Elemental Music es un sello discográfico con sede en Nueva York y Barcelona, especializado en la publicación de grabaciones recién descubiertas y descatalogadas, principalmente de jazz, blues y soul. Tiene como principales productores a Zev Feldman y a Jordi Soley.
Feldman también produce para el sello Resonance Records con una filosofía y estética muy pareja a Elemental Music. Su gran estrella es Bill Evans, con un amplio catálogo ya, de registros rescatados no publicados nunca de directos en distintas etapas del maestro, con unas ediciones muy trabajadas, con libretos con muchas entrevistas a protagonistas directamente relacionados con la grabación, datos y fotografías nunca lanzadas.
Las calidades de sonido de las distintas ediciones, es sin duda, un hándicap que suelen resolver con bastante éxito, aunque hay algunas que cobran más importancia lo significativo del descubrimiento que otros aspectos que lógicamente el aficionado entiende. Podemos destacar también rescates de la magnitud de grandes como Wes Montgomery, Joe Henderson, Charles Mingus o Stan Getz por citar algunos, una labor que te recomiendo sigas con las publicaciones de estos dos grandes sellos.
Bueno, pues le tocado el turno a unos de los pianistas más peculiares de la historia de esta música, el pianista francés Michel Petrucciani, por cierto, muy seguidor de las artes de Evans. Se trata de un directo fechado en mayo de 1987 en el Kuumbwa Jazz Center en Santa Cruz (California) a unos 120km de otra ciudad, Big Sur, dos destinos costeros icónicos de California, conectados por la famosa carretera escénica Highway 1 (Ruta 1 del Pacífico), y que también unen cronológicamente hablando, la historia de este pequeño gran hombre de 91 cm de altura.
Petrucciani conoce a Charles Lloyd en Big Sur en un momento de retirada del saxofonista que, al escucharlo, decide volver a escena con Petrucciani bajo el brazo, literalmente hablando, y hacer gira con él, hablamos del año 1982 y el pianista ya había editado algunos álbumes en sello OWL con el apadrinamiento del batería italiano Aldo Romano. Tocará con Lloyd a dúo en 1983 en el Kuumbwa, en esta sala que acaba de cumplir los 50 años de vida y que, por ejemplo, para los meses de otoño de este 2026, tiene programado las actuaciones de Al Di Meola, Bill Fisell, The Bad Plus, Hiromi y Joshua Redman, como ves, a pleno rendimiento.

Aunque sigue grabando en Francia, sus estancias en Nueva York propician sus primeros discos estadounidenses, hasta que en 1985 inicia su período como primer artista europeo en grabar en el sello Blue Note con “Pianism”, una grabación en trío con Palle Danielsson con quien ya había grabado “A Night in Copenhage” de Lloyd, tres años antes, también en el mismo sello y, el batería Elliot Zigmund compañero del mismísimo Evans en su última etapa, en grabaciones como “Crosscurrents” (Fantasy, 1978).
El influyente crítico Ted Gioia en 1997, en su excelente libro “Historia del Jazz” y publicado en España por Turner Publicaciones, cita a Petrucciani poniéndolo de ejemplo de músicos con talento, que visitaban Estados Unidos con la autenticidad y seguridad de un nativo estadounidense, en un acercamiento al efecto de la internalización del jazz.
En 1987, Petrucciani ya tenía una docena de grabaciones publicadas, desde pianos solos hasta tríos, cuartetos y, grabaciones en directo una de ellas en el Village Vanguard, de nuevo con Danielsson y con Zigmund.
La grabación que nos ocupa está registrada en su formación favorita, a trio, junto a este compañero batería del Vanguard y el legendario contrabajista Dave Holland, que interpreta un solo en cada tema. Parece que esta grabación, nos dice Feldman, es de la única gira que hicieron juntos.
Holland había colaborado con Miles en obras tan representativas de la historia de esta música como “In a silent way” (Columbia 1969) o la seminal “Bitches Brew” (Columbia 1970), con Chick Corea en “Circle” (ECM 1970) o con Abercrombie y DeJohnette en la formación Gateway.
El repertorio del directo lo conforman cuatro temas de composición propia y ocho standards desde “Limbo” de Shorter, “Nardis” de Miles, muy del repertorio de Evans, hasta el eterno “Someday my prince Will come” de Frank Churchill y Larry Morey que cierra el disco dos de este doble.
Me ha alegrado mucho que se vuelva a este olvidado músico. Es realmente particular, él tenía una afección llamada osteogénesis imperfecta, conocida como enfermedad de los huesos frágiles y, que no le ofrecía muchas oportunidades, con el añadido de que medía menos de un metro. Falleció con la edad que los libros de medicina predicen para las personas con esta enfermedad, en concreto 36 años.
Él lo sabía y vivió una vida intensa, él mismo decía que se consideraba un Keith Moon (batería del grupo rock Who) del jazz. Eso se reflejaba en su música sin lugar a duda. Tenía una gran velocidad en su mano derecha, una gran destreza, técnica, creatividad, ritmo y un gran sentido del blues y la sensibilidad de los grandes de la música europea Chopin o Satie, herramientas para expresar su vulnerabilidad, su deseo de vivir, la falta de tiempo. Dar notas rápidas con ritmo, con sentido, dar, mientras la vida se apaga y te lo permite.
Hay un documento que tenéis que ver, un filme de Michael Radford del año 2012 que habla de su vida. Utiliza su nombre para dar título al documental, simplemente. Se presentó en la sección oficial del Festival de cine de Cannes y en el Festival de Cine de Sevilla, una gran historia de un pequeño hombre frente a un piano.


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