Pharoah Sanders
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Pharoah Sanders y el largo adiós

Aficionarse al jazz supone en gran medida, aprender a decir adiós.  Adiós a leyendas con las que hemos convivido durante décadas; adiós también a una música que se nos ha pegado a la piel…por mucho que como las olas del mar, acabe volviendo una y otra vez en forma de conciertos, discos inéditos y bootlegs.

Adiós con el corazón roto a John Coltrane, a Chet Baker, a Miles Davis, a Sun Ra…y desde hace unas horas, adiós también a Pharoah Sanders, el “penúltimo mohicano” de una forma única de vivir en el jazz; el penúltimo de una especie en peligro de extinción, como diría Chema Martínez, adiós a un tiempo que no volverá. Por suerte a sus 92 años, sigue aguantando Sonny Rollins, ese coloso eterno, lo más parecido que tenemos los jazzeros a un padre espiritual.

Guardo de Pharoah Sanders con especial cariño en mi colección de discos su maravillosa relación con la familia Coltrane, como el “Live at the Village Vanguard Again!” en el que el genial saxo destaca con una las mejores formaciones de la época (John Coltrane, Alice Coltrane, Jim Garrison, Rashied Ali, Emanuel Rahim);  un “Ascension” que me desborda hasta dejarme exhausto o ese cuento mágico que firma junto a Alice Coltrane en “Journey in Satchidananda”. Y no, no estuvo en la grabación original de “A Love Supreme”, pero sí en ese tesoro recién desenterrado que es el “A Love Supreme: live in Seattle” que nos dejó sin aliento el año pasado.

Para muchos de los recién llegados, Pharoah Sanders era ese señor que a sus 80 años grababa en 2021 junto a Floating Points y la Orquesta Sinfónica de Londres, un “Promises” que se convertiría más allá del jazz, en uno de los discos más destacados del año pasado.  Un álbum que navega entre la música ambient y el impresionismo y que como afirma el cliché, sorprendió a propios y extraños.

Pero por supuesto, como líder era mucho más. Basta escuchar “The creator has a master plan”, el tema principal de “Karma” (1969) para darse cuenta; una epopeya de 32 minutos de duración que debería incluirse sí o sí en cualquier ranking sobre los mejores temas de la historia del jazz, o “Black Unity” (1972)  un álbum que solo contiene un único tema de 37 minutos y que no debería faltar en ninguna colección. Igualmente notables e imprescindibles para cualquiera que quiera adentrase en el mundo de Sanders son “Tahuid” (1967), “Elevation” (1974),  o “Thembi” (1971). 

Y si hablamos de Pharoah Sanders, tenemos que hablar necesariamente de una Sun Ra Arkestra en la que dio sus primeros pasos a principios de la década de 1960. Fue el propio Sun Ra el que decidió que Farrell era un nombre demasiado vulgar para quien ya mostraba maneras de genio…así que en una de las raras ocasiones en las que su nave espacial se posaba sobre la Tierra, le designó gran faraón del tiempo y el espacio. Ya sabéis, “Space is the Place”.

Hablábamos al principio sin embargo de ese adiós continuo y continuado al que tenemos que acostumbrarnos de mala gana los jazzeros. De ese lamentar pérdidas, de llorar en redes sociales todos esos aniversarios y de seguir echando de menos ese “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No lo hagamos. El jazz, como la música de Pharoah Sanders, siempre vive su mejor momento. 

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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