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«Old Main Chapel»: el legado tranquilo de Ron Miles

Ron Miles entrega junto a Brian Blade y Bill Frisell una de esas grabaciones que se disfrutan una y otra vez. Tan solo hay que sentarse a escuchar.

En 1989 el sociólogo y crítico gastronómico italiano Carlo Petrini, presentó en París el movimiento Slowfood, una declaración de intenciones contra el Fastfood que empezaba a imponerse en el viejo continente.

Petrini abogaba por volver a disfrutar de una buena comida, sin prisas, poder volver a disfrutar de la conversación sobre la mesa, degustando productos de calidad. Las ideas de Petrini se cristalizaron en una red de restaurantes y locales, reconocibles por el caracol que cuelga de su puerta (Convivium), que hasta el día de hoy siguen impulsando esa cocina lenta.

Las ideas slow pronto saltaron a otros ámbitos que poco tenían que ver con la comida. En su libro “Elogio de la lentitud” de Carl Honoré por ejemplo, se sientan las bases del movimiento slow, que se trasladan a casi todos los ámbitos de nuestra vida: la educación, el ocio, nuestras relaciones personales o el trabajo. Porque como nos dice el propio Carl Honoré:

¿Por qué tenemos siempre tanta prisa? ¿Cómo se cura esa auténtica enfermedad que es nuestra actitud ante el tiempo? ¿Es posible, e incluso deseable, hacer las cosas con más lentitud? Vivimos en la era de la velocidad. El mundo que nos rodea se mueve con más rapidez de lo que jamás lo había hecho. Nos esforzamos por ser más eficientes, por hacer más cosas por minuto, por hora, cada día. Desde que la revolución industrial hizo avanzar al mundo, el culto a la velocidad nos ha empujado hasta el punto de ruptura.

Algo similar ocurre en el mundo de la música. Hits que se producen a velocidad de vértigo (y cuyo fin último es la viralidad), el «next» continuo de Spotify o las recomendaciones algorítimicamente personalizadas que nos invitan a consumir más, a devorar el próximo disco sin acabar de comprender lo que acabamos de escuchar…

Ron Miles
Ron Miles

Y lo reconozco, yo mismo soy esclavo de ese impulso. No es fácil decir no al bombardeo continuo de novedades, lanzamientos, singles…pero merece la pena intentarlo. Sentarse a escuchar un único disco y nada más. Y cuando termina del disco, comenzar de nuevo. Y al finalizar el último tema, volver al primero. Si el álbum es el adecuado, la experiencia merece la pena.

Es lo que llevo haciendo desde hace unos días con «Old Main Chapel», una grabación de 2011 en la que escuchamos en directo al maravilloso trío del tristemente fallecido Ron Miles, al que acompañan Bill Brisell a la guitarra y el baterista Brian Blade. La grabación, recién lanzada por Blue Note (exclusivamente en CD), nos lanza desde el primer tema a esos placeres lentos, a un no tener prisa buscado e intencional, como casi todo lo que merece la pena.

«Old Main Chapel» fue grabado en una capilla que lleva el mismo nombre, situada en la ciudad de Boulder (Colorado) el 21 de septiembre de 2011, la noche antes de que el trío ingresara al estudio para grabar «Quiver» su álbum de debut como trío. El disco está compuesto por un set de siete piezas, de las cuales seis son composiciones originales de Ron Miles, y cinco son versiones extendidas de las que se incluirían en «Quiver». A estas se suman la poderosa «I Will Be Free» y la cautivadora «New Medium».

Jason Moran, que estaba presente en la grabación, escribe en el librero que acompaña a este álbum: «Ron Miles reunió a su trío, compuesto por Bill Frisell y Brian Blade, formado justo el año anterior, para estrenar sus composiciones recién escritas. La banda subió al escenario para explorar unas canciones que aún no había ensayado. Pero cada pieza fluía a través de la banda y hacia la audiencia. Nadie en la sala sabía cómo empezaría o terminaría la música. En medio de esta atmósfera impredecible, la confianza de Ron impregnaba a todos mientras los guiaba como ángeles en un mundo melódico intrincado».

No seré yo el que exprese mejor que Jason Moran lo que debió ser un momento único, pero tampoco es necesario. La sutileza, el millón de matices que brotan de cada tema, su capacidad para evocar paisajes que se pintan etéreos sobre el aire, hacen inútil el intento de contar con palabras esas sensaciones que solo se pueden entender con otros sentidos.

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