Conciertos, Es personal

Stefan Zweig y el Gasteizko Jazzaldia

Decía el escritor Stefan Zweig en una de sus obras más famosas: “Momentos estelares de la humanidad”  que la historia la determinan hechos en apariencia intrascendentes que por una coincidencia de acontecimientos, cambian el devenir histórico para siempre. Yo soy mucho más modesto y me conformo con unos breves apuntes de lo que para mí ha marcado esta 45 edición del festival de Jazz de Vitoria

James Brandon Lewis.

Y Coltrane sobrevoló el teatro principal. Se nota que Lewis ha estudiado hasta el último detalle del universo del maestro, pero al mismo tiempo, el de Buffalo se ha convertido en una de las propuestas más renovadoras del lenguaje del jazz actual.

Su habilidad para transitar desde la serenidad y la quietud hasta la aceleración más desenfrenada sin atisbo de ruptura es sorprendente. Con Brandon Lewis todo fluye y a la vez se encaja como piezas de un mecano perfecto, también la sección rítmica de un nivel excelente.

Yazz Ahmed

Sin duda estamos ante una artista dotada de un discurso propio con una evidente potencia narrativa. Ahmed nos enseñó, a través de sus solos llevados hasta el infinito, su hondura estilística y su capacidad para crear atmosferas; cómo desde la pura abstracción se puede evocar la cruda realidad, ya sea la tragedia de la inmigración, el racismo o los derechos de las mujeres.

Seguro que en un escenario más íntimo, se hubieran captado mejor todos los matices de su sonido y las cualidades expresivas de su interpretación.

Kassa Overall

Llegó la implosión. Con Kassa no hay medias tintas, o entras en su mundo o te autoexpulsas. Su fusión del hip hop y el jazz llegó a cotas muy altas. Overall nos regaló un espectáculo, más bien una perfomance, con muchas dosis de teatralidad.

Vanguardista radical, es un batería no exento de calidad que conoce a la perfección a todos los grandes del instrumento. Su “tour de forcé” con el percusionista Bendji Alonce, quedará por mucho tiempo en el recuerdo de los que asistimos a su actuación. Capaz de conseguir un estado de catarsis colectiva con el público, frío al principio, pero que al final vibró y se entregó por completo a la causa.

Arturo Sandoval

Aunque quien tuvo retuvo, el maestro de Artemisa cada vez se prodiga menos con su instrumento fetiche: la trompeta. Arropado por una banda eficaz, conocedora de todos los entresijos del oficio, el “latín jazz” se derramó por las gradas de Mendizorroza.

Con un sentido innato del espectáculo, Sandoval es un experto en lograr ese estado de comunión con el público, tan necesario en ocasiones en este tipo de eventos. Eso sí, algunas de sus intervenciones, sobre todo las pretendidamente humorísticas, recordaban a los programas de variedades de la televisión ochentera. 

Marcin Masecky

Otro ejemplo más de la innegable calidad de la escuela polaca de jazz. Su velocidad de ejecución es sorprendente. Lo da todo en el escenario y esa pasión se transmite en su música.

Es digno de elogio su afán didáctico y su empeño en rescatar el “ragtime” y a sus compositores más destacados. Mención aparte merece su batería, Jerzy Rogiewic, adaptándose a los distintos tempos de la actuación de su compañero, con un nivel más que notable.

Theon Cross

Que la tuba se convierta en protagonista ya merece por si solo que se destaque a este artista británico. Instrumento exigente, también físicamente, para Cross es un apéndice más de su cuerpo.

Su propuesta sonora, de lo más renovadora, nos muestra que hay vida más allá del saxo, la trompeta o el piano. Sorpresa muy positiva la de Chelsea Carmichael, aunque la mayoría de las veces se contenía más de lo necesario. Cuando vuele libre estaremos ante una de las saxos más interesantes del panorama actual.

Robert Glasper

No hay estilo que se le resista a este músico tejano. Improvisador nato, todo cabe en su temática, desde Nirvana, pasando por el funk y el R&B, hasta el hip hop. Su cierre de concierto con Kassa Overall pasará a los anales de esta edición del festival.

Sobresaliente la actuación de su batería, Joe Dyson, demostrando una vez más, su sentido rítmico y su conocimiento de todas las posibilidades expresivas del instrumento.

Estas son tan solo unas pinceladas de lo que tuve la oportunidad de ver en los tres días en los que estuve acompañando a Rudy en Vitoria. Para saber más, os recomiendo que no os perdáis sus crónicas del festival.

Agustín Marugán
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