Cuando Miles Davis se disfrazó de proxeneta en Corrupción en Miami

Pocos artistas como Miles Davis han podido permitirse el lujo de hacer exactamente lo que les ha dado la gana a lo largo de su vida. En su caso, no solo ha sido un visionario capaz de “reinventar” el jazz en al menos tres ocasiones a lo largo de su trayectoria, sino que la tremenda fama de la que disfrutaba a finales de los años 70 y principios de los 80, le facilitaba el poder embarcarse en todo tipo de proyectos, incluso en los más disparatados.

Probablemente uno de los menos recordados en 2026 (y probablemente con razón), sea el de su “actuación estelar” en “Corrupción en Miami”. El 8 de noviembre de 1985, la NBC emitía ”Junk Love” el séptimo episodio de la segunda temporada de la serie protagonizada por el detective James «Sonny» Crockett.

En este episodio, nuestro querido trompetista no se limitaba a hacer un cameo, sino que interpretaba, con todas las de la ley, a Ivory Jones, un antiguo contrabandista que regentaba un burdel de lujo en la capital oficiosa de Florida. La irrupción de Crockett y Tubbs en el local destapaba el caso de Rosella, una joven drogodependiente vinculada a Juan Carlos Silva, un poderoso narcotraficante al que la policía llevaba tiempo intentando atrapar.

Acorralado por el teniente Castillo, que conocía su pasado en el contrabando, Ivory aceptaba colaborar con los agentes y facilitarles el acceso al entorno de Silva. La decisión terminaba costándole la vida: el narcotraficante descubría su implicación y lo asesinaba, haciendo llegar a Rosella su collar como prueba. Miles interpreta a Jones de una forma muy similar a cómo era fuera de los escenarios: largas pausas, gestos mínimos y una seguridad absoluta en sí mismo. Incluso su célebre voz ronca parece creada expresamente para la serie.

En pleno siglo XXI,muchos pueden preguntarse sobre qué ganaba Davis participando en un proyecto tan rocambolesco. Pero lo cierto es que no solo Davis era un fan declarado de la serie, sino que que “Miami Vice” no era una más.

Estrenada en 1984 con Michael Mann como productor ejecutivo, fue probablemente la primera serie que aportó una sensibilidad cinematográfica a la pequeña pantalla: montaje rápido, bandas sonoras de música pop contemporánea, imágenes bañadas en tonos pastel y tramas inspiradas en muchos de los casos reales que a diario marcaban a fuego una época en la que Estados Unidos librara su particular guerra contra las drogas (tanto dentro, como fuera de casa).

Que “Corrupción en Miami” pasó a formar parte de la conversación cultural en Estados Unidos, también lo demuestra el hecho de que Davis no fue ni mucho menos, el único artista en colarse en una trama: Leonard Cohen, James Brown, Little Richard o Phil Collins figuraron entre su lista de “invitados”.

Vista con perspectiva, la aparición de Miles Davis resulta menos extravagante de lo que podría parecer. En aquellos años, el trompetista estaba decidido a no convertirse en una pieza de museo: se acercaba al funk, al pop, a los sintetizadores, a los videoclips y a cualquier lenguaje que conectara con el presente. Participar en una de las series más modernas e influyentes del momento respondía, en el fondo, al mismo impulso que había guiado toda su carrera: avanzar hacia lo nuevo sin pedir permiso a nadie.

Y debió de gustarle la experiencia, porque Ivory Jones no fue su última incursión como actor. Después llegarían apariciones en Crime Story y Los fantasmas atacan al jefe, además de un papel mucho más importante en Dingo. Pero ninguna conserva esa extraña fascinación.


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