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JazzMadrid 2023: Mulatu Astakte y el sonido inmenso

Su estilo fusiona ritmos tradicionales etíopes con jazz, funk, soul y música latina y el espectáculo es impresionante.

Mulatu Astakte es sinónimo de alegría, la de una de los grandes fenómenos que ha producido la música africana en las últimas décadas. Y eso que la historia del padre del Ethio Jazz podría haber sido muy diferente. Tanto que Mulatu, cuya fama en Occidente creció cuando los músicos de hip hop estadounidense comenzaron a utilizar sus creaciones como inspiración para las propias, quería ser en realidad ingeniero, pero algo falló porque el Trinity College of Music londinense terminó titulándole en música en los años 60. Posteriormente, maduró su estilo en Estados Unidos, donde se convirtió en el primer africano matriculado en el Berklee College de Boston donde se licenció en vibráfono y percusión.

A JazzMadrid 2023 vino a presentar una selección de temas que el imprescindible sello Éthiopiques selecciona en Vol 4: Ethio Jazz 1969-1974. ¿Pero de qué hablamos exactamente cuando hablamos de jazz etíope? Básicamente y simplificando, es el estilo musical que desarrolló el propio Astakte en la década de 1960 e implica la fusión de ritmos tradicionales etíopes, especialmente la música folclórica, con elementos del jazz, funk, soul, y a veces música latina.

En la práctica Astakte se ha distinguido por combinar escalas pentatónicas etíopes, ritmos tradicionales como el 6/8, y con arreglos de jazz, utilizando instrumentos occidentales como el saxofón, la trompeta y el piano y mucho más. Porque sobre las tablas del Fernán Gómez, además del propio Mulatu, pudimos disfrutar de otros ocho músicos y al menos 12 instrumentos, incluyendo percusión, teclados, chelo, contrabajo, trompeta, saxo y por supuesto, vibráfono.

Entre los músicos, casi todos británicos, destacaban Liam Noble como teclista principal y protagonista del incidente «divertido» de la noche, cuando tu teclado acabó literalmente por los suelos y un miembro de la organización tuvo que ayudarle (no si suspense) a recomponerlo y James Arben, con una tremenda potencia al saxo tenor y más que el propio Mulatu, auténtico impulsor de lo que solo cabe calificar como una auténtica fiesta sobre el escenario.Pero también Quentin Collins, maestro de la trompeta y auténtico rival de Arben en intensidad.

En la sección rítmica se llevó la palma Richard Ọlátúndé Baker, que como conguista se encargó se suplir buena parte de la energía que Mulatu por su avanzada edad no pudo desplegar en los bongos, en una propuesta percursiva que completaba Jonathan Scott en batería y Seth Bennett en un tremendo contrabajo que sonaba como un bajo eléctrico bien cargado. Nada sin embargo nos había preparado para el despliegue en las formas del chelista Daniel Keane, «maltratador» de su instrumento, ahora agarrándolo como una guitarra, ahora tocándolo como un contrabajo y renunciando prácticamente siempre al arco.

En mitad de un colectivo que se propuso hacernos bailar desde el primer tema, Mulatu Astakte ejerció más como un maestro de ceremonias que está de retirada (no nos extrañaría que esta fuera su última gira) que como un músico consumado al que en cualquier caso, solo cabe darle las gracias por tanto.

Si bien es cierto que durante los dos primeras temas aún pudimos disfrutar de su buen hacer en el vibráfono, no tardó en retirarse hasta el centro del escenario y durante el resto del concierto alternaba tímidos bongos con algo de tambor, mientras se dejaba arrastrar por el ritmo descomunal de su orquesta. Más interesante sin embargo cuando se sentaba tras el rhodes y acompañaba a un único instrumento (saxo, chelo o trompeta) con paisajes musicales de arena.

Viejo zorro y con un dominio espectacular del ritmo, en temas como «Chik Chikka» o «Yekermo Sew», «Munayé» o «Mulatu» lo que nos proporcionó eso sí, fue un espectáculo redondo en lo musical, con una capacidad única para trasladarnos a nuevos escenarios; establecer (al fin y al cabo es de lo que se trataba) una narración del aquí y el ahora donde todo lo demás no importa, en la que no es necesario intelectualizar nada… y en la que basta dejarse llevar, incluso hasta el trance si así lo deseamos.

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