Igor Butman
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Igor Butman: un saxo en la camarilla de Putin

Pocos países han aportado más que Rusia a la cultura europea. Desde escritores como Dostoyevski, Tolstói o Pushkin, pasando por pintores como Kandinski o Chagall y por su puesto, músicos de la talla de Chaikovski, Stravinsky o Prokofiev, son decenas los nombres rusos se cuelan en prácticamente todas las disciplinas artísticas con legados que han influido a escuelas enteras. 

Y aunque parezca increíble, también en el jazz. Lejos por supuesto de escenas como la norteamericana, intérpretes como Yuriy Galkin, Georgy Garanian, Roman Miroshnichenko o Stanislav Pozhlakov, han sabido llevar la música de Nueva Orleans a ciudades como Moscú o San Petersburgo y lo han hecho con gran éxito. Tanto es así que el jazz es más popular en la estepa siberiana que países como China o Tailandia.

Pero por encima de todos los artistas rusos, planea desde hace ya muchos años la alargada sombra de Igor Butman, sin duda el más influyente músico de jazz nacido en la antigua Unión Soviética. El saxo, considerado toda una superestrella en su país natal (en 2011 se le concedió el título honorífico de Artista del Pueblo de Rusia, el mayor reconocimiento del país en el ámbito de las artes) vive desde hace años en Estados Unidos, donde ha sabido granjearse unas cuantas amistades influyentes.

Comenzando por Bill Clinton, quien dijo de él que era su «saxofonista vivo favorito», también cultiva desde hace mucho tiempo una cálida relación con Wynton Marsalis (se conocieron en 1998 en Rusia), junto con el que ha girado tanto en Rusia como en América, llegando a estrenar en 2003 la temporada de conciertos del Lincoln Center de Nueva York.

Además de ser un referente del jazz europeo (su último disco, «Only Now» cuenta entre otros con la participación de Eddie Gómez, Antonio Sánchez y Evgeny Pobozhly, un auténtico prodigio que en 2019 ganó el premio del Herbie Hancock Institute of Jazz International Guitar Competition) Igor Butman también es conocido por su otro objeto oscuro de deseo: Vladimir Putin.

El músico es un alto rango de Rusia Unida, el partido político del presidente ruso. Los lazos que les unen son realmente estrechos, ya que se sabe que ambos pasan algunas tardes jugando juntos al hockey sobre hielo. Por supuesto, tener a un dictador como best friend le ha causado más de un problema.

El año pasado, sin ir más lejos, un grupo de manifestantes pro-Ucrania se opusieron a su aparición en algunos conciertos que iban a celebrarse en Boston, consiguiendo que algunos clubs de la ciudad universitaria acabasen por cancelar sus bolos. Cuando se le preguntó por esa polémica y cuando comenzaban a sonar los primeros tambores que llevarían a la guerra, Butman se limitó a afirmar que su único objetivo es «crear puentes culturales a través del jazz. Yo nunca he apoyado ninguna guerra y nunca lo haré».

En Nueva York, un grupo que se ha autodenominado como los «Signerbusters», lleva años presionando a clubs y salas de conciertos que programan espectáculos protagonizados por artistas rusos afines al régimen de Putin y, especialmente desde la anexión de Crimea, su actividad está encontrando más repercusión de la que esperaban. Así que cuando por ejemplo se anuncia un nuevo concierto de Igor Butman en la ciudad, escriben cartas al lugar de celebración, protestan ante el espectáculo y organizan un show con el que a veces consiguen sus objetivo y en otras ocasiones se tienen que conformar con armar jaleo en la puerta.

Es importante señalar en este punto que Butman pertenece a esa «camarilla» de artistas que han prosperado bajo el régimen de Putin, como la soprano Anna Netrebko, el director de orquesta Valery Gergiev o el pianista Denis Matsuev. Todos ellos han pasado en las últimas semanas de realizar giras triunfantes por el extranjero a ver cómo se cancelaban sus conciertos y espectáculos en directo.

De estos únicamente Netbreko se ha mostrado abiertamente contraria a la guerra que en estos momentos sigue arrasando Ucrania y hace unos días publicaba un artículo en el que expresaba: «Me opongo a esta guerra. Soy rusa y amo a mi país, pero tengo muchos amigos en Ucrania y el dolor y el sufrimiento en este momento me rompen el corazón. Quiero que esta guerra termine y que la gente pueda vivir en paz. Esto es lo que espero y por lo que rezo».

Sería sin embargo injusto afirmar que Putin solo ha conseguido seducir a los rusos. Además de su afinidad con partidos de extrema derecha de toda Europa, actores como Gerard Depardieu, Sharon Stone, Kevin Costner, Monica Bellucci o Kurt Rusell o cantantes como el español Plácido Domingo no han tenido ningún problema a la hora de participar en sus fiestas. Podrán decir los segundos que no se lo esperaban, que esto no se lo veían venir y que se encuentran ahora escandalizados y horrorizados por lo que pasa.

En cuanto a Butman, ya sea por miedo, ya sea porque es de los convencidos de los beneficios de la «operación especial», aún no se ha dicho esta nota es mía y se limita a esperar a que pase la tormenta…si es que pasa.

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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