Imprescindibles Caravan: Oded Tzur – Isabela

Hay discos que se quedan en el recuerdo. Grabaciones a las que volvemos una y otra vez; álbumes que son casa. Isabela, publicado por el saxofonista israelí Oded Tzur, pertenece a esa categoría. Cuando apareció, escribimos en Caravan Jazz que pocos discos nos habían impactado tanto aquel año. También que sus poco más de treinta minutos se clavaban «en el corazón del que lo escucha para no olvidarlo nunca más». Cuatro años después, aquella impresión permanece intacta.

Oded Tzur llegó hasta Isabela después de un recorrido musical bastante poco convencional. En su primera etapa como músico en Israel se había formado escuchando a Dexter Gordon, Charlie Parker o John Coltrane. Pero al mismo tiempo sentía fascinación por músicas muy diferentes: el flamenco de Paco de Lucía y Camarón, las tradiciones de los Balcanes, la percusión de África occidental o la música brasileña.

Como nos explicó cuando conversamos con él tras la publicación de este álbum, su problema consistía precisamente en encontrar una manera de dar sentido y de alguna forma, canalizar todas aquellas influencias. Para su propia sorpresa, la respuesta apareció en la música clásica india.

Más concretamente, en el concepto de raga: un sistema melódico en el que las notas establecen entre sí determinadas jerarquías y relaciones y que, más que construir una melodía, busca evocar un estado emocional concreto.Para profundizar en este concepto, Tzur comenzó entonces a estudiar con Hariprasad Chaurasia, uno de los grandes maestros de la flauta bansuri, y encontró allí el enfoque musical que llevaba tiempo buscando.

Pero había un problema considerable: Tzur tocaba el saxo tenor. La música clásica india depende en buena medida de inflexiones y movimientos microtonales que un instrumento occidental como el saxofón no está inicialmente diseñado para reproducir de esa manera. Tzur dedicó entonces cerca de una década a desarrollar una técnica propia, conocida como Middle Path, que amplía precisamente las posibilidades microtonales del instrumento. Mediante digitaciones muy personales y un control del aire diferente al habitual consiguió que el tenor pudiera deslizarse entre las notas evocando al lenguaje clásico de la India.

¿Puede el blues ser un raga?

Una de las ideas más fascinantes que Tzur nos planteó durante aquella conversación fue precisamente su manera de entender el blues. Para el saxofonista, cuando se observa desde determinadas coordenadas musicales, el blues comparte muchas características con un raga: es una música microtonal, existe una jerarquía entre determinadas notas y las relaciones melódicas son capaces de generar inmediatamente un estado emocional reconocible.

Basta escuchar una frase para saber que estamos ante un blues. Con el raga ocurre algo similar. Por supuesto, Tzur también es consciente de sus profundas diferencias. El blues nace de unas circunstancias sociales muy concretas relacionadas con la experiencia de la población afroamericana en Estados Unidos, mientras que los orígenes históricos del raga nos remiten a una cultura completamente distinta. Sin embargo, encuentra entre ambas tradiciones otro punto de contacto: su componente devocional.

Y aunque el blues no sea música religiosa, Tzur considera que comparte con la música clásica india una búsqueda que apunta hacia algo situado por encima del mero entretenimiento. Esta idea atraviesa Isabela.

El disco nació además de una pregunta aparentemente imposible: ¿puede la música retratar a una persona? Tzur quería realizar un retrato musical de su mujer, Isabela. Para lograrlo, decidió trabajar desde sus propias sensaciones.

La composición que comenzó a desarrollar terminó aproximándose a Megh, un raga asociado tradicionalmente con la estación de las lluvias. La elección encerraba además una curiosa conexión personal. Las notas largas de Megh buscan evocar la lluvia y construir un determinado estado emocional. Y resulta que Isabela procede del norte de Brasil, una región marcada precisamente por ella. “Todo está relacionado”, nos explicaba entonces el músico.

A partir de aquella misma materia musical construyó las cinco composiciones del álbum. Cada una ilumina una dimensión distinta de ese raga, hasta que el conjunto termina funcionando como el retrato que inicialmente parecía imposible. No necesitamos conocer a Isabela. De alguna manera, durante treinta y cinco minutos, creemos conocerla.

Además del saxo de Tzur, en este disco escuchamos a Nitai Hershkovits al piano, Petros Klampanis al contrabajo y Johnathan Blake a la batería. Dos años después, con el mismo cuarteto, Tzur publicó My Prophet. Lejos de abandonar el universo de Isabela, decidió regresar a él. El propio saxofonista ha definido My Prophet como una precuela temática: si Isabela intentaba retratar musicalmente a su mujer, el disco posterior se pregunta por el proceso mediante el que una persona llega a convertirse en quien es. La figura femenina que ocupa el centro de My Prophet vuelve a estar inspirada en Isabela.


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