Temas

After You’ve Gone (Turner Layton, Henry Creamer)

«After You’ve Gone» es uno de los standards más antiguos del mundo del jazz. Compuesta en 1918 por Turner Layton y letra de Henry Creamer, tanto la letra como el ritmo de las primeras interpretaciones entroncan directamente de ese blues lastimero marcado por el dolor y la pérdida. La letra que habla de llanto y ruina tiene sin embargo un mensaje si no de optimismo, sí de cierta esperanza: «cuando te hayas marchado, me iré de juerga, no me quedaré rumiando mis penas».

En los años 20 el tema fue popularizado por la cálida cadencia vocal de Bessie Smith y se hizo famosa en las versiones de Al Johnson, Sophie Tucker y Marion Harris e incluso Louis Armstrong incluyó a su repertorio la historia de esta mujer despechada. Hubo que esperar sin embargo a que Benny Goodman la convirtiese en un must de su Big Band para que el tema llegase a prácticamente cualquier lugar del planeta. Se cuenta en este sentido que incluyendo todas las grabaciones pirata, emisiones radiofónicas y filmaciones, Goodman acabaría grabando hasta 40 versiones diferentes, siendo la más famosa la que grabó en trío, con Teddy Wilson y Gene Krupa en 1935.

Pasada la segunda guerra mundial y con la llegada de los boopers, el standard experimentó un plácido y prolongado declive, con tímidas apariciones como parte de otras canciones en el tema «Come, gone» de Sonny Rollins o en el «Straight Life» de Art Pepper. Si hoy en día sigue siendo un tema relativamente popular se lo debemos entre otros a Woody Allen, que no solo la interpreta cuando tiene la ocasión de hacerlo, sino que forma parte de de la banda sonora de más de una de sus películas.

Una versión mucho más moderna y actualizada es la que en 1995 Nicholas Payton graba en 1995 para su proyecto «Gumbo Nouveau» en el que demuestra cómo se puede reconfigurar un clásico de 1918 y volver a ponerlo de plena actualidad en contraste por supuesto de la de un Marsalis que fiel a su orientación tradicionalista se limita a volver a interpretar la pieza de Layton tal y como fue concebida.

Versiones recomendadas

    • Marion Harris (1918)
    • Charleston Chasers (1927)
    • Bessie Smith (1927)
    • Louis Armstrong (1929)
    • Benny Goodman (1935)
    • Roy Elridge (1937)
    • Gene Krupa (1941)
    • Sonny Stitt (1959)
    • Nicholas Payton (1995)

Standard
Poinciana
Temas, Destacados

Poinciana, el árbol más hermoso

«Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso (…) creer que un cielo en un infierno cabe dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe.» (Lope de Vega).

¿Tiene algo que ver el jazz con Lope de Vega? Respuesta fácil: no. Y sin embargo, no es difícil escuchando la Poinciana de Ahmad Jamal, dejarse llevar por los versos del dramaturgo y poeta del siglo de oro.

Por mucho que Poinciana no hable de poesía, sino de un árbol (la Delonix Regia, un árbol originario de Magadascar) pocas veces se ha compuesto un tema tan apasionado. Más conocido en España como Flamboyán, la Poinciana es también un homenaje a una canción folclórica cuba que se llama «Canción del árbol».

Aunque Ahmad Jamal no fue el primero en interpretar el tema y otros como Glenn Miller, Bing Crosby, Charlie Parker, Chet Baker o Dave Brubeck tienen sus propias versiones del tema compuesto originalmente por Nat Dimon y Buddy Bernier, desde luego la interpretación que hace Jamal, es simplemente prodigiosa.

Tanto es así que este tema, que podría haber pasado sin pena ni gloria por cualquier estación radiofónica, consiguió que el álbum que la incluía «Ahmad Jamal at the Pershing: but not for me» (1958), consiguiera permanecer más de dos años en la lista billboard de grandes éxitos. Y hace no mucho, el tema volvió a estar de moda cuando se lo incluyó como parte de la banda sonora de la película «Los puentes de Madison«.

¿Pero cuál es su secreto? ¿Qué tiene de especial un tema que desde la primera vez que lo escuchas, lo comienzas a tarear una y otra vez…y ya no desaparece nunca? Si preguntamos a los expertos, nos dirán que el truco es el «vamp»: superponer el fraseo reposado del pianista a un ritmo insistente y atractivo, notas que se repiten de forma progresiva desarrollando lentamente el conjunto de la composición.

De alguna forma, al insistir en las mismas notas, al arrastrarlas formando frases nuevas, recorriendo la misma escala, llegando al final y vuelta a empezar, el piano de Poinciana evoca el ir venir de las olas de un mar en calma sobre la playa. Mientras, de menos a más, la percusión se convierte en ese ruido de fondo de arena arrastrada por la resaca y ocasionalmente, algunas grandes olas estallando contra las rocas. No se la pierdan.

 

Standard