El caso del aficionado al jazz de vanguardia

Los enamorados del jazz de vanguardia están de enhorabuena. Hace unos días se lanzaba “Fifteen” el nuevo disco del compositor, saxofonista y flautista Henry Threadgill, quien a sus 82 años, sigue encontrando argumentos en la música para cuestionarnos, desafiarnos y proponer nuevas ideas En esta nueva aventura, le acompañan el pianista Vijay Iyer y el percusionista cubano Dafnis Prieto.

No es, como seguramente sospechen muchos, un disco fácil. Todo lo contrario. Como la mayoría del jazz “de vanguardia”, exige una escucha atenta, silencio incluso en nuestros propios pensamientos; un “dejarnos mecer” por los meandros de una propuesta que puede conectar con algo en lo más íntimo de nuestro ser; o que puede, si no estamos dispuestos a aceptar sus reglas, dejarnos completamente indiferentes.

En un momento en el que el algoritmo de Spotify, YouTube o TikTok parece ser el responsable de decidir qué es lo que escucharemos a continuación, sentarse y dedicar el tiempo necesario para escuchar este “Fifteen”, pero también cualquier otro disco producido por artistas como Mary Halvorson, Wadada Leo Smith, Patricia Brennan o Tomas Fujiwara, es un acto de rebeldía.

De repente, lo revolucionario no es el selfie FOMO desde la grada 20 del Metropolitano mientras suena NuevaYol, sino llegar cansado a casa, sentarse en un sofá orejero y decidir conscientemente que vamos a cerrar los ojos mientras escuchamos el “Bone Bells” de Sylvie Courvoisier. Cuesta. Ante la disyuntiva de pasar cinco minutos más en Instagram y explorar la discografía de John Zorn, pocas personas en 2026 se decantarían por la segunda opción. Exige.

Sobre todo, porque a diferencia de las redes sociales, el siguiente capítulo en Netflix o encadenar vídeos en YouTube, el jazz de vanguardia no promete una gratificación instantánea. No regala altas dosis de dopamina; ni si quiera garantiza que lo vamos a pasar bien. Más bien al contrario: fricción y problemas. Y nadie quiere problemas.

Hay algo de masoquista en el aficionado al jazz de vanguardia; pero es que tal vez no pueda evitarlo. Tal vez porque debajo de todas esas capas de “aparente” complejidad encuentra su propia recompensa. Tal vez, porque es en la música no evidente donde puede encontrar un remanso de paz, ese cuarto propio del que hablaba Virginia Woolf.

Y es cierto; pueden acusarle de snob o de pseudo-intelectual. Incluso, en determinados círculos, puede hacerse pasar por un falso aficionado: amante público de James Brandon Lewis, mientras utiliza un segundo perfil en Spotify para guardar el pre-lanzamiento del último disco de Taylor Swift.

Pero no nos engañemos. Nadie ganaría la liga de la popularidad presumiendo de haber disfrutado de la aproximación al shakuhachi japonés de Shabaka Hutchings. Como algunos aseguran que dijo Abraham Lincoln, “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Incluso si tiene algunos de estos defectos, como el que afirma conocer de memoria la filmografía de Woody Allen, pero presumir de no saber quién ha ganado el último Mundial, al menos le podemos conceder que es un aficionado honesto. Como la flor edelweiss que crece rodeada de nieve, quien llega a este género musical lo hace a pesar y contra todas las circunstancias que le rodean. No le quitemos mérito.

Y después de todo esto, queda volver a Fifteen. Porque lo cierto es que el nuevo disco de Henry Threadgill me ha gustado. Mucho. No porque después de varias escuchas haya conseguido descifrar algún código secreto, sino porque durante el tiempo que dura consigue precisamente aquello que cada vez resulta más difícil encontrar: que paremos. Que escuchemos.


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Comentarios

2 respuestas a «El caso del aficionado al jazz de vanguardia»

  1. Avatar de puppyhopeful937c39503f
    puppyhopeful937c39503f

    Excelente artículo
    Hay tantos discos buenos del llamado jazz de vanguardia.
    Y volviendo al pasado
    Alguien escucha los discos de John Coltrane post 1965?

    1. Efectivamente y personalmente se encuentran entre los más que me gustan.

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