Entrevistas, Otros

Lucía Rey: “No fue fácil, nadie me dio la llave o me cogió de la mano para llegar al jazz”

Pianista, compositora, Lucía Rey dejó su puesto de profesora del Conservatorio Superior de Danza de Málaga para dedicarse de lleno a hacer su propia música, liderar su propio combo, – Lucía Rey Trío –, y a la música en directo en diferentes formatos. También tiene un álbum publicado y está preparando su próximo trabajo.

Lucía Rey se ha consolidado como una de las grandes figuras del jazz en España, con un recorrido internacional doble: tanto en su etapa formativa como después como profesional del jazz.

Su paso por las Américas le ha permitido conocer y formarse en dos de las escenas de mayor peso para el jazz: Nueva York y La Habana. Ha sido alumna de Instituto Superior de Artes de Cuba y del Brooklyn Conservatory of Music; también se ha formado con leyendas como Barry Harris. Pero a Nueva York no fue solo a formarse. Allí también debutó como pianista en diferentes formaciones y proyectos como el SOJ Ensemble (Benefit Concert O’Farril Jazz Cuban School, Metropolitan Pavilion, NY, 2011), Clusterfunk (NY Fashion Week 2011) y 809 Ladies.

Ha sido todo un lujo poder charlar con ella sobre su formación fuera de España y su vuelta a Madrid para empezar una carrera profesional en la música y muy especialmente en el jazz. Lucía se ha traído de vuelta experiencias interesantísimas. Relatos que te transportan a lugares que cualquier amante de la música debería visitar al menos una vez en la vida.

¿Qué destacarías de cada experiencia (La Habana, Nueva York)?

Lucía Rey: Para empezar, son dos ciudades increíbles. Son musicales, son cine, artísticamente son las dos una pasada. En La Habana la música se respira en todos lados, la gente vive allí la música de una forma super natural y eso me llamó muchísimo la atención.  

En el Instituto Superior de Arte me llamó la atención el nivel de todos los compañeros que tenía, eran todos unos musicazos. Me llamó un montón la atención las sesiones que hacían y el hecho de que había conciertos y eventos culturales a todas horas.

¿Dónde? ¿En la calle, en teatros?

L.R. En la Escuela siempre estábamos tocando, había muchas matinées y muchos sitios al aire libre donde se tocaba, había muchos teatros, también estaba el festival de jazz de la Habana, al que luego he tenido la oportunidad de ir a tocar con mi proyecto. Y luego en el festival de cine, por ejemplo, también hay música. Los músicos son muy respetados allí, además.

¿Y de Nueva York qué puedes contarnos? ¿Qué te impactó más de conocer esa mítica escena de primera mano?

L.R. En Nueva York me llamó la atención el nivel; en cualquier jam session aparecían pianistas increíbles, que no los conocía nadie, que eran super humildes pero que tenían un nivel musical extraordinario. Siempre iban con actitud de aprender, de compartir, de siempre querer ser mejores. Hay muchísimos y con un nivel tremendo.

Los profesores que tuve también me encantaron, pero concretamente me llamó mucho la atención el trabajo que estaba haciendo Barry Harris, que ya es un señor mayor y ha sido uno de los padres de la enseñanza del jazz. Él daba clases todos los martes desde las 6 de la tarde hasta 12.00 de la noche. Daba clases en varios sitios, en un gimnasio y también en otro sitio que a mí me encantaba, la University of the Streets, un espacio que le dejaban, y pagabas 10 dólares y con esos diez dólares tenías acceso a recibir una clase de lo que quisieras. A esas clases incluso iba gente mayor, de hecho, había un señor que iba con su bombona de oxígeno y en esos encuentros de los martes se quitaba el respirador y cantaba.

De 6 a 8 era el turno de los pianistas, y nos colocábamos alrededor del piano e íbamos sentándonos al piano por turnos. Luego era el turno de los vocalistas y tú te podías quedar y tocar para ellos y de 10 a 12.00 era el turno de los instrumentistas. Era una pasada. En Nueva York tuve como dos fases: una fase con beca estudiando y una segunda fase después de la beca cuando empecé a tocar y acudía a jam sessions en lugares como el Smalls, Smoke, Fat Cat, Cornellia…

Y después de todas estas aventuras volviste a España…

L.R . Sí, volví a Granada y estuve tocando con la Big Band de Granada. Después me vine a Madrid y empecé a trabajar en muchos musicales. Los musicales daban bastante estabilidad económica y como acababa de volver de NYC, necesitaba algo estable para arrancar en esta nueva etapa.

¿Cuándo surge el proyecto de Lucía Rey Trío?

L.R. Surgió más adelante, pues yo tocaba mucho con Fernando Lamas y Ricardo Alonso y tocábamos mucho para baile, claqué y swing. Nos conocimos en ese ambiente y empezamos a tocar mucho juntos. Surgió la oportunidad de tocar juntos en la Sala Clamores y así nació Lucía Rey Trío, que lo llamamos así porque tocamos temas míos propios.

De izquierda a derecha: Fernando Lamas, Lucía Rey, Ricardo Alonso. Fotografía de Javier Martínez Bueno

Con el Trío grabaste tu primer disco (Reflexion, 2017), cuéntanos cómo surgió ese trabajo.

L.R. El disco es como un viaje por sitios que he estado. Tiene partes que son más flamenco jazz, otras que son más latin jazz. La parte del flamenco me viene de donde me he criado, Granada, y la parte de latin jazz viene de mi experiencia en Cuba. También hay algunos blues que se inspiran más en Nueva York.

Y ahora que ya tienes recorrido como artista de jazz en España ¿Te han surgido proyectos en el extranjero también?

L.R. Sí, he ido a Cuba varias veces a tocar, a varios festivales. Al Festival de Jazz de la Habana con mi proyecto, a la Fábrica de Arte Cubano a tocar también con mi proyecto (Lucía Rey Trío) y como músico he participado en el World Music Festival. En Rumanía también toqué en un festival.

¿Cuándo entraste en contacto con el jazz?

L.R En mi casa se escuchaba mucha música. Escuchábamos jazz, world music, música experimental, flamenco…. Mi madre es profesora de danza.

Cuando era pequeña estuve en dos conciertos que me impactaron un montón. Vino Tete Montolíu a Granada, al festival de música y danza de Granada. Yo ya estaba estudiando piano entonces. Me impactó muchísimo porque además vino al Conservatorio y le pude ver tocar desde muy cerca. Yo tendría unos once años. Otro artista que me impactó mucho en esa etapa fue Paco de Lucía.

Aunque me encantaba la música clásica, ya en la adolescencia empecé a sentir que necesitaba otras herramientas para poder expresarme. Porque tocar música clásica era tocar lo que alguien había creado de la manera supuesta que esa persona quería que lo tocaras.

Yo muchas veces sentía que así no conseguía expresar lo que yo quería expresar, a través de la música clásica. Y ahí empecé a escuchar cantantes de jazz o pianistas de jazz y sentí que eso se parecía más a lo que yo quería transmitir. Pero no fue fácil encontrar la llave. Nadie me cogió de la mano y me llevó al jazz. No fue así. De hecho, a algunos profesores no les gustaba mucho que nos saliéramos de lo clásico. Lo paradójico de todo esto es que mientras estudiaba en el Conservatorio de adolescente y era ya capaz de tocar obras clásicas complicadísimas, a la vez, cuando quedaba con amigos que hacían música pop, veía que no era capaz de seguirles fácilmente. Eso era frustrante.

Cuando me vine a estudiar a Madrid vi una Jam Session de latin jazz en el Café Berlín y eso fue un punto de inflexión y pensé que yo también quería hacer esa música.

Cambiando un poco de tema ¿Qué aspectos negativos y positivos resaltarías de la experiencia de la pandemia?

L.R. Con la pandemia se ha hecho más evidente la precariedad del sector musical que hay en España. Esta precariedad ya estaba antes de la pandemia, y en una crisis como esta, ha acabado siendo desastroso. Hay muchos músicos sin seguridad social porque no le contratan formalmente. Por otro lado, los festivales nos obligan a ser autónomos y no está bien pagados. El sector está muy mal regulado.

El sector cultural en general está mal, porque está mal pagado. La gestión que se hace es precaria comparado con otros países como Francia o Alemania. Si no tienes bolos, no cobras, así de sencillo. Todavía no hay un sindicato lo suficientemente fuerte que defienda nuestros intereses como es debido. A nosotros nos llaman algo así como “sección especial”, es algo especial para lo malo. Muchas personas creen que por la cultura no hay que pagar. Pero la realidad es que el sector cultural supone una contribución relevante al PIB nacional y en un país dedicado a servicios, como es el caso de España, el sector cultural tendría que apoyarse más.

Comparando este tema con Nueva York, una escena que conoces bien ¿Cómo diría que es?

L.R Nueva York tampoco está bien, yo compararía con Alemania o con Francia donde hay una regulación del sector.

¿Y en ese sentido crees que la Unión de Músicos Profesionales está haciendo un buen trabajo?

L.R. Sí, yo estoy en varios sindicatos y todos piden lo mismo porque está clarísimo lo que nos falta. El COVID ha puesto en evidencia la precariedad que tiene el sector, ahora es que estamos nadando en la precariedad.  Sobre todo, lo he notado en los músicos, que aunque todos lo pensamos, lo hemos ido dejando pasar.

Mientras has podido ir tocando, has tirado para adelante. Pero de repente, qué haces ¡No tocas! Eres un ser humano que se ha quedado en el paro, digamos, pero no tienes paro. Por suerte no ha sido mi caso, pero sí el caso de músicos cercanos, que han trabajado un montón también pero no han tenido una situación regularizada. Y no por ellos, sino porque no se ha dado (la posibilidad). De repente se han visto sin nada. Y no es una persona. Es el caso de muchas personas.

Lo positivo de la pandemia es que he visto más solidaridad entre los músicos, he visto más unión, he visto que de repente esas cosas que yo llevo diciendo muchísimo tiempo pero que otras personas antes no lo veían tan claro, ahora sí, ahora todos dicen “esto es lo que se necesita.” De hecho se han hecho reuniones con el Ministro de Cultura.

Y por otro lado el sentir de agradecimiento los que hemos tenido la suerte de haber tenido conciertos, entre las que me incluyo, valorando mucho eso volver a tener los conciertos en vivo, las actuaciones en directo.

Lucía Rey actuará el 6 de junio en la Sala Clamores de Madrid.

+ posts

Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

Standard

Deja un comentario