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Todo es jazz hasta que se demuestre lo contrario

¿Que es jazz? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

Tan solo los puristas más recalcitrantes se niegan a aceptar que el jazz lleva décadas mezclándose con todo tipo de géneros. Desde el rock a la música clásica, pasando por el flamenco o las músicas del norte de África y llegando más recientemente al hip-hop o la música electrónica, pocas expresiones musicales renuncian de una u otra forma a unir sus fuerzas con «esa música» que nació en Nueva Orleans.

A veces en ese mezclarse, es el jazz el que señala el camino; en otras, ocurre al contrario y el jazz aunque presente en la propuesta artística, se mantiene en un segundo plano. Y en ocasiones, ese segundo plano permanece tan alejado, que más que mezclarse podríamos hablar que el jazz acaba diluyéndose casi por completo, de modo que mantiene la etiqueta porque no encontramos una forma mejor de explicar lo que escuchamos.

Artistas como Nicholas Payton llevan tiempo promulgando que en pleno siglo XXI, enfrentarnos al ejercicio intelectual de intentar establecer un canon sobre la forma adecuada del jazz (por mucho que le pese a muchos) carece de sentido, por lo que en su opinión resulta más adecuado hablar de Black American Music. Músicas todas de raíces afroamericanas (jazz, blues, soul, R&B, rock…) que se mezclan de forma única y que no precisan una denominación exacta.

Es desde luego una forma de verlo. Otros, como mi amigo Rafa, aseguran medio en broma, que ante la duda, todo es jazz. O dicho de otra forma: «todo es jazz, hasta que se demuestre lo contrario». Y que no se nos entienda mal: si la agencia de marketing de Rosalía afirma que «Saoko» es jazz (como ha hecho), nos tendrá en frente y seremos los primeros en reírnos de la boutade.

Pero si formaciones como GoGo Penguin, Butcher Brown o Jazzrausch; y artistas como Kassa Overall, corto.alto o Greg Spero afirman que como mínimo su propuesta musical parte del jazz, haríamos bien en tomárnoslo en serio. En Caravan desde luego lo hacemos.

Digo esto porque hace unos meses en un coloquio en el que tuve la oportunidad de participar precisamente, aportando mi visión sobre el jazz actual, otros invitados no dudaban en calificar de «poco seria» la propuesta de estos grupos, asegurando de forma algo desdeñosa que poco menos todo esto era un ejercicio de apropiación cultural. Al mismo tiempo suscribían la propuesta de sellos como ECM o ACT como epítome de lo que en realidad era el jazz moderno. Personalmente, nada en contra de ambos sellos. Todo lo contrario, pienso que hacen un ejercicio digno de admiración y muchos de sus artistas se encuentran entre mis preferidos.

Me sorprendió sin embargo encontrarme con un debate que pensaba superado; que las mismas críticas que se le hacían en 1960 a Ornette Coleman, se dirijan ahora a artistas como Robert Glasper o formaciones como Snarky Puppy. No me extrañaría descubrir cómo todos ellos entrarán dentro de unos años dentro del «canon clásico» de la misma forma que ocurrió con el propio Coleman, pero también con los ahora popes Albert Ayler, o Cecil Taylor e incluso, me atrevo a decir, la ultimísima etapa de John Coltrane. Todos lloramos ahora a Pharoah Sanders…cuando en sus andanadas junto a Alice Coltrane era despreciado.

Dicho esto, todos estamos de acuerdo que no todo es jazz (entre otras cosas, porque no todo pretende serlo) y a veces los propios festivales, con el sano objetivo de abrirse a nuevas audiencias, acaban por programar artistas que no es que se encuentren en el límite de géneros, sino que el límite es un punto lejano del horizonte. Tampoco resulta infrecuente encontrar en las revistas especializadas discos que cuesta encajar (incluso con nuestra mejor voluntad), en eso tan bonito que llamamos jazz.

Así que no podemos más que recomendaros un sano ejercicio: disfrutad de vuestra música favorita y las etiquetas…dejádselas a otros.

Todo es jazz hasta que se demuestre lo contrario comentarios en «6»

  1. Exacto, Rudy.
    Se quiere etiquetar todo y al final se termina perdiendo más tiempo en ello que en disfrutar del arte.
    Algo parecido pasa en la literatura, en la que soy más participativo, como lector y CuentaCuentos.
    Se pretende catalogar las cosas como si tuviéramos que acceder a ellas a través de las estanterías de una inmensa biblio-músico-hemeroteca, y hubiera que pedirle el pase al Cancerbero para que no nos devore si encasillamos mal el género.
    Como bien dices al final, disfrutemos de todo y, en todo caso, cataloguemos como «Me gusta» o «No me gusta». Es lo que en definitiva importa.
    Muchas gracias por la entrada.
    Un Abrazo.

  2. Todo es jazz hasta que se demuestre lo contrario… Todo es paella hasta que se demuestre lo contrario. Si todo es paella nada es paella. Si todo es jazz nada es jazz… Si todos somos mujeres hasta que se demuestre lo contrario, nadie es mujer…

    Todo es importante, nada es importante… Todo tiene todos los significados, nada significa nada.

    Vivimos en la época de la estupidez postmoderna y ni el jazz ni la paella se van a librar. Otros tiempos vendrán y las cosas volverán a significar algo. Y su significado será por oposición a otras cosas que tienen otro significado. Viva la diferencia!!

    1. La impresión que me da tu comentario es que no te has leído el artículo. O que si lo has hecho, ya sabías lo que ibas a decir antes de pararte a pensar por un momento sobre su contenido. Te quedaste con el titular vamos.

  3. Hola Rudy, sea bienvenido el pensar en esto de las categorias.
    Indudablemente muchas personas atribuyen la palabra jazz a un tipo o estilo determinado (ej: el swing, el bop, etc.) pero a mi entender siempre esta música tan amplia se caracterizo por una innegable busqueda de experimentación y libertad.
    Desde el afan de nutrirse de una amplia gama de sonoridades e influencias, como también desde el desafio de llevar los intrumentos al límite de sus posibilidades, el jazz innegablemente busca siempre desafiar sus propios límites y conceptos estancos, para proponer nuevas posibilidades.
    Gracias y un abrazo!! Hernán

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