Me pide Rudy que escriba algo verdaderamente personal sobre el disco que acabo de publicar junto al pianista Paul San Martín, y lo hago después de frenéticas semanas de promoción de este nuevo trabajo en las que he tenido oportunidad de hablar de Bessie Smith en varias ocasiones. Oportunidad por la que siento mucha gratitud, ya que creo que ella lo merece. Y el disco que hemos publicado para honrar su legado, también.
He hablado bastante sobre el papel que desempeñaron Bessie Smith y sus coetáneas en la popularización del blues; también sobre el personaje, la historia, la vida de Bessie, indisolubles de sus canciones; también sobre la injusticia que se comete cuando no se le reconoce como la figura inmensa que fue, influyente para todas las generaciones de cantantes posteriores del sigo XX, desde Billie Holiday hasta Janis Joplin y mucho más allá.
Pero no he contado apenas cómo sus letras y su persona han hecho de mí una artista mucho más sólida y una mujer mucho más segura y creo que ese es el ángulo correcto para este artículo y para Caravan.
Llevo unos diez años cantando los temas de Bessie Smith, con diversas bandas e instrumentaciones. Su música ejerce una fascinación sobre mí que difícilmente puedo explicar, parecida a la que tantos músicos y aficionados al jazz sienten por figuras como Miles Davis o John Coltrane y sus magnas obras. Abordar sus canciones supuso un importante hito (técnico e interpretativo y personal) en mi trayectoria artística.
Sin embargo, el poder transformador de la música va mucho más allá de lo que podemos apreciar a simple vista. Su capacidad de influir en quien la escucha, en la sociedad, en la historia, está más que demostrado; aunque no se habla tanto de cómo transforma la música a quien la hace. “La música me ha salvado”. Cuántas veces hemos escuchado esto de la boca de un artista, de un músico, aunque sin profundizar demasiado en la idea.

Hablamos de una mujer que nació en la miseria absoluta y sin embargo logró salir de ahí hasta convertirse en una artista respetada y admirada, pero no es eso lo que distingue a Bessie Smith de muchas otras artistas. Hay tanta fuerza en sus letras y tal emoción en su forma de interpretarlas que cantar sus canciones no sólo me ha salvado, sino que me ha convencido de que yo PUEDO hacer ciertas cosas de las que no me creía capaz.
Tras acusar durante muchos años un síndrome de la impostora que me impedía desarrollarme artísticamente, estudiar, cantar, entender la historia de esta artista me inspiró para impulsar mi carrera musical.
Ahora puedo subirme a un escenario y hacerme dueña de él; puedo componer, publicar mis propias canciones; puedo liderar un proyecto musical de calidad rodeada de músicos estupendos a los que dirijo y de los que aprendo y puedo realizarme a través de mi música, de mi dedicación y de mi compromiso artístico. Digamos que de cantante evolucioné a artista. Pero también he crecido como mujer, impregnada de esa energía potentísima que hay en Bessie, como si ella me hubiera tomado de la mano y acompañado en el proceso de madurar, entenderme, aceptarme y perdonarme.
No hay nada más subversivo que una mujer libre, y ella luchó con todas sus fuerzas para serlo, por ella y por muchas otras mujeres. Esa es la herencia que nos dejó su arte y por eso digo siempre que ella es mi heroína.
Podría hacer veinte discos más y no terminaría nunca de rendirle homenaje. Para quien no la conozca, dejo aquí su incursión en el cine:
Tenía razón Janis Joplin: la más grande no dejará nunca de cantar, porque estará siempre viva en sus canciones.


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