Michael Wollny: “Mi música habla de naturaleza, memoria, dolor y consuelo”

Michael Wollny es un músico difícil de clasificar. Capaz de componer un disco de música electrónica, para después caer en las “garras” del romanticismo alemán, lleva años moviéndose con soltura entre el jazz y la música clásica. Nacido en Schweinfurt en 1978 el pianista alemán se dio a conocer especialmente con el trío [em], junto a Eva Kruse y Eric Schaefer, y ha construido desde entonces una discografía en la que conviven colaboraciones con músicos como Heinz Sauer, Nils Landgren, Joachim Kühn, Vincent Peirani o Emile Parisien.

Su nuevo trabajo quizá sea uno de los que mejor resume esa forma de escuchar la música. Eine Winterreise, que ACT publicará el próximo 30 de octubre, parte del célebre ciclo de canciones que Franz Schubert compuso sobre los poemas de Wilhelm Müller, pero Wollny no pretende trasladarlo simplemente al piano ni ofrecer una nueva versión jazzística de la obra. Utiliza sus motivos, sus atmósferas y, sobre todo, la idea del viaje como punto de partida para construir el suyo propio.

Grabado en solitario en el Reitstadel de Neumarkt, Eine Winterreise mezcla fragmentos de Schubert con composiciones originales y músicas procedentes de lugares aparentemente muy alejados del Romanticismo alemán, entre ellas piezas de Kate Bush, Björk y Louis Cole. En Caravan Jazz hemos tenido la oportunidad de entrevistarle.

Si echas la vista atrás hacia tus primeros encuentros con el jazz, ¿qué fue lo primero que llamó tu atención y qué te hizo querer convertirte tú mismo en improvisador?

Empecé a tocar el piano cuando tenía cinco o seis años, antes de saber leer música. Por entonces aprendía principalmente de oído e imitaba la música que tenía alrededor: la de mi hermana, que también es música, o la que sonaba en el tocadiscos de mis padres. Así que, si me preguntas por mis primeros recuerdos improvisando, tendría que decir que la música llegó a mí precisamente como una manera improvisada de crear sonidos.

Cuando fui creciendo, probablemente fue mi encuentro con la música de Keith Jarrett lo que me hizo querer ser músico de jazz. Sé que el primer disco de jazz que compré por mi cuenta fue Personal Mountains. Lo escuché y lo adoré mucho antes de saber prácticamente nada sobre la historia del jazz.

Tuve muchísima suerte de contar con un profesor extraordinario que me ayudó a conectar muchas cosas: Chris Beier. Compartíamos una pasión por diseccionar las piezas musicales casi de manera científica y analizar minuciosamente todos sus aspectos, desde la armonía y la estructura hasta la composición. Es una personalidad realmente excepcional y probablemente influyó de manera muy profunda tanto en mi oído como en mis dedos.

El otro profesor fundamental fue John Taylor. Cuando me preguntas qué fue lo que me hizo querer convertirme en un músico de jazz improvisador, probablemente tendría que señalarle a él. Su personalidad, su espontaneidad y su sentido lúdico y, no menos importante, su generosidad tanto como profesor como compañero músico fueron muy importantes para mí.

¿Qué encontraste en el Winterreise de Schubert que te llevó a entrar en ese universo?

El ciclo original es una de las obras más importantes y hermosas del Romanticismo, y Schubert es uno de los compositores que más quiero. Sin embargo, este álbum no nació de la idea de versionar algunas canciones de Schubert, algo que ya había hecho antes, sino más bien de la idea de hacer un disco de piano solo sobre el invierno y la música invernal.

Al reflexionar sobre este tema, me di cuenta de que los motivos y la estructura de Winterreise me ofrecían una perspectiva interesante desde la que crear mi propio viaje de invierno. Es un álbum sobre sentarse al piano y pensar en la nieve y la soledad… y en Schubert.

En estas canciones, originalmente el piano tiene una voz a la que acompañar. En tu reinterpretación en solitario, ¿cómo cambió tu relación con la música al desaparecer el cantante?

Musicalmente, en el Winterreise original el pianista no es tanto un acompañante de la voz como una extensión de ella, o un compañero muy cercano del cantante. La principal diferencia es que, como instrumentista solista, no puedo expresar letras y palabras del mismo modo que puede hacerlo un cantante.

En su lugar, me centro en los motivos musicales, los sonidos y la forma. ¿Qué sonidos, qué tempos me vienen a la mente cuando pienso en caminar por un paisaje nevado? ¿Cómo expreso el frío? ¿Qué motivos de Schubert me hablan de una forma que me permita integrarlos en mi propio lenguaje musical? O, por ejemplo: ¿cómo suenan los cristales de nieve en un piano?

Y, sobre todo, ¿cómo puedo crear en el piano un ciclo de canciones que reimagine la forma del Winterreise original como una colección de piezas breves, expresivas y con personalidad propia, capaces de contar una historia sobre el invierno?

Tu eine winterreise pone a Schubert en contacto con música de Kate Bush, Björk y Louis Cole. ¿Cuál de estas construcciones es la más disruptiva para ti?

La canción de Björk está construida literalmente a partir de sonidos sampleados de alguien caminando sobre la nieve. Es una conexión muy directa con un álbum llamado eine winterreise.

Además, es una canción que utiliza casi exclusivamente teclas blancas: mis dedos caminan sobre una llanura blanca, cada nota se convierte en una pisada dentro de ese paisaje ártico y permanece durante unos segundos suspendida en el aire frío antes de desvanecerse bajo una nueva capa de nieve.

Por ser un poco menos abstracto: la canción habla de naturaleza, memoria, dolor y consuelo. Es una pieza inquietante que funciona maravillosamente como una “canción sin palabras”.

El álbum combina música ya existente, nuevas composiciones e improvisación libre. ¿Recuerdas algún momento en el que la improvisación te llevara a un lugar inesperado?

En realidad, prácticamente todo el proyecto fue improvisado. Empecé reuniendo ideas para canciones y arreglos sin tener un orden completo en mente. Fue durante la grabación cuando empecé a tocar las tomas siguiendo un orden que me transmitía la sensación de estar realizando un viaje, avanzando paso a paso, o toma a toma.

Grababa una pieza y después me preguntaba: ¿cuál es el siguiente paso? A veces sentía que tenía que ser otra canción; otras veces, una meditación libre sobre unas pocas notas que acababa de tocar.

La mayor sorpresa fue incluir “cloud of flies”, de Louis Cole, que ni siquiera había preparado para la sesión. Es una canción que llevaba conmigo desde hacía muchos años. De hecho, hace unos años llegamos a grabarla en trío, aunque nunca publicamos aquella versión.

En un momento determinado de la sesión recordé de repente esa melodía. Y el tema de la canción, una mirada ligeramente oscura hacia una vida pasada, parecía conectar con el estado emocional del caminante cuando entra en el último tercio de su viaje.

En Caravan Jazz incluimos XXXX entre nuestros discos favoritos de 2021, atraídos por su sonido electrónico, casi industrial. ¿Qué aprendes trabajando en ese entorno que después puedes trasladar a un piano acústico?

Ja, ¡muy buena pregunta! Cuando improvisas, intentas seguir una especie de “atracción” hacia un sonido, una idea, un flujo, y expresarlo a través de la voz de tu instrumento.

Y los instrumentos electrónicos son especies completamente distintas de los instrumentos acústicos. Simplemente ocurre que comparten el teclado como interfaz de usuario. Así que para mí supuso un cambio de perspectiva muy inspirador, casi como tocar un instrumento diferente durante una temporada.

Quizá hizo que me centrara más en el sonido y las frecuencias que en la estructura y la armonía. Trabajar con máquinas también te proporciona ideas basadas en procesos de automatización, como los arpegiadores o la secuenciación. El desarrollo musical puede surgir de la interferencia entre varios parámetros modulados de forma independiente, algo parecido al serialismo.

Suena bastante abstracto, pero en realidad es algo que termina ocurriendo en el cuerpo, un poco del mismo modo en que las cajas de ritmos probablemente han influido en la forma de tocar la batería acústica moderna.

Como pianista, desde luego pienso en formas que normalmente asociaríamos a sintetizadores, como figuras arpegiadas o notas con un sustain infinito que van cambiando de color o de timbre. Es imposible hacer exactamente lo mismo en un piano, pero ese pensamiento acaba modificando tu manera de tocar.

Cuando trabajas con la música de otra persona, ¿qué necesitas comprender de ella antes de sentirte libre para transformarla?

Normalmente me enamoro de pequeños elementos de una pieza: un riff de una canción, dos acordes del estribillo o incluso algunas líneas de la letra.

Y a veces esos pequeños fragmentos conectan de repente con algo que pertenece a mi propio mundo, como una progresión de acordes que anoté unos días antes o un ostinato que casualmente estoy practicando en ese momento.

Intento no “forzar” la unión entre esas cosas. Espero hasta que ocurre por sí sola. Y ese es el momento en el que siento que comprendo o siento lo suficiente la canción como para tener la libertad de transformarla realmente.

A lo largo de tus proyectos en solitario, en dúo y en grupo, ¿puedes pensar en algún colaborador que haya cambiado tu manera de escuchar y en algún momento concreto en que sucediera?

No podría señalar un momento concreto, porque ha habido muchísimos momentos en los que otras personas han cambiado mi percepción de lo que estaba ocurriendo al añadir algo inesperado, o incluso algo esperado pero en un instante sorprendente.

Por ejemplo, Emile Parisien o Tim Lefebvre pueden tocar notas o sonidos que enfatizan determinada frecuencia o determinado significado dentro de un acorde y, de ese modo, abren muchísimas más posibilidades sobre hacia dónde ir después de las que habrían existido sin esas notas.

Desde el punto de vista estructural, Eric Schaefer es realmente bueno creando estructuras capaces de unir elementos que anteriormente parecían muy alejados entre sí.

Cuando ocurren estas cosas se parece un poco a la magia, porque pueden conseguir que algo resulte interesante o correcto incluso cuando antes parecía poco interesante o equivocado.

Así que quizá la respuesta a tu pregunta sea que mi “definición” de colaborador sería alguien que cambia mi manera de escuchar.


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