Escribo este artículo después de una segunda sesión como DJ ocasional en Casa Botella, maravilloso espacio gastronómico situado en el centro de Madrid y que ha tenido la amabilidad de cedernos su sala de escucha para que los locos que formamos parte de Caravan Jazz podamos pasar la noche pinchando vinilos.
Han sido horas de frenesí sí, de mezclar (en ocasiones con muy mejorable resultado) distintos temas, de beber vino… pero con lo que quizás me quedo es que han sido dos noches de compartir, de construir comunidad en torno a la escucha. De responder a mil preguntas, de invitar a otros a entrar en este universo tan maravilloso que es el jazz… y que apenas puede definirse con palabras si no estás dentro.

Little North – Crossing Currents
Diez años después de su debut con Yonder, Little North celebra su legado con Crossing Currents, su segundo disco para ACT. El trío danés formado por Benjamin Nørholm Jacobsen (piano), Martin Brunbjerg Rasmussen (contrabajo) y Lasse Jacobsen (batería) se abre en su nuevo trabajo al influjo de la escena neoyorquina, en el que probablemente sea el álbum menos «nórdico» de su discografía.
Como «padrino» para esta nueva aventura, nada menos que Joel Ross, uno de los vibrafonistas más destacados de la última década y con el que colaboran a lo largo de distintos temas. A ellos se suma también el saxofonista sueco Hannes Bennich, ampliando la paleta sonora del grupo y llevándolo desde la intimidad de sus discos clásicos, hasta un proyecto más coral.
Grabado en The Bunker Studio de Brooklyn, Crossing Currents encuentra sin embargo su mayor virtud en el equilibrio entre una sensibilidad nórdica que no se diluye por completo y la energía creativa de Nueva York. El diálogo entre el piano y el vibráfono genera un espacio sonoro de enorme delicadeza, mientras el saxofón de Bennich aporta tensión al conjunto.
Hasta cierto punto, podría decirse que tanto Ross como Benich son las voces que más brillan a lo largo del disco por lo fans irredentos de Little North puede que puedan sentir una ligera punzada en el estómago. Para el resto sin embargo, supone consolidar el camino que ya emprendieron en «While you white»; la evolución de un grupo que quiere más.

Ingrid Jensen – Landings
Con Landings, Ingrid Jensen vuelve a demostrar por qué lleva décadas ocupando un lugar privilegiado entre las grandes trompetistas del jazz contemporáneo. Lejos de acomodarse en un sonido reconocible, la canadiense presenta un canto a la libertad, plagado de infinitos recursos compositivos, improvisación y energía contagiosa.
Acompañada por Gary Versace al órgano, Marvin Sewell a la guitarra y Jon Wikan a la batería, Jensen lleva en lo que en apariencia es un disco para «todos los públicos», múltiples capas de complejidad técnica y armónica, con guiños a samba, bossa nova, sofisticación nórdica, blues y un largo etc. enmarcados en jazz contemporáneo.
El disco se abre con uno de sus grandes atractivos: la participación del legendario saxofonista George Coleman, que a sus 89 años revisita su composición Amsterdam After Dark con una autoridad y una vitalidad admirables. A partir de ahí, Landings despliega un recorrido lleno de matices, desde la introspección de New Body hasta el homenaje a Carla Bley en Ida Lupino o la tensión narrativa de Handmaidens Tale, inspirada en la novela de Margaret Atwood. En todas ellas destaca la capacidad de Jensen para construir solos apabullantes y que una vez más, la convierten en esa trompetista que tienes que escuchar.

Your Brother’s Keeper & Gary Bartz – Where Rivers Meet
Gary Bartz no para. El veterano saxofonista estadounidense, figura esencial del jazz moderno desde sus colaboraciones con Charles Mingus, Art Blakey o Miles Davis y referente indiscutible del spiritual jazz, une fuerzas con el colectivo londinense Your Brother’s Keeper para dar forma a Where Rivers Meet un álbum que convierte el diálogo intergeneracional en su principal virtud.
Publicado por Brownswood Recordings con motivo del vigésimo aniversario del sello, el disco encuentra un punto de equilibrio entre la experiencia de Bartz y la vitalidad de una de las escenas más fértiles del jazz europeo actual. Impulsado por el batería y productor Jake Long (Maisha), Your Brother’s Keeper reúne a algunos de los nombres más interesantes del nuevo jazz británico, entre ellos Ali MacSween, Chelsea Carmichael y Axel Kaner-Lidstrom.
En este sentido, el álbum sitúa el saxofón de Bartz en un paisaje sonoro contemporáneo, modelado por la síntesis modular, la electrónica y la instrumentación acústica, de modo que en ocasiones, su interpretación se procesa en tiempo real mediante sistemas modulares, creando un diálogo entre el lenguaje del jazz espiritual y modal y una paleta más amplia de sonidos y texturas. Imprescindible para los que tras escuchar la colaboración entre Paroah Sanders y Floating Points se quedaron con ganas de más.

Avishai Cohen – Eternal Child
Sin renunciar a las señas de identidad que han definido su música durante las últimas dos décadas, en Eternal Child el contrabajista israelí Avishai Cohen vuelve la mirada hacia el formato clásico de trío y a las raíces del jazz que marcaron su formación. Acompañado por el joven pianista Itay Simhovich y el batería Eviatar Slivnik, y con la participación especial de Jeff Ballard en varios temas, Cohen construye un álbum en el que la tradición de Bill Evans, Ahmad Jamal o los Jazz Messengers convive de forma natural con su característico sentido de la melodía y el groove.
El disco, cuyo título toma prestado de una composición de Chick Corea, funciona también como un homenaje a quien cambió el rumbo de la carrera de Cohen y como una reflexión sobre la capacidad de conservar la curiosidad y el asombro propios de la infancia. Cada pieza está dedicada a personas de su entorno más cercano, lo que aporta un carácter autobiográfico. Desde el impulso rítmico de Lookie o My Brues hasta la delicadeza de El Bazita o la elegancia de la versión de Eternal Child, el álbum mantiene un equilibrio constante entre sofisticación armónica, espontaneidad e inmediatez emocional.
Más allá de su valor como disco, Eternal Child es una estupenda puerta de entrada para el universo de Avishai Cohen. Un trabajo redondo en sus propios términos y que, aunque no admite comparación con algunos de los títulos más reconocidos del contrabajista, es tan disfrutable como aquellos.


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