Second Line
Conciertos

Live in Jazz Vitoria 2022 (III)

Resulta sorprendentemente fácil adaptarse a una ciudad como Vitoria. Si el día anterior habíamos tenido la oportunidad de disfrutar a medio día del concierto del North Coast Quintet, en el que sería nuestro último día en la ciudad norteña aprovechamos para asomarnos a Jazza Parkean o lo que es lo mismo, el programa de jazz en el Prado en el que vimos al Combo Conservatorio Jesús Guridi y el Combo Musikene. Un aperitivo para nuestra última jornada en la ciudad y con el que «hicimos hambre» antes de disfrutar de los tres últimos conciertos a los que asistimos este año. 

Kassa Overall

Alumno de Elvin Jones y colaborador de Geri Allen, Steve Coleman o Dee Dee Bridgewater, resulta tremendamente complicado clasificar en una categoría concreta al baterista, MC y productor Kassa Overall. Su música transita entre el jazz de vanguardia, la música electrónica y el hip-hop y en su último disco «I Think I’m Good» le acompañan músicos como Vijay Iyer, Aaron Parks o Sullivan Fortner.

Y sin embargo, esto es casi lo de menos, porque estoy convencido que tu visión de la música y del jazz cambia cuando ves a Kassa Overall en directo. Y es que lo que comenzó siendo poco más que una performance, con un Kassa abusando del reverbe, el saxofonista Tomoki Sanders tocando y saltando vestido de princesa oriental y el percusionista Bendji Allonce riéndose de la cara de estupefacción que ponía el respetable, acabó convirtiéndose con el paso de los minutos en uno de los grandes conciertos que se recordarán en Vitoria durante los próximos años.

Dotado de una técnica como batería maravillosa, Kassa jugueteó con el free jazz, la música electrónica, los sonidos persuasivos de timbales que en ocasiones sonaban a oriente, para después volverse latinos…pero es que además demostró que es capaz de rapear con gran soltura e incluso cantar si lo exige el espectáculo. 

A mitad de concierto, el artista se había metido a todo el público en el bolsillo, consiguiendo que dieran palmas, patadas en el suelo, hicieran la ola y cantaran. Todo ello enmarcado en una coreografía musical que llama directamente a ese jazz de vanguardia que llama con cada vez más insistencia a nuestras puertas.

Theon Cross

Tras salir del teatro y antes de dirigirnos a Mendizorroza, nos recordaron que estaba a punto de salir de la Virgen Blanca una Second Line que llevaba nuestra misma dirección, así que nos pareció una idea estupenda esperar su llegada y seguir su camino bailando en la retaguardia. 

A los pocos minutos de llegar al pabellón deportivo, comenzaría el concierto de Theon Cross, al que estábamos deseando ver después de que hace unos meses los enormes «Sons of Kemet» liderados por Shabaka Hutchings anunciasen que se separaban.

Nacido en los «Tomorrow’s Warriors» de Janine Irons y Gary Crosby, Theon Cross ha conseguido hacer lo que casi nadie ha hecho el mundo del jazz: convertir la tuba en el centro de un proyecto musical.

Tan grande era la tuba con la que llegaba Cross a Vitoria que prácticamente no se le veía la cara, lo que sumado al gran peso del instrumento y al calor que hacía en Mendizorroza a esa hora, a parte del público le costaba entender cómo el músico no sufría una lipotimia y caía fulminado en cualquier momento.

Y con todo resultaba fascinante verle moverse de forma atlética, emitiendo sonidos graves, distorsionados y etéreos, que al rebotar contra las paredes y techo del recinto servían de colchón para el saxo de Chelsea Carmichael, el guitarrista Nikos Zarkias y el batería Patrick Boyle. Comprometido con sus orígenes jamaicanos, la música de Cross transita entre la alegría del reggae, las formas carnavaleras de Nothing Hill y un jazz «oscuro» que tiende hacia el ensimismamiento.

El show brilló especialmente con el saxo de Carmichael, que supo realzar el sonido psicodélico de una tuba que aunque impresiona por momentos, en conjunto resulta algo monótono y limitado y del que nos preguntamos a dónde podrá llegar en futuros proyectos. Con todo, un auténtico espectáculo.

Robert Glasper

Si hay alguien en el mundo del jazz al que no se le pueden poner etiquetas es a Robert Glasper. Desde que en 2021 publicase su primer «Black Radio», el pianista y productor texano está demostrando que no hay límites dentro no ya del jazz, sino de las distintas músicas negras.

Explica Glasper que el jazz no puede ser una foto en blanco y negro en la que siempre veamos a los mismos artistas (Monk, Parker, Davis, Coltrane…) sino que hoy en día es una foto en color en la que ocurren muchas cosas. Y desde luego, muchas cosas ocurrieron en Vitoria en un concierto en el que presentaba «Black Radio III».

A lo largo de la actuación Glasper dejó patente su mezcla de estilos, con predominio del hip-hop, jazz, neo-soul y música electrónica, destacando en este terreno el trabajo de un Jhai Sundance que como DJ, trajo a la arena vitoriana las voces de artistas que, como Jill Scott, han colaborado en este disco. 

Maravillosa también la interpretación de Chris Dave a la batería, en la que merece la pena destacar su continuo diálogo con un Glasper, que sin ser un virtuoso del piano, sí que tiene una tremenda capacidad de crear atmósferas casi mágicas…que puede aprovechar para hacer guiños al «Smell Like a Teen Spirit» de Nirvana o animarse a cantar el «A Love Supreme» de John Coltrane.

El momento álgido del concierto llegó con la aparición de Kassa Overall en el escenario, animando a rapear al propio Glasper (no lo hace nada mal) y poniendo al público en pie…para después sentarlo con una maravillosa versión del «Ain’t Misbehavin'» de Fats Waller.

Si algo podemos reprochar al americano es tal vez un concierto excesivamente corto (poco más de una hora)… que tal vez pudiera haber alargado más si no hubiese comprobado cómo casi la mitad de los espectadores de la zona de abonados iba abandonando progresivamente el concierto, incapaces de conectar con la propuesta del artista. Ocurre en algunos festivales que muchos espectadores no tienen muy claro con qué se van a encontrar cuando llegan a la sala y esperando escuchar el mismo jazz que se hacía en los años 60, acaban espantados cuando lo que se les presenta es una propuesta que rompe con los esquemas que se habían creado. Y en este sentido, el público de Vitoria no fue diferente.

El fin del concierto suponía para nosotros también el fin del festival. En el próximo y último artículo de la serie, os hablaremos de esos momentos mágicos que nos han quedado grabados en la retina y que no queremos olvidar.

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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