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Bob Dylan, Viva Suecia y un cierto festival de…Jazz

El jazz se muere. El jazz necesita atraer a nuevas audiencias. El jazz necesita artistas que «enganchen» y sean capaces de vender entradas. Son tres declaraciones que escuchamos una y otra vez, arrojadas contra la evidencia de lo que no es verdad. Es decir: sí, el jazz sigue siendo un género minoritario, pero no, ni se muere ni es incapaz de atraer a las nuevas generaciones. Lo hemos contado muchas veces (I, II, III).

Resulta por lo tanto sorprendente, al menos para el aficionado, que cada vez sean más los festivales que bajo la etiqueta jazz, decidan programar prácticamente a cualquier artista capaz de asegurar un «sold out», tenga que ver poco o nada, con el jazz.

Cuento esto porque hace unos días Montreux, probablemente el festival más conocido de los que se organizan en Europa, presentaba un cartel en el que, átense los machos, estos eran los principales reclamos: Bob Dylan, Lionel Richie, Lil Nas X, Iggy Pop, Gilberto Gil, Jon Batiste, Mavis Staples, Norah Jones, Maluma, Seal, Pat Metheny, Chris Isaak, Janelle Monae , y Niles Rodgers & Chic.

No seré yo el que cuestione aquí la calidad de artistas como Maluma (nada me apetece menos), pero creo que todos coincidiremos en que en la cabeza del cartel, de jazz vamos más bien escasitos. Estoy seguro que un porgrama que hubiese estado encabezado por la propia Norah Jones, junto a Jon Batiste, Pat Metheny y Gilberto Gil, habría bastado para llenar todos los días el Auditorio Stravinsky de la ciudad suiza…y que con el pastizal que habría sobrado por ejemplo del caché de Dylan podrían haber traído a muchos otros artistas que hacen del jazz la razón de su vida.

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Lo de Montreux en 2023 sería poco más que una anécdota si no fuera porque no es más que la guinda de un pastel, que lleva en los últimos años convirtiendo a muchos festivales de jazz (afortunadamente no a todos), en una suerte de cajón de sastre en el que acaban por recalar muchos artistas que están de gira. En el New Orleans Jazz&Heritage Festival de 2022, cabezas de cartel eran Foo Fighters, Stevie Nicks y The Who. Con un par, en la misma cuna del jazz.

En España, el Festival Jazzaldia de San Sebastián es probablemente el caso más paradigmático. En el marco del que es probablemente el festival de jazz español más conocido, han tocado numerosos grupos de indie-pop (en 2022 un grupo tan jazzero como Carolina Durante amenizaba el cartel), pesos tan importantes en la escena jazzística como el ya citado Iggy Pop (su cameo con el fallecido Lonnie Smith le ha dado carta blanca para casi todo) y se espera, ojo al dato, que el próximo mes de julio, Village People encabece los ocho conciertos gratuitos que la organización programa en la playa de la Zurriola. Si paisanos y foréneos se quedan con ganas de más jazz, también tendrán la oportunidad de escuchar el swing de Viva Suecia.

Y repito, no tengo ningún problema con estos grupos y de hecho, he bailado al ritmo del «Y.M.C.A» como el que más (o bueno, dejémoslo que sé hacer las letras con los brazos). Pero que sean precisamente estos conciertos gratuitos, que deberían servir para enganchar al público con el jazz, en los que se programe a artistas que de jazz nasti de plasti…pues duele. Más aún cuando grupos como Viva Suecia tienen la oportunidad de tocar a lo largo de todo el año, en decenas de festivales rock-pop-indie fotocopiados a lo largo y ancho de España. ¿Entiendo que aquí lo que manda es un tema comercial? Por supuesto. ¿Que probablemente esto se hace porque es lo que permite pagar los cachés de otros músicos? Puede. ¿Me parece bien? No.

No me gustaría terminar este artículo dando la impresión de ser un pureta amargado, o de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor (los que nos leéis habitualmente sabéis que recomendamos muchas propuestas que se mueven en los límites de nuestro género musical favorito), o peor aún, que quiero erigirme en una suerte de policía del jazz. Pero con tantos festivales, de tantos estilos diferentes que cada año se organizan a lo largo y ancho del Planeta, ¿es mucho pedir que en los festivales de jazz solo se programe jazz?

Bob Dylan, Viva Suecia y un cierto festival de…Jazz comentarios en «6»

  1. Siento, disentir, creo que el jazz que comenzó siendo la música de los prostíbulos y de la gente de mala vida, que en el comienzo del siglo XX era la música popular, le viene bien un soplo de espontaneidad y de alegría. Llevo 45 años yendo al Donostia Jazzaldía, y cada vez me gusta más, acabar en la playa después de una sesuda sesión en la Trinidad. El jazz es disfrutar, bienvenidos todos los músicos a nuestra escena.

    1. Creo que en el jazz hay muchas opciones para disfrutar de forma distendida, alegre y sin complicaciones en la playa. No todos los conciertos son «sesudos». Y de hecho, el propio Jazzaldia programa algunos de ellos. No acabo de entender tu comentario en ese sentido… simplemente digo que si es un festival de jazz, solo debería programarse jazz… me parece bastante coherente : D

  2. Normalmente como aficionado del Jazz se acostumbra uno a ver nombres ajenos como algunos musicos de rock e inclusive musica clasica. Pero de ahi a programar estiercol (lease maluma) es haber perdido toda dignidad,

  3. Debo decir que el al artículo me parece extremista por un lado, por otro lado, me preocupa; que escribiendo sobre jazz y hacerlo público, Rudy no tenga conocimiento de este problema, lo peor que estando en Europa y no se haya dado cuenta que esta situación no es de ahora, porque este festival venido a menos desde hace muchos años, desde los 90; cuando ya solo presentaba lo más comercial representado por los trabajos de menos categoría de Quincy Jones y del Brasil. Sabemos que Quincy es un gran músico , arreglista y productor famoso, pero dinero llama dinero.
    Realmente no me ha extrañado la cartelera de este año, para nada. El pasado, el de 2022; entre muchos nombres, aparecían solo dos jazzistas: Nubya García y John McLaughlin, lo demás era rock y lo más grave, estaba invitado Juanes, un tipo que no canta y solo hace ritmitos facilones. Ahora bien, desde los 90 (curiosamente) se criticaba la falta de rigurosidad del Festival de Montreal, presentando en la apertura y en el cierre los más comercial o más convencional del género.
    Pero estimado amigo, déjeme comentarle que siempre existe una contraparte, por si no lo sabía. Esa contraparte está representada po el Festival Wallizu (espero así se escribaba) en Suiza (recientemente lo encontré vivito y coleando) que es mucho más serio que el de Montreux. En Festival de Guelph en Canadá presenta el jazz más radical, muy diferente al de Montreal.
    Lo importante es informarse y ver todas las propuestas que existen a nivel mundial, ya sabemos, eso ha sido de siempre; es mejor monetariamente invertir en productos asegurados comercialmente y de músicos reconocidos, en el peor de los casos con propuestas para divertir o entretener, que un jazz propositivo. Pero el jazz avanza, los festivales independientes, las grabadoras,pequeños y productores que apuestan por el arte musical, por el jazz propostivo permiten que se mantenga vivo.
    España tiene músicos enormes que hacen un jazz radical comno Agustí Fernández, pero tienen una verguenza, como es el caso de Joan Chamooro y su escuelita de niños prodigio, que no pasan de recrear el pasado, eso no le ayuda al jazz, este fenómeno musical avanza porque siempre ha tenido vistas hacia el futuro.
    En Portugal tienen una marca maravillosa independiente, con el nombre de Clean Feed, reconocida por su apuesta artística. Desde su incio y en los últimos años han aportado discos y músicos de enorme valía, todo dentro del concepto del Avantgarde, el resultado de enorme calidad conceptual. Sin embargo en casi todos los países existe esta actividad, un momtón de gente buscando nuevos caminos. En lo personal encuentro todos los días, nuevos músicos, trabajos radicales, así que plantear que el jazz está muerto o está en proceso de fenecer, me recuerda que desde los 40 se decía lo mismo cuando apareció el Bebop, se repitió lo mismo en los 60 con el free jazz, todos lo que lo expresaron…se equivocaron ¡El Jazz está más vivo que nunca!
    Frank Zappa expresaba ¡El Jazz no hamuerto, solo huele chistoso!

    PD. Lo por ahí, comentariso como si el jazz fuera solo para divertir y entretener, que el jazz sesudo no debería tomarse en cuenta, eso no es saber la importancia de esta enorme música. Probablemente el podcast de Música para Gatos tiene sus adeptos.

  4. Totalmente de acuerdo. Si veo un cartel de un festival de jazz, quiero ver jazz. No sucede a la inversa, en un festival de rock o indie que yo recuerde no toca ningún músico de jazz. Puede que sea una postura purista, pero quien quiera otro tipo de música, tienere alternativas más acordes. Algunas propuestas están metidas con calzador, un tanto fuera de lugar, un ejemplo:
    doble programa, como cabeza de cartel un tablas flamenco (no recuerdo el nombre) y como segundo Chris Potter Underground.

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