Chano Domínguez
Conciertos

Chano Domínguez y Martirio traen al «Lorca negro» a Cartagena

La universalidad del sentimiento profundo y enraizado en la música, la elegancia de la voz como complemento inevitable del piano. Y viceversa. Martirio ha puesto unas teclas extras en mitad del Steinwey & Sons de Chano Domínguez, él por su parte ha cosido con precisa cirugía una cuerda vocal adicional en la voz eterna de ella. Siempre cómplices, de principio a fin del concierto, en miradas que conspiran para armar acordes que mezclan flamenco y jazz y que erizan con textos que enaltecen el valor del amor verdadero cuando este empieza, también cuando se acaba. Ella de un rojo imponente, tejido sedoso realzado por la negrura de sus gafas y su peineta inmortal; él, sobrio, grisáceo y elegante a juego con su canas humildes y expertas, también a la par de ese instrumento con el que tanto nos ha hecho vibrar este merecidísimo Premio Nacional de Músicas Actuales 2020.

Así se han presentado Chano Domínguez y Martirio en el primer concierto del Nuevo Teatro Circo en esta 40 edición del festival de jazz de Cartagena. Las ganas que tenía la ciudad y su festival de recibirlos habían levantado una gran expectación en su visita. Los azares inescrutables del destino han hecho que, aunque este año Chano y Martirio no estuvieran programados de inicio, finalmente hayan podido volver a una ciudad en la que, según palabras de la propia artista durante el concierto, “se valora mucho la música y los artistas siempre son bien acogidos”. Su presencia en el festival en sustitución de la cantante norteamericana Madeleine Peyroux, quien decidió cancelar toda su gira europea, fue una estupenda noticia para todos. 

Chano y Martirio llegaron con su espectáculo “A Bola de nieve” bajo el brazo, un homenaje al pianista e intérprete cubano Ignacio Villa Fernández, más conocido como “Bola de nieve” y al que muchos bautizaron como el “Lorca negro”. El músico es uno de los iconos del arte latinoamericano, comparable a otros como Chabuca Granda o Antonio Machín. Aunque su carrera profesional se inició como pianista de Rita Montaner, pronto comenzó a mostrar su música por Estados Unidos, Argentina o Perú, incluso en España lo hizo de la mano de Conchita Piquer.

Quizá su consagración llegó tras el concierto de música cubana en el que participó en el año 1948 en el Carnegie Hall de Nueva York, tras el que fue comparado con estrellas como Nat King Cole. Reconocido intérprete en varios idiomas que dominaba, él mismo renegaba de su condición de compositor o cantante, aunque sí aceptaba como propios el sentimiento y la personalidad tan desgarradora y única en las canciones que interpretaba, haciéndolas indiscutiblemente suyas. Tanto llegó su voz al resto del mundo cultural que hasta Pablo Neruda dijo de él que “​​se casó con la música y vive con ella en esa intimidad de pianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo”.

Bola de Nieve

A las 20:05 dio comienzo el concierto con cerca del 100% del aforo completo, en el ambiente cálido y acogedor tan particular del Nuevo Teatro Circo.  Tras un solo frenético de Chano Domíguez sobre el escenario que ha caldeado el ambiente, Martirio y él han repasado el repertorio más interesante del músico cubano Ignacio Jacinto Villa Fernández. Comenzaron estremeciéndonos con un bellísimo “Tú no sospechas” en el que ya se intuía que iba a ser una noche inolvidable para todos. Martirio ha tomado el micrófono y erigiéndose en presentadora improvisada del evento, ha puesto la primera nota simpática del concierto con un repaso de los temas que se iban a interpretar, “dedicados todos ellos tanto a los recién enamorados, a los divorciados y a los que se dicen que se siguen queriendo cuarenta años después de casados”. Y fe de ello han dado los temas “Ya no me quieres”, “Qué dirías de mí” y “Ya no puedo ser feliz”, que nos han erizado la piel en el silencio oscuro del teatro. 

Uno de los momentos más emotivos de la noche ha sido la interpretación de “Se equivocó la paloma” de Rafael Alberti, tema que la propia cantante ha presentado “en defensa de un país que no debería volver a repetir errores del pasado”, en un alegato evidente y necesario a la libertad. Las teclas del piano de Chano han volado sueltas y atrevidas sobre nosotros como esa paloma sobre la que Alberti escribió. 

Ha sido en “Pero tú nunca comprenderás” donde hemos vuelto a percibir con envidia sana la connivencia musical y la admiración ineludible que se profesan ambos músicos, en un alarde de espontaneidad que arrancaba sonrisas furtivas tan cómplices como las notas que se entremezclaban al salir del piano de Chano. “Duerme Negrita” ha sido el tema que ha llevado a Martirio a escenificar uno de los momentos más tiernos de la noche, imitando a la madre de esa “negrita” que no se duerme mientras mece su cuna. El pianista, sin poder esconder la sonrisa de su boca, acariciaba con sus notas a ese bebé con ojos como platos mientras envolvía a la cantante con instintivos solos bien anclados al jazz tradicional en muchos de sus pasajes. Otros temas como “La vie en rose” (interpretado en un francés muy aflamencado) y “Bito Manué” han sacado el lado más animado a una noche que ya tocaba su fin. 

Para terminar y tras una enorme y merecidísima ovación de los asistentes, la pareja se ha despedido de Cartagena con una interpretación estupenda de “El manisero”, que ha conseguido que más de uno termináramos moviendo el esqueleto sobre la butaca y abandonásemos el teatro tarareando los sones de uno de los temas más universales de la música popular cubana.

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Javi Ariola es ingeniero industrial, padre y aficionado al jazz. Defensor a ultranza de Miles Davis y Bill Evans.

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