No sé si una revista sobre jazz debe ser el último espacio en el que escribir sobre fútbol. Probablemente no. Y sin embargo, tras la victoria de España en el Mundial, no puedo evitar acordarme de todos esos partidos en los que “la Roja” perdía y en los que mi padre, al terminar los 90 minutos apagaba la tele y me decía, resignado: “Rudy, son unos mantas, nunca ganaremos nada”. No llegó a tiempo para celebrar el gol de Torres, en la Euro de 2008, el de Iniesta de mi vida en el Mundial de 2010, el zapatazo de Ferrán Torres contra Argentina.
Disfrutaba de su Madrid, porque vibró con las primeras Copas de Europa en color (nunca le escuché lo de ‘Champions’), así que las decepciones acumuladas, como el codazo de Tassotti a Luis Enrique o el desesperante Gamal Al-Ghandour, le dolían un poco menos. Asumía que el Madrid ganaba y la Selección no lo hacía.
Aunque no creo en el más allá, cuando enciendo la televisión y juega España, me parece escucharle, mira, ya no somos unos mantas.

Nicholas Payton & Butcher Brown – A Supreme Blue
Reinterpretar Kind of Blue y A Love Supreme es, probablemente, una de las ideas más arriesgadas que puede asumir un músico de jazz. Sobre todo, si lo que se pretende es alejarse de un camino transitado mil veces antes con la intención de aportar algo nuevo. Nicholas Payton y Butcher Brown lo saben desde el primer momento y, precisamente por ello, evitan caer en la trampa.
A Supreme Blue es efectivamente un homenaje, pero no es ni una reconstrucción ni una reinterpretación al uso. Es un punto de partida que rescata los principales motivos melódicos de ambos álbumes, trasladándolos a un lenguaje sonoro contemporáneo. La propuesta combina la inconfundible trompeta de Nicholas Payton con la producción de un Butcher Brown, que deja atrás ese sello distintivo tan bailable, para sumergirnos en bases lo-fi, texturas electrónicas, armonías procesadas y una aproximación atmosférica a los temas originales.
En este sentido aunque las líneas melódicas de los temas son perfectamente reconocibles para los aficionados, no se convierten en un corsé, sino en puntos geográficos a partir de los que construir con libertad nuevas ideas. Es ese delicado equilibrio, entre fidelidad y transformación, lo que mejor funciona de un disco que nos seduce desde el principio hasta el final.

Terri Lyne Carrignton – Trip the Night Fantastic
Trip the Night Fantastic supone el regreso de Terri Lyne Carrington al frente de Social Science después de Waiting Game,uno de los grandes clásicos del jazz del siglo XXI y que supuso el lanzamiento definitivo a la “arena” de nombres como los de Kassa Overall, Aaron Parks o Matthew Stevens.
En esta segunda entrega, Carrington amplía el planteamiento colectivo de aquel trabajo mediante trece canciones que conectan jazz contemporáneo, soul, funk, hip-hop, electrónica y diferentes tradiciones rítmicas, sumando al “núcleo duro” de su proyecto a toda una pléyade de colaboradores, que incluyen nombres como Arooj Aftab, Moor Mother Irreversible Entanglements), Fatoumata Diawara, Brandee Younger, Michael Mayo, Lizz Wright, Marc Ribot, Larry Goldings o Angela Davis.
A partir de estos ingredientes, Carrington utiliza estilos, voces y tradiciones diferentes para construir un espacio común alrededor de la identidad, la justicia social, la solidaridad, la infancia, el clima y la posibilidad de imaginar otras formas de convivencia en los Estados Unidos de Donald Trump.
El disco es disfrutable, rítmico y en muchos momentos bailable, pero su accesibilidad resulta engañosa. Y es que aunque la superficie del álbum es cálida y melódica, por debajo suceden demasiadas cosas para reducirlo a un conjunto de colaboraciones estelares: contrapuntos vocales, capas electrónicas, desplazamientos rítmicos, detalles instrumentales e intervenciones habladas modifican continuamente el significado de cada pieza. Y aunque en una primera impresión puede ser la de un álbum demasiado amplio y disperso, las sucesivas escuchas revelan que esa abundancia es precisamente su forma. No se lo pierdan.

Jeff Parker – Happy Today
Tan solo dos largas interpretaciones en directo que se desarrollan a partir de grooves repetitivos, improvisaciones y pequeñas variaciones que transformar lentamente el paisaje sonoro de lo que escuchamos. Esto es lo que escuchamos nada más y nada menos en ”Happy Today” el nuevo disco de Jeff Parker y su ETA IVtet.
A lo largo de los casi 45 minutos que dura el disco, Parker apuesta por desarrollar un concepto musical que avanza de forma orgánica, de a poco, en un susurro incremental que permanece en continuo movimiento. En este sentido, puede parecer que la música apenas cambia…pero si le prestamos atención y permanecemos en ella, nos introducimos precisamente en un momento Happy Today.
Para conseguirlo, la banda trabaja sobre células muy sencillas que evolucionan mediante pequeñas modificaciones de dinámica, timbre y acentuación. No existen grandes clímax ni solos concebidos para atraer la atención. Todo ocurre de forma gradual, generándose una música hipnótica a partir de muy pocos elementos. ¿Y Jeff Parker? En lugar de situarse constantemente en un primer plano, como podría ser el caso de un guitarrista de su nivel, se suma a la causa, utilizando su instrumento como un elemento más dentro del tejido colectivo. Una de las gratas sorpresas de este año.

Emmet Cohen – Universal Truth
Faltan divulgadores capaces de dar a conocer la historia del jazz a nuevas audiencias. Pocos saben hacerlo tan bien como Emmet Cohen. El pianista israelí reivindica la tradición no como un símbolo del pasado, sino como un legado que seguir desarrollando, sin dejarse llevar por la fusión que está “arrasando” las distintas escenas.
Es la propuesta de sus últimos discos y vuelve a ser el hilo conductor de este Universal Truth, una verdad universal que, en su revelación a los justos, se arropa de primeras espadas: Ron Carter, George Goleman, Jeremy Pelt, Joe Farnsworth…¿qué puede salir mal? Nada.
De forma previsible, el disco suena maravillosamente bien a lo largo de un conjunto de estándares, del que tan solo una chispeante versión de Blue Train sorprende con algo realmente nuevo. Y es que si antes alabábamos el buen hacer de Nicholas Payton al inventar nuevos clásicos, aquí no podemos sino subrayar el buen hacer de Cohen al seguir su estela.
Intercalada en el disco, una suite de tres movimientos completamente original y que nos deja con la miel en los labios, la pregunta de si, con el enorme talento del que dispone, en algún momento decidirá escribir un nuevo capítulo en lugar de seguir interpretando con brillantez los anteriores.


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