendo “Jammin’ the Blues”, la primera película de la historia del jazz

  1. Francisco Javier x says:

    Tremendo, no lo conocía. Un gran corto, no solo no ha envejecido nada mal, sí no que podría encajar en estos tiempos, sin desmerecer en absoluto.
    Una pequeña joya.

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