Es personal

Mi afición por el jazz deconstruida en playlists

Escuchar a través de playlists es a veces como hacer una especie de cata a ciegas. Escuchas un tema que has metido en algunos casos tras solo 45 segundos de prueba y en otros casos tras haber escuchado el disco de un artista por completo y haberlo diseccionado en diferentes playlists. Luego pasa el tiempo y vuelves a escuchar. Ahí la escucha va sin sesgo de otros factores, ni el tema está viciado por el orden habitual del disco, que al escuchar álbumes completos se memoriza.

Pero tampoco es siempre la escucha es a ciegas, y eso lo sabemos todos. Hay artistas con un estilo tan marcadamente propio o que conoces tan bien, que los reconoces inmediatamente. La playlist permite esa mezcla de reafirmación y sorpresa.

Clasificar la música en playslists se ha convertido en uno de mis hobbies fáciles y favoritos en los últimos años. Empecé haciendo playlists “serias” basadas en lecturas importantes del tipo Historia del Jazz, Ted Gioia… Y poco después otras dedicadas específicamente a explorar las músicas vernáculas de India, donde viví 5 años. El ritmo de trabajo de aquel tiempo me obligaba a veces a dejarme en las manos de Spotify para hacer escuchas en las horas laborales a través de la herramienta de “descubrimiento semanal”, pero desde que me mudé a Alemania y descubrí la revista alemana Jazzthing y empecé a tener más a mano la música occidental en directo, he tenido muchos otros recursos para organizar mis escuchas a mí manera y nutrir mis playlists de artistas y temas.

Ahora bien, muchas de las costumbres ya venían de antes. Una de ellas, que ya se ha consagrado como una especie de ritual, es la creación de una playlist por cada estación del año, cuatro al año, cada año. Sin tampoco entrar en rigideces absurdas, tengo una tendencia muy particular por asociar el bebop y el swing al otoño y al invierno, el jazz moderno con la primavera y el jazz latino con el verano. La cosa no es tan simple y las fronteras entre géneros se difumina en las playlists creando cócteles musicales “de temporada” con diferentes aliños. Desde que escribo en Caravan, además, suelo estar más pendiente de las novedades, por lo que mis playlists de temporada combinan en ocasiones últimos lanzamientos con temas clásicos.  

Pero este “arte” de crear sesiones musicales equilibradas no se limita a la manía de crear las cuatro playlist de las estaciones del año. También tengo colecciones a las que recurro periódicamente en particulares estados de ánimo y especialmente en particulares momentos meditativos. Clasificar la música con esta libertad que actualmente tenemos es un recurso muy potente para contemplar la música desde nuevo ángulos sin estar limitada por la rigidez del álbum.

Hacer playlists puede tener una motivación educativa y otra más puramente hedonista. Yo suelo tirar hacia lo segundo. Combinar la música de diferentes artistas y subgéneros y crear una sesión de reproducción equilibrada es un placer que luego se puede disfrutar en compañía de otros, en soledad, acompañada de un buen vino o un buen café, según lo que pida el momento.

Otro tipo de playlist que disfruto mucho haciendo es crear una sesión musical específica para una fiesta determinada. Tienes la lista de invitados y tienes en mente el tipo de velada que va a ser. Ya solo queda que esté bien amenizada con la música adecuada que induzca a que la gente hable más o baile más, según cómo sean y qué se tercie mejor en cada momento.

Y también están ese tipo de playlists que te ayudan a explorar subgéneros específicos, una serie de artistas determinados o un momento histórico concreto, haciendo que la música te transporte a otro lugar o a otro tiempo con su poder evocador, reforzando el halo envolvente de la imaginación estimulada por diferentes medios.

Algunas selecciones peculiares

Estas son seis de mis playlists más conseguidas, creo yo, como aficionada al jazz y a la música moderna, y cuyas historias están cargadas de pinceladas anecdóticas:

Cooler than jazz: arrancó en uno de mis momentos más “californianos”, influenciada en parte por los compañeros con los que vivía en aquel momento, que trabajaban a caballo entre San Francisco y Nueva Delhi y el ambiente que se respiraba en esa casa que compartíamos en la capital de India.

Coincidía también con mi descubrimiento del nu jazz de la costa del Pacífico y especialmente de la música de Kamasi Washington, un artista al que escuché mucho entre 2015 y 2018. Es una playlist excepcionalmente larga y que ha seguido creciendo a lo largo de los años incorporando nuevo jazz británico en las últimas etapas.

Weimarer Republik: se puede decir que es en parte un subproducto de la pandemia, pero eso se quedaría muy corto. Creada en un momento de intenso aislamiento y una mezcla de inmersión evasora alimentada por tres fuentes diferentes: la serie de televisión alemana Babylon Berlin, la lectura de un par libros sobre música tanto de corte biográfico como historiográfico y centrados en la República de Weimar y el Tercer Reich y la redacción de uno de mis primeros artículos para Caravan sobre «jazz en tiempos de guerra»

Holidays in Greece: ya se ha convertido en un hábito llevarme la revista Jazzthing en la mochila de viaje. Pero esta playlist nació a la luz de las estrellas en medio del archipiélago de las Cícladas, mezclando capturas de Shazam con la conversación que surgió sobre música con mi compañero de viaje, ya que una cosa venía a cuento de la otra. La playlist continuó creciendo con la lectura en diagonal de la revista alemana en los siguientes días de vacaciones, algunos artículos de Caravan publicados esos días y nuevas capturas de Shazam de mis últimos días en Atenas. Aunque lleve el nombre de Grecia, esta playlist no tiene música folclórica helena, más bien gira en torno a Mulatu Astatke, la figura que surgió en las conversaciones en las Cícladas.

Jazz for a bright day: esta playlist nació poco después de la celebración del Jazz Day de 2021. Coincidieron varias cosas, entre ellas mi fascinación inmediata por Amina Figarova tras haber visto su actuación en Nueva York a través del streaming, de haberme empapado de la música de Giulia Valle tras entrevistarla para este blog, y empezar el monográfico sobre música y género en la historia del jazz en España que estuve escribiendo para esta página por esa época…

Los días soleados – aún frescos – de la primavera alemana combinados con la esperanza de estar en los días del lockdown me hicieron seleccionar temas especialmente luminosos de esa serie de artistas que iban apareciendo en mis conversaciones sobre jazz… Durante un tiempo la selección musical estuvo dominada en exclusiva por mujeres. Desde Elisabet Raspall a Kathrine Windfeld. Sin embargo, tras escuchar a Abe Rábade en directo decidí romper con esa exclusividad de género e introducir algunas piezas de artistas hombres, entre ellas algunas suyas de su disco Sorte, que encajaban muy bien en la luminosidad y color de los temas dominantes en esta playlist.

Blue Note Original: el ojo agudo verá que la playlist no es del todo exacta. No, no lo es porque tiro más al placer de combinar temas para una misma escucha, que a la labor documental a la hora de incluir temas en una playlist. Sin embargo, los temas que dominan esta selección son los mismos que se han versionado en el disco Blue Note Re:imagined firmado por varios artistas, varios de ellos del nuevo jazz británico. Tras enamorarme de aquel disco, tuve curiosidad por escuchar todos esos temas originales. En una tarde de invierno, justo antes de ponerme a hacer la cena, preparé la playlist que me iba a ayudar a experimentar con mi primer risotto. Si escucháis la playlist, ya os podréis imaginar la exquisitez del risotto.

Y por ultimo, Éter… Una playlist que invita a la introspección. Una playlist de música clásica contemporánea, antigua, jazz espiritual y otros subgéneros y experimentos… Pero no es una selección barata al estilo «New Age», sino una playlist de tonalidades clarooscuras y una playlist que ha ido creciendo a lo largo del tiempo a un ritmo pausado, seleccionando precisamente aquella música que suele requerir una escucha más pausada, más atenta.

Las mayoría de playlists siguen creciendo y algunas veces menguando… Es un juego lleno de criterios personales, a veces disparatados, pocas veces estrictamente racionales.

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Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

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