Desde hace ya unos cuantos años, hemos convertido el smartphone en el centro de nuestra vida digital. Este maravilloso ordenador de bolsillo es ya el principal (en ocasiones el único), dispositivo con el que nos comunicamos, consultamos información en Internet, vemos vídeos y por supuesto, escuchamos música.
Es lógico: plataformas de streaming como Spotify, Tidal o Apple Music nos lo ponen fácil. Contar además con pequeños auriculares inalámbricos que caben en la palma de una mano, hace el resto. Pero escuchar música así, aunque resulte cómodo para el acelerado trabajador moderno, se parece mucho a comer en un restaurante de comida rápida. ¿Nos alimenta? Desde luego. ¿Es la mejor opción que tenemos a nuestro alcance? Casi nadie estaría de acuerdo. ¿Podemos basar nuestra alimentación en una dieta de comida ultraprocesada? Espero que no.
Que no estoy descubriendo nada nuevo lo demuestra el hecho de que en los últimos años las ventas de vinilo se han disparado, que hace un par de ellos surgió un repentino interés por volver a escuchar CDs y que cada vez más personas deciden dejar de vez en cuando el teléfono en casa y salir a la calle con un reproductor de música digital en el bolsillo. No tenéis por qué creerme: una rápida búsqueda en Internet os dará de bruces con esta maravillosa tendencia: «iPod is back»
La fatiga que cada vez más personas sienten debido a la estimulación continua de las pantallas y redes sociales junto al «cansancio de la recomendación algorítmica», les está llevando (especialmente a los más jóvenes), a echar la vista atrás cuando el concepto de suscripción era algo que asociábamos casi exclusivamente al gimnasio.
Un ladrillo musical…
Ahora es cuando llega la parte de confesar: yo también he sucumbido. He dicho basta (aún estoy en proceso) al hecho de tener el teléfono siempre al alcance de la mano, al desbloqueo casi inconsciente de la pantalla por ver qué pasa. Y a la vez, me he preguntado si había algo que me estaba perdiendo; si ese «revival del MP3» tenía sentido, o era poco más que el enésimo postureo en redes.
Para escapar de esta «angustia audiófila», mis amigos de Zococity han tenido la amabilidad de cederme uno de sus reproductores de música digital más vendidos: el Hiby R4 . Y no os voy a engañar. Sorprende a la vista. Tanto por sus dimensiones, como por su peso (más de 300 gramos), se parece más a un pequeño ladrillo que un teléfono. Y aunque tiene una estupenda pantalla de casi cinco pulgadas y su sistema operativo es Android, su único objetivo es mejorar la forma en la que escuchamos música.
Comencemos por lo evidente. Podemos conectarle unos auriculares de cable. ¿Hace cuánto que no hacéis algo así en vuestro teléfono? Y no solo los que nos regalan en los trenes; su impedancia sin llegar a mover los grandes auriculares planar-magnéticos que suelen exigir un DAP dedicado, sí que es más que suficiente para trabajar con modelos de gama alta, incluidos modelos exigentes como el Sennheiser HD 800. ¿Soporta Bluetooth? Por supuesto. Pero no estamos aquí para eso, ¿verdad?
Hablemos a continuación de lo que realmente importa: el DAC. Es decir, cómo transforma la música digital en una «señal analógica» que podamos escuchar. Si este tipo de reproductores tienen este formato «ladrillesco» se debe entre otras cosas porque necesitan espacio para albergar tarjetas de sonido de calidad. Mientras el pobre iPhone está demasiado ocupado siendo teléfono, cámara, GPS y medio cerebro externo de la humanidad, dispositivos como el Hiby R4 solo sirven para una cosa.
Y se nota. La música respira de otra manera: los instrumentos tienen más espacio, las dinámicas se perciben con mayor claridad y los matices que suelen perderse en dispositivos generalistas aquí brillan con luz propia. De alguna forma, pasar de escuchar música en un teléfono a hacerlo en un aparato como este es como ir al otorrino porque tenemos un tapón de cera. Sales de la consulta y, de pronto, los sonidos vuelven a tener relieve. Entonces llega la pregunta inevitable: ¿por qué no hemos oído siempre así?
Al estar basado en Android no solo podemos escuchar nuestra propia música digital, sino que también podemos instalar algunas aplicaciones como Qbuz, Spotify o Apple Music, por citar algunas. También aquí, en nuestro querido streaming, ganamos con el cambio. Pero en lo que es una de las tareas que en los últimos tiempos me tiene más ocupado, es en lo interesante que puede resultar por ejemplo poner en marcha un servidor de medios. Todo lo que necesitamos es un ordenador antiguo, paciencia para digitalizar nuestra colección de CDs (por ejemplo) y una aplicación como Plex, que nos va a devolver el poder disfrutar de nuestra música (la nuestra sí, no la que alquilamos), con total flexibilidad y donde queramos.
¿Más cosas? En este caso concreto, el Hiby R4 nos ofrece la posibilidad de trabajar en modo DAC externo (es decir, podemos conectarlo a un ordenador u otra fuente de audio), e incluso como receptor Bluetooth, lo que puede resultarnos de utilidad si tenemos un equipo antiguo al que queremos enviar música OTA (over the air).
… que recomiendo
Después de unas semanas escuchando música con este Hiby R4, tengo claro que no hay vuelta atrás. Y no por este modelo concreto (que reconozco que me ha gustado, pese a que tiene algunos detalles a mejorar, como un mayor almacenamiento interno), sino porque cumple con las promete: que la música sea lo principal.
¿Quiere decir esto que no voy a volver a escuchar música en mi teléfono? Ni mucho menos. Sin ofrecer la experiencia que encuentro en este tipo de reproductores, a día de hoy el smartphone cumple de una forma más que digna. Y para el día a día, en el que no siempre podemos llevar con nosotros dos o tres dispositivos encima, sigue siendo imbatible.
Pero reconozco que en todos esos momentos que son para mí, para poner los cinco sentidos en lo que escucho y disfrutar de los matices, no hay comparación posible. Probablemente, si disfrutas tanto de la música como lo hago yo, esto es algo que te has planteado en alguna ocasión. Y si no…quizá sea momento de descubrir lo que llevamos años escuchando a medias.


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