Nos tachan de serios. De mirar con desdén cualquier género musical que no sea jazz. De ser incapaces de divertirnos y mucho menos de disfrutar en un concierto “de verdad”: esos en los que se ríe, se salta y uno se deja la garganta al intentar escucharse mientras se grita parte del estribillo de la canción del verano.
Y sin embargo, hace tan solo unos días allí estaba yo, en el muy recomendable museo de ABBA de Estocolmo, disfrutando como el que más, haciendo el ridículo como todos, cantando en una supuesta “cabina insonorizada” que soy toda una “dancing queen”, para después pasar a un escenario en el que acompañado de avatares virtuales de Agnetha, Björn, Benny y Anni me convertía en un miembro más del grupo. No me juzguéis con demasiada severidad.

Somi – What Does It Take to Bloom?
Después de Zenzile: The Reimagination of Miriam Makeba (2022), Somi regresa aquí a un repertorio de composiciones originales que remiten a sus propias raíces africanas. La cantante, nacida en Illinois, pero de ascendencia ruandesa y ugandesa ha explicado el álbum como una reflexión sobre cómo echar raíces, crecer y seguir siendo fiel a uno mismo en medio de la pérdida, la incertidumbre y el cambio.
No solo estamos ante una de las mejores vocalistas de su generación, con una belleza tímbrica extraordinaria, sino ante una artista que demuestra un tremendo control, elasticidad, fraseo y una fantástica capacidad dramática para modificar el color de la voz según la canción.
En algunos momentos puede sonar íntima y casi conversacional; en otros, especialmente en piezas como “Lay It Down”, la voz adquiere una potencia expresiva enorme. Pero además lo que escuchamos en su nuevo disco es una de esas interpretaciones en las que el instrumento vocal deja de ser el centro y pasa a organizar emocionalmente todo lo que sucede alrededor.
Especialmente interesante es descubrir cómo la raíz africana atraviesa el álbum en varios niveles. Está en el fraseo vocal, en determinados patrones rítmicos, en la lógica de algunos coros y respuestas colectivas y en la presencia del highlife y otras tradiciones del África occidental. Sin dudas, uno de los grandes discos de jazz vocal de este año.

Dinner Party – Whatchu Bringing?
Dinner Party reúne a Terrace Martin, Robert Glasper, Kamasi Washington y 9th Wonder, cuatro músicos y productores cuya trayectoria individual permitiría convertir cualquier proyecto conjunto en una “lucha de egos”, sin una personalidad claramente definida. Y durante algún tiempo…fue exactamente así. Hasta ahora.
El grupo apareció en 2020 con Dinner Party, seguido poco después por la relectura Dinner Party: Dessert. En 2023 llegó Enigmatic Society. Whatchu Bringing? supone su regreso discográfico tres años después y en realidad, es el primer lanzamiento que se presenta explícitamente como álbum completo, profundizando en una fórmula que funciona: jazz, hip-hop, soul y R&B.
Mientras que en sus primeros EPs escuchábamos básicamente una sucesión de colaboraciones y un ejercicio de más o menos artificio, aquí la integración es mucho más natural, con una producción muy cuidada que consigue que los nueve temas del álbum funcionen de forma orgánica, sin que sean los arreglos los que le roben el protagonismo. El tramo central, dominado por la voz de Phoelix desde Stargazing hasta Mutual Respect, es además lo que termina dando al álbum su identidad de obra completa. Su mejor trabajo hasta la fecha.

DOMI & JD Beck – You Asked!
DOMi & JD BECK es un dúo formado por la teclista francesa Domi Louna y el baterista estadounidense JD Beck. Su música combina jazz fusión, hip-hop instrumental, funk, IDM…y casi todo lo que pueda pasar por la imaginación de dos jovencísimo músicos que dieron mucho de lo que hablar en 2022 con su primer álbum: NOT TiGHT. El disco, producido por .Paak, obtuvo nominaciones al Grammy como mejor álbum instrumental contemporáneo y como mejor nuevo artista.
Cuatro años después, en You Asked! el dúo amplía su sonido mediante una producción más orquestada, una mayor presencia de las voces y una escritura que busca ir más allá del intercambio vertiginoso entre teclados y batería que definió buena parte de su debut.
Aunque es verdad que DOMi y JD Beck han ampliado su vocabulario y han intentado presentarse como compositores más completos, el álbum pierde parte de la energía, la sorpresa y las buenas ideas que hicieron de NOT TiGHT una propuesta singular.
Hay temas interesantes y momentos bien construidos, pero el conjunto no termina de despegar. La parte vocal es especialmente débil: las voces se integran en la producción, pero no aparecen canciones que vayamos a recordar. El resultado es un álbum con más recursos y menos personalidad, más ambición y menos impacto.

James Brandon Lewis Quartet – Omni
Omni es el sexto álbum del maravilloso cuarteto de James Brandon Lewis, formado por Aruán Ortiz, Brad Jones y Chad Taylor. Tras más de una década de colaboración, el grupo sigue desarrollando la idea de Molecular Systematic Music, el sistema compositivo de Lewis, ahora ampliado hacia lo que el propio entorno del álbum ha denominado “góspel dodecafónico”: estructuras complejas y pensamiento serial que conservan el impulso vocal, comunitario y extático de la tradición religiosa afroamericana.
No nos cansaremos de decir, lo que ya debería resultar evidente para cualquier aficionado al jazz: James Brandon Lewis atraviesa uno de los momentos creativos más destacados de su carrera, con un sonido inmediatamente reconocible, una técnica descomunal y una capacidad narrativa que excede a la mayoría de los músicos de su generación.
Pero además, hablemos de un cuarteto único que es mucho más que Lewis. Ortiz, Jones y Taylor han construido un lenguaje colectivo en el que la personalidad del grupo se mantiene disco tras disco sin repetirse. No es fácil.
Por poner un pequeño pero, el imaginario religioso aparece de forma tan explícita en los títulos, la estructura y el discurso que condicionan un tanto la interpretación. Y es que la música debería trascender al sermón, al carácter devocional del grupo, o a la gratitud a la “presencia divina”. Un disco excelente en todo caso, que tal vez debería tomarse a sí mismo menos en serio.

Nils Petter Molvaer – Be Quiet
Proyecto colaborativo construido a partir de encuentros en dúo entre Nils Petter Molvær y artistas procedentes del jazz, la electrónica, la música contemporánea y distintas tradiciones instrumentales y grabado en ciudades como Bangkok, Roma, Berlín y Londres, Be Quiet se articula como un diálogo entre la trompeta de Molvaer y voces, distintos instrumentos musicales, electrónica y grabaciones experimentales.
El álbum prolonga una de las líneas fundamentales de la carrera de Molvær: entender el estudio, la electrónica y el tratamiento del sonido como parte de la composición, no como decoración añadida al jazz. Su interés está también en la amplitud de colaboradores, desde Alva Noto e Imogen Heap hasta John Paul Jones, Marilyn Mazur y Anja Lechner.
Esta amplia nómina de artistas y espacios en los que se han realizado las grabaciones dan lugar, para sorpresa de casi nadie, a un disco irregular: preciosista e incluso hipnótico en algunos temas, previsible e incluso aburrido en otros en los que Molvaer corre el riesgo de perderse en un ambient-jazz que se desliza peligrosamente hacia el chill.


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