A estas alturas de su carrera no cabe duda de que Jon Batiste es un camaleón musical, un prodigio del piano que se ha paseado por los escenarios más prestigiosos del jazz y se ha convertido en un icono de la cultura musical contemporánea. Con «BIG MONEY», su nuevo álbum, se enfrenta a un desafío: ¿cómo mantener su esencia de artista profundo y virtuoso en un mundo que lo empuja hacia las ventas? La respuesta, según se desprende de este trabajo, es un arriesgado coqueteo con otras músicas del árbol del jazz. Una jugada que lo aleja de sus raíces y lo proyecta hacia una nueva audiencia.
En esencia el álbum es una declaración de intenciones. Batiste parece decidido a dejar atrás las sutilezas de «WE ARE» y la solemnidad de «Anatomy of Angels» para sumergirse en un sonido más crudo y urbano. La producción es minimalista, con ritmos contundentes y sintetizadores que definen el paisaje sonoro. En este nuevo entorno, la voz de Batiste se convierte en el vehículo principal, a veces susurrante y a veces melódica, pero siempre con una nueva cadencia que recuerda más a un rapero que a un crooner de jazz.
Y es que el cambio de registro es evidente. Si en sus trabajos anteriores Batiste era un explorador de armonías y melodías, en «BIG MONEY» es un cronista de la calle. La mayor parte de las letras giran en torno a la exploración de lo que significan el éxito, el dinero y la fama en nuestras vidas, temas que contrastan con la introspección y el humanismo de sus discos anteriores. Esta nueva temática, actual y relevante, también se siente simplista y reduce la complejidad de sus trabajos previas.

Las influencias son claras y a veces abrumadoras, dejando al oyente con la duda de si está escuchando a Prince, Cindy Lauper, Ray Charles o una mezcla insostenible de todos ellos, una señal de una búsqueda estilística en la que es complicado encontrar su epicentro. Y es que quizá Jon Batiste se haya perdido inconscientemente entre las ramas de ese árbol del jazz que mencionaba al principio, o también es probable que haya decidido entrelazarlas para crear un sonido que no termina de prendernos la chispa inevitable como ya hizo, por ejemplo, con el apoteósico “Freedom”.
Este camino laberíntico y aparentemente sin salida en el que se adentra el músico de Nueva Orleans se ve reforzado por la presencia de colaboradores que consolidan su visión artística. La participación de la cantante Andra Day en el emotivo tema «Lean on My Love» añade una capa de soul que conecta con su sensibilidad, mientras que la inesperada colaboración con el legendario Randy Newman en «Lonely Avenue» demuestra una faceta ecléctica y ambiciosa. A través de estas colaboraciones, Batiste busca fusionar su herencia con un sonido contemporáneo, manteniendo una conexión con figuras de gran peso artístico.
La crítica se pregunta: ¿es este el camino que debe tomar? ¿Debe un artista de su calibre sacrificar su esencia en pos de la popularidad? El jazz, esa cuna musical que lo vio nacer, queda aquí relegado a un segundo plano, apenas perceptible en algunos pasajes. Es un eco, una huella de su pasado, pero ya no la columna vertebral de su obra. »BIG MONEY» es una prueba, un experimento, un salto al vacío como uno de los muchos que hicieron otros ilustres del género como Miles Davis. Batiste nos muestra una nueva faceta, más urbana y menos introspectiva, y nos obliga a reflexionar sobre el lugar de un artista en el siglo XXI. La música es un reflejo de la sociedad, y en este álbum, Batiste nos muestra la cara más ambiciosa de la misma… ¿Es un paso en la dirección correcta? Quizá sí, o no. Solo el tiempo lo dirá. Lo que sí es seguro es que Jon Batiste ha dejado de ser únicamente un virtuoso del jazz; ahora es un artista que, con un ojo puesto en la popularidad y el otro en sus raíces, busca su lugar en un mundo en constante cambio.


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