Los mejores proyectos de música independiente. Eso es lo que, cada año, reconocen los Premios MIN, unos galardones que prometen reconocer el trabajo de muchos de esos artistas que casi siempre viven a la sombra de las grandes discográficas, que apenas verás en las recomendaciones algorítmicas de Spotify y que no viven de la música, sino para la música.
Debido sin embargo a un sistema de puntuación que depende en gran medida de la votación del público, incluso para ser independiente es necesario ser popular. Esto se traduce en que, en ocasiones, los proyectos que se premian no son necesariamente siempre los mejores, sino aquellos que tienen una mayor tracción entre programadores, compañeros, salas… y por supuesto, redes sociales.
En el caso del jazz, género minoritario por excelencia, independiente desde su propia definición en cualquier enciclopedia, suele ocurrir que en premios como los MIN los artistas premiados sean precisamente aquellos más conocidos y hasta cierto punto «comerciales». En este 2026, el disco premiado ha sido Al cante, firmado por el contrabajista Pablo Martín Caminero y el canator jerezano David Carpio.
El proyecto, que fusiona jazz, flamenco y cante es, según el propio Caminero, «un disco muy arriesgado». Y ciertamente lo es. Porque sin discutir la calidad de este trabajo, impecable en muchos aspectos, cuesta pensar en cómo ha sido el proceso que lo ha llevado a convertirse en el mejor disco de jazz del año en los MIN.
En primer lugar, porque este disco es sobre todo un disco de flamenco. E incluso si aceptamos barco con esa «manida categoría», la balanza inclina todo su peso sobre el platillo del flamenco-jazz, dejando ingrávida la para mí más interesante jazz-flamenco.
En segundo lugar, porque en un momento en el que hay tantos proyectos interesantes que apuestan por la renovación y modernización del género, no solo desde el prisma mismo del jazz, sino también con la fusión de otras músicas como la electrónica, el hip-hop, el soul y tantas otras, una parte importante de la industria parece seguir anclada en una forma de entender esta música que ya alcanzó su cenit con el enorme Pedro Iturralde…Tan alargada es su sombra que más de treinta años después de su retirada de los escenarios seguimos premiando su propuesta.
Y finalmente, porque aunque sin lugar a dudas Pablo Martín Caminero es un músico excelente (y que personalmente me encanta), uno de los mejores de nuestro panorama jazzístico actual, me cuesta clasificarlo como un artista «independiente» si nos referimos a los límites que el jazz impone en España.
Más bien al contrario, pocos rostros resultan más reconocidos, reconocibles y menos periféricos. Pocos como él se han ganado por derecho propio el poder vivir de una música que en nuestro país cuenta con tan poco predicamento. Precisamente por esto, pensaba que premios como los MIN estaban para otra cosa. Y lo repito: nada que objetar a este «Al cante», ni por supuesto a los dos artistazos que lo firman. Pero me quedo de nuevo con un sabor agridulce, del que espera que tal vez cambien las cosas, para constatar que casi nunca lo hacen.


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