Chet Baker
Artistas, Otros

Dentro del perímetro de Chet Baker

Me gustan los músicos como Chet Baker, porque en sus comienzos son demasiado jóvenes, engominados y convencionales, en comparación con el estilo que desarrollarán en los años siguientes. Tras abandonar el BeBop y decidir musicalmente ser él mismo, salirse incluso fuera de los dominios de Miles Davis y Charlie Parker, Baker desarrolló una manera personal de ejecutar la trompeta y dar un matiz único al Jazz. 

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Jazz en Familia
Actualidad, Es personal, Otros

Jazz en familia: cómo disfrutarlo educando

Fue hace unas semanas, bailando “Mack the knife” con mis hijos en el salón de casa mientras trataba de no partirme el cráneo contra uno de los juguetes que poblaban el suelo, cuando me abordó esa sensación tan extraña que en ocasiones lo inunda todo al desear que los demás compartan tus aficiones, o al menos que las entiendan y puedan llegar a sentir lo mismo que uno siente.

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Cine, Otros

Siete documentales de Jazz para olvidarte de Ben-Hur en Semana Santa

Sabemos que para algunos de vosotros la Semana Santa es como la droga dura. No podéis evitarlo: enchufáis la televisión y en sesiones maratonianas, os tragáis por enésima vez «Rey de reyes», «Los diez mandamientos», «Quo Vadis», «Ben-Hur» y en general, la cartelera de 13 TV al completo como si no hubiera un mañana. Luego pasáis a Netflix y antes de dormir, veis cualquier película protagonizada por Charlton Heston.

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década dorada
Temas, Historia

Diez temas para disfrutar de la década dorada del jazz moderno (1953-1962)

Que nadie me entienda mal. Me encanta el jazz clásico y creo que el jazz de hoy en día, con su mestizaje, su fusión con otras músicas, o la «bastardización» del jazz es capaz de brillar a gran altura. Pero coincido con el gran Diego Manrique cuando dice que la década dorada del jazz, esos diez años que lo cambiaron todo son los que comprenden desde 1953 a 1962. Es en esta década cuando en mi opinión Miles Davis entrega sus mejores discos, es la década en la que explota el talento descomunal de John Coltrane y es la década en la que también arrancan con Ornette Coleman.

Son diez años en las que los espectadores pueden seguir escuchando a clasicazos como Louis Armstrong, Count Basie, Coleman Hawkings o Sidney Bechet, pero en la que a la vez, junto a los Davis y Coltrane ya mencionados, asistimos a una explosión de talento descomunal, con Cannon Adderley, Chet Baker, Art Blakey, Dave Brubeck o Sonny Rollins por solo citar algunos nombres. Son diez años en los que el aficionado al jazz podía pasar en una misma noche de bailar al ritmo de swing de una Big Band, a dejarse arrollar por las infinitas notas de los boppers más atrevidos o relajarse en las «sábanas» del cool jazz. Para finales de la década a esto podía sumar todo tipo de distorsiones y estridencias para salir rezongando de la sala y decir si uno era un clásico, «no sé lo que acabo de escuchar, pero esto no es jazz».

Pero más interesante que hablar de jazz y del sonido de una década, resulta mucho más interesante escucharla. Y esto es lo que os propongo: una playlist compuesta por diez temas que creo que de alguna forma, sintetiza lo que fue el sonido de esos diez maravillosos años.

Cannonball Adderley – Autumn Leaves 

Incluido en su disco «Somethin’ Else», esta grabación cuenta con dos elementos que la sitúan en un plano superior. El primero, que aunque el disco está firmado como Cannonball como líder de la banda, quienes le acompañan son Miles Davis, Art Blakey, Hank Jones y Paul Chambers y con eso ya está dicho casi todo. Si a esto le añadimos la producción de Rudy Van Gelder, poco podemos añadir, salvo que los once minutos que dura el tema está considerado como una de las clases magistrales de jazz más importantes de todos los tiempos.

Chet Baker & Gerry Mulligan – Five Brothers

En 1953,  Chet Baker era prácticamente un desconocido en el mundo del jazz, mientras que Gerry Mulligan que llevaba diez años «partiendo la pana» se fijaba en el joven talento blanco, del que decía que «es el trompetista más talentoso con el que haya trabajado, o al que haya escuchado». Juntos firman una colaboración en la que «Five Brothers» es el tema más destacado pero que arranca maravillosamente con «Line for Lyons».

Ornette Coleman – Lonely Woman

Ódialo o ámalo, pero desde luego, Ornette Coleman no deja a nadie indiferente. Que «Lonely woman» sea el tema que inaugura un disco que lleva como título «The Shape of Jazz To Come» lo dice casi todo. Sin estar en ese punto de pura vanguardia que posteriormente veríamos en su disco «Free Jazz», aquí encontramos muchos de los ingredientes que acabarán por definir su carrera. Sesenta años después de su composición, «Lonely woman» sigue siendo uno de los temas más tristes y bonitos de la historia.

Miles Davis – So What

Lo sé, a veces me falta imaginación. Pero qué queréis que os diga, «So what» es «So what». Y es que si «Kind of Blue» es el disco más famoso de la historia del jazz, «So what» es su puerta de entrada. Un tema curiosamente en que gran parte del protagonismo se lo lleva el contrabajista Paul Chambers, con uno de los solos más famosos que se recuerdan porque como explica Ted Gioia en su imprescindible «El canon del jazz», el diálogo que mantiene Chambers, con sus frases interrogativas respondidas por los instrumentos de viento, representa algo insólito, nunca visto en el jazz de la época.

John Coltrane – Naima

Dedicar un tema a tu novia y que se convierta en un clásico entre los clásicos está al alcance de muy pocos. Y John Coltrane entra por supuesto en esa reducida lista de artistas capaces de todos. Naima es también el tema central de «Giant Steps», el álbum con el que Coltrane debutó con Atlantic Records. Técnicamente, el álbum representa la consagración de un fraseo melódico, marca de la casa, que en un argot muy relacionado con el sonido Coltrane, pasaría a denominarse sheets of sound.

A diferencia de otras composiciones de Coltrane en las que el genial músico busca impresionar a su audiencia con su destreza, en «Naima» no hace alardes de complejidad e impresiona más por su placidez y belleza que por ser un tema de gran dificultad técnica. Es la gran balada de su carrera y una de esas piezas que no te cansas nunca de escuchar.

Stan Getz & Oscar Peterson – Pennies from Heaven

A mediados de la década de los ’50 Oscar Peterson era como el ketchup: probablemente no el ingrediente principal de tu hamburguesa, pero no podías imaginarte una hamburguesa sin ketchup. Y si alguien lo sabía era Norman Granz, que se encargaba de que Peterson hiciese tantos cameos que «no le daba la vida». En el otro lado de la balanza estaba por supuesto Stan Getz, un músico absolutamente genial, pero que no tendía a congeniar con casi nadie. Pese a todo, la colaboración entre ambos acabó funcionando y su interpretación del estándar «Pennies from Heaven» da buena prueba de ello.

Ella Fitzgerald & Louis Armstrong – They Can’t Take That Away From Me

Si alguien pensaba que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong habían terminado de dar guerra, estaban muy equivocados. Que la veteranía es un grado lo demostrarían ambas figuras en un álbum de duetos que grabaron en 1956.

La cosa de hecho funcionó tan bien a nivel comercial que ambos repetirían el «experimento» tres veces más, consolidándose como una de esas «extrañas parejas» que todo el mundo quiere escuchar. ¿Y quién los acompañaba? Sí, Oscar Peterson.

Bill Evans – Waltz for Debby

No es la primera vez que lo digo: Bill Evans es el pianista con más clase de la historia del jazz . Un auténtico «hombre Esquire» y sin lugar a dudas, el mejor pianista blanco de jazz moderno.

«Waltz for Debby», tema que da nombre a su disco de 1961, se ha convertido en su composición más popular y de hecho, el propio Evans la incluye en varios de sus discos, siendo en este en el que se graba por primera vez utilizando su clásico trío.

Charles Mingus – Better Git in Your Soul

De Charles Mingus pueden decirse muchas cosas, pero no que no fuera original y completamente renovador para su época. Algunos solían decir de hecho que lo que se le pasaba por la cabeza a Mingus, es lo que demás acabarían tocando diez años más tarde. Esto le convertía muchas veces en un incomprendido y basta escuchar su álbum «The Black Saint and the Sinner Lady» para entenderlo.

Con «Better Git in Your Soul» arrancan su disco de 1959, «Ah Um», el primero de los álbumes que grabó para Columbia. El título del disco juega con una imaginaria declinación latina del apellido del propio Mingus: Mingus-Minga-Mingum. ¿Es o no es original?

Thelonious Monk – Round Midnight

No podía cerrar esta playlist sin incluir a Monk. Además de ser un grandísimo pianista, Monk era también un prolífico compositor y muchos de sus temas, como este «Round Midnight», se han convertido en standards. De hecho muy probablemente este, que aparece por primera vez en su álbum «Reflections», sea el standard más famoso escrito por un músico de jazz.

El disco recoge algunos de los primeros tríos de Monk, gabados entre los años 1952 y 1954. A la batería encontramos a los grandes Max Roach y Art Blakey.

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Temas

Jazz en tiempos del COVID-19 (II)

Os contaba en el primer capítulo de este especial, que el jazz tiene esa capacidad de levantar el ánimo de las personas. Y creo que los temas que os propuse entonces, son un buen ejemplo. Así que si queréis bailar o simplemente pasar un buen rato escuchando música alegre, os recomiendo que le echéis un vistazo al artículo. Pero por supuesto el jazz es mucho más que eso. Tal vez en esta curarentena os apetecza pasar un rato tranquilo, leyendo, descansando o incluso trabajando. De eso os quiero hablar en esta segunda parte de «Jazz en tiempos del COVID-19» y como en la ocasión anterior, os proponga la escucha de cinco temas. Comenzamos.

My Funny Valentine (Chet Baker)

No abundan en el mundo del jazz los intérpretes de trompeta que además, se animen a cantar. De todos por supuesto, Louis Armstrong es el más conocido. Pero si bajamos del olimpo de los dioses y no nos importa mancharnos de barro, tarde o temprano daremos con él, con Chet Baker. Como la de muchos músicos de jazz, la carrera de Baker está marcada por las mujeres y las drogas, a lo que en su caso hay que sumarle detenciones y algunos intervalos en prisión.

Y claro eso marca. No se le puede pedir a quien se pasa media vida entrando y saliendo de la cárcel y enganchado a la heroína para poder tocar con cierta «dignidad» que además sea alegre y ría las bromas. Casi todo en Baker es trágico. Basta cerrar los ojos, ponernos los cascos y escucharle cantar «My Funny Valentine». ¿No la canta como Frank Sinatra, verdad? No, lo suyo es intentar hacernos llorar, que sintamos auténtica lástima de esa «Valentine», no especialmente guapa, no especialmente lista, pero que necesitamos tener a nuestro lado para no hundirnos un poquito más.

Blue in Green (Bill Evans Trio)

Es el pianista con más clase de la historia del jazz. Y no me entendáis mal. No digo que Bill Evans sea el mejor pianista de la historia (escuchad a Thelonious Monk o Bud Powell). Simplemente digo que Evans es el que tiene más clase, el más elegante. Miradle en cualquier foto: siempre vestido de forma impecable, siempre a la moda, como si acabase de salir de una sesión de fotos para la revista Esquire.

¿Captáis el concepto? Bien, ahora abrid Spotify o cualquiera de las aplicaciones que utilicéis para escuchar música en esta cuarentena. Disco a buscar: «Portrait in Jazz». Mi recomendación, escuchadlo de un tirón. Intentad que no sea en un día lluvioso, porque entonces acabaréis en «la mierda». Fijaros que el disco tiene hasta tres versiones de «Blue in Green» (primero Take 3, después Take 1 y finalmente, Take 2).

El tema como muchos sabréis ya, aparece por primera vez en ese «Kind of Blue» del que hemos hablado tantas veces y en el que el propio Evans figuraba como pianista. Pero es en este disco, «Portrait in Jazz», en el que Evans lo desarrolla en toda su complejidad, lo estira y lo reinventa.

Poinciana (Ahmad Jamal Trio)

En ocasiones, hay temas que definen a quien los interpreta. Es el caso de Ahmad Jamal y su Poinciana. Aunque Ahmad Jamal no fue el primero en interpretar el tema y otros como Glenn Miller, Bing Crosby, Charlie Parker, Chet Baker o Dave Brubeck tienen sus propias versiones del tema compuesto originalmente por Nat Dimon y Buddy Bernier, desde luego la interpretación que hace Jamal es la más conocida y la que le ha dado más fama.

Tanto es así que este tema, que podría haber sido un standard más, consiguió que el álbum que la incluía «Ahmad Jamal at the Pershing: but not for me» (1958), consiguiera permanecer más de dos años en la lista billboard de grandes éxitos

¿Pero cuál es su secreto? ¿Qué tiene de especial un tema que desde la primera vez que lo escuchas, lo comienzas a tarear una y otra vez…y ya no desaparece nunca? Si preguntamos a los expertos, nos dirán que el truco es el «vamp»: superponer el fraseo reposado del pianista a un ritmo insistente y atractivo, notas que se repiten de forma progresiva desarrollando lentamente el conjunto de la composición.

Don’t Stop the music (Jaimie Cullum)

Como hice en la primera parte de este especial, los dos últimos temas de la lista están reservados para la música actual. El primero, «Don’t Stop the Music», es una de esas joyitas que el crooner Jaimie Cullum nos regaló en «The Pursuit», el que para mí es su mejor disco hasta la fecha. Y sí, es una canción ligeramente más alegre de las que os he hablado hasta ahora, pero se trata de superar esta crisis del coronavirus con vida ¿no? así que un poco de aire antes de entrar en el gran final.

Si para el mes de julio hemos conseguido batir esta terrible enfermedad y si para entonces se siguen haciendo conciertos, podréis ver a Cullum en el Wizink Center de Madrid. Si tenéis la oportunidad de verle en directo, no os lo perdáis: es de lo mejorcito que ha dado el jazz vocal actual.

Morning Sun (Melody Gardot)

Tuve la oportunidad de ver a Melody Gardot en directo en 2017 y 2018. Pocas artistas tienen esa fuerza sobre el escenario, cantan tan endemoniadamente bien y cuentan con ese talento tan descomunal. ¿Lo mejor de todo? En España casi todos estamos de acuerdo. En ambos conciertos el recinto estaba hasta la bandera. Lo único que puedo echarle en cara es que lleve desde 2015 sin sacar un disco nuevo.

Lo curioso de Hardot es que ni siquiera quería ser artista. A los 19 años fue atropellada por un automóvil y la música, componer y cantar se convirtió en parte integral de su terapia. No quería ser profesional y si no hubiese sido descubierta casi por casualidad cantando en las calles de Nueva York, nos habríamos perdido un pequeño prodigio musical.

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Woody Shaw
Temas

Playlist: las mejores trompetas del jazz…según Woody Shaw

Si alguien sabe lo que es tocar la trompeta, Miles Davis mediante, es sin lugar a dudas Woody Shaw. Shaw fue uno de los músicos de mayor talento y más innovadores de su generación, y a pesar de su temprana y trágica muerte (sufrió un atropello en el metro de Brooklyn), y aunque en los últimos años una enfermedad incurable en los ojos le dejase prácticamente sin visión, ha dejado un legado de enorme influencia en el jazz contemporáneo.

Por eso cuando uno se encuentra con el artículo «La historia de la trompeta del jazz…por Woody Shaw» escrito por el periodista Chema Martínez (Cuadernos de Jazz, 11-12-1993) en el que el genial música recomienda las que considera que son las mejores grabaciones que se han hecho nunca para este instrumento, merece la pena prestarle atención. Veamos qué recomienda Shaw para esta playlist tan particular.

1. Louis Armstrong: «Struttin’ With Some Barbecue» (Louis Armstrong and his Hot Five)

«Armstrong es una referencia en la trompeta, especialmente porque los músicos clásicos siempre han despreciado a los músicos de jazz, pero a él no le podían decir nada: su técnica era excelente y además tenía un tono hermoso. Todos los trompetistas que vinieron después imitaron su estilo».

2. Charlie Shavers: «Tenderly» (Billie Holiday, the first Verve Sessions)

«Hay uno (trompetista) que me gusta especialmente, sobre todo porque tenía un estilo propio e identificable a la primera nota, aunque no sé si mucha gente lo recuerda. Su nombre era Charlie Shavers () uno de los primeros trompetistas negros que tocó en la orquesta de la CBS».

3. Dizzy Gillespie: «A Night a Tunisia» (Dizzy Gillespie Septet)

«¡Qué voy a decir de Dizzy! Mi pieza favorita de todas las suyas es «A Night in Tunisia». Fue una de las primeras cosas suyas que oí, aquella grabación con Milt Jackson y Don Byas. Recuerdo que su solo me daba miedo, ¡Dizzy…vuela! Adoro el modo en que la toca».

4. Dizzy Gillespie: «Woody’n you» (The original Dizzy Gillespie Big Band»

«Estoy hablando de ‘un’ Dizzy cuando en realidad hay ‘dos’ Dizzys diferentes, el de los grupos pequeños y de la big band. Así que vamos a escucharlo de nuevo, ahora tocando en big band, en un estilo algo menos sutil pero muy espectacular».

5. Fats Navarro: «Our delight» (The fabolous Fats Navarro)

«Un amigo mío de California me contó que siempre que Fats llegaba a una ciudad, lo primero que hacía era recorrer las tiendas de música y compraba todo lo que pillaba de literatura musical para trompeta, y luego se pasaba la tarde practicando. Eso dice mucho de cómo vivía la música».

6. Miles Davis: «All the things you are» (The Miles Davis-Tadd Dameron Quartet in Paris)

«Pienso que una de las cosas que le gustaban a Parker (Charlie) de Miles (Davis) era su sonido que era, y continua siendo, algo único. Se suele decir que su técnica no estaba muy depurada por entonces: a los que dicen eso, les recomiendo que le escuchen en una grabación hecha en París en 1949 con Tadd Dameron. Suena igual que Fats Navarro. Pero el problema es que Miles se ha hecho tan importante que llega a abrumar».

7. Kenny Dorham: «Just one of those things» (Max Roach + 4 Feat Sonny Rollins)

«Un trompetista que vino de él (Miles Davis) es Kenny Dorham, un músico hasta cierto punto subestimado. Kenny intentó armonizar el estilo de Miles con el de Dizzy Gillespie-Fats Navarro. Fue mi amigo hasta su muerte y un músico al que aprecio sinceramente.»

8. Donald Byrd: «The end of a love affair» (Art Blakey’s Jazz Messengers)

«¡Me gusta mucho Donald Byrd! Ahora toca música comercial pero para mí sigue siendo de mis trompetistas preferidos. Sus solos tienen alma, tiene un gusto exquisito, no toca nada que esté fuera de sitio.

9. Lee Morgan: «A la mode» (¡¡¡Impulse!!! ¡¡¡Art Blakey!!!¡¡¡Jazz Messengers!!!)

«Lee es una de mis principales influencias, pienso que más que Freddie Hubbard y bueno…Lee tuvo una vida compleja antes de ser asesinado por su mujer. No obstante, le dio tiempo para tocar mucha y buena música»

10. Chet Baker: «My funny Valentine» (Gerry Mulligan Quartet)

«Chet tiene un sonido único, un estilo. Cuando oyes a Chet por la radio lo identificas sin problemas. Además su repertorio es más amplio de lo que se piensa…aunque pienso en Chet, pienso en My Funny Valentine sin dudas»

11. Maynard Ferguson: «Frame for the blues» (A message fron Newport)

«Otro trompetista discutido que sin embargo, es muy importante para mí. Maynard Ferguson instauró el concepto de la trompeta de big band. De él me encantan sus discos de los primeros 60.Aquella banda era monstruosa»

12. Clifford Brown: «Portrait of Jenny» (Clifford Brown with strings)

«Fue un gran trompetista, con una gran técnica y una enorme imaginación. Pero lo que distingue a Cliff del resto de trompetistas, era su tono, hermoso, profundo, cálido. Fue lo primero que me llamó la atención de él, no tanto su técnica. Podía tocar rápido como el que más, pero sabía que su fuerte era su tono».

13. Booker Little: «Man of words» (Out front)

«Booker era uno de mis trompetistas favoritos. Sus frases eran tan rápidas y precisas que me costaba trabajo creer lo que estaba escuchando. Hizo un álbum fantástico, «Out front» con Dolphy y Max Roach. ¡Adoro ese disco!

14. Freddie Hubbard: «Jodo» (Blue Spirits)

«De Freddie me gustan todos sus álbumes pero puestos a elegir, pienso que mi favorito es ‘Blue Spirits’ para Blue Note, sobre todo en «Jodo», donde toca a lo Coltrane. En realidad Coltrane no solo influyó en los saxofonistas, también en los trompetistas».

15. Woody Shaw: «Ginseng People» (Far Sure)

«De mis discos el que más me gusta es uno que grabé para Columbia, que se llama Far Sure! y aparezco en la portada muy serio, con gafas. La música que compuse para este álbum era casi visionaria, trataba de expresar mis propias raíces y las de mi música, desde África al momento actual, a mi hijo»

 

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Chet Baker
Cine

Born to be Blue: la tragedia de Chet Baker, en Netflix

Hace unos meses os contaba en «Jazz en los tiempos de Netflix» cómo en la plataforma de streaming más popular, estaban disponibles algunos documentales relacionados con el mundo del jazz, como «Chasing Trane», «I called him Morgan» o «Quincy». A este catálogo la multinacional sumó hace unas semanas «Born to be Blue», un biopic cargado de imaginación que aborda la figura de Chet Baker.

Interpretado por Ethan Hawcke, la cinta nos presenta un Chet Baker recién salido de la cárcel italiana en la que estuvo preso durante casi un año por posesión y consumo de drogas, al que se le ofrece la posibilidad de grabar la película de su vida. La cinta,  que en realidad se estrenaría de una forma muy distinta y llevaría como título «All the fine young cannibals», contaba en un primer guión cómo la joven y rutilante estrella del jazz había básicamente destrozado su vida por su adicción a la heroína, lo que le condujo entre otras cosas a repetidos fracasos matrimoniales. En vez de eso, el film acabaría siendo estrenado de forma melodramática como «comedia romántica» y el papel de Baker resultaba apenas reconocible.

A partir de aquí y volviendo a «Born to be Blue», la película dirigida por Robert Budreau especula con la caída en desgracia de Baker, que le llevó en la vida real a su desaparición de la escena musical tras perder en una pelea varios dientes y su posterior regreso tras conseguir permanecer «limpio» durante un tiempo…para volver a recaer en el consumo más adelante, triunfar en Europa y acabar sus días el 13 de mayo de 1988, al caerse por la ventana de un hotel en Amsterdam tras consumir heroína.

No os voy a engañar, «Born to be Blue» no es el mejor biopic de la historia y en realidad, la película únicamente se salva porque como casi siempre cuenta con un Ethan Hawcke capaz de salvar los muebles. Si es cierto que le sobra algo de ese espíritu atormentado que el actor arrastra durante todo el metraje y le falta algo de «sangre en las venas» por mucho que quiera marcar el carácter de Baker como el de un personaje lánguido, casi sin capacidad de decisión, que se ve arrastrado por unas circunstancias inevitables.

Por otro lado y salvo esa historia de superación personal que en todo caso siempre es parcial, la cinta peca de no profundizar lo suficiente en otros temas. Casi de pasada hace referencia a ese padre alcohólico que llegaría a ser guitarrista profesional y marcaría su infancia y solo de una forma «onírica» se insinúa esa rivalidad que mantenía con grandes como Davis y que le llevaron de alguna forma a tener que «exiliarse» en Europa donde conseguía ser realmente popular.

Con todo, merece la pena reservarse una hora y media para «Born to be Blue» porque aunque ya hemos acordado que no es la mejor película sobre el mundo del jazz, supera la media…sin llegar a «Let’s get lost», el documental sobre la vida del artista en la que el propio Chet Baker intervendría como estrella principal y que conseguiría una nominación para los Oscar de 1988.

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