Kenny G
Artistas

Por qué nos encanta «odiar» a Kenny G

En la historia de la música moderna, nadie ha alcanzado el nivel de popularidad de Kenny G. Sin duda, grupos como The Beatles o los «rolling» y artistas como Madonna, Elvis o Michael Jackson, alcanzaron tremendas cuotas de popularidad en el auge de sus carreras…pero ninguno de ellos ha conseguido tener un país entero a sus pies. Kenny en cambio, es desde hace años el amo y señor de China.

Su popularidad en el país asiático llega hasta el punto de que su canción «Going Home» es habitualmente utilizada para cerrar bares, centros comerciales, oficinas y otros lugares; una forma sutil de recordar a los disciplinados ciudadanos de que ha llegado el momento de volver a casa.

Que uno solo de sus temas se reproduzca a diario en miles de locales de un país tan inmenso como China os podéis imaginar que resulta de lo más lucrativo para el bueno de Kenny. Y es que mientras que la mayoría de los artistas de jazz sobreviven y unos pocos han conseguido mantener un nivel de ingresos más o menos estable, Kenny G es multimillonario.

En este sentido, plataformas como Celebrity Net Worth aseguran que las ventas de los 13 álbumes que ha grabado hasta el momento, más los derechos de autor que recibe por el uso de su música como «hilo musical» y las inversiones que ha hecho a partir de sus ganancias, le han proporcionado una fortuna superior a los cien millones de euros.

Sería justo decir sin embargo que esto en la industria musical no tiene nada de excepcional. Músicos de todo pelaje se han hecho millonarios con la música y a casi nadie parece importarle. ¿Que nos gusta más la música de Leonard Cohen que la de Rhianna? Por supuesto. Pero nadie diría abiertamente que odia a la intérprete de «temazos» como «Umbrella», o se indignaría cada vez que escucha uno de sus canciones en la radio. Colectivamente hemos aceptado que la música comercial es lo que es: tan intranscendente como (hasta cierto punto) necesaria.

Sin embargo con Kenny G no pasa lo mismo. Cuesta encontrar a alguien que, especialmente en el mundo del jazz, no tenga una posición muy definida respecto a su música y lo que representa su figura. Y salvo sus fans declarados y aquellos que hace tiempo que prefieren no pensar en ello, la mayoría no tiene ningún problema en decirlo abiertamente: desde el respeto, les encanta «odiar» a Kenny G.

Kenny G

Los orígenes del mal

No existe un motivo claro por el que tantas personas disfruten hablando pestes de Kenny Gorelick. Él mismo se sorprende. En el documental «Listening to Kenny G» que se estrenó en HBO hace unos meses, el mismo confiesa lo siguiente:

«Deben pensar (refiriéndose a los críticos) que mi música va a dañar de alguna manera la reputación del jazz tradicional, lo cual no debería de tener ningún efecto sobre nada. Tienen todo el derecho a ser protectores si eso es lo que quieren hacer. Yo tengo otras cosas que hacer, que son crear y practicar».

Parte de esa reacción visceral la encontramos a que en realidad, a Kenny G nunca le ha interesado el jazz tal y como lo entienden la mayoría de los aficionados. De hecho, cuando se le pregunta su opinión sobre algunos de los músicos más importantes en la historia de este género musical, lo habitual es que se limite a encogerse de hombros y afirmar cosas como que «la técnica de John Coltrane y Charlie Parker era fenomenal, pero nunca llegué a sentir su música así que cuando salía a tocar, no era algo que quisiera emular». En un momento curioso a lo largo de este documental se le pone frente a una fotografía de Thelonious Monk, mientras de fondo suena «Ruby my dear» y como era de esperar, ni reconoce la imagen, ni parece haber escuchado antes el tema que suena. Y eso provoca que muchos se echen las manos a la cabeza.

Porque el problema no es tanto que Kenny G, un músico más, ni conozca ni respete la tradición del jazz (no hablemos ya de innovar sobre la misma), sino que un músico que en los años ’80 ocupaba los primeros puestos de todas las listas de éxitos y de forma individual, vendía más discos que la mayoría de los artistas de jazz tomados en su conjunto, se presentase como un músico de jazz. 

Dicho de otra forma: no es que los críticos y los aficionados fueran unos snobs repelentes (que por supuesto, también había y sigue habiendo muchos entre ellos), sino que les dolía que las personas que solo habían tenido un contacto muy ligero con el mundo del jazz, identificaran que el jazz era la música que hacía Kenny G y otros artistas que comenzaban a adentrarse en la música smooth. Que en vez de glorificar el jazz, lo convertían en algo banal, barrían su significado y lo empaquetaban para que pudiese escucharse de forma sencilla e indolora.

Esa percepción la expresó Pat Metheny de forma contundente en una famosa carta en la que afirmaba: «Kenny G tenía grandes problemas rítmicos y su vocabulario armónico y melódico era extremadamente limitado, sobre todo basado en la pentatónica y derivados del blues, y básicamente sólo mostraba una comprensión rudimentaria de cómo funcionar como solista profesional en un conjunto» para luego continuar diciendo que «sinceramente, no es poca la envidia que sienten los músicos al ver que a uno de sus compañeros le va tan bien económicamente, sobre todo cuando muchos de ellos, que son muy superiores como improvisadores y músicos en general, tienen problemas para ganarse la vida. Debe haber cientos, si no miles, de saxofonistas en todo el mundo que son simplemente mejores músicos improvisadores que Kenny G. Me sorprendería mucho que incluso él estuviera en desacuerdo con esta afirmación».

Esto era en general lo que pensaban la mayoría de los músicos, críticos musicales y no pocos aficionados. Sin embargo Metheny fue aún más lejos y a continuación reprochaba al saxofonista que hubiese atrevido a «homenajear» nada menos que a Louis Armstrong de una forma… por decirlo suavemente…desafortunada, al superponer su propio saxo sobre el «What a wonderful world» .

«Este tipo de necrofilia musical fue extraña cuando Natalie Cole lo hizo con su padre en «unforgettable» hace unos años, pero era su padre. Cuando Tony Bennett lo hizo con Billie Holiday fue extraño, pero estamos hablando de dos de los más grandes cantantes del siglo XX que estaban más o menos al mismo nivel de logros artísticos. Pero cuando Kenny G decidió que era apropiado para él profanar la música del hombre que es probablemente el mejor músico de jazz que ha existido jamás, entregado su estúpido jive, pseudo blues, fuera de tono, balbuceante, enclenque, jodido tocando todo uno de los grandes temas de Louis (incluso uno de sus menos), hizo algo que no habría imaginado posible. Él, en un movimiento, a través de su increíblemente pretenciosa e insensible decisión musical de embarcarse en el camino musical más cínico, se ha cagado en todas las tumbas de todos los músicos pasados y presentes que han arriesgado sus vidas saliendo a la carretera durante años y años desarrollando su propia música inspirada en los estándares que Louis armstrong aportó a cada nota que tocó a lo largo de una increíble vida como músico. Al faltar al respeto a Louis, a su legado y, por defecto, a todos los que alguna vez han intentado hacer algo positivo con la música improvisada y lo que ésta puede ser, Kenny G ha llegado a lo más bajo bajo en la cultura moderna, algo de lo que todos deberíamos sentirnos avergonzados».

Si el tono de la crítica podía resultar fuera de lugar, lo que había en el fondo sin embargo era la sensación de impotencia que sentían todos esos músicos que amaban de verdad el jazz y los valores que representa y que desde luego sufrían por verlo reducido a una especie de pop con pretensiones de cierta intelectualidad.

El cambio de siglo supuso también el ocaso de la estrella de Kenny G, que aunque siguió lanzando nuevos discos, no conseguiría alcanzar las cifras de venta de los años ’90. De alguna forma, el mundo se había empachado de su música, el fandom comenzó a desvanecerse y el artista al que todos amaban odiar, pasó si no a ser irrelevante, a convertirse en un chascarrillo más en chistes y monólogos. Kenny G, sin saber realmente cómo ha llegado a pasar, se ha convertido en su popio «meme».

Por supuestp, al saxofonista todo esto le importa tan poco que su último disco, publicado en 2021, no solo se titula «New Standards», sino que vuelve a esa necrofilia musical que escandaliza a Metheny, escogiendo para la ocasión a Sant Getz, junto al que «toca» en «Legacy [Feat. «The Sound» of Stan Getz». Del disco y de este tema en particular, el conocido crítico Ted Gioia ha dicho que se trata de «realmente una concepción de Frankenstein»…y el resto del disco en fin…está a la altura de su carrera.

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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4 thoughts on “Por qué nos encanta «odiar» a Kenny G

  1. Buenos días, Rudy.
    Yo tampoco entendía este odio exacerbado hacia este hombre. Más allá del pobre de mi niño, al que torturaba de bebé intentando hacerlo dormir con su música (más tarde me di cuenta de mi torpeza ).
    Leyendo tu artículo entiendo muchas cosas, sobre todo por ese «Frankenstein» sobre Armstrong y Getz, que no conocía.
    De todas formas, soy totalmente partidario de sustituir el odio por la indiferencia. Cuando se odia públicamente, se critica en los medios y se habla de él, aunque sea negativamente, se le está haciendo publicidad de todas formas.
    Como bien dices al principio, hay tantos músicos y músicas de escasísima calidad y tortuoso soporte acústico, que encima ganan millonadas, que triunfan por mor de medios, intereses y modas, que nos quedaríamos secos de tanto odiar. Mejor evitarlos, aunque tengo unos vecinos que me lo ponen muuuuuuuuuuuy difícil. ‍♂️‍♂️
    Gracias por ilustrarnos y ayudarnos a comprender la música.
    Un abrazo, amigo.

    • Sí, yo la verdad que siento más indiferencia que otra cosa… y entiendo que el «odio» hacia Kenny G era más bien de otra época y que esto está ya más que superado.

  2. K says:

    Muchas gracias por este somero repaso a todas las polémicas que han rodeado a Mr. Gorelick durante las últimas décadas.

    Sobre los comentarios de Metheny (que ya tienen una edad), la verdad es que estoy bastante de acuerdo con ellos, pero me ha dado algo de pena que Pat obviara uno de los aspectos más siniestros de la «pintada» musical que hizo G. con «What a Wonderful World». Metheny se centra, acertadamente, en criterios cualitativos, pero el problema principal es de índole más bien política: se trata de un señor muy blanco y muy adinerado que planta sus esfuerzos artísticos encima de una obra de un representante del legado musical de la comunidad afroamericana. (La misma comunidad afroamericana que tuvo que esperar hasta finales de los 60 para poder colocar sus temas en las listas de venta oficiales y no en una sección aparte – que dejó de llamarse «race records» más o menos al mismo tiempo).

    Por no decir que ya la propia grabación del single «What a Wonderful World» tuvo sus periplos. En «The House that Trane Built: The Story of Impulse Records», Ashley Kahn nos cuenta cómo el productor, Bob Thiele, tuvo que luchar a mano abierta para que Armstrong pudiera grabarla. ABC/Impulse! querían algo menos «ñoño»; la cosa acabó con Louis grabando el tema en el estudio, cerrado con llave, con el presidente de la ABC, Larry Newton, dando portazos en la puerta. En fin.

    Vamos, que las relaciones entre la clase media adinerada norteamericana y la tradición musical afroamericana siempre ha sido tensa y compleja; no hacía falta echar leña en ese fuego.

    Y esto es completamente al margen de si el Señor Ricitos toca «bien», «mal», o «aceptable», o de si lo que hace es «jazz» o si en cambio resulta que no, que es una tostadora. Mi actitud personal hacia eso es «ancha es Castilla»; como Kenny G. no me interesa ni lo más mínimo, vivo como si no existiera.

    Por otra parte, tampoco tengo nada en contra de la música instrumental ligera, que tiene sus usos. Quiero decir ¿cómo vamos a ambientar ascensores y pasillos de supermercado? ¿Qué banda sonora le vamos a poner a los anuncios de champú? ¿«Ascension»? ¿«Machine Gun»? ¿«Birds of Fire»?

    Al final va a resultar que el Señor G. es hasta útil, y todo.

    P.D. Fantástico artículo, y muy buen blog, en general. Lo he terminado metiendo en mi agregador de RSS.

    • Muchas gracias por tu comentario. Creo que en esta respuesta Pat también dice que es una falta de respeto por todos los afroamericanos que se han jugado la vida en la carretera durante tantos años y eso va un poco en la línea que dices…No conocía la historia de la grabación que llevo a cerrar la puerta con llave jaja muy buena.En cuanto a lo que escucharíamos en el supermercado bueno…ya sabes las radiofórmulas con «lo mejor de los 80, 90 y 2000» 😉 Me alegro de que te guste el blog. Bienvenidos.

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