Hace mucho tiempo, en un lejano sábado 30 de noviembre de 1996, Café Jazz Naima abría sus puertas en una esquina de la calle Trajano, en Sevilla.
Hasta aquí, todo podría parecer una historia más: otro artículo sobre un club de jazz sostenido por unos cuantos apasionados de esta música, remando contracorriente. Quizá alguien piense: «¿Ha cerrado? Qué pena». Y tal vez decidas dejar la lectura aquí.
Perfecto, no sigas si no quieres. Yo tampoco lo haría, sobre todo porque soy uno de aquellos “pirados” que lo abrió y conozco bien la historia. Lo que no sé es la tuya. Por eso la pregunta aparece ahora: ¿cómo vives la música? ¿Qué estarías dispuesto a dar por una canción capaz de abrirte los ojos, la cabeza o la vida? ¿Asocias discos, notas o silencios con un beso, una ruptura, un encuentro o un olor?
Si sigues leyendo, bienvenido a Naima.
Nunca pensé que una barra de un bar hiciera las “funciones” de escenario de teatro, de alguna forma. Quiero decir con esto, que llegado el momento eres la persona que todos ven y a que todos se dirigen y escuchan. Tienes que actuar, aunque tengas un mal día y, sin embargo, mostrarte genial (no siempre se consigue, casi nunca). Pero, lo maravilloso es que puedes manipular el ambiente, puedes hacer que el público que asiste a la obra esté triste o alegre, pensativo o fugaz, todo eso lo puedes conseguir con tu actitud y con “Starmaker” del saxofonista Lou Marini interpretado por Roy Hargrove, cualquiera puede pasar de un estado espléndido a adentrarte en el océano sin bañador y darte cuenta de que buceas solo, solo dependes del guion, de la estrella de mar que te guie.
Toda esta exposición a las emociones y los hilos que las mueven es lo primero que percibo cuando comienzo esta aventura. El siguiente capítulo, habla de cuestiones más aburridas como lograr pagar facturas y ser autónomo es este país, todo lo que está detrás de bambalinas y nadie percibe y a nadie importa, pero que al final determina tu vida y los que la comparten contigo. Llegado a este punto os diré que fue muy duro durante muchos años hacer una obra diaria y ponerle música, la mayoría del tiempo en directo. Fue muy sacrificado actuar mientras los demás tenían esa vida oceánica y tú siempre estabas remando.
Aunque Sevilla en los 90 ya tenía cierta trayectoria con su Festival de Jazz y ciclos en el Teatro Lope de Vega o Teatro Maestranza, es una ciudad que desconoce cómo funciona una sala de conciertos o simplemente un pequeño bar con actuaciones y, no lo valora. Reflejo de todo esto, es que las licencias de apertura no permiten tener música, ni siquiera de un televisor, es completamente ilegal. Hoy sigue igual, solo que son más permisivos en el día a día, pero poder, no se puede, es increíble. Siempre recordaré cuando nos precintaron el local por tener música enlatada. Nos denunció el bar de enfrente, supimos después que les estábamos quitando clientela y no teníamos aún licencia definitiva, pero sí tramitada, nuestra primera decepción y acercamiento a la realidad. Fueron 8 largos meses sin música, un local de jazz, sin jazz, eso solo puede ocurrir aquí.

La cultura siempre interesa ser absorbida por lo público, por las instituciones, no quieren nadie privado haciendo de las suyas, es peligroso, crea mentes libres y eso ni a la izquierda le interesa y, menos de trabajadores emprendedores, de trabajadores autónomos. Si les interesa, es poniéndole su logo, si no, «¿esos quiénes son?»
Otro tema, es que según quién esté al frente de la cartera de cultura, le pueda gustar más o menos el jazz, no dudes que eso va a determinar que escuches más o menos jazz en los próximos 4 años en tu ciudad. Esta idea la llevé siempre conmigo, incluso cuando monté mi propio sello discográfico Blue Asteroid Records, nunca dejé que se diluyera con un logo que no fuera el de Naima o el del propio sello.
Me parecen tan importante los músicos como los productores, como los gestores, como todas las figuras que ayudan a que el producto final se dé. Nombres como Manfred Eicher, Norman Granz, Teo Macero, Rudy Van Gelder, Alfred Lion, Don Was, Jordi Puyol, y muchos otros, también han escrito la historia de esta música, es más, sin ellos quizás no se hubiera dado o al menos de la misma forma.
No se nos ocurriría poner entre líneas del listado de músicos en un disco, el nombre del ayuntamiento de turno, pues debajo de lo que yo trabajo, culturalmente hablando, tampoco. La música es libre de fluir, la cultura es libertad, para mí la política no es siempre sinónimo de libertad y su intervención en ella, nunca me lo pareció, siempre veo intereses fuera de lo meramente cultural.
Desde el primer momento apoyé la autogestión, soy consciente de los matices para tener en cuenta, muchos, el fundamental, hacer llegar a las personas más vulnerables el arte en general, eso es labor de política básica, pero mi esencia ha sido la independencia con todas sus letras, con todo el precio. Reivindico el papel que han tenido los clubs de jazz en la historia de esta música, el germen de todo, la escuela para los músicos, allí se conocían, el contacto con el público. Mira hacia dentro y verás las estrellas que dan luz a esta maravillosa música, como las deslumbrantes Village Vanguard, Ronnie Scott´s, Blue Note, Birdland, New Morning, Smoke Jazz, Café Central, … Hay grabaciones históricas en todas ellas, clásicos en una colección de discos jazz que persiga ser representativa.
Siempre recordaré la primera vez que nos visitó como cliente un músico no local. Os diré que siempre un club de jazz es de visita obligada para muchos artistas, directores de cine, actores, pintores, en fin, a mí me ocurre igual, no se me ocurre visitar una ciudad y no buscar donde programan jazz, buscar sus locales.

Hay muchas películas que los utilizan de fondo, sin ir más lejos, en España, de las más recientes en el desaparecido Café Central en “Tenéis que venir a verla” de Jonás Trueba. La cuestión es que lo vi entrar por la puerta y le señalé con el dedo, me miró descifrando muy bien mi gesto porque lo recibió con un, “sí, efectivamente, soy Mark Ledford” y me calcó la postura fotografiada en su disco “Miles 2 Go” (1998 Verve), un tributo a Miles Davis con el sonido muy de “Doo Bop” del propio maestro. El disco tiene colaboraciones de su empleador por aquellos años, el gran Pat Metheny o notas del saxofonista Michael Brecker pasando por Lenny White, Cyrus Chestnut o Jeff “Tain” Watts, ahí casi nada.
Se quedó perplejo cuando le pusimos su disco por los altavoces, no se lo creía. Llega a Sevilla, se mete en el único club de jazz y suena su música, por supuesto en cd, en aquellos años no había ni móvil. Mi socio por aquellos años Carlos Rivas y yo, lo pasamos en grande con él porque además era muy divertido, hablaba español perfectamente. Nos hubiera encantado que hubiera tocado, pero estaba de paso y todavía no teníamos un escenario con instrumentos. Cuando nos enteramos de su fallecimiento 6 años después volvimos a escucharle, “Ledford 2 Go”. Era muy joven, 44 años, nos entristeció bastante la noticia.
Hasta aquí, la primera parte. En unos días, la segunda parte de la aventura de Jorge Moreno con Naima.


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