free jazz - Cecil Taylor
Es personal, Historia

Para el Free Jazz hay que valer

Hace unos días preguntaba en Twitter sobre lo que menos os gustaba del jazz. Por supuesto, las respuestas fueron variadas. Había quien se quejaba de los «solos interminables (y aburridos) que hacen algunos músicos en las jam sessions», el hecho de que «algunos aficionados al jazz son muy pedantes» o los que no disfrutan especialmente de algún instrumento en concreto. También y tal y como esperaba, estaban los que aseguraban no soportar el free jazz.

Y es que las cosas como son: si tuviéramos que nominar a la corriente jazzística que más rechazo genera entre los aficionados, el free jazz se lleva la palma por goleada. Es un rechazo además bastante democrático: se da tanto entre los que comienzan a dar sus primeros pasos en el mundo del jazz, como entre los que llevan enganchados a esta «droga» desde hace muchísimos años.

Y sí, es verdad que hay otros estilos dentro del jazz que como en el caso de la fusión, o del jazz rock, tienen muchísimos detractores, pero es un «rechazo amable», el que se ofrece de forma condescendiente a los perdedores, un «bien jugado, seguro que la próxima semana lo haces mejor». Con el free en cambio, no hay redención posible. Se le condena tanto a priori como a posteriori y solo muy de vez en cuando, aquel que lo odiaba al principio vuelve su mirada al free con la adoración propia de la fe de los conversos. Ojito con estos, que de ahí a no perderse un concierto de piano extendido e improvisación libre solo hay un paso.

Así que y a riesgo de borréis «Caravan» de vuestra carpeta de favoritos y dejéis de seguir en las redes sociales, voy a confesarlo: a mí el free jazz me gusta y mucho. Me gusta por un origen que se inscribe en el movimiento por los derechos civiles; me gusta por ser tan «reaccionario» que llegó a asumir planteamientos cercanos al orgulloso Black Power de la década de 1960 y 1970 y me gusta por ese «a la mierda!» que también gritó nuestro Fernán Gómez. Me gusta por ese cuestionamiento de todo lo anterior, porque tantos hayan dicho que «eso no es música» y algunos que «ninguna forma artística en la historia (y no solamente en la música) ha encarnado, realizado, realzado con una tal intensidad sus apuestas en el ámbito económico, social y político»

Ornette Coleman - Free Jazz
Ornette Coleman

Me gusta porque pocos temas me parecen tan hermosos y desgarradores como el «Lonely Woman» de Ornette Coleman; porque músicos como Pharoah Sanders, Albert Ayler, Anthony Braxton, Sun Ra o Archie Shepp, además del propio Coleman, me parecen auténticos visionarios. Me gusta porque los escarceos que han tenido artistas como John Coltrane o Sonny Rollins con el free, se encuentra entre lo mejor que han producido a lo largo de su carrera. Porque incluso ahora, el free se sigue desarrollando, como demostró John Zorn con el «Spy vs Spy» de 1989, o mucho más reciente el propio Miguel Zenón en «Law Years» (2021).

Claro que no todo el free jazz es bueno, o que puede llegar a ser insoportable. A nadie le recomendaría que escuchase el «Free Jazz: A Collective Improvisation» de Coleman antes de haberse metido antes un par de whiskies en el cuerpo. Y es que como recuerda en el artículo que en JotDown le han dedicado a este álbum«es un disco tan especial, inverosímil y único como para dividir de manera brutal a la audiencia: cuando Free Jazz se publicó, los críticos musicales no fueron capaces de ponerse de acuerdo sobre si aquello era una genialidad o una tomadura de pelo enorme: la revista Down Beat publicó una doble reseña firmada por dos expertos musicales diferentes, uno de ellos calificaba el disco con cinco estrellas. Y el otro con cero».

Estoy incluso dispuesto a admitir que probablemente ese señor de Sigüenza tenía un pase cuando presentó esa demanda a la Guardia Civil para denunciar que lo que estaba escuchando sobre el escenario no era jazz, sino «música contemporánea», algo que como explicitó en la misma denuncia tenía «contraindicado psicológicamente por prescripción médica».

En España, donde al free se le ha expulsado de la mayoría de los festivales (lo más cercano lo tenemos en el «Jazz en Agosto» de Lisboa), hay sin embargo una pequeña pero prolífica cantera de músicos que apuestan por un estilo que sigue resistiendo en los márgenes de lo «políticamente correcto», como Sputnik Trío o Cuarteto Fuerte. No los veréis en grandes eventos, pero os recomiendo que no dejéis de escucharlos.

Me cuesta mucho pensar que alguien que afirme amar el jazz, no sea capaz de darle una más que merecida oportunidad a discazos como el «Out to Lunch» de Eric Dolphy, el «Ascension» de John Coltrane, o al «Unit Structures» de Cecil Taylor, entre muchos otros. Y sí, os lo concedo, para el free jazz como para casi todo, hay que valer.

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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One thought on “Para el Free Jazz hay que valer

  1. Interesante entrada y tremenda la anécdota de Sigüenza (no la había leído, sorry).
    Creo que para cada artista, cada instrumento, cada disco e, incluso, para cada estilo hay un momento. No siempre estás abierto a escucharlo todo.
    A veces, el piano te arrastra a la melancolía, la trompeta te mortifica estridente y el saxo… el saxo te suena demasiado a Kenny G.
    En mi caso, para escuchar Free Jazz necesito estar en un momento de clarividencia intensa o un buen aporte de Whisky.
    Buen artículo.
    Un abrazo.

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