Ride to Heaven es el segundo álbum del joven talento ibicenco Andrés Coll, protegido del legendario pianista alemán Joachim Kühn, cuya estrecha amistad y colaboración ha impulsado notoriamente la trayectoria artística del vibrafonista español.
De principio a fin, el álbum se desarrolla como un viaje cósmico a través de temas humanos universales: el coraje, la llamada de la naturaleza, la esperanza, las despedidas y el espíritu de aventura. Ride to Heaven sirve como título y como mensaje: una invitación a cabalgar hacia el destino con alegría y valentía, a abrazar sin miedo la vida en su totalidad.
Junto a Andrés, a lo largo del circuito podemos escuchar a Mateusz Smoczyński (violín) y Ramón López (piano). Como en el caso de Javier Vercher y Albert Cirera, le preguntamos sobre si experiencia en el Circuito AIEnRutaJazz 2026.
El circuito AIEnruta lleva el jazz a ciudades como Palencia, Lugo, Ciudad Real o Ibiza, lejos de los grandes epicentros como Madrid o Barcelona. ¿Sientes que el futuro y la frescura del jazz en España dependen hoy más de esta descentralización y de los nuevos oyentes que de los clubes de las grandes capitales?
Totalmente, la creciente globalización y el aumento de transportes nos ha aportado a los músicos la posibilidad de realizar conciertos y giras en territorios del mundo en los que la actividad del jazz internacional no es común. En España gozamos de crecientes regiones, cada día más llenas de vida y cultura, como lo puede ser el Norte, Andalucía, y maravillosos pueblos, donde puedes tener un concierto y un trato de como si fuera el Carnegie Hall.
Con nuestro ‘’Cosmic Trio’’, por ejemplo, tuvimos la suerte de tocar a finales de Diciembre en el Festival de Jazz de Essaouira, o en Puerto Real (Cádiz), además de Alemania, Corea del Sur y gracias al apoyo del ciclo AIEnRutaJazz, tendremos la suerte de poder visitar nuevos sitios para nosotros donde poder compartir nuestra música y álbum, un lujo.
En el debate actual sobre qué es jazz en 2026, la improvisación tradicional y el swing a veces ceden terreno ante la experimentación pura, el folclore o la música de cámara. En tu propuesta actual, ¿qué peso mantiene el lenguaje del jazz frente a la total libertad contemporánea?
Al final, sea como sea nuestra música, nuestra base es el jazz; quiero decir, la decisión que tomó nuestro ‘’yo’’ de 15, 16, 17 años de adentrarse en el jazz, fue a través de escuchar a nuestro respectivo jazzista, álbum, o ‘’faro’’, que de una forma o de otra, nos dijo: ‘’esto es posible, si yo puedo, tu también’’, y es muy importante que como músicos profesionales que ya llevan años de carrera, que mantengamos esa raíz, esa conexión con nuestro niño o adolescente ilusionado por empezar en el jazz, y eso se nutre escuchando la música que nos llena, y permitiendo que elementos de ella enriquezcan nuestra forma de tocar y componer.
Dentro de este álbum, ‘’Ride to Heaven’’, hemos contado nuestra historia, está todo, nuestro folclore, nuestro jazz, nuestras inspiraciones, desde Ornette Coleman, a Joachim Kühn, hasta las castañuelas ibicencas milenarias o la tabla india.
Las plataformas de streaming presionan hacia composiciones más directas y cortas, amenazando la existencia de las grandes suites o los desarrollos largos. Como compositores, ¿cómo os plantáis ante esta realidad en vuestros últimos trabajos? ¿Sigue habiendo espacio para el viaje largo y el riesgo en el disco de jazz actual?
Soy muy consciente de eso, de como se trata a la música hoy en día en las grandes plataformas y aún así, no hicimos ninguna concesión a adecuar nuestra música a algo que no fuera lo que este ‘’viaje’’ necesitaba.
¿Alguien se imagina que tuviesen que reeditar novelas antiguas, cortando su contenido a la mitad y censurando su intensidad para que pudiesen ser leídas hoy en día? Creo que todo lo que vemos es un reflejo de la sociedad actual: burocracia, adicciones ignoradas a pantallas y otros estímulos, un ritmo de vida ajetreado y constantemente ocupado.
Al final, si gran parte de los consumidores de música se encuentran en este estado del que pecamos todos, la música tiene que adecuarse a ello. Dos grandes esfuerzos en mi vida son poder crear la mejor música posible e intentar tener la consciencia suficiente para no caer en ese estilo de vida; mi odisea.
Flamenco, folclore, música clásica europea, vanguardia neoyorquina… La escena española actual destaca por su mestizaje. ¿Es la hibridación una necesidad para encontrar una voz propia en España o existe el peligro de que se convierta en una etiqueta comercial atractiva para el mercado exterior?
Lo importante es contar la historia de cada uno, y que sea auténtica; mientras no nos colguemos etiquetas con el objetivo de vender o atraer, la música y el arte serán reales.
En mi caso, mi música cuenta inherentemente con el ADN del folclore ibicenco y de la vanguardia que he adquirido a través de mi amistad con la leyenda del piano Joachim Kühn, que vive en la isla.
Es algo que no puedo evitar y que está dentro de mi sangre, cuando compongo, improviso, toco, la cabra siempre tira al monte, a lo que le mueve, y son esas influencias. Crecí desde los 9 años en el folklore de la isla de Ibiza, y mi carrera en el jazz y aprendizaje fueron de la mano de Joachim, quien me acogió con 20 años, empezando mi carrera musical.
Actuar en espacios no siempre habituados al jazz exige una flexibilidad interpretativa diferente. ¿Modificáis vuestra interacción colectiva o el repertorio cuando tocáis para un público predominantemente joven y universitario en comparación con un festival de jazz especializado?
No en especial, somos conscientes siempre del espacio, el ambiente, la vibración, el tono,.. y nos ajustamos naturalmente a ello, pero desde la solidez de nuestra propuesta, es decir, hemos grabado un álbum en el que la trama está compuesta como una novela, de principio a fin, y todo está en su sitio, es como representar una obra de teatro.
Vayas a donde vayas, el guion y la historia no cambian, ese es el concepto de los conciertos y tenemos muchas ganas de que todo el mundo lo escuche, tanto público joven, especializado, veterano, amateur…Tocamos para las personas.


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