The Week in Jazz #42: Linda May Han Oh, corto.alto, Sullivan Fortner, Gretchen Parlato,Ulysses Owens JR

Pocas veces me he sentido inclinado a sumergirme en las intrigas palaciegas que han marcado algunos de los episodios más sangrientos de la historia de la humanidad. Y sin embargo, basta una pluma tan hábil e inteligente como la de Stefan Sweig para lograrlo. Hace unos años que descubrí el genio de este escritor austriaco en el estupendo retrato que hace de Maria Antonieta. Después vinieron algunas de sus novelas (me encantó su “Novela de ajedrez”), o ensayos como “Momentos estelares de la humanidad”.

Pero tal vez es en las aventuras y sobre todo desventuras de María Estuardo donde más me ha ganado. Reina escocesa, wanabbe en Francia y más aún en Inglaterra, la de María Estuardo es una historia tan actual, que cuesta no imaginársela vestida en vaqueros, tal vez dirigiendo un despacho de abogados, casi siempre llevando y, trágica y ocasionalmente, dejándose llevar.

Linda May Han Oh – Beneath Lifted Skies

Casi ningún pero se puede poner a este “Beneath Lifted Skies”. El disco reúne por primera vez a Linda May Han Oh y Melissa Aldana en un álbum completo a dúo. También supone algo poco habitual para ambas: un proyecto dedicado casi por entero al repertorio histórico del jazz.

Eso resulta especialmente significativo en el caso de Linda. Sus últimos años habían estado marcados por contextos mucho más expansivos o vanguardistas: la escritura compleja y textural de The Glass Hours, el trío improvisatorio de Strange Heavens y su trabajo con Vijay Iyer y Tyshawn Sorey. Aquí decide prescindir de prácticamente todo ese aparato compositivo para volver a Parker, Powell, Mingus, Shorter, Coltrane, Monk o Billie Holiday.

A primera vista podría parecer un gesto conservador. En realidad es casi lo contrario. Una de las claves del álbum está en que la formación es desnuda, pero el disco no lo es. No se percibe como una versión incompleta de un cuarteto. Tampoco genera esa sensación habitual de algunos dúos en los que el oyente espera continuamente que aparezca un tercer instrumento.

Linda cambia de función constantemente: puede establecer el pulso, sugerir la armonía, caminar, construir un contrapunto, doblar una melodía bebop o convertirse directamente en segunda voz principal. Melissa, por su parte, utiliza el espacio con tal personalidad que no necesita una base armónica para orientar el discurso. Un triunfo.

Gretchen Parlato – The Wise Ones

Toda una sorpresa el último disco de Gretchen Parlato. The Wise Ones tiene menos jazz visible que buena parte de su discografía anterior. Pero tal vez la diferencia se encuentre no tanto en una aparente renuncia al lenguaje jazzístico como en dónde decide colocarlo.

En este sentido, en discos como In a Dream o The Lost and Found, el jazz con toda su presencia.y espectacularidad vocal se mostraba sin tapujos en primer plano. Aquí sin embargo, la superficie pertenece con mayor frecuencia al R&B, el neo-soul y la canción sofisticada. El jazz sigue presente, pero se traduce en cómo Parlato desplaza las frases, administra el silencio, entra y sale del pulso o se relaciona con la sección rítmica.

El disco recupera a varios músicos decisivos en etapas anteriores de Parlato, entre ellos Robert Glasper, Gerald Clayton, Mark Guiliana y Alan Hampton y combina composiciones propias con versiones de “If It’s Magic” de Stevie Wonder o “Mad World” de Tears for Fears, además de material de Alan Hampton, Robert Glasper y Josh Mease.

Elegante y sofisticado como csi todo que produce Parlato, “The Wise Ones” nos remite directamente a la época dorada del R’n’B, depejándolo de su capa de artificiosidad y sobreproducción. Toda una sorpresa.

corto.alto – Some Small Fortune

Cuando en 2023 escribimos sobre Bad With Names, terminábamos diciendo que la visión de Liam Shortall sólo podía hacerse más profunda y audaz con el tiempo. Tres años después, este talentoso multinstrumentista confirma nuestras sospechas en Some Small Fortune.

El de Glasgow presenta un segundo disco en el que sigue explotando el cruce entre jazz, hip-hop, electrónica y producción en estudio. La principal diferencia entre este y su disco debut, es que mientras en el primero hablamos de un hombre orquesta, esta vez abre mucho más el proyecto a otros músicos y compositores.

Shortall ha explicado que quería escribir canciones con artistas que admira y colaborar de verdad con ellos, en lugar de controlar cada elemento del proceso. Esa decisión atraviesa el disco y ayuda a entender la presencia de Mick Jenkins, anaiis, Vector, Oscar Jerome, BINA., Terra Kin, Eriff y Jacob Alon, junto a colaboradores habituales como Graham Costello, Fergus McCreadie o Mateusz Sobieski.

En sí mismo este disco es un huracán, con cambios de registro son constantes, saltando entre decenas sino centenares de estructuras y capas de jazz electrónico, fusionándose siempre con lo inesperado y llevándonos a una sensación de urgencia y vértigo constante.

Sullivan Fortner – Leave That in There

Después de trabajos que habían reforzado su imagen como uno de los pianistas más brillantes de su generación, Fortner plantea aquí una operación distinta. En Leave That In There el piano pasa casi a un segundo plano, para desarrollar en conjunto un lenguaje en el que la electrónica, órgano, percursión y beats fragmentarios toman buena parte del protagonismo.

Fortner explica que este disco habla de nueva Nueva Orleans, su experiencia durante el Katrina y estéticamente, una voluntad de huída de ese perfeccionismo que solemos asociar al que “toca bonito”. Para ello en lugar de entregarnos un álbum pulido, decide dejar dentro todas las contradicciones a las que puede enfrentarse un músico, los accidentes, los recuerdos que se intercalan y los cambios de dirección.

Una idea aparece, otra se superpone, la armonía cambia de perspectiva, entra una nueva textura y solo más tarde queda claro hacia dónde estaba avanzando el tema. Esa manera de revelar la música capa a capa resulta a ratos fascinante, pero también exige aceptar el tiempo interno de Fortner. Algunas partes especialmente bien, como la expansión final de Sugarcane, el desarrollo electrónico de Aerobatics Pt. 2, la fuerza de Sorcerer’s Stick o el modo en que Another Poignant Time resume todo el recorrido. Pero entre el músico y el oyente permanece cierta enajenación. Fortner parece conocer perfectamente las conexiones internas de cada gesto; desde fuera, no todas esas conexiones producen el mismo grado de implicación.

Ulysses Owens JR – Kind of Grunge

Para quienes fuimos seguidores de Nirvana, Pearl Jam o Alice in Chains en los años 90, el nuevo proyecto de Ulysses Owens es todo un regalo. A comienzos de 2024, en un popular canal de YouTube, nuestro baterista fue desafiado a tocar sobre “In Bloom” sin la pista original de batería y sin haber escuchado antes la canción. El éxito del vídeo llevó posteriormente a repetir el experimento con “Heart-Shaped Box” y de ahí, parecía lógico acabar construyendo un disco completo.

Lo más interesante sin embargo es que por muy rockero que sea el repertorio, Owens no deja de ser un músico profundamente curtido en la tradición moderna del jazz. Su trayectoria con Christian McBride, Nicholas Payton y otros músicos vinculados al bop y al hard-bop se percibe en la manera de organizar la banda, desarrollar los solos y convertir cada canción en un “artefacto” que sin lugar a dudas recibiría el visto bueno de Wynton Marsalis.

Y es que a diferencia de famosos por versionar los 90 como The Bad Plus, que con frecuencia convierten el repertorio ajeno en un objeto de fricción y pueden alterar acentos, dinámicas y expectativas hasta dejar la canción parcialmente desfigurada, Owens conserva una lógica de arreglo más reconocible. Incluso cuando desplaza radicalmente el estilo, llevándolo hasta algo tan alejado como la bossa nova, respeta la melodía, estructura y función musical. Una perlita de nostalgia bien entendida.


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